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« en: Junio 09, 2006, 01:59:55 » |
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Quéde para cenar con Fabián, un viejo amigo de la familia, cincuentón, aristocrático, elegante y atractivo. Siempre me habÃÂa gustado, de adolescente me masturbaba pensando en él. Me citó para vernos en un restaurante, era mi ocasión para satisfacer el deseo acumulado durante tantos años
Me estaba arreglando y fantaseando sobre cómo serÃa su polla cuando llamaron a la puerta. Un mensajero traÃa un paquete. Estaba bien bueno, jovencito, muy masculino. Abrà tal como estaba, desnuda, le invité a pasar y, haciendome la despistada, me coloqué de tal manera que pudiera verme bien el coño. Ni se lo pensó. Cerró la puerta de una patada y se me echó encima. Con una maniobra maestra se sacó la polla y me la metió en el coño que ya estaba muy mojado. -Toma puta ¿quieres polla? toma mi polla ¿te gusta? -Si, si, me pone loca, dámela, métemela cabrón, parteme en dos hijo de puta, folla, folla, rómpeme el coño, lléname toda. -Qué caliente estás puta, cómo te vas a correr zorra ¿quieres correrte? ¿quieres irte toda? cómo chorreas.
Yo ardÃa, rodeé su cintura con mis piernas y me lo encajé aún más, gritábamos, yo ya me estaba corriendo. -¿Qué me haces cabrón? ¡Qué polla tienes! clávame, clávame, ay... Me corrà bien corrida, estaba encharcada y él seguÃa y seguÃa, enseguida yo quise más, de pronto la sacó de mi coño y me la metió por el culo de golpe, me hizo un daño terrible, pero en medio de mi calentura eso me excitó más. -Dame, dame, dame por el culo, asÃ, asÃ, qué polla, qué polla, tócame las tetas cabrón. -Córrete conmigo puta, córrete otra vez, córrete como tú sabes, córrete por el culo, cágate en mi polla, ay, mira como me corro, mÃrame puta, es por ti, por tu culo, ay... Mientras me daba por el culo pellizcaba mi clÃtoris y metÃa sus dedos en mi vagina. Noté toda su energÃa de macho jovencito dentro de mi culo y su orgasmo me hizo delirar. -Me corro, me deshago, me cago, me meo, ay dame más, soy tu puta. Nos corrimos los dos como salvajes. -Toma zorrita. -Ay si, si... -Toma mi leche, toma por el culo, por ese culo que tienes que me ha puesto tan cabrón. -Dame tu polla, rómpeme cerdo, méate dentro, hazme reventar. Nos callamos para darnos un beso desesperado, un beso de verdadera pasión, esa pasión salvaje que sólo aparece cuando te olvidas de quién eres con un desconocido y sabes que has vivido un momento único. Nos corrimos como dos enamorados.
Me quedé dormida en el piso. Cuando me desperté estaba sola y se habÃa hecho tarde, me bañé y arreglé deprisa. Me estremecÃa cuando pensaba en el mensajero, de repente recordé el paquete y decidà desenvolverlo en el taxi para ganar tiempo. Di la dirección al taxista y me acomodé en el asiento, pensaba en Fabián y en el mensajero, un trÃo tal vez. Abrà el paquete. Era un artefacto articulado con bolas de diferentes tamaños insertadas en un cordel rugoso, traÃa, dibujadas en un papel, instrucciones para usarlo. No pude evitar soltar una carcajada, vaya con Fabián. Disimuladamente me quité las bragas y empecé a introducirme las bolas en el orden que indicaban las instrucciones, era verdaderamente placentero, a la tercera bola ya habÃa mojado el asiento.
El taxista estaba algo mosca, miraba de vez en cuando pero me dejaba hacer, yo ya no disimulaba y me metÃa las bolas con avidez, quizá me diera tiempo a correrme antes de llegar al restaurante, era mejor llegar recién corrida que en pleno calentón. Pero el taxista ya se estaba poniendo cachondo y pisaba el acelerador. Llegamos enseguida a la puerta del restaurante. Aquel artefacto encajaba entre mis piernas que ni hecho a medida, presionaba mi clÃtoris a la vez que se movÃan las bolas y acababa en una protuberancia que encajaba en el ojo de mi culo, abriéndolo un poquito, lo justo, la estimulación era total, mis pezones iban a estallar. Al ir a pagar mostré descaradamente mis pechos al taxista, con una mano me cobró y con la otra empezó a cascársela. Me pellizqué las tetas y le di una chupada fugaz. SabÃa bien el viejo.
Entré en el restaurante disimulando la calentura, pero mis pechos me delataban, estaban monumentales, me habÃa dejado las bragas en el taxi asà que todo mi flujo corrÃa por mis piernas emanando un olor más que penetrante. Encontré la mesa, Fabián y una atractiva pareja me estaban esperando, Marta y Daniel, los caballeros se levantaron, mi sitio era enfrente de Fabián. Bebimos champán y eso aún me puso más caliente. Yo habÃa descubierto una postura que me hacÃa gozar todo el tiempo pero controlando de no correrme allà en la mesa. Marta era una belleza, se levantó para ir al baño, cómo meneaba el culo. Durante el trasiego Fabián aprovechó para colocar su pie desnudo entre mis piernas, yo, tan cachonda como estaba le dejaba hacer. Buscó un punto del cachivache que me habÃa regalado, se notaba que lo conocÃa bien, presionó con su dedo gordo y ¡Dios! cómo me puso, vibré toda entera, me elevé de la silla diez centÃmetros por lo menos, Fabián volvió a repetir el movimiento.
Mi coño, mi culo y mis tetas iban a reventar, Daniel se dio cuenta de que algo me pasaba. Fabián lo volvió a hacer. Convulsionándome miré a Daniel: -Me voy a correr. Entre los dos me levantaron de la mesa y me llevaron en volandas al baño de señoras. Marta se acariciaba los pechos frente al espejo. Me tendieron en el suelo. Marta me abrió de piernas y empezó a tirar de uno de los extremos del artefacto. -Ay puta ¿qué me haces? me corro. Marta me besaba en la boca y seguÃa tirando. Yo me morÃa de gusto. Fabián cerró la puerta con llave y se sacó la polla, levantó la falda de Marta y se la clavó hasta el fondo, ella se estremeció y tiró más fuerte de mi masturbador, aquello era un invento divino. -Ay si, ay si, que gran corrida, como me corro, mirad cómo me corro. Daniel se sacó la polla, era una polla magnÃfica.
Marta me dijo: -cómetela, cómete la polla de mi marido, sabe a gloria, so puta, estás toda mojada ¿no te da vergüenza?, ¿no te da vergüenza ponernos asà a todos, eh? Vas a ir al infierno, puta, y Satanás te meterá su polla incandescente por toda la eternidad. -Ay sÃ, dame tu polla, córrete en mi boca cabrón, mira como follan a tu mujer, cabrón y fóllame la boca. Se la chupé a Daniel mientras me corrÃa. Fabián daba unos embites a Marta que cada vez movÃa el masturbador más salvajemente, Daniel se corrÃa en mi boca, me pellizcaba los pezones, Fabián se corrÃa dentro de Marta que deliraba: -Me quema tu leche, cómo me quema, ay tu polla, me corro viva, ay apágame que me muero, ay que placer... Entonces Marta en pleno orgasmo tiró del cachivache y empezaron a salir las bolas de mi coño: -Disfruta zorra, sácalo todo, goza puta. Me puse como una loca, se la mamé a Daniel mientra se corrÃa, me tragué todo su semen.
-¿Te gusta mi leche? ¿quieres ser mi puta? Toma, para ti, para ti toda, cómo te gusta, cómo te gusta, te estás corriendo puta, cómo me pones, cómo la chupas zorra, ay me corro, traga. Yo no podÃa parar de correrme, aún salÃan bolas de mi coño, entonces Fabián me habló al oÃdo: -Cómo te estás corriendo niña, cómo me excita el olor de tu flujo, estás bella en plena corrida ¿te gusta el regalo que te he hecho? Garantiza orgasmos de una hora, cómo me estás poniendo niña, nunca te habÃa visto asÃ, tus pechos como piedras, tu coño estremecido, chorreando, tu boca abierta, con semen todavÃa. Yo me corrÃa y me corrÃa. Marta estaba masturbando con sus pechos a Daniel.
Fabián manipulaba el masturbador de forma indescriptible. -Soy una puta ninfómana, me follo lo que sea, mi coño se deshace, ay que puta soy, ay que cabrona soy, ay cómo me estoy corriendo. Me restregaba el flujo de mi coño por las tetas, lo chupaba, me chupaba yo. Fabián no paraba nunca y yo no querÃa que parara. -Asà niña, asÃ, asà me gusta verte, toda corrida, toda puta, tragándote tu propio flujo, qué ganas tenÃa de verte asÃ, quiero follarte desde siempre y te voy a follar asÃ, corriéndote viva, delirando en un mar de placer. Fabián tiró del aparato y terminaron de salir todas las bolas, en pleno éxtasis Fabián me metió su polla, creà morir, le besé la boca, nos movÃamos salv! ajemente. -Toma niña, toma mi polla, para ti niña, para tu coñito, ¿te gusta? ay qué coñito tienes niña, qué coñito para mi polla, toma niña. -Dame tu leche Fabián, lléname con tu leche, córrete en mi coño que ya no puedo más, me voy a morir de gusto, cómo deseaba tu polla Fabián, qué ganas tenÃa de que me follaras, penétrame toda, quiero ser tu puta, cómeme los pezones, aliviame, apágame, ay, ay... Nos unimos los cuatro en un orgasmo salvaje. Desde entonces siempre llevo puesto mi Masturbador de Oriente.
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