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« en: Junio 09, 2006, 10:00:06 » |
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Hola soy Jose, y os voy a contar una historia que me ocurrió hace algún tiempo. Por si no habéis leÃÂdo mis relatos anteriores,
tengo novia desde hace unos meses, y solemos viajar bastante. En una ocasión la llevé hasta su pueblo. Ella se quedarÃa allà de vacaciones, y yo volverÃa a la ciudad. Todo fue bien, hasta que a la hora de arrancar, el coche no dio seńales de vida. Era ya bastante tarde (las 11 de la noche), y no pude hacer nada. El coche se negó a funcionar, y me recomendaron que bajase a la gasolina para conocer el horario de los autobuses. Cuando llegué, vi para mi desesperación, que el autobús salÃa a la 7 de la mańana y llegaba a las diez, y yo necesitaba estar en el trabajo a las 7:30. Al quejarme por la rabia, un hombre me ofreció llevarme, me dijo que tenÃa dos plazas libres, y que llegarÃa a la ciudad antes de la cinco. PensarÃa que iba con mi novia. Le dijo que viajaba solo, asà que no me lo pensé y me fui con él. Le pregunte donde tenia el coche, y se rió y me dijo: - No se a que hora pensabas llegar hijo, pero solo puedo ir a 100. - Bueno me daba igual, si llegaba antes de las 7, asà que nos fuimos a la parte de atrás, busqué el coche, pero entonces vi como el hombre sacaba las llaves y abrió un camión de 15 metros. Me quedé sorprendido, pero me despedà de mi novia, y me fui al camión. Arrancamos a las 12 de la noche.
La cabina era amplia, ya que era un camión moderno. Le intenté dar conversación, pero pronto caà muerto de sueńo. El conductor me dijo que me tumbara en la cama de atrás que estarÃa más cómodo, y asà lo hice. Al tumbarme pude oler el tÃpico aroma a macho, pues tenÃa una manta de las tÃpicas que se ponen en el suelo para hacer de todo. Miré al techo y vi un montón de pósters de tÃas en pelotas, me imaginé a la cantidad de tÃas que se habrÃa follado aquÃ, y todas las putas que se la habÃan chupado. Me calenté rápido, pero como no podÃa hacerme una paja me dormÃ. Al rato, unas dos horas según él, me levanté y me senté de nuevo a su lado. Comenzamos a hablar, y al final lleguemos al tema del sexo. Me contaba que le gustaba mucho que se la chupasen, que llegaba al séptimo cielo. Él me dijo si me la habÃan chupado antes. Yo le contesté que no. Se quedó callado unos segundos, y siguió...
- Pues no veas lo que te pierdes..., yo si fuese tu harÃa lo que fuese para que me la chupasen cuanto antes. - Volvió a quedarse callado un momento y prosiguió:
- Mira, podemos hacer una cosa. Como por aquà no hay putas, tu me la chupas primero, y después cuando sepas como hacerlo bien, te la chupo yo para que disfrutes.
Yo dudé unos segundos, pero le conteste que sÃ, entonces él buscó un área de descanso para parar.
Aparcó y se sentó en el asiento de copiloto, bajándose antes los pantalones y sacó su enorme verga. Yo comencé a tragar despacio. Cuando no se la habÃa chupado tres veces, la tenÃa como el acero. Era una polla grande y venosa con el prepucio tapado, como a mà me gustan. Yo seguÃa lamiendo y veÃa la cara de placer del conductor. Yo también la tenÃa como el hierro. Aguantó más de 15 minutos, fue una de las mamadas más largas que he hecho hasta ahora. Cuando se iba a correr me apartó la cara, porque decÃa que solo las putas se tragaban la leche. Aun asà me echó toda encima de la camiseta asà que dio lo mismo. Al correrse yo seguà jugando con su polla, asà que se le puso dura otra vez y seguà chupándosela hasta que 5 minutos después se volvió a correr, esta vez dentro de mi boca. Al final me dijo:
- Te ha gustado eh, putita, pues solo te queda un pago antes de llegar a casa.
Él no me la chupó a mÃ, arrancó el camión y siguió justo a las puertas de mi ciudad, se metió en un polÃgono y aparcó en un sitio apartado. Me cogió la mano y me la metió en su paquete. Me dijo que como último pago al viaje le deberÃa hacer una paja. Yo accedÃ, y comencé a mover la mano de arriba abajo. Me costó un rato, pero al fin se le puso dura. Yo la meneaba como si fuese la mÃa. A veces rápidamente, y cuando parecÃa que se venÃa paraba y lo hacÃa despacio. El hombre no pudo aguantar mucho esta vez, y mientras que se la chupaba de nuevo para quedarme con el regalo, se corrió salvajemente, follando con mi boca, corriéndose sintiendo los espasmos dentro de mÃ. Se vistió, arrancó y me dejo al lado de su casa. Nunca mas he sabido de él, pero lo que sà recordare será el magnifico viaje que me dio.
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