admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 07, 2006, 07:50:33 » |
|
Me casaba una semana más tarde. Asàpues entre mis amistades prepararon una fiesta sorpresa de la cual no me olvidaré mientras viva. Antes de nada empezaré el relato de lo que ocurrió presentándome para que me conozcáis mejor.
Mi nombre es Carolina y tengo 28 años. Llevaba cinco años saliendo con mi novio Enrique el cual es tres años mayor que yo. Nos querÃamos mucho y finalmente decidimos que ya era hora de casarnos. Enrique es muy religioso y me dijo que deseaba que nos casáramos en la ermita del pueblo de sus padres. A mà la verdad es que no me hacÃa mucha gracia la idea pero finalmente accedà para evitar problemas entre nosotros. Yo hubiese preferido llevar a cabo una ceremonia civil ya que no me convencen los dogmas católicos.
Soy una chica morena de cabello largo y lacio que me cae por la espalda. Los ojos son marrón oscuro y bastante grandes. De cuerpo no estoy nada mal ya que soy bastante alta pues llego al 1.67 m y peso 56 kg. Uso una talla 95 de pecho el cual se conserva bien duro y que pone cardÃaco a Enrique cuando me lo chupa. En cuanto al pompis os diré que es la parte de mi cuerpo de la que me siento más orgullosa y que despierta mayores alabanzas entre los hombres que se cruzan conmigo. Ello hace que Enrique se ponga furioso ya que no es algo que le haga mucha gracia el ver cómo al resto de hombres se les cae la baba cuando me ven. En dichas ocasiones trato de cambiar de tema para conseguir que Enrique piense en otra cosa para asà lograr que se calme.
Se acercaba el momento más deseado por ambos. Ninguno de los dos éramos vÃrgenes pues habÃamos tenido parejas antes de conocernos. Yo perdà la virginidad con un antiguo novio que tuve a los dieciocho años y con el que rompà al enterarme que estaba enrollado con otra chica del barrio. Tiempo después conocà a Enrique y me enamoré locamente de él.
Trabajo en una gestorÃa desde hace tres años en la cual me encuentro bastante a gusto. Me gusta el trabajo que hago y el sueldo que cobro no está mal dentro de lo que cabe. Una de las compañeras del trabajo es una amiga de la infancia con la que estudiamos juntas y gracias a la cual encontré el trabajo. Me dijo que habÃa una plaza libre en la gestorÃa en la que trabajaba y que necesitaban una chica con urgencia. Asà pues me presenté a la entrevista siendo admitida a los pocos dÃas.
Mi amiga se llama Silvia y nos conocemos desde pequeñas tal como dije. Junto a mi hermana Luisa y a otras compañeras de trabajo me comentaron si me apetecÃa que me preparasen una fiesta de despedida de soltera. SerÃa el sábado anterior a la boda y se celebrarÃa en la casa que poseen los padres de Silvia a las afueras de la ciudad. Sus padres marchaban unos dÃas a ver a los abuelos de Silvia y asà aprovechábamos que la casa estaba libre para celebrar la fiesta de despedida. No supe qué decir pues no sabÃa si a Enrique le harÃa gracia la idea pero finalmente se lo comenté y me dijo que sus amigos habÃan tenido la misma idea. Asà pues llamé a Silvia y le dije que estaba lista para la fiesta sorpresa. No pude resistir la tentación y le pregunté si podÃa decirme algo sobre la fiesta que pensaban hacerme pero Silvia me dijo con una sonrisa enigmática:
- Tranquila Carolina, tan solo te pido que tengas paciencia durante la semana que queda hasta el sábado próximo. Lo único que te puedo decir es que será la mejor fiesta que hayas tenido nunca. Será algo inolvidable que recordarás toda tu vida.
Durante toda la semana estuve nerviosa intentando imaginar lo que podÃan querer decir las palabras de mi amiga Silvia. Intenté sonsacarle algo a mi hermana Luisa pero tampoco conseguà nada. Mi hermana Luisa tiene 23 años y es algo más baja que yo pues mide 1.60 m y es morena como yo. Llevaban todos los preparativos de la fiesta en un perfecto silencio y misterio con lo cual no pude conseguir ningún tipo de información sobre lo que se estaba cociendo.
Dos dÃas antes del sábado indicado me encontraba tomando una cerveza con mis compañeras de trabajo cuando llegó mi hermana Luisa y se sentó junto a nosotras. Seguimos con la conversación que estábamos manteniendo hasta entonces pero de pronto cambiaron de tema pasando a hablar de la fiesta del sábado. Silvia me comentó que me vistiese de forma elegante ya que habÃan quedado todas ellas en vestir de forma un tanto fina. Me dijeron que me vistiese con algún vestido o con alguna blusa de las que tenÃa en el armario. Me dijeron que habÃan quedado en que ninguna fuese vestida de forma deportiva o informal. Nos despedimos quedando para vernos el sábado a las 10 de la noche.
La tarde de aquel sábado estuvimos mi hermana Luisa y yo removiendo el armario buscando el modelo adecuado para asistir a la fiesta. Tras estar dos horas vistiéndonos y desvistiéndonos al fin Luisa se decidió por un vestido mÃo de color rojo de tirantes el cual le quedaba mejor a ella que a mà ya que lo tenÃa desde hacÃa dos años y ya no me quedaba como cuando lo compré. Era un vestido rojo de tirantes con gran escote que le marcaba el canalillo de sus pechos. Se cerraba por detrás con cremallera a todo lo largo de la espalda. Dicho vestido marcaba de forma escandalosa las caderas de mi hermana haciéndola muy apetitosa para cualquier hombre. Sé que Luisa provocaba grandes erecciones en diversos muchachos al cruzarse con ella. Finalmente le dije que no se pusiera sujetador ya que le quedarÃa mal con aquel vestido. Al subirle la cremallera y volverse me fijé en el modo como se marcaban los pezones de Luisa a través de la tela del vestido. Como calzado eligió unas sandalias negras de alto tacón que la hacÃan parecer un bombón. Yo, por mi parte, elegà un conjunto de blusa blanca con dos botones desabotonados junto a un pantalón negro de vestir y unas botas blancas de tacón alto que me habÃa regalado Enrique.
Cogimos el coche y nos dirigimos a casa de Silvia tardando una media hora en llegar. Luisa me comentó que me tranquilizase ya que me veÃa nerviosa. Le dije que nunca habÃa recibido una fiesta con motivo de mi despedida de soltera y que estaba ansiosa por descubrir lo que me habÃan preparado. Mi hermana rió a carcajadas y me dijo que pronto verÃa la sorpresa que me tenÃan reservada.
Al llegar a casa de Silvia está nos recibió en el recibidor con un vestido esplendoroso. Llevaba un vestido gris plata de tirantes con escote en pico el cual dejaba toda la espalda desnuda hasta encima de sus nalgas. El vestido le llegaba a medio muslo y mostraba parte de las piernas y la otra parte se encontraba cubierta por unas botas negras de caña de alto tacón que le llegaban hasta las rodillas. Debo reconocer que si hubiese sido un hombre la hubiera atacado aquella noche. Llevaba su rubio cabello recogido en una coleta. El resto de chicas me recibieron con gritos de júbilo al entrar al salón jaleándome y felicitándome efusivamente. El salón se encontraba lleno de globos y al entrar mis compañeras me llenaron de confeti. Fui besándolas una a una y empezamos a picotear del aperitivo que habÃan preparado. Las chicas me dijeron que la futura novia estaba muy guapa y que esperaban que aquella noche lo pasara lo mejor posible ya que no todos los dÃas se casa una. Les agradecà sus deseos amablemente.
Tras acabar de cenar, Silvia puso música en el equipo y empezamos a bailar todas juntas. Me acerqué a Silvia y a Luisa y les dije que me dijeran cual era la sorpresa que me tenÃan reservada. Ambas rieron y me dijeron que esperase un poco más que enseguida sabrÃa de qué se trataba. Llegaron las doce y sonó el timbre de la puerta. Silvia fue a abrir y apareció un muchacho vestido de bombero preguntando dónde estaba la chica de la fiesta. Me atraganté al oÃr aquellas palabras y entendà de golpe cual habÃa sido la sorpresa que me habÃan preparado mis amigas. Estas empezaron a gritar como locas al entrar el chico en la casa. Se trataba de un chico de unos 24 años el cual debo reconocer que me gustó mucho. Mis amigas le dijeron que la afortunada de aquella noche era yo y el muchacho se acercó a mà y me ofreció sus labios dándome un suave beso en los mÃos. Yo estaba hechizada por ese hombre. HabÃa oÃdo el tema de los strippers que se alquilaban para aquellas ocasiones pero no llegué a pensar que mi hermana y Silvia me montasen semejante fiesta.
El chico era alto y musculoso. MedirÃa sobre 1.80 m y la verdad es que estaba para comérselo. Nos dijo que se llamaba Ronald y que era holandés. Era rubio y con bigote el cual le hacÃa muy sexy e interesante. Lo que más destacaba de él era el torso que cubrÃa el uniforme de bombero que llevaba. Reà al imaginar la aventura del bombero regándome con su manguera. Imaginé cómo debÃa ser su manguera y me humedecà al momento. Ronald me hizo sentar en una silla en medio del salón y le dijo a Silvia que pusiera música que me iba a ofrecer un striptease. Todas las chicas corearon el nombre de Ronald al unÃsono y de repente el equipo de música inició los compases de una conocida canción. Aquel muchacho empezó a bailar delante de mà de forma suave y sensual moviéndose voluptuosamente alrededor de mà y acariciando mi cuerpo con sus manos. Intenté lanzarme a por él pero no me dejo diciéndome que me dejase llevar que quien dirigÃa era él.
Silvia lanzó un silbido al ver como Ronald se despojaba de la parte superior del uniforme dejando a la vista unos pectorales que me hicieron perder el sentido. Si Enrique me hubiese visto en ese momento seguro que no nos casábamos. Ronald me cogió las manos y me hizo acariciarle por encima de sus pezones y haciéndome bajar a lo largo de su torso hasta llegar encima del pantalón y volviendo a dirigir mis manos hacia arriba. Se dirigió a Luisa y le hizo agarrarle los pantalones y estirar de ellos quitándoselos de golpe tras lo cual el salón se convirtió en una locura global. Aquel muchacho apareció cubierto tan solo por un tanga blanco que dejaba al descubierto unas nalgas totalmente depiladas. Bajo el tanga mostraba un bulto de proporciones soberbias. DebÃa ser mucho más grande que la de Enrique. Mojé mis labios con mi lengua y dicho gesto fue observado por Silvia la cual me guiñó un ojo humedeciendo igualmente sus labios. Aquella fiesta estaba tomando unos derroteros muy interesantes.
Aquel muchacho se dirigió hacia mi y se sentó sobre mis rodillas de cara hacia mi. Me cogió las manos y las llevó hacia sus nalgas haciéndome agarrarle con fuerza. Evidentemente no pensaba negarme ante semejante oferta. Empezó a mover las nalgas sobre mà y acercó su cara dirigiendo su boca hacia mi oreja empezando a lamerla con sus labios y su lengua haciendo que mi piel se erizara con sus caricias. Chupó el lóbulo de mi oreja haciéndome enloquecer de placer. Deseaba dirigir mi mano hacia su paquete pero aguanté la tentación recordando sus palabras y esperando el momento adecuado. Aquel bulto me llamaba enormemente la atención. Jamás habÃa visto un miembro semejante. Menudo pedazo de carne tenÃa ese cabrón. Ronald debió adivinar mis lujuriosos pensamientos pues se levantó de encima de mis rodillas y se situó ante mi rostro ofreciéndome la visión de su entrepierna cubierta por el tanga. Las chicas nos jalearon animándonos a lanzarnos al vacÃo. Escuché a mi hermana Luisa diciéndome que le bajase el tanga y que les enseñase lo que le colgaba entre las piernas a ese guapo bombero holandés. Los gritos en el salón eran ensordecedores, todas las chicas se encontraban en un estado de enajenación increÃble esperando que ambos nos lanzásemos a una espiral de sexo y vicio.
En aquellos momentos tan solo existÃamos aquel guapo muchacho y yo. No me acordaba ni de mi futuro esposo, ni de mi hermana ni de mis amigas. Ronald me agarró los pechos a través de la tela de la blusa acariciándomelos por encima del sujetador. Me hizo despojarme del sostén para asà facilitarle la tarea de sus manos sobre mis endurecidos senos. Me hallaba totalmente cachonda gracias a ese hombre que me enloquecÃa por momentos. Los pezones se me pusieron duros al notar como me los acariciaba con las yemas de sus dedos. Ronald me ofreció sus labios y su lengua y nos dimos un beso de tornillo juntando nuestras lenguas y traspasándonos nuestras respectivas salivas.
La canción terminó dando inicio a otra nueva de ritmo más sensual. Ronald se separó de mà dejándome caliente perdida y Silvia se dirigió al piso superior hasta llegar a la puerta de la habitación de sus padres haciendo salir a un muchacho de color de complexión fuerte. El chico iba vestido con un uniforme de policÃa de motorista con un casco blanco, llevaba gafas de sol negras y un uniforme negro de camisa y pantalón y botas negras. Silvia se dirigió al auditorio diciéndonos que nos presentaba a Peter, un amigo americano que habÃa sido especialmente invitado a la fiesta. Por su parte, mi hermana entró al baño y al minuto apareció agarrada de la cintura con otro chico vestido con ropa de gimnasio. Silvia y Peter bajaron las escaleras cogidos de la mano y se unieron a Luisa y al otro chico dirigiéndose los cuatro hacia mÃ. Yo estaba totalmente alucinada abriendo los ojos como platos ante semejantes tÃos. Las chicas rieron como locas. Silvia se acercó a mà y me dijo que me daban a elegir a uno de los tres chicos para que pasase la noche con él que mientras ellas se divertirÃan con los dos restantes. Hubo gritos de júbilo y la locura se hizo colectiva ante la perspectiva que se nos presentaba aquella noche.
Se respiraba sexo por los cuatro costados de aquella casa y todos los presentes lo sabÃamos. Yo de momento no sabÃa con cual de los tres chicos quedarme. Estaba dispuesta a follar con cualquiera de ellos sin acordarme para nada de Enrique. Enseguida los dos nuevos muchachos empezaron a bailar en medio de todas nosotras moviéndose al ritmo salsero de la música. El policÃa se quitó el casco y las gafas lentamente mientras el gimnasta se acariciaba voluptuosamente por encima de la camiseta gris de tirantes que cubrÃa su pecho musculoso. Yo les veÃa bailar sentada en la silla mirándoles hipnotizada cuando Peter se situó ante mà invitando a su amigo a que me agarrase por la espalda mientras él inició un movimiento tremendamente sexual con su pelvis ante mis asombrados ojos. Ambos invitaron a Luisa y a Silvia a unirse a nosotros y a que les acariciasen sus preciados cuerpos.
Ellas no se hicieron de rogar y vi como Silvia ofrecÃa sus labios a aquel guapo policÃa y como este introducÃa su húmeda lengua en el interior de la boca de mi amiga. Bailaron pegados como lapas ante el público presente aprovechando ambos para rotar sus respectivos vientres en el del otro. Al separarse, Silvia agarró con sus dedos los laterales del pantalón del negro despojándole de golpe del mismo. A continuación agarró la camisa y la abrió de cuajo rompiendo los botones y dejando el pecho del muchacho completamente desnudo. Por su parte, Luisa se encontraba agarrada al otro muchacho abrazándole por la espalda. Le ayudó a despojarse de la sudada camiseta y después se arrodilló tras las nalgas del chico y le agarró del pantalón por la cintura tirando de él hacia abajo y dejándolo cubierto tan solo por un tanga rojo. Mi hermana empezó a mordisquear las nalgas de aquel macizo stripper y de repente dirigió una de sus manos hacia la parte delantera del muchacho empezando a acariciarle el paquete a través de la tela del tanga. Aquel bulto no tardó en ponerse en forma creciendo de forma considerable. El ambiente ya estaba totalmente caldeado y todos nos encontrábamos dispuestos a cualquier cosa.
Ronald y Peter se dirigieron hacia mà cogiéndome ambos por la cintura y apretándose contra mi figura. Noté como sus pollas se apretaban contra mi pubis y mis nalgas rotándolas de forma sensual y notando como crecÃan sin parar. Mientras tanto Silvia y Luisa ayudaron al otro chico a sentarse en el sofá y le despojaron del tanga haciendo aparecer un pene bien grande y duro que hizo que nos mojásemos todas las presentes en aquella fiesta. Silvia agarró aquel ariete con una de sus manos y lo llevó hacia su boca tragándoselo de golpe y empezando a succionarlo sin parar. La fiesta habÃa llegado a un punto del que no habÃa posible retorno. Me quedé alucinada viendo como Silvia se comÃa aquel poderoso miembro chupándolo por todos los rincones. Jamás habÃa visto a Silvia follando con ningún chico y debo reconocer que la situación me estaba produciendo un morbo increÃble. Silvia ofreció aquel tesoro a mi hermana la cual se quedó admirando aquella polla con cara de lujuria y de pronto acarició el glande amoratado de aquel muchacho con la punta de su lengua pasando a recorrer toda la longitud de aquel miembro ensalivándolo por completo.
Yo, mientras tanto, besaba con pasión al guapo muchacho de color al cual me entregaba entre sus brazos al tiempo que Ronald apretaba su dura verga contra mis nalgas. Me agaché ante ellos chupando sus respectivas pollas cubiertas por los tangas que portaban. Agarré ambos tangas y los bajé de golpe haciendo aparecer dos morcillas fenomenales ante las que me quedé con la boca abierta y los ojos fuera de sus órbitas. Ambos miembros eran de dimensiones extraordinarias. El de Ronald alcanzarÃa los veinte centÃmetros y tenÃa un gran grosor. El del policÃa me aterrorizó solo de verlo. Jamás habÃa tenido en mis manos algo semejante. Era una estaca de unos veinticinco centÃmetros la cual imaginé que me destrozarÃa cuando me traspasase. Me lancé a por ellas succionándolas alternativamente aunque mi boca no daba abasto con ambas pollas. Aun asà finalmente conseguà tragarme por completo el nabo de aquel negrazo llegando a tocar la garganta con la punta de su glande. Aun no me explico cómo conseguà hacerlo. Lamà aquella rica banana a lo largo de ella notando las venas llenas de sangre que bombeaba desde su cerebro.
Ronald se colocó entre mis nalgas y empezó a chuparme el ojete consiguiendo sacarme un gemido de placer. Humedeció mi entrada posterior y después su lengua se hizo más ambiciosa penetrando en el interior de mi ano. Me estaba volviendo loca de placer. Estaba segura que aquellos cabrones deseaban sodomizarme. Jamás lo habÃa probado con Enrique pero en aquellos momentos sabÃa que no serÃa capaz de negarme a pasar aquella dura prueba. Lo que aun no sabÃa es quien de ellos serÃa el afortunado. Gracias al estado de enajenación en que me hallaba debido a las caricias anales que soportaba, mi mano y mi boca alcanzaron una velocidad de vértigo y de repente mi amante de color me apartó de él y descargó toda su leche esparciéndola en toda mi cara y llegando algunos goterones hasta el cabello.
Giré la vista al escuchar los gritos que lanzaba Silvia. La escena que presencié casi me hace correr. El tercer chico tenÃa apoyada a Silvia de espaldas a él con las manos sujetas al respaldo del sofá mientras mi amiga tenÃa ante su boca el coño ofrecido de mi hermana a la cual le estaba comiendo toda la fruta de la pasión. No imaginaba que a mi hermana le gustasen las mujeres. El muchacho follaba con fuerza a Silvia clavándole todo su pene hasta el fondo. La tenÃa bien abierta de piernas y la sujetaba de las caderas traspasándola con gran virulencia. Silvia introdujo uno de sus dedos en el ano de mi hermana la cual se quejó fuertemente ante dicha acometida.
Peter me separó de Ronald llevándome con él. Estaba entregada a aquel hombre de ébano el cual me atemorizaba con su mirada. En aquel momento era mi dueño. Me cogió de las piernas y me giró por completo colocándome boca abajo situando mi cara ante su poderoso músculo sexual. El cabrón ya se habÃa recuperado pese a haberse corrido hacia poco tiempo. Aquella noche estaba aprendiendo muchas cosas que seguramente nunca hubiese vivido con Enrique. Hacer un 69 de pie me dio un vértigo y un morbo fenomenal. Me agarré a la broca de aquel tÃo y comencé a comérmela sin parar. Peter dirigió su lengua hacia mi clÃtoris chupándolo sin descanso. A los dos minutos me habÃa corrido entre sus labios ofreciéndole todos mis jugos. El orgasmo que me sacó fue increÃble.
Tras ese orgasmo me relajé cruzando mis piernas tras su cabeza. Peter no mostraba sÃntomas de cansancio teniéndome sujeta entre sus brazos lo cual estaba dispuesta a aprovecharlo. Me sentÃa cómoda en aquella posición comiéndome aquel sabroso plátano de chocolate que me hipnotizaba. Me quedé adorando aquel glande amoratado que me encantaba. Volvà a chupar su polla con ansia intentando conseguir hacerle correr de nuevo. Deseaba sacarle toda su leche y esta vez no pensaba dejar que se me escapase. Me iba a tragar toda su espesa vitalidad. Me afané en masturbarle chupándole la verga y meneándosela sin parar. Al tiempo bajaba de vez en cuando hacia sus testÃculos y se los lamÃa para proporcionarle mayor placer. Me introdujo dos dedos en mi ano mientras seguÃa comiéndome el clÃtoris haciéndolo crecer sin remisión. De pronto aquel fuerte policÃa empezó a temblar y se quedó parado de golpe corriéndose sin parar. Me atraganté ante aquella catarata que invadÃa mi boca. Aquel negro expulsó semen en mi boca durante treinta largos segundos. Creà que no iba a acabar nunca. Sin embargo logré tragar todo aquel manantial sin desperdiciar ni una sola gota. No aguanté más y me corrà entre sus labios llenándole la boca con mis jugos. Ambos quedamos completamente saciados.
El espectáculo que ofrecÃamos al resto de invitados a la fiesta era impresionante. Dos de las chicas se unieron entre ellas iniciando una relación lésbica que hizo que nos hallásemos nuevamente preparados para el último asalto. No me olvido del trÃo que mantenÃan Silvia y mi hermana con el otro stripper y os diré que el chico acabó explotando en la vagina de mi amiga llenándola con su lefa. Mi hermana acabó chillando entre los labios de Silvia con las caricias que esta le prodigaba.
Peter llamó a Ronald para que volviese a juntarse a nosotros. Me acerqué a Ronald y le agarré la dura verga que tenÃa e inicié unos lentos movimientos sobre ella masturbándole con dulzura. Nos dimos un beso apasionado y al separarnos le dije al oÃdo que se tumbase sobre al alfombra del salón que deseaba montarme sobre él. El chico sonrió y accedió a mis ruegos tumbándose boca arriba apuntando hacia arriba con su enhiesto mástil. Me encantaba la manguera que poseÃa aquel guapo bombero. Le agarré de la polla y me coloqué a horcajadas sobre él apoyando el coño sobre su poderosa cabeza y me acabé sentando de golpe sobre Ronald. Lancé un prolongado suspiro al notar como iba entrando centÃmetro a centÃmetro en mi interior. Tras permanecer unos breves segundos sintiéndome taladrada por aquel chico apoyé mis manos sobre su pecho y empecé a cabalgar sobre mi potente macho como una yegua enloquecida al tiempo que Ronald me golpeaba las nalgas con las palmas de sus manos haciéndome gritar. A lo lejos oÃa como Luisa se encontraba siendo follada por su acompañante el cual la tenÃa cogida en brazos apoyada en la pared y la sentaba sobre su verga haciéndola exhalar auténticos alaridos de júbilo. Mi hermana cruzaba sus manos tras el cuello de su amante sin dejarlo escapar y cruzaba las piernas tras las nalgas del muchacho atrayéndolo hacia ella. Mi hermana le gritaba de forma sofocada diciéndole:
- Fóllame el culo cabrón. Me encanta como me lo haces. Es lo mejor que he sentido en toda mi vida. No te detengas ni un solo segundo, por favor. Dios, es demasiado bueno para dejar que se acabe.
Ronald me ayudó a caer sobre su pecho con lo cual mostraba mis nalgas en todo su esplendor. Peter se arrodilló tras de mà y chupó mi ano dándome un beso negro de fábula. SabÃa lo que aquello significaba y aunque sentÃa un pavor sin lÃmites ante lo que se avecinaba, al mismo tiempo deseaba ser ensartada por aquellos dos machos al mismo tiempo. Tras dejarme el ano bien lubricado gracias a su saliva, Peter se aproximó a mi oreja y me susurró que me relajase que todo irÃa bien. Que ellos se encargarÃan de que disfrutase. Ronald se quedó parado y Peter acercó la punta de su lanza a mi esfÃnter apoyando aquella cabezota en la entrada. Aquellos dos cabrones me iban a destrozar por dentro pero estaba dispuesta a pasar aquella dura prueba. El chico negro empezó a introducir con suavidad el glande y me agarró con las manos de las caderas.
- Carolina bonita, ahora voy a penetrar tu estrecho agujerito hasta que desees que no acabe nunca. Será la mejor experiencia de tu vida. Es el punto culminante a esta bonita fiesta que te han preparado tus amigas.
Tras aquellas palabras, Peter apretó fuertemente mis nalgas hacia él clavándome su enorme ariete en el culo. Chillé sin poder controlarme. El dolor era insoportable. Aquello era excesivamente grande y fuerte para que mi pobre culito lo cobijase. Me estaba quemando por dentro. Lloraba sin poder aguantar el embate de aquel negro fabuloso. Peter golpeaba sus testÃculos contra mis nalgas. Por fin habÃa logrado alojar toda aquella tranca en mi dolorido esfÃnter. El chico se quedó quieto unos segundos para dejarme asimilar aquel torpedo que me habÃa traspasado. Entonces Ronald empezó a rotar su pelvis follándome en el momento en que su amigo inició un metesaca enloquecedor. SentÃa en mi interior como ambas barras se unÃan entre sÃ. Yo me acoplé al movimiento de mis dos amantes rotando mi pelvis sobre las de ellas. El dolor dio paso a un placer indescriptible. Ahora sà que me encontraba en la gloria siendo follada por ellos. Los gemidos dieron paso a unos aullidos enloquecedores por mi parte. Notaba como la carne de aquel negro llenaba mis intestinos sin remedio.
- Cabrones me matáis pero me hacéis enloquecer. Me muero de gusto con vosotros. Folláis de maravilla. No deseo que esto acabe nunca. Seguid asà y no paréis.
SentÃa que el orgasmo se aproximaba a pasos agigantados. Deseaba retrasarlo lo más posible pero no lo logré. Les dije que me corrÃa y que se viniesen conmigo, que me llenasen mis dos agujeros con sus calientes leches. Asà pues ambos aceleraron sus acometidas hasta quedarse parados en mi interior exhalando gritos los tres al corrernos como auténticas bestias en celo. Sudábamos como animales y tardamos dos minutos largos en recuperarnos de aquel último encuentro.
- Carolina, ahora ya estas preparada para casarte con tu futuro marido, me dijo Peter tras salirse de mÃ.
- Tienes razón aunque ahora tengo aun más dudas de que realmente desee casarme, le contesté sonriendo.
Miré a Silvia y a mi hermana y vi como me saludaban estando abrazadas a su ocasional amante.
|