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« en: Junio 09, 2006, 10:00:29 » |
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En la mańana salimos a las 4 am de Caracas y no comentamos nada por un buen rato.
Pero, de repente me dijo que esa era quizás la mejor tirada de su vida y que nunca lo habÃa hecho con un hombre, yo le confesé que era gay y que tenÃa una relación muy estable la cual no estaba dispuesto a sacrificar por nada ni por nadie. Por su parte, él estaba en la misma situación con su familia. Aunque para mi sorpresa me dijo que él y su esposa sabÃan que esto iba a pasar y que habÃan discutido varias veces el tema, es más, ella lo habÃa alentado ya que no podÃa satisfacerlo todo el tiempo debido al tamańo de su miembro. Y aunque siempre sospecharon de mÃ, también pensaron que era la única persona de la cual ella no sentirÃa celos por la amistad que nos unÃa. Fue agradable poner las cartas sobre la mesa y a medida que salieran las oportunidades de estar juntos, irÃamos viendo. La oportunidad se dio más rápido de lo esperado. En la hacienda quesera nos alojaron en la misma habitación que era del primo de Alan, el cual estaba en Valencia. Nos vimos por unos segundos pensando que estarÃamos solos otra vez y que continuarÃamos lo que ya habÃamos comenzado. Durante el dÃa, esperando por los quesos, recorrimos la propiedad, nos bańamos en el rÃo viendo las iguanas y siempre con ganas de abalanzarnos el uno sobre el otro, lo que ańadÃa fuego a lo que vendrÃa.
En la noche después de unas cervezas, nos fuimos a "dormir ya que tenÃamos que regresar a Caracas". Apenas entramos al cuarto nos entrelazamos en un largo beso y empezamos a desnudarnos desesperadamente. Enseguida me llevó la boca a su guevo, el cual hoy parecÃa más grande. Comencé a mamarlo y tragármelo hasta lo máximo que pude, mientras él acariciaba mi culo. De repente la puerta del cuarto se abrió y encendieron la luz, era Simón, el primo, que adelantó su viaje y que realmente nos agarró con las manos en la masa. Su primera reacción fue de sorpresa, pero de repente cerró la puerta y se acercó y le dijo a su primo en un tono agresivo si yo podÃa mamárselo también. Alan me miró y con cara resignada le dijo que sÃ. De repente, me vi mamando 2 guevos a la vez, mientras ambos me acariciaban y jugaban con mi culo.
Alan me susurró en el oÃdo que me iba a penetrar. Yo asentÃ, se puso el condón y comenzó a cojerme suave al comienzo, pero como un toro después. ParecÃa que el hecho de que yo mamara a su primo y él me cogiera, los tenÃa a ambos fuera de sÃ. Gritaban y se movÃan con agresividad y frenesÃ. Yo estaba completamente entregado a este par de sementales. No tardaron en acabar uno en mi boca y el otro en mi culo. Nos relajamos y nos acostamos a descansar, aunque las cuatro veces más que tiramos no nos dejaron dormir mucho. A pesar que su primo siempre me trató como el hueco que estaba usando para desahogarse, para Alan yo era el amigo con quien hacia el amor.
De regreso a Caracas lo comprobé, me pidió hacerlo él y yo solos, paró la camioneta a un lado de la autopista, me desnudé y me senté sobre su guevo y aunque me dolÃa como nunca debido al uso y abuso de la noche anterior. Sentà que Alan
tenia derecho a disfrutar de mà como él quisiera. No me importaba el dolor, solo querÃa su placer asà que me movà sobre él como si estuviera en un potro salvaje hasta que explotó dentro de mÃ. Verlo convulsionar en la acabada como lo hizo, fue el mejor regalo que mi amigo pudo hacerme. Ya en la autopista de nuevo sentamos las bases de nuestra relación especial de amistad, es decir, Amigos con Derecho.
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