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« en: Junio 09, 2006, 11:31:55 » |
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La llamada me dejó intranquilo, "Querido, cuando llegues a casa. prepárate para una sorpresa", me dijo.
Aunque ya estaba bastante acostumbrado a sus "sorpresas", nunca dejaban de inquietarme.
Continué trabajando hasta tarde y cuando deje la oficina ya me habÃa olvidado del tema. Casi antes de llegar, lo recordé, me detuve en un puesto de flores y elegà un ramo de rosas muy rojas. Luego en un market y me lleve un buen Chardonnay y muy contento conmigo mismo, seguà camino a casa. Al llegar, abrà sigilosamente la puerta, mire en el living: nadie. Muy despacio seguà a la cocina: vacÃa y a oscuras. Puse el Chardonnay a enfriar. Revise toda la casa y no estaba. Desilusionado volvà a la cocina prendà la luz y entonces vi la nota:
- He salido. Quiero que me esperes en el sótano, desnudo y con los ojos vendados. A las 10 en punto. – firmado . ¡Yo!
- ¡Pues mira con la Señora! – me dije – bien, veamos que me tiene preparado.
Me tome mi tiempo, faltaba una hora. Me prepare lentamente, tome una cerveza, y cuando se acercaban las 22, baje al sótano y cumplà con su pedido. Me desnude, me puse el pañuelo vendando mis ojos y asà en total oscuridad, me senté en una silla a esperar. Sentà ruido en la cerradura y sonido de pasos arriba. Los tacos iban y venÃan y mi inquietud comenzaba a crecer, se tardaba demasiado. Pasaron largos minutos, hasta que finalmente los tacos dejaron de escucharse. Pero aun asÃ, no bajaba. Un roce de manos en mi rostro me sobresalto, ni cuenta me habÃa dado de su presencia ... claro, estaba descalza.
Willy
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Llegue a casa, poco antes de las 10 de la noche, estaba muy nerviosa, no sabia si él habÃa llegado, pero ambos nos conocÃamos muy bien, y seguramente estarÃa esperando en el sótano, nuestro refugio. Aunque no se por que se me ocurrió decirle que bajara al sótano, ya que estábamos solos ese fin de semana, debe ser por que hacÃa mucho que no bajábamos, lo que me hacia añorar aquel lugar, mudo testigo de nuestras fantasÃas hechas realidad, de nuestro amor, y por sobre todo, nuestro secreto, la afición por el spanking.
Me aligeré de ropas, baje con algo muy sensual, muy seductor, esperando que le gustara, lo habÃa comprado esa tarde, pensando en su cara al verme.
Baje muy despacio, descalza, y tratando de no hacer ningún ruido, abrà la puerta que daba al sótano, me quedé allà un rato para acostumbrar la vista a la semi oscuridad, ya que llevaba una vela encendida, para no tropezar, me acerque a la mesa, puse en lugar seguro la vela, me acerque a él, que se notaba muy intranquilo por la espera, es tan impaciente este hombre mÃo, si solo debÃan ser las 22,4 minutos.
Toque muy despacio y suave su cara, se sobresaltó, realmente no habÃa hecho ruido alguno, me acerqué lentamente y le besé, un beso tierno, dulce, que me devolvió de inmediato, toqué su pecho, acaricié muy lentamente su vellos, sus hombros, luego me fui con las manos a su espalda, a la vez que me sentaba sobre el a horcajadas, le volvà a besar, un beso ya mas apasionado, me abrazó, le abracé con fuerza, como si la vida se me fuera en ese beso y ese abrazo, que sensación sentÃa, siempre como si fuera la primera vez, siempre con la misma adrenalina, siempre esa electricidad que me traspasa hasta los huesos.
Sentà de inmediato su erección, y seguramente él mi humedad, cuando creà que era suficiente, le destape los ojos, y le miré, sus ojos estaban desorbitados, cuando me vio, cuanta pasión salÃa de su mirada, le besé nuevamente, sin embargo, comencé a sentirme nerviosa, ya que debÃa confesarle algo, me habÃa portado mal, muy mal, y necesitaba decirlo, a él no le oculto nada, jamás.
Terminé el beso nervioso ya al final, cosa que el noto, me tomo por los hombros, me separó un poco de el y me dijo, que te pasa, ¿no será que tienes algo que decirme?, ¿no será que te has portado mal?
Bajé la mirada, hasta la cabeza bajé, se me hizo un nudo en la garganta, no me salÃa la voz.
Bueno - me dijo con un tono suave, pero firme a la vez- responde, ¿que pasa.?
Comenzó a impacientarse, pues ahora ya estaba dictando sentencia, dijo "dime que pasa, o voy a tener que nalguearte para que me digas"
Respondà con la voz que ni me salÃa: amor si te digo... igual lo vas a hacer.
Entonces no me equivoco, hiciste algo malo, pues dilo de inmediato o el castigo será peor.
Comencé por bajarme de sus piernas, volvà a besarlo, comencé a acariciarlo, pero el ya sabia mis jueguitos, me soltó y volvió a preguntar, por última vez o me dices o hago que me lo digas.
Rommy
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Cuando se me acostumbró la vista a la penumbra, pude verla, con la lencerÃa nueva estaba hermosa y super sexy. Daban ganas de comérsela toda. Pero me sobrepuse al impulso. Además, tenerla a horcajadas, ya me habÃa puesto a mil, a eso se sumaban los besitos, mimos, caricias y sentir su humedad, y para completar la escena, me estaba confesando una travesura. Más no se podÃa pedir!
- Vamos nena – dime de una vez – cuanto más tardes peor.
- Es que yo ... yo ... sabes que te amo ¿no?
- Si, amor, lo se y yo también, muchÃsimo, pero eso no tiene nada que ver. Vamos, que se me acaba la paciencia!
Se puso roja por un segundo y luego pálida de inmediato.
- Bueno mi niña, se me acabo la paciencia – dije subiendo un poco la voz - Se me va ya mismo al rincón y se queda allà sin moverse hasta que yo le diga. Y guay con moverse.
Me miró por un momento como si no entendiera. Luego se levanto como un resorte, y cabeza gacha fue a ubicarse. Dejé transcurrir unos 15 minutos, pero la observaba, cargaba el peso en una pierna, luego en la otra, sabÃa que querÃa mirarme, pero no lo hacÃa por no dar el brazo a torcer. Finalmente, tomé el paddle que estaba colgado en la pared y la llamé.
- Rommy, veni aquà –
Giró, me miró, y amagó venir, pero se quedó donde estaba.
- Creo que mejor me quedo aquà – dijo con una sonrisa.
- Y yo creo que mejor es que vengas prontito – dije frunciendo el ceño.
- Mmm , no amor, mejor me quedo, estoy bien en el rincón
- Pues yo creo que mejor vienes ya ... si debo ir a buscarte será peor!
- Nooo... no te molestes en venir .... – pero al ver que me levantaba de la silla, bastante enojado, no terminó la frase, y se agazapo como gato, lista para saltar.
- Por última vez, ven aquà ... YA ! – No se si fue el tono o que se asustó pero se dirigió hacia mi, volvà a sentarme y cuando estuvo a mi lado, la tome del brazo y sin muchos miramientos, la tumbe en mis rodillas.
- Ahora verás cómo es cuando me enojo de verdad. – Sin más tramite le di dos bastante fuerte con el paddle, Se le escapó un gemido (cosa rara) que me hizo ver que dolió. Bueno, esta vez se lo buscó.
- Ahora me vas a decir o no me vas a decir? – le pregunte.
- Hum ...– dijo
- ¿Hum? ¿hum? – bueno, cinco fuertes y seguidos la hicieron dar un respingo.
- Es que ... yo .. auch ... sabes ... ay ... - Mientras intentaba una excusa, interpuso su mano libre entre la paleta y su cola, pero sujetándola con mi otra mano la inmovilice a su espalda.
- No te escucho ... y sigo esperando – cinco paletazos mas cayeron rápidos y sonoros. Sin ser uno de mis elementos favoritos, debo reconocer que el sonido es muy simpático y especial.
- Dime de una vez Rommy! – dije terminante - o te va a quedar el trasero más rojo que nunca.
Willy
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Ya era el momento de confesar, no podrÃa dejar que siguiera enojándose, ya que se su tono de voz subÃa , la intensidad de los azotes y la regularidad y si bien es cierto disfruto mucho con eso, sin embargo, no me gusta cuando ya deja de ser placentero para pasar a ser algo más parecido a un castigo real. Respiré profundo, me puse de pie, y comencé a hablar.
Muy despacio ya que vi que se acercaba a mi cara para escuchar bien.
Comencé por decirle que hace unos dÃas me habÃa entrado un poco de ansiedad, de una pena inexplicable, llegando a lo común en mà que es la depresión, y que siendo frecuente ya habÃa aprendido a sobrellevarla como también a prevenirla o pararla haciendo cosas que me subÃan el ánimo, como también a simularla siendo lo habitual que nadie se percate de ello.
El caso es que haciendo aquellas cosas que me levantan el animo están el irme de compras, llevarme lo que encuentro aunque no lo necesite, ni nadie lo necesite y habÃa hecho humear las tarjetas, lo que nos hacia salirnos del presupuesto sin que esto tampoco llegara a ser algo que nos arruine, tampoco soy una irresponsable. Al tiempo que decÃa esto comencé a llorar, y me abracé a el, esperando su comprensión y consuelo. Estaba muy consciente que lo que habÃa hecho estaba muy mal, pero ya estaba, no habÃa vuelta atrás, por eso habÃa tratado de pasar el trago amargo haciendo de esto un juego.
El respondió a mi abrazo, muy dulcemente, y se quedó en silencio largo rato, que darÃa yo por saber que piensa en esos largos silencios. Lloré , llore, hasta que comencé a tranquilizarme, cosa que el notó, y me tomó por los hombros, me ayudo a secar la cara de las lagrimas, me miró largamente, pero aún en silencio, para por fin pronunciar ...
Rommy
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Sinceramente me enterneció hasta el alma, la senté en mis rodillas y le hice muchos mimos para consolarla un poquito. Pero no debÃa dejar que los sentimientos profundos que ella me provocaba interfirieran con el castigo.
Abrazándola fuerte, muy fuerte y acariciando su cabello, secando sus lagrimas le dije al oÃdo con la voz mas dulce pero firme que pude:
- Rommy, ve al rincón, te quedas quietecita mientras pienso que haré contigo. Como comprenderás, debo castigarte.
Con los ojitos llorosos y haciendo mohines se fue al rincón. Mientras se dirigÃa allà giró para mirarme y con su mirada trataba de adivinar que pasaba por mi mente ... la conozco tanto! Mantuve mi rostro inexpresivo, tratando de aparentar severidad.
- Rommy, esta vez te has pasado de la raya, te advertà que fueras cuidadosa en el uso de las tarjetas, que no prestaras atención al llamado que "escuchas" de las vidrieras. Pero veo que no puedes con tu genio.
- SIII, me cuide, te juro, pero es que ... ¡¡¡habÃa unas ofertas!!!
- Ahh, lo reconoces , bien ... te daré 20 con cinturón, y 10 mas por hablar estando en el rincón, que nadie te autorizó. ¿Estamos de acuerdo?
- Si , mi amor –
Me acerque despacio por detrás, saque mi cinturón del pantalón que estaba en la silla, lo doble convenientemente y comencé la serie despacio, casi una caricia, subiendo la intensidad de a poco con cada azote. Sus nalgas fueron tomando ese color tan especial, primero rosa, luego mas rojo y expandiéndose a medida que iba alternando las zonas. Pronto toda su cola estaba colorada. Me detuve al llegar a los primeros 20 y la sobé un poquito ya que los últimos 5 habÃan sido bastante fuertes.
Hasta ese momento habÃa estado en silencio y bastante quieta, pero en los ultimo comenzó a moverse y gemir.
- Rommy ve a la mesa e inclÃnate . Le ordené pero sin gritar.
- ¿Por qué? ¿qué me harás?
- Los próximos 20 serán en la mesa y atada de pies y manos.
- Noo, no, ¿por que? – protesto - Además solo faltaban 10 –dijo sonriendo
- Si, pero hablaste ... asà que 10 mas.
- No, por fa ... porfa.
- ¿Sigues? Que sean 30 entonces.
- Mmm .. – iba a seguir pero tomo conciencia y se callo.
Até sus tobillos a las patas de la mesa y sus muñecas al otro extremo. Luego coloqué un cojÃn bajo su vientre para que estuviera cómoda (como me preocupo por ella ¿no?)
La verdad que la sola vista en esa posición ya me habÃa puesto muy caliente, pero debÃa contenerme, lo que no es fácil. Aproveché para constatar su estado tocando su genitales, y ... mmm ... pero no, luego, sigamos con los azotes.
Comencé nuevamente muy suave para luego ir in crescendo. Sus movimiento por estar atada eran muy limitados, de todas formas, se retorcÃa bastante y dejaba escapar algún que otro "uh" "ah". Cuando llegue a la cuenta, solté el cinto y la consolé con muchas caricias y mimos ... y mas.
- Amor mÃo, me encantó tu sorpresa, espero que a ti también
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