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« en: Junio 08, 2006, 10:24:27 » |
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"Me llamo Paola, tengo 37 años, y estoy casada desde hace ya nueve años. Mi marido Javier, tiene 49 años, como ven mucho mayor que yo. Nuestras relaciones sexuales, no siempre habÃan sido muy satisfactorias, debido a que mi marido ya no funcionaba como antes. Pero yo me mantenÃa con permanentes deseos de sexo. Mis senos no han acusado el efecto de la gravedad y mis pezones todavÃa apuntan desafiantes hacia el frente, tengo un trasero redondito y duro , seguido de unas largas y torneadas piernas. Me encanta ponerme minifalda, muy alta, me encanta ser deseada. Sin pecar de inmodestia, llamo bastante la atención de los hombres. Cómo todos los años, cuando comienza el verano , nos trasladamos a nuestra casa de la playa, aunque mi marido tenga que ir a trabajar, lo hacemos por que yo disfruto mucho del verano y la playa y él siempre me complace. La casa la tenemos en un pequeño complejo dispuesto alrededor de un piscina común. Todos los propietarios son jubilados, por lo que paso la mayor parte del tiempo en la playa. A la semana de estar allÃ, llegó un señor que ya acusaba algunos años, pero era guapo, aunque supe que era casado, habÃa ido a dedicarse a su hobby, la fotografÃa. Me llamó la atención, era alto, una sonrisa encantadora y un cuerpo envidiable a pesar de sus años, seguramente conseguido a base de practicar mucho deporte. Yo seguÃa con mi rutina de siempre, me levantaba tarde e iba a pasar el dÃa a la playa. Un dÃa mientras tomaba el sol en top-less , noté como alguien se acercaba a mi , abrà los ojos y allà estaba el señor a quien habia visto antes, mirándome fijamente. Yo me ruboricé , me sentÃa incómoda, enseñándole los senos. El señor después de una abierta sonrisa, de saludareme y de ser gentil con gestos capaces de derretir el mayor de los iceberg, me pidió si podÃa acompañarme, estaba harto de estar todo el dÃa en la piscina rodeado de viejos cuyo tema de conversación preferido eran sus visitas al médico. Yo accedÃ, hice ademán de colocarme le parte de arriba del bikini , pero el insistió en que no lo hiciera, que no iba a permitir que por su culpa, dejara de poner al sol esos hermosos senos, asi me dijo añadiendo que serÃa una pena condenar tan hermosos senos a no disfrutar del sol. No pude evitar ruborizarme de nuevo, al tiempo que me sentÃa halagada por sus palabras. El dÃa lo pasamos charlando entre chapuzón y chapuzón. A partir de ese dÃa, siempre nos encontrábamos en la playa, lo pasábamos muy bien. La verdad es que el era un hombre agradable, culto, muy simpático y también muy lanzado, no paraba de piropearme, lanzar miradas a mis senos, y mientras nos bañábamos, aprovechaba cualquier oportunidad para sobarme un poco. Yo me daba cuenta, y me dejaba, me divertÃa la situación de poner arrecho a un hombre mucho mas mayor que yo. Me sentÃa muy atractiva y deseable, me imaginaba ardientes escenas sexuales con él. Asà fueron pasando los dÃas, la situación cada vez se tornaba más caliente, yo me divertÃa, pero al mismo tiempo advertÃa en mi amigo la intención de llegar mucho más lejos. Empecé a plantearme la necesidad de enfriar el juego, pero, recuerden, yo era muy sexual, ardÃa de ganas de una verga en mi. ...... En la tarde, recibà una llamada de mi amigo a mi celular, me dijo directamente, sin tapujos, que tenÃa unas ganas locas de hacer el amor conmigo, que ya llevaba varias noches masturbándose pensando en mi, que lo podÃa recibir ahora que yuo le habÃa contado que estarÃa sola. Me encanto su franqueza y y al decirle que si, simplemente que si, el me dijo que me preparara. Mi amigo me dijo una vez que le encantaba que una mujer se vistiera siempre provocativamente. Recordando eso, lo hice. Me puse un conjunto de lencerÃa de encaje blanco, transparente, que resaltaba sobre mi bronceada piel y sobre todo realzaba mis senos, una minifalda muy alta que dejaba descubiertas mis sensuales piernas, y una blusa blanca tallada y abotonada justo hasta el escote, y para rematar unos zapatos negros de tacón. Cuando mi amigo llego, y entró por la puerta, me acerqué a el ofreciéndole una copa de vino blanco. La bebió de un solo trago, luego de abalanzó sobre mi, me atrajo por la cintura y me empezó a tocar los senos, al tiempo que estrujaba mis nalgas con fuerza. Luego me levantó en peso, me colocó sobre sus hombros y me llevó hasta la cama. Yo me sentÃa poseÃda por ese hombre maduro que tanto me atraÃa. Una vez allà me dejó caer sobre la cama, tiró de ambos lados de mi blusa, saltando los botones y quedando a la vista mis senos bajo el elegante brasier de encaje. Luego el empezó a desnudarse con desespero, hasta quedarse totalmente desnudo con su verga tiesa y desafiante. Se tumbó sobre mi, y empezó a besarme con delicadeza, primero en los labios, después nuestras lenguas se unieron en un sensual beso, poco a poco fue bajando hasta llegar a mis senos. Mientras me quitaba el brasier con los dientes y acariciaba mis senos, me tocaba las piernas que estaban completamente a la vista pues la minifalda habÃa subido mucho. AsÃ, ambos completamente excitados, me quitò con su mano el panty que llevaba y me metió deliciosamente su verga, sentà su hermosa verga hundirse en mi vagina, resbalar porque los dos estábamos húmedos. En ese momento ni me acordaba de mi esposo, estaba gozando riquÃsimo, mi calentura habÃa llegado a hasta espacios desconocidos para mi, y mientras mi amigo bombeaba con su rica verga en mi interior y me chupaba los senos con desespero, yo sudaba copiosamente y le pedÃa mas, mas verga, mas verga, chupame los senos, lámelos, le decÃa, hasta que estallé en el más intenso y delicioso orgasmo de mi vida. Que rico habÃa sido todo con ese amigo y hombre mayor. Esa noche no pude dormir, estaba pensando mucho, cómo habÃa llegado a esa situación, nunca me habÃa pasado antes . DormÃ, pero seria pensando en la deliciosa verga de mi amigo, la manera tan rica como ese hombre mayor chupaba los senos y lamÃa mis piernas. Pensando en ello, me masturbe dos veces y dormà pensando en él. Al otro dÃa, llamaron a la puerta, era mi amigo nuevamente. Entró, diciendo que hace mucho tiempo no habÃa hecho el amor como lo hizo conmigo el dÃa anterior, por encima del pantalón se tocaba esa verga tan deliciosa de la que yo tanto habÃa disfrutado. Se acercó a mi y me cogió de las manos, mi cuerpo se estremeció al sentir su contacto, sonrió, y muy lentamente acercó sus labios a los mÃos como pidiendo permiso. Simplemente cerré los ojos y enseguida noté el roce de sus labios besándome suavemente, fue como si una corriente eléctrica recorriera todo mi ser., me metÃa la lengua en la boca, la revolvÃa, yo estaba otra vez con ganas. Luego me abrazó sin dejar de besarme, a cada segundo me sentÃa mas suya. TÃmidamente su lengua se fue abriendo paso, mi pulso se aceleraba por momentos. Otra vez, no habÃa marcha atrás, acabamos besándonos apasionadamente. Sin decir palabra, solo con una sonrisa, me cogió en brazos y me llevó hasta la habitación, me tumbó en la cama y poco a poco fue despojándome de la blusa, hasta quedar con mis senos al aire, volvió a besarme y luego con sus labios recorrió cada centÃmetro de mi cuerpo, desde la cabeza hasta los pies, nuevamente mi amigo me chupaba deliciosamente los senos Estaba excitadÃsima, lo deseaba con locura al igual que me sentÃa tremendamente deseada. Me di la vuelta obligándole a quedarse tumbado sobre la cama, lo besé en la boca , luego en el cuello y fui bajando por su torso hasta llegar al boxer. Se lo quité con desespero, apareciendo ante mi su hermosa verga totalmente erecta. No pude resistirlo, la lamà desde todos los ángulos, luego la introduje en la boca y comencé a mamarla con deleite, me encantaba su sabor y sus gemidos me excitaban aún mas. Empecé a follarlo con la boca, con tanto Ãmpetu, que no me di cuenta que se iba a correr, hasta que derramó todo su caliente semen, que no dudé en saborear y tragar. Me bebi todo el semen de mi amigo. El todavÃa tenÃa parada su verga, me coloqué a horcajadas sobre el y me la introduje poco a poco, hasta que su pelvis chocó con la mÃa. Empecé a cabalgarlo despacio, el gemÃa y estrujaba mis senos, fui aumentando el ritmo, el se incorporó y empezó a devorar mis senos, lo que junto a su verga en mi vagina, me producÃa indescriptibles oleadas de placer, hasta que no pude mas, le pedà toda la verga adentro, estaba desesperada, le pedio mas y mas verga, y entre gritos tuve un gran orgasmo. En ese instante, mi amigo me dio la vuelta quedando sobre mi, y siguió metiéndome la verga con mucha fuerza, mi cuerpo respondÃa, yo movia mi culo, lo levantaba para que él me pudiere meter mas rico su verga, era increÃble el placer que me daba y que envidiable era su aguante a pesar de la edad. Otro orgasmo se apoderó de mi, y mi amigo seguÃa dándome verga, me penetraba con enorme pasión endiablada y yo se lo agradecÃa, jamas mi marido me habia hecho gozar asi, jamas me habia comido asi como lo hacia mi amigo, mi tercer orgasmo se acercaba, le supliqué que no parara, que me diuera mas verga, yo Paola, estaba con ganas de seguir teniendo orgasmos con mi amigo, subi mas las nalgas y le aprete mucho su rica verga, y por fin mi cuerpo volvió a estremecerse de placer, tensé mis músculos vaginales, lo que hizo que el se corriera entre gruñidos. Sentir su caliente semen derramarse en mi interior, fue suficiente para tener otro orgasmo y caer totalmente rendida en la cama. Cuando mi amigo terminó de tener espasmos, de vaciar todo el semen que le quedaba, me besó y se desplomó a mi lado, entrando los dos en un profundo sueño. Nos despertamos poco antes de que mi marido llegara. Quiso meterme nuevamente su verga, pero yo ya no podÃa mas, asà que le dedique una fenomenal mamada para calmar su calentura, hasta que volvió a obsequiarme con una abundante corrida. Después de aquel dÃa, mi amigo se convirtió en mi amante. "
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