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« en: Junio 09, 2006, 09:56:41 » |
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Me dijo que solo se me abria el culito con un par de billetes, eso me puso a mil
Llegue a la cochera 7 minutos antes de lo convenido, me apoyé sobre el auto para esperarlo. El llegó a las 18.00 en punto. Le gustó que lo estuviera esperando, pero no dijo nada. Subimos al auto, y salimos para su departamento. Nadie emitió ningún tipo de sonido. Yo estaba nervioso, asustado, el corazón me latÃa a mil. Pero no podÃa hacer nada, era tarde. Como un jugador de ajedrez Fernando movió las piezas con precisión. Me dominó por completo. Jugó conmigo desde el principio sabiendo cual serÃa mi próximo paso. Me rendà ante el. El me dominaba, y en pocos minutos me someterÃa a sus deseos. Me llevarÃa al punto mas bajo, me vejarÃa, serÃa un objeto a su merced.
Llegamos al departamento más rápido de lo que hubiese deseado. Subimos al ascensor. Todo el trayecto en silencio. Entramos al departamento, era un lugar preparado para el placer. Espejos, decoración, alfombras mullidas, una cama enorme. Este era el lugar donde satisfacer sus caprichos. El estaba acostumbrado a esto. Si n decir nada comenzó a sacarse la ropa, me miró de una forma en la que entendà que debÃa hacer lo mismo. Quedamos ambos desnudos por completo. Su pene amenazante apuntaba a mi. Era exageradamente grande, habÃa olvidado en estos dÃas el tamaño. Se sentó sobre la cama, y me indicó que me arrodillara en el suelo. Estaba claro que es lo que debÃa hacer. Sin preámbulos tomé su verga con la mano y me lo metà en la boca. La tuve que abrir bien grande. Y comencé a chuparlo, como algunas mujeres me lo habÃan hecho a mi. Lanzó un suspiro. Eso me indicó que estaba haciendo las cosas bien. Seguà chupando, y chupando y chupando. El estaba en las nubes. GemÃa, gozaba, respiraba fuerte. Me sentà poderoso manejando su placer.
Luego de un momento, me aparta la cabeza y me indica que suba a la cama. Me pone boca abajo, me hace abrir las piernas y comienza a chuparme el culo. Me metÃa la lengua bien adentro. Que rico estaba. Me gustaba mucho eso. Yo también gemÃ, me estaba aflojando, era un placer nuevo, diferente. Luego se detuvo, abrió la mesita de luz, sacó un pote de crema lubricante. El momento tan temido, habÃa llegado. CumplirÃa con este sacrificio al que el destino me habÃa enfrentado. Mi cuerpo y mi alma estaban entregados a los caprichos de este macho que iba a poseerme. Comenzó a lubricarme, a dilatarme. Primero por la superficie del agujero, luego metió un dedo, luego dos, mas tarde tres. SabÃa hacer el trabajo, cuantas veces lo habrá hecho, con cuantos habrá experimentado, esto que para mi era tan especial, lo serÃa para el?, o acaso era solo rutina?.
Luego de un rato, me sentà dilatado, estaba caliente también, querÃa salir corriendo de ese departamento, pero también querÃa saber como seguÃa. Me hizo abrir mas las piernas, me colocó un almohadón debajo del vientre y se recostó encima mÃo. Su cuerpo era pesado, me aplastaba contra la cama, me quitaba el aire, me excitaba tambien. Tener ese ejemplar, ese cuerpo encima mÃo, dominándome, pero también gobernado por mi, por el deseo que yo le despertaba. Me susurró al oÃdo desde atrás.
- Estas listo? - Dale, le contesté. En ese momento pensé que era la primera vez que lo tuteaba, que tonterÃa pensar eso en este momento. Apoyó la punta de su verga en mi culo, se quedó quieto por un momento, mis esfÃnteres comenzaron a abrirse, la poronga comenzó a deslizarse. Me habrÃa mis músculos, me dolÃa mientras se deslizaba, dolÃa bastante, era muy grande y muy gruesa. Se deslizó por completo de una vez, pero lentamente. Llegó hasta el final. Lo sentà en mis entrañas. DolÃa, dolÃa mucho. Lancé un grito ahogado de dolor. El se detuvo, estaba dentro de mi pero sin moverse.
Te duele, me dijo Si, me duele mucho, alcancé a suspirar. Te lo saco?, preguntó. Estuve unos segundos sin contestar, que sentido tenÃa. El no iba a desistir, me penetrarÃa con su gran nabo otra vez, y yo no querÃa pasar nuevamente por la penetración. No, le conteste, dejala. Quedate asà un poco. El se quedó inmóvil por un momento. El dolor iba pasando, no era tan punzante como al principio, me estaba acostumbrando a ello. Pensé que ya estaba para más. Lo animé a seguir.
Dale, Fernando, cogeme, dale, cogeme. Ya no te duele, me preguntó. Si, me duele, pero me gusta, cogeme, damelo, damelo. Esto lo animó, con ritmo lento, comenzó a taladrarme mi agujero hasta hacia segundos virgen. Siguió y siguió empujando, y gemÃa y respiraba con un ritmo cada vez mas agitado. DolÃa cada vez menos y me gustaba cada vez mas. Dale Fernando, cogeme, cogeme que me gusta, dame tu vergota, partime en dos el culo.
Si, putito, si que te voy a coger, sos un putito que se deja coger por plata, bien que se te habrió el culito cuando viste los billetes. No me gustó este comentario, pero me dio un morbo que me puso a mil. Y me animé a seguir su juego.
Si, me gusta que me cojas por dinero, si queres cojerme ponete con la plata, paga si queres un putito virgen. Mis palabras lo pusieron como loco, comenzó a darme duro, a cogerme con mas fuerza. Me gustaba esto, es como que el control estaba cambiando de manos, ahora lo tenÃa yo, lo estaba volviendo loco de deseo. Me seguÃa taladrando con su enorme tranca, y me daba y me daba y me daba y yo lo animaba y el me decÃa cosas al oÃdo. La calentura iba en aumento hasta que me dice: Me vengo Claudio, me vengo, ya no aguanto Esas palabras me calentaron mucho, dale papi, dame tu lechita, llename el culito de tu lechita, dale papi, cogeme, cogeme fuerte que yo me vengo tambien, dame tu pija dura, damela. SIIIIIIIII, sIIIIIIIII, sIIIIIIIIII, Ohhhhhhh, ohhhhhhh, ohhhhhhhh Ayyyyyy, ayyyyyyyyyyy, ayyyyyyyy Ahhhhh, ahhhhhhhhh, ahhhhhh Ambos gritabamos al unÃsono, estábamos en éxtasis total. No existÃa en el mundo nada mas que nuestro placer. La copula, la lujuria, el placer, todo en este dúo de hombres uno joven, el otro maduro, uno corpulento el otro pequeño. Uno poseyendo al otro, gobernándolo, sometiéndolo, el otro entregado, rendido, humillado, vejado, pero también dominándolo, dominando a la fiera, quien con su carne joven y fresca es presa del descontrol de su verdugo que lo lleva al sacrificio para satisfacer sus caprichos. Fue una experiencia inolvidable, ambos gozamos como locos, fue mas que sexo, fue una lucha de poderes. Fueron dos hombres llevados al estado mas primitivo del deseo que utilizaron sus armas, el dinero, el glamour, el poder, la experiencia, la fuerza fÃsica, el lujo por un lado y por el otro la inocencia, la seducción, la belleza, la debilidad, por el otro.
La relación con Fernando duró unos 6 o 7 meses, lo hacÃamos 2 o 3 veces por semana. Yo le puse fin a la relación. Comencé a tener éxito con las mujeres, me fui de la empresa, monte mi propio negocio. Esa fue la única relación que tuve con un hombre. Nunca mas lo hice hasta ahora que tengo 27 años. Ah, me olvidaba de comentarles.
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