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« en: Junio 07, 2006, 07:45:32 » |
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Con mi novia llevába más o menos un año de relación y, desde el primer mes, habÃÂamos tenido relaciones sexuales. Estas eran bastante satisfactorias y en cada encuentro, mÃÂnimo lográbamos tener tres orgasmos, y en ocasiones, muchos más, especialmente cuando pasábamos toda la noche juntos. --------------------------------------------------------------------------------
Con mi novia llevábamos más o menos un año de relación y, desde el primer mes, habÃamos tenido relaciones sexuales. Estas eran bastante satisfactorias y en cada encuentro, mÃnimo lográbamos tener tres orgasmos, y en ocasiones, muchos más, especialmente cuando pasábamos toda la noche juntos. Todos los orgasmos eran placenteros, muy intensos. Curiosamente ella los lograba muy rápido por lo que antes de que yo me derramara lograba tener dos o tres.
Nuestro sexo es muy creativo y nos gusta mucho variar las posiciones. Probamos conmigo encima, con ella arriba, de lado, desde atrás, penetración anal, en la ducha, de pie, en una silla, sobre una mesa, etc. Es una locura alcanzar dos orgasmos, uno tras otro, sin siquiera sacar el pene o descansar un minuto. Otra cosa que me encanta es que ella es muy expresiva y cuando estamos haciendo el amor suele gemir, suspirar y gritar excitándome mucho más.
Sin embargo, algo que yo deseaba mucho era que ella me hiciera una gran mamada que me permitiera derramarme en su boca y ver como tragaba el semen. Algunas veces, cuando eyaculaba sobre sus tetas, ella lamÃa un poco y decÃa que tenÃa buen sabor, pero nunca se habÃa animado a mamarla.
Un dÃa en mi casa decidà comentárselo. A ella se le iluminaron los ojos y me dijo que, aunque lo habÃa pensado, no podÃa decirme porque no lo habÃa hecho aún. Yo le dije que la próxima vez que lo hiciéramos podÃa ser una buena oportunidad para que lo intentáramos y ella comenzó a besarme y a acariciarme. Sus besos eran muy sugerentes y su lengua empujaba con fuerza contra mi paladar y mi lengua. Sus labios succionaban con fuerza y su saliva humedecÃa más y más mi boca.
Con una mano acariciaba mis tetillas mientras que con la otra llevó mi mano hasta sus tetas y me hizo acariciarla por fuera del corpiño, situación que no duró mucho pues, muy excitado, empecé a meter mis dedos y a pellizcarle sus pezones que estaban ya muy duros. Con la otra mano, mientras tanto, le acariciaba las nalgas y la vulva por encima del pantalón.
Pronto ella bajó la cremallera de mi pantalón y empezó a menear mi pene, que ya estaba duro y humedecido. Deseaba que nos desnudáramos e hiciéramos el amor. Pero ella no opinaba lo mismo, al momento me quitó el cinturón, lo bajó un poco y comenzó a lamerme el pene y a humedecerlo con su saliva.
Primero lo hizo en la parte de abajo, junto al escroto. Con mucha suavidad lo recorrÃa de abajo hacia arriba, deteniéndose placenteramente en el surco que separa el tronco del pene con su cabeza. Luego se concentró sólo en la cabeza, que estaba hinchada y roja como nunca, lamiéndola y succionándola con sus labios. La sensación era irresistible y creÃa que iba a reventar.
Mientras tanto, mi mano habÃa llegado hasta su vulva, con la parte del antebrazo frotaba sus vellitos mientras mis dedos acariciaban su clÃtoris que se sentÃa completamente empapado. Pero al parecer ella tenÃa la intención de concentrarse sólo en mà y me hizo sacar las manos. Yo solamente atiné a acariciar su cabello y me dedique a disfrutar.
Ella habÃa comenzado a morder mi pene suavemente, sus dientes se hincaban sobre la piel de mi miembro y me hacÃa estremecer, cuando ella lo notaba optaba por lamer nuevamente. Cuando creyó que era suficiente se concentró en mis bolas. Empezó a menearlas con la mano y luego a lamerlas, mientras con su otra mano me masturbaba con firmeza apretando la verga.
Fue lo máximo: ella chupaba con mucho entusiasmo y yo no podÃa contenerme más. Una gran cantidad de semen espeso y caliente se derramó en su boca, ella siguió chupando y su lengua atrapaba cualquier resto de mi lÃquido que quedará por ahÃ. Tuve que contenerme para no gritar.
Cuando sintió que el pene estaba perdiendo su erección, me dejo descansar. Lo recorrió lentamente, con su lengua humedecida, y luego le dio algunos besos. Luego me abrazó y me besó, me preguntó si me habÃa gustado. A lo que yo obviamente respondà que esperaba la oportunidad de repetir.
Esa noche, al desvestirme para acostarme miré mi pene (que seguÃa parado) y noté que en la punta tenÃa algunos moretones, producto del Ãmpetu con que ella lo habÃa chupado. No resistà las ganas y la llamé para agradecérselo. Después lo hicimos muchas más veces y lo incorporamos a nuestras costumbres sexuales. También yo comencé a practicarle el sexo oral y lo combinamos con la posición 69. Pero ésta es una historia que contaré otro dÃa.
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