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« en: Junio 09, 2006, 09:51:37 » |
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Hace mucho ya que me dàcuenta de mis inclinación por los hombres: las mujeres no me atraÃÂan en lo más mÃÂnimo
Hola! Tengo 19 años y quiero contarte mis calientes experiencias homosexuales. Soy tenista amateur, y entreno duramente todos los dÃas, aunque a decir verdad, no soy muy bueno empuñando la raqueta para jugar... pero me excita mucho empuñar las raquetas de otros tenistas.
Hace mucho ya que me dà cuenta de mis inclinación por los hombres: las mujeres no me atraÃan en lo más mÃnimo, mientras que en los vestuarios del club donde entreno, ese olor a hombre... no sé, me agradaba demasiado. A veces me duchaba tres o cuatro veces por dÃa, con tal de estar entre tantos hombres atléticos. Me ponÃa celoso cuando estos muchachones salÃan con sus novias, y aunque más de uno desconfiaba de mÃ, yo daba una imagen más parecida a un solitario y confundido adolescente, pues realmente no soy ni tengo una pizca de maricón en la voz.
En el club me apodan Boby, pues cuando mi antiguo entrenador notó que aunque yo era un asiduo concurrente a sus entrenamientos y a las actividades del club en general, aunque no cazaba una pelota ni tenÃa la pasta necesaria para ser un jugador mediocre, decidió ofrecerme la posibilidad de ser un "ball-boy", es decir, ocuparme de alcanzar las pelotas a los jugadores durante los torneos importantes.
Allà fué cuando conocà a Federico, mi amor imposible, a quien hace ya un año que no veo y por quien estoy sumamente deprimido.
Les cuento: durante uno de esos domingos sofocantes de verano en Buenos Aires, se realizaba un torneo interno de tenis en el club, y el entrenador me dijo que yo y otro muchacho serÃamos los auxiliares durante un partido que se realizaba justo al mediodÃa, cuando el sol pegaba a pleno. Cegado por el sol, no và a uno de los jugadores y me lo llevé por delante, cayendo yo torpemente al suelo. Cuando levanté la vista...
¡Que hombre!
Me tendÃa la mano y me preguntaba si estaba bien. Yo solo veÃa sus ojos celestes, esos faroles que me escandilaban más aún que el sol que se entreveraba por la melena rubia que le caÃa sobre los hombros. Sus labios torneados, su barba a medio crecer, ese porte vigoroso... le dà la mano y una electricidad me corrió por todo el cuerpo, hasta frunció mi culito virgen de carne humana hasta ese entonces. Yo no sé si ese fué mi primer orgasmo... ¡no podÃa creer lo que estaba pasando!
-¿Estás bien? -me dijo Federico mientras me levantaba del suelo.
-Si, si, si... -le respondÃ.
La voz del entrenador, desde el fondo, gritó mi apodo:
-¡¡Boby!! ¡¡Más cuidado!!
-¿Boby? -dijo Federico, con su voz varonil, siendo esa la primera vez que pronunciaba mi nombre. Y luego sonrió picaramente.
Ese partido se hizo eterno, yo no podÃa sacarle los ojos de encima. Miraba sus piernas peludas, sus brazos varoniles, musculosos... no sabÃa que me pasaba, querÃa que me bese, que me abraze, como ningún otro hombre lo habÃa hecho antes. QuerÃa ser suyo... ¿pero como?
A Federico en ese partido no le fué bien.
Aproveché entonces para acercarme tÃmidamente en el vestuario, y allà lo vÃ, con el torso desnudo y transpirado, sentado sobre un banco, con la cabeza entre las manos. El resto del cuerpo estaba envuelto en una toalla, quizás iba a entrar a la ducha.
-Lo siento... -le dije a Federico, tratando de consolarlo, quien estaba seguramente mal por haber perdido el partido.
Federico no respondÃa. Lo rodee y và su maravillosa espalda, ancha y fibrosa... comencé a hacerle masajes.
-Soy bueno haciendo masajes... -le dije a Federico. Respondà un poco aflojando los hombros, dejándose masajear. Aquello me estaba excitando. Estabamos solos en los vestidores, en cualquier momento entraba alguien... de pronto, un escalofrÃo me recorrió el cuerpo.
-Aquà no -dijo Federico, tomándome de la mano. Se irguió y se puso de frente, mirándome. El bulto que tenÃa bajo la toalla era impresionante... se acercó y me besó tiernamente en los labios. ¡La primera vez que me besaba un hombre! Yo le respondÃ, abriendo la boca torpemente, tratando de sacar mi lengua y tocar sus labios, su lengua... fué cuando sentà su pene sobre mi estómago, pues Federico era más alto que yo... y fué también cuando la toalla cayó al suelo.
¡Que pedazo de pene!
Yo siempre habÃa fantaseado con hombres, y a veces, en la soledad del vestuario, me habÃa masturbado tratando de meterme el mango de las raquetas de otros jugadores en el culo. Siempre me habÃa preguntado si dolerÃa mucho, y como serÃa que un hombre de verdad me la meta.
HabÃa comenzando enjabonando la raqueta, y luego probé con vaselina... algunas veces, llorando un poco, logré meterme la puntita... y después, medio mango... ¡que delicia tener una raqueta en el culo! Me miraba en el espejo y me la veÃa clavada allÃ, parecÃa un pavo real... ¡me encantaba!
Pero Federico tenÃa una picha tremenda... era tan ancha como el mango de una raqueta... o más... y yo no dejaba de mirarla.
-¿Te gusta, Boby? -me dijo Federico. Yo lo miré y me saqué la camiseta.... el calzado, los calcetines, el pantalón, el slip... quedé como Federico, en bolas. Mi pene apenas estaba a medio parar, pero no se puede comparar con un pene de hombre, el mÃo es muy pequeño. De todas formas no me importa, pues a mi me gustan los penes de los otras personas.
-Vamos a ducharnos, Boby. -me dijo Federico.
Yo notaba una sonrisa maliciosa en la cara, como si quisiera desquitarse del partido perdido. Adivinando sus intenciones, corrà a mi casillero y saqué un frasquito de vaselina. El resto, fue inolvidable.
Federico me atrapó contra las duchas, mientras las abrÃa, y el agua caliente nos atrapó a los dos. Su vapor de hombre comenzó a correr por mi cara, mientras me llenaba de besos, me refregaba su potente aparato de 22 cm. sobre mi estómago, me acariciaba los gluteos, me ponÃa a mil. Yo estaba loco, loquÃsimo. Le recorrà el pecho peludo y mojado a besos, bajé por sus abdominales marcados y allà me encontré con su pene hermoso y gigantón... lo comÃ, lo chupé como hacen las putas en los filmes porno, lo único que habÃa chupado imaginando un pene eran los mangos de raquetas, y algún chorizo colorado... me ponÃa fantástico hacerlo con un pene de verdad... a decir verdad, no lo estaba haciendo mal, pues Federico me agarró de los pelos y manejaba el ritmo, como cojiéndome o follándome con la boca... mientras yo le acariciaba las pelotas con una mano y le agarraba los gluteos con la otra... me llenó de leche sin avisarme, me tragué como un litro de su esperma, tosà un poco... y mientras tosÃa, M artÃn me puso de pie, con
-Nnno... soy virgen por ahÃ... bueno... casi...
-Ya vas a ver lo que es lindo, putito.... -me dijo Federico, y eso me excitó más. Estaba dispuesto a soportar cualquier cosa.
El muy bestia lo intentó pocas veces, y a la terecera o cuarta embestida me enterró su caño hasta el fondo... aunque el me asegura que solo fué hasta la mitad.
Miré como el agua de las duchas bajo mis piernas se teñÃa de rojo... me habÃa abierto el boquete y me habÃa lastimado... más no dejaba de acariciarme y de bombear por mi culo... yo estaba comenzando a gozar como un perro... o una perra... me estaba empomando de lo más lindo.... y luego, me llenó de leche el ano.
Me dà vuelta y me agaché para limpiar los restos de semen, sangre y quizás algo de caca en su pene, no me importaba, estaba excitado y querÃa agradecerle por haberme desvirgado de esa forma tan varonil.
Nos duchamos, nos vestimos y cuando yo esperaba un beso de despedida, al menos, me dijo
-Chau, pibe, gracias.
Y no lo và nunca más. No pertenecÃa al club, no sé de donde vino, pero quedé enamorado... y nunca más ningún hombre me rompió el culo. Yo aún sigo esperando...
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