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« en: Junio 09, 2006, 11:34:04 » |
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Relato de humillación a una esclava sexual voluntaria. --------------------------------------------------------------------------------
Para los amigos que viven en otros lugares del mundo desarrollado, es probable que les llame la atención que en paÃses tan primitivos, como algunos de los sudamericanos, que por muy poco dinero se pueda tener un servicio doméstico consistente en una mujer u hombre que vive en una dependencia alejada de la casa y que hace el trabajo de un sirviente. Esto no es exclusivo de las familias ricas sino de las clases medias e incluso media bajas. Son pequeños privilegios que nos tocan a los oriundos de estas zonas espantosas y llenas de desigualdades en que hemos nacido. La historia que voy a contar sucedió efectivamente y comenzó con la búsqueda de personal doméstico para atender mi casa, soy un profesional de clase media, educado, de aspecto fÃsico un poco abandonado pero me mantengo bien, trabajo en forma independiente por lo que puedo disponer de horarios y vivo solo aunque tengo ex mujer e hijos. Siempre habÃa fantaseado con historias sado y de humillación que habÃa observado en Internet, aunque por motivos familiares no habÃa tenido la oportunidad de concretar ninguna, tampoco era el objeto de esta búsqueda. Comencé un sábado a entrevistar chicas jóvenes de aproximadamente 25 años, la mayorÃa de ellas muy feas y si bien esto no era determinante, preferÃa tener un ser algo agradable a quien dirigirme y saludar por las mañanas, por otro lado todas tenÃan infinidad de hijos y ex maridos y un montón de problemas, que yo no querÃa ni tener cerca, aunque estaba claro que no le darÃa alojamiento más que a la empleada elegida. Ya me estaba fastidiando el hecho de no encontrar nada potable cuando apareció Berta, una muchacha alta y delgada, de hermosa boca, dientes blancos, anteojos gruesos para miopÃa (lo supe porque yo también los uso) y dedos largos, su cabeza estaba cubierta por un pañuelo o pequeño turbante y vestÃa una falda larga, no tenÃa el aspecto de entender mucho de los quehaceres domésticos pero preferà darle prioridad al tema estético y me atrajo su modo suave y educado, por otro lado un hombre solo no puede generar tanto trabajo para una sirvienta. Le pregunte si querÃa comenzar con el trabajo en ese momento y me contesto que no tenÃa donde Ãr ya que no tenÃa familia de ningún tipo, era sola, vivÃa con una tÃa adoptiva en el interior del paÃs con quien habÃa tenido una fuerte discusión y un grave disgusto por su fuerte apego a la religión, cosa que Berta no compartÃa de modo alguno y se sentÃa maltratada, aunque acostumbraba llevar la falda larga y el pañuelo en la cabeza, el pelo se lo recortaba su tÃa en forma bastante desprolija y humillante como si viviera en un convento y supuse que para disminuà su atractivo fÃsico y me informó que solo se habÃa tratado de un problema con un chico de su edad que frecuentaba. Se terminó de instalar en su habitación, se puso el delantal negro escotado y unas sandalias con un pequeño taco. Casi sufro un infarto cuando và sus hermosas piernas peludas y al pedirle que se sacara el pañuelo de la cabeza, su pelo cortado a tijeretazos y en algunos sectores se podÃa ver incluso su cuero cabelludo. Le pedà que se tomara el fin de semana para solucionar esos temas, que aunque solo estéticos me parecÃan importantes y salà rumbo a la casa de unos amigos en donde pasarÃa el fin de semana y le permità a Berta quedarse en mi casa para que se acomodara y tuviera todo listo para comenzar el lunes. El fin de semana transcurrió tranquilo aunque me encontré con Berta en mi cabeza en varias ocasiones, algo en ella habÃa llamado mi atención y aunque mantenÃa relaciones con varias amigas ocasionales me noté excitado con ella. El Domingo por la noche cuando regrese a mi casa, me recibió Berta y note que mis palabras aunque no habÃan tenido la intención, habÃan calado hondo en ella, ya que se habÃa pasado la cortapelo por la cabeza dejándoselo al rape y afeitado el resto del cuerpo, usaba su delantal corto negro y escotado pero sin nada debajo y unas sandalias con taco alto, me agradeció haberle dado alojamiento y trabajo y haberla tratado con respeto y dulzura, indicándome que valoraba su situación. TodavÃa no se si fueron sus largas piernas afeitadas, su cabeza rapada o el hecho de imaginármela desnuda debajo del delantal, me hicieron sufrir una considerable erección, que no pude disimular, a lo que Berta respondió con una sonrisa, poniéndome en la incómoda situación de no querer mezclar las cosas e involucrarme sentimentalmente con esta persona que solo habÃa visto durante un par de horas. Le dà las buenas noches y me retire a dormir con la vena hinchada y sin saber como resolver esta situación que aunque incómoda habÃa logrado excitarme bastante. Decidà que no serÃa bueno dejarme llevar por mi machismo y caer ante la primera insinuación de una mujer y comenzó asà un transcurrir de varios dÃas en que le dirigÃa la palabra solo lo imprescindible para indicarle los quehaceres y el menú del dÃa y notaba que Berta se desvivÃa por ser amable y servicial conmigo, paro cada vez que la veÃa o por azar nos rozábamos, no dejaba de sufrir erecciones continuamente. Supongo que el haber tratado a Berta con un poco de amabilidad y el hecho de que ella siempre habÃa sido sometida por su desagradable y autoritaria TÃa tensaron la relación al extremo de arrojarse debajo de la mesa una noche y comenzar a rozarme con su cabeza afeitada mi zona genital, abrirme la larga bata que uso de entrecasa sin nada abajo, y acariciarme mi polla que detectó inmediatamente mi excitación y finalmente acurrucarse a mis pies mientras liquidaba la cena y me debatÃa entre la excitación, mis más bajos instintos y un poco de racionalidad que intentaba mantener mientras estaba por explotar mi pija. Finalmente decidà apostar fuerte y hacer una propuesta a Berta, que ya mojaba el piso del comedor con sus jugos vaginales y le dije: -Berta si abandonamos esta relación laboral, no será para convertirte en mi pareja ni en mi compañera, tendrás que ser mi esclava sexual y como creo que voy a ingresar en un mundo desconocido y sin lÃmites, no creo que me controle y muy probablemente vayas a sufrir y quiero que seas conciente de ello, ya que será un camino sin retorno. Como toda respuesta se corrió delante de mi, casi sin tocarse, la propuesta que le habÃa hecho fue un disparador sensitivo y dejo al descubierto su alma de esclava y sus más sinceros deseos de ser humillada y servir a un amo que le haga sufrir y goce con ello. Esa misma noche la follé por el culo sin piedad y a juzgar por sus gritos con bastante dolor, su culito era todavÃa virgen lo que me desató un instinto animal que comenzaba a convertirme en el personaje del amo sexual que hasta ahora no habÃa ejercido nunca, pero acepto que lo disfruté mucho. Cuando finalicé mi tarea, le quité el collar de semi ahorque a Jethro, mi rotweiller, y se lo coloqué a Berta y recordé que en una reforma de la casa habÃa sido cerrado por dos puertas un hueco de una pared muy antigua de la casa que tenÃa un espesor de 45 cm y se usaba para guardar elementos de limpieza, de modo que retire todo de un golpe y guardé a mi esclava, atada por el cuello para que no pudiera agacharse ni sentarse, aunque igual no hubiera podido hacerlo con ambas puertas cerradas por falta de espacio y ate sus manos a la espalda con el lazo de mi bata. QuerÃa que sintiera el rigor por si aun decidÃa renunciar y trabe ambas puertas dejándola en esa incómoda posición y me fui dormir a mi cama cómodo y solo. Al otro dÃa, al despertar ya me sentÃa excitado por la experiencia que habÃa tenido pero no obstante no tenÃa la seguridad que Berta hubiera actuado racionalmente y no debido a su calentura, que por cierto habÃa demostrado que era grande, luego de bañarme me acerque a la celda placard de Berta y a través de la puerta le dije: -Berta, seguramente has pasado una noche muy incómoda, con dolor por haberte desgarrado el culo y haber dormido parada toda la noche, quiero que pienses y tomes tu decisión nuevamente y sin presiones, después de esta noche no habrá vuelta atrás. Mi sorpresa al abrir la puerta fue mayúscula, estaba tan excitada como la noche anterior, rozándose la entrepierna con un paraguas que habÃa olvidado sacar del lugar y me dijo:-Amo solo quiero que me sueltes para caer a tus pies y chuparte ese pollón descomunal. Esta es mi respuesta: -Quiero estar a tu servicio el resto de mi vida como tu esclava sexual y no me importa lo que hagas con mi cuerpo. Las ideas me dieron vuelta por la cabeza todo el dÃa y no me permitÃan concentrarme en mi trabajo, de modo que decidà llevar a Berta a un cirujano plástico amigo, para hacer una consulta, y desatar mis más bajos instintos en ella, a los quince dÃas estaba nuevamente utilizable mi hermosa esclava con deformaciones fÃsicas funcionales a su nuevo rol en la vida, me habÃa costado una pequeña fortuna pero valÃa la pena para tenerla siempre utilizable. Le habÃa hecho colocar unas enormes tetas que le daban un busto de 130 cm, como no era fÃsicamente posible transportar ese peso en forma erguida, le hice seccionar los tendones de los tobillos, de modo que solo pudiera andar en cuatro patas y sus tetas llegaran al piso, casi las arrastraba. Fue totalmente depilado su cuerpo en forma definitiva, dejando expuesta su piel lechosa, incluida su cabeza que ya usaba al rape y su coñito. Sus labios fueron inyectados hasta conformar dos pedazos de carne inflamada que producen unas excelentes chupadas y succiones de pollas y por último y para que no quedaran dudas la noche inaugural de su nuevo aspecto fÃsico, la follé por todos sus agujeros y comencé a marcarla, no hace falta agregar que Berta jamás demostró arrepentimiento de su decisión y siempre fue una perra fiel y eficiente, sigue realizando las tareas domésticas y sexuales como la esclava que se siente y es muy feliz y me hace muy feliz a mi. Su aspecto hoy es el mismo que describà en el párrafo anterior pero siempre le agrego algún aro o argolla y la marco con un tatuaje o a fuego en sus blancas nalguitas, con el tiempo le he agregado un aro en la nariz, como si fuera el hocico de un toro que aprovecho para transportarla, le he perforado sus descomunales pezones y marcado con argollas los mismos, su clÃtoris y sus labios, pero lo mejor fue haberle seccionado el frenillo de la lengua y colocado una argolla con una perla de casi 1,5 cm de diámetro que junto con sus carnosos labios produce las mejores fellatios y exprime su alimento que esta conformado en base al tibio semen que me extrae cada vez que llego de mi trabajo y me ayuda a relajarme.
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