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« en: Junio 09, 2006, 01:38:31 » |
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"Soy Lorena, vivo en Ciudad Juárez, México, tengo 38 años, mi contextura es robusta, incluso a veces pienso que peso es excesivo. Sin embargo, mi rostro es agradable, me han dicho que tengo unos ojos muy bonitos, cabello rubio, largo que me cae casi hasta la espalda, no soy muy alta, pero la contextura de mi cuerpo me ha hecho poseer unos senos grandes y provocativos.
Trabajo en una entidad del Estado y soy soltera, aunque hace algún tiempo mantengo una relación sentimental con un chico, el que a veces se queda a dormir conmigo en mi apartamento. Pero las sesiones de sexo con él ya no me satisfacen.
En el edificio en el que vivo, habita igualmente un profesionista, es mucho mayor que yo, es casado, pero permanece mucho tiempo solo, como yo. Cierto día, al llegar a mi apartamento, me di cuenta que mi vecino estaba a la entrada del edificio y me saludó muy amablemente. Me preguntó como iba a mi trabajo, que como había estado. En otras palabras, era un hombre muy culto, muy atractivo, se preocupaba por mi a pesar de que eran muy pocas veces las que nos habíamos visto. Se despidió de mi, me beso en la mejilla y sentí que me estremecía. No se porque, pero me estremecí al sentir sus labios en mi cara.
Así pasaron los días, hasta que en una ocasión, fin de semana, volví a encontrarme a mi atractivo vecino, a la entrada del edificio, aunque creo que estaba como esperándome. Me saludo nuevamente con un beso en la mejilla, y me preguntó que tal día había tenido. Me contó entonces que su esposa había viajado al Distrito Federal y que estaba aburrido de estar solo en su apartamento. Yo estaba sola también, pues mi novio había viajado a una ciudad cercana y tardaría al menos 3 días y ello me llevo a invitar a mi vecino a que subiera a mi apartamento y el, desde luego, acepto.
Al llegar, le dije que se pusiera cómodo para que pudiéramos charlar y le dije que si le provocaba algo, me dijo que era viernes, que si le podía obsequiar un licor. Le ofrecí un whisky y acepto. Entre él y yo, entre conversación y conversación, casi ingerimos una botella, yo me sentía muy bien con ese hombre que me había comenzado a atraer.
Fue entonces cuando el me dijo que sentía atracción por mi, que le excitaba la idea de saber que dormía sola, que le encantaba mi contextura, que le parecía que seria muy delicioso hacer el amor conmigo y así me lo propuso. Pese a que estaba algo embriagada, me daba perfecta cuenta de todo, pero pensando en que él estaba solo, que su esposa había viajado, que mi novio no se hallaba en la ciudad y que eran cerca de las 10 de la noche, acepté, le dije que si, que me gustaría que hiciéramos el amor y nuestro pacto se selló con un beso profundo y húmedo. Así de simple, no había muchas cosas que hablar.
Lo tomé de la mano y lo conduje a mi alcoba, al llegar empezó a desnudarse, le dije que si tenía alguna preferencia sobre la ropa para hacer el amor, y me pidió que le encantaría hacerlo con ropa interior. Entre al baño, escogí unas grabas negras de encaje, un brasier de igual color, casi transparente y puse mucho perfume en mi cuello, en mis senos. Tenia el palpito de una deliciosa sesión de sexo con mi vecino.
Salí a la alcoba y él ya estaba en la cama, completamente desnudo. Cuando me metí bajo las sabanas, me di cuenta de su erección, de su gran erección, era un pene grande, grueso, rico, mmmmmm.
Ahí el comenzó a besarme, yo acariciaba su cabello, me tocaba mis muslos, me recostó, pasaba su lengua en mis pechos, estaba fascinado, después acariciaba mis piernas, decía que le gustaban, que eran deliciosas, que yo era “una gordita deliciosa”, sus manos recorrían las mis piernas, yo estaba muy excitada, muy excitada, y comencé a besar su pecho, mientras el descubría mis pechos, solo había bajado mi brasier de encaje negro, pasaba su lengua en mis pezones, así estuvo un rato, mientras yo con temor buscaba su pene, después, con delicadeza me volteo boca abajo, besaba mi espalda, besaba mi cuello, acariciaba mi cabello, y me decía: me gustaria Lorena comerte el culo, lo tienes delicioso.
Afuera empezó a llover, y yo estaba más excitada, me besaba mi cuerpo, el comenzaba a bajar mis panties, mi tanga salía poco a poco, mis estábamos los dos desnudos, la cama seguía tendida, ya estaba por vez primera desnuda ante un hombre que no era mi novio, era mi vecino, con un pene que ya quería tener, y que sentía que pasaba por mi vagina, por mis muslos, mis manos lo buscaban, lo tocaba, lo sentía, y le decía, que me gustaba su pene, que estaba rico, grande y duro, le decía, papacito, quiero que me cojas, que me hagas el amor, que me des el tronco, el palo, me quería volver loca, pero el también se encontraba superexcitado, no paraba de besarme, y de decirme, que tenia unos senos grandes, enormes, que me iba a coger, que me iba a dar la verga, luego me volteaba, y pero me ponía, al sentir atrás su instrumento, colgando, pasando por las nalgas, hasta que ya no podía mas, me puse boca arriba, y por fin, de un solo golpe me penetro, se siguió moviendo, una y otra vez, en segundos eyaculo sobre mi, con las piernas dobladas, besándome mi boca, nos fundimos, mis nalgas levantadas, ese momento, grite, y le dije: mmmmm que rico, que sabrosa verga tienes, que sabroso pene tienes, metemelo todo, damelo todo, más, y me ahogué en un grito de placer, al tener tamaño tronco en mi vagina, el por su lado, me dijo: Que buena estas mamacita, me decía como me gustas, que piernotas tienes, me vuelves loco y esos pechos, amor mío eres mía solo mía, que rico me bombeaba mi vecino, que delicia de verga. "
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