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Autor Tema: Gay en sierra nevada  (Leído 346 veces)
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« en: Junio 09, 2006, 09:50:38 »

Mi historia comienza 3 años atrás. Yo viví­a por entonces en la ciudad de Granada.



Mi historia comienza 3 años atrás. Yo vivía por entonces en la ciudad de Granada. Mis estudios no me iban muy bien, aunque había terminado la Formación Profesional en la especialidad de Administrativa, pero a pesar de todo, no había tenido mucho éxito a la hora de encontrar trabajo.
Mis padres, cansados de la situación, me dieron un ultimátum, el cual por mi carácter serio y reservado, no estaba dispuesto a acatar. Fue así como decidí irme a trabajar a un pequeño cortijo, alejado bastante del núcleo urbano, a bastantes horas de la capital, y también de cualquier otro pueblo.

Fernando, el hijo del dueño, y antiguo compañero de clase, había hablado a su padre de mí, y de mi necesidad, y aunque el padre de Fernando acepto contratarme como jornalero, advirtió que no tendría ningún privilegio por ello, lo cual a mí no me importaba.

Una mañana temprano, hice mi maleta y cogí el autobús con destino Trevélez, un pueblo en la falda de Sierra Nevada.

En el trayecto hacia tal lugar, en un pequeño cruce, me estaba esperando Fernando, junto a otro hombre que no conocía. El autobús se detuvo y solamente yo bajé en esa parada. Fernando me dio un abrazo muy fuerte, y me presentó a Antonio, quien afirmaba ser el encargado de las labores agrícolas, y de los empleados del cortijo.

Antes de continuar en mi historia, debo de describirme, y debo de aclarar que siempre he gustado mucho a la gente, por mi físico y por mi carácter. En el plano físico, decir que era un chico de 22 años, con pelo cobrizo, y ojos marrones con un brillo espectacular (según dicen). Respecto a mi estatura el 1,85 m. debo de alcanzar, y mi peso oscila entre los 85 y 90 Kg., Respondo al nombre de Daniel.

Retomando mi historia, al llegar a la parada del bus, cogí mi maleta con firmeza, y me monté en un todo terreno, que conducía con demostrada experiencia el Sr. Antonio, como debía de ser llamado.

Fernando mientras nos dirigíamos al cortijo, aprovechó para preguntarme como estaba, y como era posible que no hubiese terminado la carrera, con lo estudioso que era. Le aclaré mis problemas con mis padres, y que no estaba dispuesto a seguir estudiando, y que al no encontrar trabajo, decidí llamarle a él. Mientras tanto, Antonio seguía muy concentrado en su tarea; conducir y callar.

Cuando llegamos al cortijo, descubrí que aquello no era un cortijo, sino un palacio. La entrada era típica de una casa señorial, con establos a los lados, y las habitaciones de los empleados al otro lado. Frente a la verja que protegía el lugar, pude ver la casa más bonita y amplia que mis ojos hasta el momento habían visto.

Baje del vehículo, aun con mis ojos observando cada parte del lugar, pero también empecé a observar el montón de hombres musculosos y varoniles que andaban por las inmediaciones del jardín. Los había morenos y rubios, altos y otros algo mas bajos, musculosos, y atléticos; aquello parecía un paraíso. Me baje del todo terreno, y Fernando me indicó que Antonio me llevaría al lugar donde yo dormiría. Fernando se despidió y me dijo que pasara por su casa cuando me hubiese instalado.

Entré en los dormitorios de los empleados, y eran como un Hotel. Estaban separadas en habitaciones de 2 ó 3 huéspedes, y tenían un baño en cada una de ellas, bastante amplio. Antonio llamó en una de ellas, y entró. Yo le seguía muy de cerca.


- Este es Daniel, un nuevo empleado, compartirá al menos temporalmente la habitación contigo, Julian -, explicó Antonio.

Mis ojos no daban crédito a lo que veían, pues ante mi, Julian se presentaba como un autentico semental, vestía en esos momentos solamente unos jeans bien ajustados, con el botón de los mismos sin abrochar, que mostraban los calzoncillos con la marca Kevin Klein, y sobre ellos unos pelitos púbicos que se escapaban de los mismos, y que unían una hilera de pelos a través de su ombligo hasta su pecho, sin llegar a ser excesivos.

Julian aparentaba aproximadamente unos 33 años, pero muy bien conservados. El pelo del semental era oscuro y estaba echado hacia atrás. Su mentón estaba bien formado, y sus ojos marrones claros reinaban en unos ojos perfectos. Aquel hombre era simplemente perfecto.

Julian se levantó de la cama, y extendió su mano a modo de saludo, pero yo no podía casi ni reaccionar. Aquello era un flechazo. Un poco aturdido, y alegando que me encontraba cansado por el viaje, finalmente acerté a coger su mano. Julian, haciendo gala de una fuerza insólita, apretó mi mano con rudeza, pero a la vez con suavidad. En ese momento un calor terrorífico invadió todo mi cuerpo, haciéndome incluso marear.


- No tienes buena cara, Daniel -, afirmó Julian.

- ¿Qué..?, no... no, estoy bien, solo un poco cansado por el viaje -, repliqué.

Me senté en la cama, y Antonio salió de la habitación. Diego por su parte, volvió a tumbarse en su cama, mientras miraba televisión. Yo me tumbé sin girar mi cara, aunque era lo que mas deseaba, ver nuevamente a Julian. Después de un poco tiempo, y un poco avergonzado gire mi cara hacia él. Este estaba mirando con atención la televisión, y no mostró perturbación porque lo mirase fijamente. A los pocos segundos, cambió de posición, y estirazó una pierna, y la otra la flexiono en forma de puente. En ese momento pude ver el pedazo de paquete que lucia el semental. Intenté imaginar de que tamaño seria semejante miembro: 23 cm., tal vez 26 cm., quien sabia, pero aquello era bestial.

Cerré por un momento los ojos, y me imaginé en ese mismo momento a ese semental sobre mí, besándonos, acariciándonos, explorándonos,…

Pero en ese momento volví a la realidad, y recordé que Fernando me había llamado a su casa cuando me hubiese instalado, y sin pensarlo dos segundos, me levanté, y tras despedirme de Julian me fui para la casa.

En mi paseo por las habitaciones pude ver que los campesinos habían vuelto del trabajo, y con las puertas abiertas sin más, estaban algunos totalmente desnudos en sus camas, fumando un cigarrillo, o tomando una copa. Otros en cambio habían salido del baño, y mostraban sus cuerpos a sus compañeros sin ningún pudor.

A mi me parecía extraño sus actitudes, quizás por lo reservado que siempre había sido en ese aspecto, pero me sentí muy tranquilo, pues nadie me conocía, al igual que yo no conocía a nadie, aunque aquello era todo un espectáculo. En la última habitación, estaba Antonio, que aparentemente se acababa de duchar también. Antonio era un hombre de unos 39 años, con un cuerpo atlético, con unos glúteos fuertes y prietos. Sus espaldas eran amplias y sus axilas mostraban un largo pelo oscuro, a juego con su cabello. No termino de girarse, cuando pude ver que en sus calzoncillos cortos, ocultaba un paquete de bastante consideración también, al igual que Julian, pero quizás algo menos voluminoso. Me quedé un poco anonadado mientras le miraba, y cuando alcé mi cara, este me hacia un gesto con su cara de “Que quieres”.

Yo un poco avergonzado al verme descubierto, levanté mi cara a modo de saludo y salí. Me dirigí hacia la casa, y llamé a la puerta. A los pocos segundos salió lo que a mi me representó un mayordomo. Este era un señor mayor, de unos 60 años, que antes de que yo dijera nada, me aclaró que me esperaban.

Subí la habitación, y me presenté ante el dueño y su esposa. El dueño era un hombre de unos 50 años, pero muy bien conservado también, junto a él estaba su esposa, a la que presté poca atención. Me presenté y me aclararon las normas de convivencia, que acepte muy gustosamente. Después de eso hablamos del salario, que vendría a ser unos 1.500 € al mes, aunque me afirmó me costarían conseguirlos.

Yo no estaba asustado por el trabajo, pues en el colegio e instituto me habían calificado siempre como muy resistente al ejercicio físico. Al bajar las escaleras pude ver cuadros antiguos, estatuas, y bonitos adornos en madera. Al final de la escalera estaba Fernando, que se despidió de mí hasta el día siguiente. Salí de la casa, y me dirigí a mi habitación. En el camino a mi habitación, pasé nuevamente por la habitación de Antonio, y la encontré semicerrada. Por la abertura que quedaba observe el panorama, y pude ver a Antonio totalmente acostado, con sus grandes pechos y enorme paquete al descubierto.

Tras unos segundos de deleite, continué mi camino, y llegué a mi habitación. Cuando llegué a esta, no encontré a nadie. Me dirigí hacia mi maleta y desempaqué todo lo que necesitaba para darme la ducha. Cuando lo tuve todo listo, me fui hacia la misma. La sorpresa llegó cuando vi a Julian duchándose. La bañera tenia una cortinita, para cuando se usase como ducha, pero Julian no la había usado. Mis ojos quedaron encandilados con semejante espectáculo; Julian estaba totalmente de espaldas a la puerta, con las palmas de sus manos apoyadas en la pared, y su cabeza colgaba hacia abajo, sus piernas estaban abiertas, y de la ducha caía el agua a lo largo de todo su cuerpo. Respecto a su anatomía, era para enloquecer, pues tenia un culito prieto y redondito, unos muslos bien formados, unas espaldas que mostraban cada uno de las perfecciones de sus músculos, pero lo mejor, unos testículos de gran tamaño, que apenas si colgaban.

Era una de las imágenes mas bellas que había visto en mi vida, y mi polla dio su opinión rápidamente, pues había crecido tanto que incluso dolía tenerla dentro del calzoncillo. Tras unos minutos, en los cuales yo no supe como reaccionar, Julian giró la cabeza, y me invitó a pasar;


- ¡Pasa tío!, que yo ya terminé -, dijo Julian.

Yo aun un poco avergonzado entré, y me dispuse a cepillarme los dientes, mientras el terminaba. Julian, sin ningún pudor, se giró con su polla totalmente en erección. Yo estaba anonadado ante semejante miembro, que seguro alcanzaba los 26 cm. de longitud. Además poseía un glande de un tamaño desmesurado, y unos huevos gordos y prietos. Su polla dibujaba perfectamente sus venas, y parecía incluso musculosa. Era la polla mas bonita que jamás había visto, y deseé más que nada en el mundo tenerla en mi boca, o incluso en mi culo.

Julian consiguió que mi erección permaneciera en máxima magnitud. En ese momento cogió la toalla y se dirigió hacia la habitación, secándose la cabeza, pero con el resto del cuerpo en toda su desnudez. Aproveche para cerrar la puerta, y liberar mi paquete, que me estaba provocando dolor, para inmediatamente introducirme en la bañera. El agua comenzó a correr suavemente, cerré mis ojos y pensé en Julian, para extenderme con mis manos el jabón, de forma sensual, imaginándome que eran sus rudas manos las que me acariciaban.

Permanecí en el agua unos minutos y me salí a la habitación. En esos momentos encontré a Julian totalmente desnudo fumando un cigarrillo. Mis ojos volvían a mirar con incredulidad de que aquello estuviera sucediendo. Julian al ver que le miraba así, preguntó si me molestaba que durmiera totalmente desnudo, a lo que yo, con un poco de indiferencia, dije que no.

Me metí en la cama, que estaba bastante fría, y me arropé. Cerré los ojos e intenté dormir, pero la imagen de Julian en su desnudez me lo impedía. Pasaron una o dos horas y me giré hacia donde estaba la cama del semental, y con la perfecta luz de la luna, pude ver su cuerpo en toda su plenitud. Los ronquidos de Julian me ayudaron a decidirme el levantarme y mirar a su miembro sin ningún temor. Su polla incluso en reposo era de un tamaño considerable. Además, no podía entender como podía estar así, desnudo sin mas, con una temperatura que helaría a cualquiera. Se notaba que el tiempo en el clima de alta montaña de Sierra Nevada, le había acostumbrado a tal hazaña.

Volví pues a tumbar mi cara sobre la almohada y quede dormido. Por la mañana, a las 7 de la mañana, y aun sin luz, Julian me despertó. Su mano se había posado en mi pectoral, y la tambaleó. Tras unas pocas sacudidas desperté perplejo sin saber ni tan siquiera donde estaba, pues no estaba acostumbrado a madrugar tanto, aunque la visión lo mereció.


- ¡Rápido Daniel, vístete que vamos a trabajar! -, exclamó Julian.

Yo de un salto me levanté de la cama y me vestí rápidamente. Salimos y me fui tras mi nuevo amigo. Salimos de los dormitorios y Antonio ya nos esperaba con la asignación de trabajo. A algunos los enviaba a cuidar las vacas, a otros a los temas de agricultura, y a Julian y a mí, nos envió a reparar unas vallas deterioradas.

Julian que sabía lo que tenia que hacer me indicó que le siguiera. Para arreglar la valla en cuestión. Había que sacar algunos palos antiguos. Julian se fue a un extremo de la valla y yo a otro. Teníamos que arrancarlas con las manos, sin ninguna herramienta ni nada que nos ayudase. En principio el trabajo fue muy duro, pero a las dos horas, ya las arrancaba con un experto.

El problema llegó en una de las vallas, que estaba muy bien arraigada al suelo. Hice tantas fuerzas como pude, pero no conseguía sacarla. Minutos después, hizo su aparición Julian, con su camisa abierta, dejando ver su fuerte pecho, y su frente llena de sudor, por el esfuerzo. Le explique que no había podido sacar aquella, y lo intentó hacer él mismo.

Tiraba, empujaba, incluso pataleaba el tronco de la valla, pero aun así esta no salía. Julian se sentó un poco exhausto en el suelo, y se rasco la cabeza a modo de duda. Se notaba que estaba pensando como sacarla. En ese momento se levantó.


- Daniel, vamos a intentarlo los dos a la vez -, dijo Julian.

- ¿Cómo lo hacemos Julian? -, pregunté dubitativo.
- Sencillo, tu agarras el tronco, y yo te rodeo con mi cuerpo y tiramos a la vez -, respondió con tranquilidad.

Yo un poco dudoso, pero confiado me agarré con fuerza al tronco, y casi sin pensarlo, Julian se colocó tras de mi, juntó su pelvis a mi culo, y sus piernas junto a las mías, para finalmente rodearme con sus brazos a los míos. Fue entonces cuando sentí su fuerte y calido cuerpo contra el mío. Además su paquete me parecía que iba a destrozar mis pantalones. Su aliento estaba tras mi oreja, y su olor corporal inundaba mis fosas nasales. Pensé en desmayarme de la emoción, pero me contuve.


- Uno, dos y ¡Tres! -, grito Julian.

Nuestros cuerpos hicieron todas sus fuerzas durante unos 6 segundos, y la valla no pudo resistir a ambos par de fuerzas unidas, para finalmente salir disparado el odioso poste. La misma fuerza nos tiró al suelo, Julian debajo y yo encima de él. Durante unos segundos no nos movimos ninguno de los dos, rendidos por el esfuerzo. Yo por mi no me hubiese movido de allí en toda mi vida, pues mis mejillas estaban rozando el vello que salía por su camisa.

Miré a Julian y ambos nos reímos. Las carcajadas se oían en todo el valle. Me levanté del suelo, y ayudé a Julian a levantarse también. Así pues pasamos el día juntos, Julian y yo, también aprovechamos para preguntarnos sobre nuestras vidas, y todo lo demás. En un día nos habíamos hecho muy buenos amigos. Por la tarde llegamos exhaustos a la habitación. En el comedor de las habitaciones estaban ya todos comiendo, y nosotros nos unimos a los demás. Tras cenar nos marchamos cada uno a los respectivos dormitorios. Yo no vi en todo el día a Fernando, pero no me importaba, pues me sentía bien acompañado.

Cuando llegamos a la habitación, nos duchamos yo primero y Julian después, y nos acostamos. Ese día el tiempo había cambiado mucho por la noche, y había tormenta. La temperatura descendió seguramente de los 0º C.

Me metí en la cama, pero no podía dejar de dar tiritones. Inclusive Julian esa noche se arropo con las sabanas y edredón, aunque sin pijama ni nada por el estilo, simplemente unos preciosos calzoncillos negros y con una tira blanca de su marca preferida; Kevin Klein.

La noche se enfriaba cada vez más, y el frío me conquistaba, y pronto empecé a tiritar con más fuerza. El frío era insoportable, pero no me atrevía a decir nada, más bien, no podía decir nada.


- ¿Te encuentras bien, Daniel? -, preguntó Julian.

Yo no podía contestarle, pues el frío me paralizaba. Julian introdujo su mano bajo la cobija y la colocó sobre mi mano, la cual estaba totalmente helada. El hecho no le gustó mucho a Julian, que bajó su mano hasta mi cintura, la introdujo bajo la camiseta del pijama y la deposito en mi vientre. Julian, al ver que mi vientre estaba frío también, se dirigió al baño directamente, y llenó la bañera de agua caliente. Después vino hasta mi cama, me saco como si de una botella de butano me tratase y me llevó hasta allí. Sin prácticamente ninguna ayuda por mi parte, Julian me desnudo, quitándome todo el pijama. Simplemente me dejó el calzoncillo. Poco después me metió en el agua, que cubría todo mi cuerpo. Mi sorpresa llegó cuando el también se introdujo en la bañera conmigo. Esta era lo suficientemente grande como para que se pudieran meter dos personas. Julian me empezó a pasar la mano por cada parte de mi cuerpo, por mis muslos, glúteos, espaldas, manos, piernas,…

Cuando comencé a reaccionar, y vi la situación, tuve una tremenda erección, la cual se pudo cubrir gracias a que Julian no me lo había quitado todo. Yo en ese momento perdí mi miedo, y mi inseguridad, y abracé a Julian. Este parecía muy satisfecho. Cuando estaba totalmente recuperado, le di las gracias a Julian y me dirigí hacia mi cama.


- ¿No pretenderás dormir ahí, verdad? -, preguntó Julian.

- ¿Dónde sino? -, pregunté yo.

- Pues en mi cama, conmigo -, dijo Julian tranquilamente.

Miré a su cara, y lo decía con total seguridad, y yo vi el cielo abierto, en primer lugar porque no pasaría frío nuevamente, y en segundo lugar, por realizar mí mas deseada fantasía durmiendo junto a él.

Cogí una toalla, me quité los calzoncillos y me sequé. Julian hizo lo mismo. Me coloqué mi pijama y me metí en la cama de Julian. Agradecí el gesto a mi amigo, y me giré en contra de Julian. Este se metió a los pocos segundos, acercó su cuerpo al mío, y lo rodeó, con sus amplias manos.

Perdí así pues la vergüenza y me giré mirándole fijamente, y lo abracé yo a él también. Nuestros cuerpos se rozaron y nuestros paquetes se quedaron en contacto. Notaba como la sangre corría por el pollón de Julian, y como este tomaba forma. Mi polla por entonces tampoco estaba dormida del todo. Mi mano, inconscientemente bajó por el pecho del semental, y llegó cerca de su paquete. Semejantemente la mano de Julian bajó a lo largo de mi espalda, hasta llegar a mis glúteos. Nuestros ojos se encontraron nuevamente y tras sonreírme Julian, su mano tiró con fuerza de mi cuerpo, dejando mi cuerpo totalmente junto al suyo, y mi mano atrapada entre mi paquete y el suyo.

En ese momento sentí un poco de vergüenza, y no sabía si mover la mano, o dejarla allí. Desde luego, Julian no parecía muy molesto por la situación, y la dejé ahí. Mi paquete en esos momentos empezó a hincharse, y mi mano se clavaba más y más en el paquete del joven.


- ¿Estas excitado? -, pregunto mientras sonreía Julian.
- ¿Por qué lo preguntas? -, replique.
- Porque me estas estrujando los huevos con tu mano, y sin moverla, supongo por tu polla en crecimiento -, aclaró Julian.

Estaba totalmente descubierto, y cuando fui a retirarla, la mano de Julian la detuvo. No podía creer lo que sentía, un hombre de semejante rudeza, masculinidad, estaba tranquilo ante semejante situación. Fue entonces cuando intenté responder, pero los labios gruesos y fuertes de Julian sellaron mi boca. Su lengua conquisto sin dificultad mi boca y empezó a jugar con ella, e inundarla de saliva.

Como el perro agarra a la liebre, mis manos agarraron el cuerpo de Julian, que respondió con la misma fuerza. Ya sin miedo ninguno mi cuerpo rozaba el del joven semental. Las manos de Julian se dirigieron hacia mi ropa, y saco con furia la camiseta de mi pijama. Poco después agarro con fuerza mi paquete, y lo masajeó, para terminar metiendo su mano en los pantalones y bajándolos hasta mis rodillas.

Mis manos se fueron hacia su calzoncillo, y se introdujeron bajo ellos, sobre sus glúteos. Apreté tanto como pude, para sentir su perfilado perfecto, su dureza, su calor. Nuestros cuerpos empezaron a girar, mientras nos acariciábamos y nos besábamos, en un segundo él estaba sobre mí, para pocos segundos después, estar yo sobre él.

En ese momento, tomé la iniciativa, y metí mi cabeza bajo las sabanas. Mi boca buscaba su polla como el bebé busca el pecho de su madre, era como un apetito irrefrenable, una necesidad básica. Cuando estuve a la altura de su paquete, introduje mis dedos en su calzoncillo, y lo baje hasta las rodillas, no sin alguna dificultad. Su polla salió disparada hacia mi cara, y la detuve con mi lengua, para un segundo después, tragarla totalmente. A pesar de que mi cabeza estaba bajo las sabanas, el gemido de Julian me indicó que le había gustado. Así sin perder ni un segundo, empecé a chuparla con frenesí, pero saboreándola milímetro a milímetro. El sabor del sudor que emanaba de su polla, mezclada con los juguitos que emanaban del extremo me hacía enloquecer. Una vez saciada mi boca de su polla, esta se lanzó a por sus huevos. Sus huevos eran imberbes y de un tamaño desmesurado, como su polla. Ambas cosas conseguían que sintiera arcadas. Mientras mi boca trabaja su paquete, con mis manos saqué mis calzoncillos y mis pantalones del pijama, y todo respondía a una necesidad. Necesitaba esa enorme polla en mi culo. Este aun era virgen, pero lo deseaba más que nada en el mundo.

Me olvidé un poco del frío, y tiré de la ropa de la cama hacia el fondo. El calor de Julian me bastaba para estar caliente, aunque la excitación lo hacia todo. Cuando estábamos ambos desnudos, rogué a Julian me follara con todas sus fuerzas.


- ¿Lo has hecho antes, Daniel? -, preguntó Julian.

Mi cabeza negó su pregunta, dejando boquiabierto al joven. Fue cuando Julian se levantó de la cama, y me tumbó totalmente. Extendió mis piernas y metió su cara en mi culo. Inicialmente daba pequeños mordiscos a mis glúteos, y pequeños lametones a mi rajita. Una vez que mi cuerpo los había asimilado, y Julian se había percatado de ello, extendió con sus manos mis glúteos, y besó directamente mi agujerito. Un suspiro salió de mis labios inundando toda la habitación.

Esto no sació a Julian, que cada vez lamía con más fuerza, pasión y frenesí. Yo no podía creer lo que estaba sintiendo, ni pensé que jamás un hombre me pudiese producir tanto placer. Me sentía el hombre mas afortunado del mundo. Mi mano se posó en la cabeza de Julian, que cada vez hundía su rostro más y más en mi culo.

Una vez que este estaba preparado, Julian se preparó para el siguiente paso. Se levantó de la cama y se fue hacia su bolso. Allí saco una crema para masajes corporales, y se extendió en sus dedos un poco, para poco después introducirlos en mi culo. El primer dedo lubricó inicialmente, y poco después dos más se unieron para dilatarlo. El proceso duró unos minutos, los cuales aproveche para que me extendiese en mi mano crema y mediante una suave paja, lubricara su enorme falo.

En ese momento, Julian metió una almohada bajo mí, entre mi vientre, y mis piernas, consiguiendo que mi cuerpo se arqueara, y dejara mi ano totalmente al descubierto. Poco después extendí mis piernas para que no hubiera problema en su tarea. Julian volvió a pedirme permiso, y aunque me sentí muy asustado, se lo volví a rogar. Mi culito palpitaba, y hasta que su glande se posó en mi agujero, no paro de palpitar. Mi culo estaba frío, al estar en contacto con el aire, y ni tan siquiera el masaje de sus dedos había conseguido mantenerlo caliente. Cuando su glande se poso, fue muy placentero, por su tacto y por su calor.

Cerré los ojos y en forma de un perrito, Julian comenzó a hundir su enorme polla en mi estrecho culo. El tacto era muy agradable, suave, calido. La crema estaba haciendo maravillas, pues aunque su polla se hundía más y mas, el dolor era insignificante. Cuando comprobé que el dolor era leve, empecé a levantarme para que su polla entrase más rápidamente. Sus manos rodearon mi pecho, su cuerpo se unió al mío, y su polla se clavó en su totalidad.

Poco falto para que la imagen de semejante hombre, rudo, varonil sobre mi cuerpo, me hicieran correrme, pero conseguí relajarme y seguir disfrutándole. A los 2 minutos, su polla se hundía y se desclavaba de mí con ritmo y facilidad. El placer era increíble, inigualable, infinito. En ese momento pedí otra postura más cómoda para mi cuerpo. Julian intento que no saliese su polla de mi, pero me negaba en rotundo, pues yo quería volver a sentirla hundirse desde el principio.

Me separé de Julian, y le tumbé bocarriba en su cama. Introduje dos de mis dedos en mi culo, para recoger un poco de lubricante, y lo llevé a su polla aun totalmente erecta. La masturbé unos segundos y me tumbe sobre él. Besé nuevamente al semental, y me senté suavemente sobre su polla. Nuevamente sentí su pollón hundirse en mí, pero esta vez, fue más placido que la primera vez. No estaba arrepentido de haberla sacado de mí. Cabalgué sobre ella durante varios minutos, hasta que volvimos a cambiar de postura. Sin casi esfuerzo ninguno, Julian se giro, y me dejo tumbado de costado, pero cara a él. Levanté mis piernas y el introdujo las suyas entre las mías. Mi culito estaba totalmente indefenso nuevamente. Lo mire con lujuria, y como las dos veces anteriores, Julian me penetro desde el principio. Las tres posturas eran muy placenteras, o aquel tío era un dios del sexo. No podía saberlo, pues era mi primera vez, pero ¡Vaya primera vez!

Las embestidas de Julian eran cada vez mas violentas, pero a la vez, mas placenteras. Yo no aguantaba más, y la imagen de ese cowboy americano, me llevó a correrme en mi pecho salvajemente. La misma imagen, empujo a Julian a tener una corrida terrorífica dentro de mi culo. Su corrida inundaba todo mi cuerpo, dejándome totalmente relajado. Su néctar me pareció dulce, sin probarlo. Era lo mejor que había probado nunca. Pasados unos minutos, la saco de mi culo, aun en total erección. Me mantuvo abrazado a él toda la noche, haciéndome sentir protegido, amado.

Desde aquella noche, ya siempre dormí en la cama de Julian, que se convirtió en mi amante. Incluso más adelante nos hicimos novios, y nos fuimos a vivir juntos.




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