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« en: Junio 09, 2006, 10:20:16 » |
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Cuando era adolescente recuerdo la casa de mi amigo Javier. Era una casa de principios de siglo con innumerables habitaciones, una tras otra, con pesadas puertas y ventanas con enrejados de hierro forjado.
A mà me gustaba mucho ir a casa de Javier y recorrer con él esos cuartos donde hallábamos trebejos antiquÃsimos, llenos de polvo y telarañas, que evocaban épocas románticas y lejanas. Recuerdo que en una ala de la casa habÃa varios cuartos, y después una especie de corralón o patio, detrás del cual habÃa una barda con una puerta con 3 candados. Siempre le preguntaba a Javier qué habÃa allá, y el me decÃa: "No sé, pero mis papás me tienen prohibidÃsimo acercarme allÃ, y si me llegan a atrapar hurgando, de seguro me pondrán un castigo de minimo 1 mes sin salir.
A mà la curiosidad me picaba, y me preguntaba qué terrible secreto habrÃa allÃ. Quizás un tesoro escondido?, o armas apiladas listas para una revolución, o una cámara de torturas de la Inquisición? Yo me hacÃa miles de fantasÃas. Una noche me quedé a dormir en casa de Javier y cuando fui al baño en la noche, se me ocurrió abrir la ventana del baño ya que habÃa mucha condensación porque un hermano de Javier se acababa de bañar. Al abrirla, noté que en el ala prohibida se veÃa una luz tenue, como de una lámpara o un foco débil, y me pareció notar movimiento. Al amanecer, me levanté antes que toda la familia de Javier, y silenciosamente me dirigà a esa ala de la casa.
Crucé el corralón y vi que los 3 candados de la puerta eran fuertes y estaban cerrados; la puerta era de metal y no habÃa cómo entrar. Noté que en el rincón donde terminaba la pared habÃa una grieta y fui a asomarme a ella. Con gran esfuerzo me pegué a la pared y puse mi ojo a la rendija y vi una habitación iluminada, pero carente de ventanas. El cuarto estaba elegantemente amueblado y tenÃa una cama, escritorio, mesa, sillones, sofá, libreros, un estéreo con muchos discos y cassettes (todavÃa no existÃan los CD's). En el centro del cuarto estaba un hombre como de 30 años ó tal vez menos, como 25; era guapÃsimo, delgado, alto, con cabello castaño obscuro y ojos claros y tristes. Estaba bien rasurado y vestÃa unos pijamas. Tras él estaba la abuela de Javier, parada, con un cinturón de cuero en la mano, y le gritaba al joven: "¡Asqueroso!, ¡degenerado!, llenaste de vergüenza a toda la familia y revolcaste por el lodo nuestro buen nombre". Entonces empezó a azotarlo en la espalda y en las asentaderas, furiosamente. Él se retorcÃa de dolor y podÃa ver algunas lágrimas corriendo por su rostro, pero se mantenÃa firme y no se quejaba. Ella dijo: "¡Aquà vivirás encerrado para siempre!, que todos crean que estás muerto, ya que para mà sà lo estás".
Entonces la abuela salió, abrió una puerta que yo no habÃa visto con una llave de un pesado manojo de llaves, y se fue. El hombre se quedó ssolo, y se puso a llorar creyendo que nadie lo veÃa. A mà me dio mucha lástima. Luego se desnudó, dejando ver el cuerpo más hermoso y velludo que habÃa contemplado, y empezó a aplicarse un ungüento sobre las heridas producidas por los azotes. Luego, noté que un sirviente le trajo una bandeja con su desayuno y lo metió por una abertura como de 4 pulgadas de alto debajo de la puerta por donde habÃa salido la abuela. Él lo recogió y empezó a desayunar mientras veÃa la televisión sentado en su cama.
Las paredes del corralón eran de adobe, asà que era fácil trepar por ellas debido a los salientes que tenÃan y a los huecos donde uno podia apoyar los pies. Me subà al techo del cuarto y noté que del otro lado, donde estaba la puerta en cuestión, habÃa un patio que conducÃa a las cocinas y a la habitación de la abuela. Yo sabÃa cómo llegar allÃ.
Más tarde le dije a Javier: "¿Quién es un hombre que está encerrado en el ala prohibida?". Javier dijo: "No comentes nada de eso, o mis papás y abuelos se pondrán furiosos. Todo lo que sé es que es un tÃo que está loco, creo que porque estuvo en la guerra de Vietnam y los chinos lo torturaron y quedó loco. No hables de ello"> Le dije: "¿Pero nunca te han dicho más?". Él dijo: "Una vez mi tÃa Sara, la solterona, me empezó a contar algo, pero mi mamá vino y la calló y le prohibió que me contara más cosas. Ella debe saber; si quieres podemos sacarle algo". Yo le dije que sÃ, ya que estaba muy impresionado con el guapo prisionero y me dio mucha lástima".
Después de desayunar fuimos al cuarto de la tÃa Sara. Ella era una mujer como de 35 años pero que se vestÃa como una anciana, siempre de negro, con faldas largas, medias gruesas y pañoleta negra. Sin embargo era muy hermosa y su rostro parecÃa de una madonna de Rafael. Javier le enseñó cámara fotográfica que su papá le habÃa comprado por su cumpleaños y ella la revisó con gusto. Javier le dijo: "Déjame tomarte una foto, tÃa". Ella se sentó derecha y tiesa, Javier le dijo: "No, asà no, más relajada, y ¿por qué no te sueltas el pelo? Te vés más bonita". Ella se ruborizó y se quitó unas peinetas, soltando un hermoso cabello ondulado negro que le llegaba hasta la cintura, lustroso como la seda. Javier le hizo algunas fotos. Luego le dijo: "Oye tÃa, ¿me prestas por favor tu álbum de fotos para mostrársela a Dani?".
Ella le dio un libro muy grueso y Javier y yo nos pusimos a ver las fotos. Entonces, al voltear una hoja, se salió una foto pequeña, y yo inmediatamente reconocà al prisionero. Ella inmediatamente la recvogió y se la guardó en un bolsillo. Yo le dije a Javier que vigilara a ver si no venÃan sus padres o abuelos mientras yo hablaba con ella. Le dije a la tÃa Sara: "Yo vi a ese señor encerrado en un cuarto donde la abuela lo golpeaba con un cinturón". Ella se puso muy nerviosa y me dijo: "Por favor, Dany, no hables de esto con nadie, es un terrible secreto de familia y si alguien se entera por mi culpa, mis padres me matarÃan. Yo le dije: "Dicen que es un loco, ¿verdad?".
Ella dijo: "No, no está loco, está perfectamente sano. Es mi hermano Gabriel. Era mi hermano favorito, ya que es el menor de todos nosotros, pero está castigado". Yo le pregunté: ¿Por qué castigado, qué hizo?". Ella me dijo, con mucha vergüenza y titubeante: "Hizo cosas con un amigo". Le dije: '¿Qué cosas? ¿Robó? ¿Mató a alguien?". Ella dijo: "No, cosas, como si fueran novios. Mis padres los descubrieron y lo encerraron de por vida. Al otro amigo, su familia lo metieron a un manicomio". Yo me quedé sumamente impresionado, ¿cómo podÃan ser tan crueles de meter a alguien a un manicomio sólo por ser homosexual, y cómo alguien podÃa ser torturado asà y vivir encerrado? Le pregunté: "¿Cuánto hace de eso?". Ella dijo "5 años. Desde entonces mis padres lo castigan, un dÃa mi papá y al otro dÃa mi mamá; y los domingos viene un padre de la iglesia a exorcisarlo porque ellos dicen que está endemoniado".
Desde entonces me propuse ponerme en contacto con Gabriel, el prisionero. Un dÃa que fui de visita, me cercioré que no hubiera nadie con él, mirando por la grieta de la pared. Luego me trepé a la azotea y fui a la puerta y lo llamé desde la rendija en el pie de la puerta, por donde le pasaban su comida. Le dije: "¡Gabriel!". Él se acercó, temeroso y preguntó quién era yo. Dije: "Me llamo Dany, soy amigo de tu sobrino Javier. Me enteré de cómo vives y quiero ayudarte". Él dijo: "¡No, vete por favor! Gracias por tu intención, pero no se puede hacer nada, y corres mucho riesgo. Si mis padres te atrapan, te va a ir muy mal". Yo le dije: "Ya veremos. Sólo quiero que sepas que estoy de tu parte y trataré de ayudarte".
Otro dÃa fui a la puerta del corralón, la de los candados que nunca se abrÃan. Traté de abrirlos con una ganzúa pero no pude. Entonces noté que habÃa arena debajo, asà que cavé y cavé con una placa de licencia de coche oxidada, hasta que el hoyo fue suficiente para meterme, ya que soy delgado. Puse un cartón y lo regué bien con tierra y cuando entré, tiré del cartón para tapar el agujero y pareciera que no se habÃa escarbado. Del otro lado de la puerta habÃa un pequeño patio que llegaba al cuarto, que tenÃa forma de L, lo que yo habÃa visto era la recámara y me imagino que el patio estaba afuera del baño.
HabÃa una ventana pero muy estrecha. Puse unos cajones que habÃa allà y me trepé para colarme por la ventana. Entré al baño y en ese momento Gabriel dijo: "¿Qué es ese ruido?". Yo le dije: "Shhh!, soy Dany". Él se quedó asombrado, viéndome. Yo estaba todo arañado por haberme colado por el agujero en el suelo y la ventana del baño. Él me invitó a su cuarto, y allà platicamos largo y tendido, Yo no me cansaba de mirar su hermosa cara, admirar sus velludos brazos y manos, y me daba mucha lástima su situación. Él me contó de su amante, el cual era su mejor amigo y juntos habÃan descubierto el mundo del sexo homosexual, y dijo que estaba injustamente encerrado y tal vez hasta muerto, puesto que él le habÃa jurado que si los separban él se iba a matar.
Cada vez que visitaba a Javier, cuando nadie me veÃa me escabullÃa para ver a Gabriel. La intimidad entre nosotros creció. Un dÃa me dijo: "¿Sabes Dany? Tú me gustas mucho. Hace tantos años que no veo a otro hombre ni he tocado a nadie ni nadie me ha tocado. ¿Qué edad tienes?". Yo dije: "18 años (bueno, quiero que me publiquen mi historia)". Dijo: "¿Me dejas que te abrace? Si algo no te gusta o te molesta, me lo dices e inmediatamente desistiré. Sólo quiero demostrarte mi afecto por tu interés". Yo me dejé abrazar y me gustó mucho estar entre sus brazos fuertes y pegado a su cuerpo esbelot. Sentà que algo golpeaba contra mi muslo, y era su verga que empeazaba a crecer en el pantalón. Yo le desabotoné los pantalones y éstos cayeron, revelando una verga de 9 pulgadas de largo, circuncidada y gruesa, con un par de testÃculos grandes como limones.
Lentamente me abracé a él, le besé el pecho y me fui hincando hasta quedar con su verga frente a mi cara. Entonces la tomé en mis manos, me la metà en la boca y empecé a mamar con mucha pasión. Él se retorcÃa de placer y movÃa sus caderas para cogerse mi boca. Luego se vino en mi garganta. Después él me bajó lo pantalones, sacó mi verga de 8 1/2 pulgadas de largo, circuncidada, y se la metió en la boca, lamiendo y mamando con tanto entusiasmo que se notaba que estaba desesperado por hacerlo. Cuando me vine en su boca, me abrazó y me dijo: "Dany, me has hecho muy feliz, gracias. Pero vete, no vaya a ser que te descubran y te lastimen". Yo le dije: "Te prometo que te ayudaré. Si sales de aquÃ, ¿tienes forma de mantenerte y valerte por ti mismo?". Él dijo: "Claro que sÃ, soy ingeniero y puedo conseguir trabajo fácilmente".
Cuando fui a casa le pregunté a mi papá si conocÃa un buen abogado y dijo que sÃ, que su amigo Manuel era abogado litigante. Me preguntó por qué, y dije, es que necesito hacer un trabajo para la escuela acerca de la carrera de abogado y quiero entrevistar a alguien que sepa. Mi papá llamó a su amigo e hizo una cita para que yo lo viera. Fui al dÃa siguiente a ver al licenciado Manuel y me recibió con gusto, yo le pregunté: "Entre los casos que nos encargaron estudiar, está el de una persona encerrada contra su voluntad por sus propios padres. Él es mayor de edad, pero ellos no lo dejan salir diciendo que está loco, pero no es cierto. Y además lo torturan. ¿Qué puede hacer esa persona?". Él dijo que el caso era muy raro pero que habÃa precedentes, sacó un libro y me citó casos similares. Me dijo: "Esa persona debe tratar de denunciar al ministerio público, acusando a sus padres, conseguir una orden de cateo y lograr que un juez dé una orden de restricción".
Le pedà más detalles y él me explicó todo. A los pocos dÃas fui a ver a Gabriel, le expliqué todo. Él hizo una carta dirigida al agente del ministerio público, denunciando la situación. Yo llevé los papeles al juzgado y poco después llegaron varios policÃas armados a la casa de Javier, con una orden de cateo, buscando a Gabriel. Ellos negaron que estuviera allÃ, pero se pusieron a buscar. Sara le dijo en voz baja a un policÃa dónde estaba Gabriel. Lo sacaron entre dos policÃas y se lo llevaron, y arrestaron al abuelo y la abuela de Javier por secuestro y torturas. Ellos salieron libres bajo fianza, pero el juez puso una orden que les prohibÃa acercarse en un cÃrculo de 100 metros de donde estuviera Gabriel.
Éste se vio libre, pálido y ojeroso, y su historia salió en los periódicos, donde sólo se dijo "por razones de familia". Pronto consiguió trabajo, se consiguió un apartamento en una buena colonia, alejado de la casa de sus padres, y allà lo visitaba yo después de la universidad, y hacÃamos el amor durante horas. Un dÃa, Sara llegó, habÃa salido de su casa a escondidas y se abrazaron, y dijo: "Gabriel, me escapé de la casa, ¿puedo quedarme contigo? Yo puedo trabajar como maestra y ayudarte con la renta y los gastos". Él estaba feliz y le dijo: "Espero que las cosas que sabes de mà no te molesten ni te hagan juzgarme". Ella dijo: "No, hermano, siempre he estado de tu lado, pero sabes que contra papá y mamá nadie puede, son unos tiranos". Él le dijo: "Dany dice que te conoce. Gracias a él estoy libre. Él es mi amante, ¿te molesta eso?". Ella dijo: "No, yo quiero a Dany, y si yo fuera a conseguirte un novio, el primero que me gustarÃa para ti serÃa Dany".
Después de 2 años, Sara cambió su apariencia por completo, era una mujer joven, guapa, alegre y trabajadora; consiguió un novio muy guapo, un arquitecto, y se casaron. Ahora ya tienen dos niños y viven muy felices.
Gabriel consiguió un trabajo muy bien pagado, y como habÃa estado tanto tiempo encerrado y tenÃa tan poca experiencia del sexo antes de que lo encerraran, yo fui quien le enseñó muchas de las cosas que sabe ahora sobre el sexo entre dos hombres enamorados, y todavia le sigo enseñando muhcas cosas
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