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« en: Junio 09, 2006, 01:29:50 » |
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Era una de esas bodas a las que tenÃÂas que ir más por compromiso que por gusto. Como ocurre siempre en las bodas, te encuentras con gente que hace años no ves o a gente que ni te imaginas encontrarte, y una de estas personas era Mariza.
MAriza, era una amiga Ãntima de una novia que tuve, y que siempre me atrajo, pero que nunca logré nada con ella por lo mojigata que era, aunque siempre existió una mutua atracción. En sà rompà el noviazgo con mi novia por el mismo motivo, nunca pude siquiera sentir sus tetas por encima de la blusa, y vaya que los tenÃa grandes, pero concentrándome en MArizaMartha, era una amiga ÃÂntima de una novia que tuve, y que siempre me atrajo, pero que nunca logré nada con ella por lo mojigata que era, aunque siempre existió una mutua atracción. En sàrompàel noviazgo con mi novia por el mismo motivo, nunca pude siquiera sentir sus tetas por encima de la blusa, y vaya que los tenÃÂa grandes, pero concentrándome en Martha, es de altura media, no es guapa como para modelar pero tiene un "no sé qué" que siempre me gustó, sus senos son pequeños, pero su trasero y sus piernas, ¡ah bárbaro !. La saludé saliendo de la Iglesia y me presentó a su marido. El saludo fue frÃÂo e insÃÂpido, un ligero estrechón de manos y un par de besos fingidos en la mejilla. La pláctica totalmente convencional. Nos despedimos y cada quien se fue por su cuenta al salón de banquetes. Casualmente quedamos en mesas paralelas, pero con la pista de baile de por medio. Durante el banquete no dejé de observarla, y ella de reojo también me veÃÂa. Y asàestuvimos durante toda la cena. Ya avanzado el baile, y con unas cuantas copas de cava dentro de mi, me animé a recorrer el salón en su búsqueda pues hacÃÂa rato no la veÃÂa en su mesa, que apenas lograba atisbar por lo concurrido de la pista. La encontré platicando con unas amigas, su marido estaba en otra mesa con los familiares del novio, asàque me mantuve conversando con unos conocidos de una mesa cercana a la de ella, no presté atención a la plática sólo a ella. Cuando se quedó sola por un momento, me disculpé con los conocidos que inconsciente me sirvieron de trinchera y me lancé al ataque. Me senté junto a ella y la saludé nuevamente Por el alto ruido de la música, tuvo que acercar su oÃÂdo a mis labios para saber que le decÃÂa, como su cabello era largo prácticamente me cubrió la cara con el, yo le dije que estaba más guapa que nunca y le solté un beso en la oreja, se sonrojó y también se sonrió. Charlamos a gritos durante unos minutos como se hace en todas estas fiestas, y le propuse cambiarnos de lugar para alejarnos de la pista y poder descansar nustras gargantas. Lo hicimos y encontramos una mesa en un rincón lejos de la luz y del ruido, sólo ocupada por un par de viejos que sólo nos sonrieron al pedirles permiso de sentarnos. Ellos nos daban la espalda contemplando el espectáculo de la pista y tras nosotros estaba la pared. Continuamos nuestra charla de recuerdos y sin perder más tiempo posé mi mano en su pierna por debajo de la mesa, la retir de tal manera que hizo que algunas copas cayeran de sobre la mesa. Al cabo de unos minutos repetàla maniobra, ella volvió hacer lo mismo, pero sin tanto sobresalto. A la tercera vez, ya no retiró la pierna, la mantuvo quieta aunque no pudo continuar hablando, era yo el que hablaba para disimular nuestra posición. El mesero nos trajo unas copas de cava, le di una propina y más tarde nos trajo la botella. Seguimos sentados hablando de todo y de nada, tomábamos cava y yo cada vez intensificaba mis movimientos sobre sus piernas. Ella llevaba un vestido largo, pero amplio, de tela suave y semi transparente con entre tela para darle cuerpo, era del tipo strapel, de esos que no usan tirantes. Con ágil movimiento de mis dedos subàel vestido y logré sentir su pierna. TenÃÂa las rodillas juntas, como le enseñaron las monjas del colegio, pero al introducir mi mano por entre ellas, sentàque cedÃÂan y me permitÃÂan el acceso. La plática fue subiendo de tono, empezamos a hablar de sexo y de cuánto se me antojaba ella. Para esto yo tenÃÂa el pene totalmente erecto y guiándole la mano, le dije - Mira como me pones - y la coloqué sobre el bulto que provocaba mi falo encendido. Pensé que la retirarÃÂa de inmediato, pero para mi sorpresa y júbilo, la dejó ahÃÂ, sin moverla, pero ahÃÂ. Con un rápido movimiento subàmi mano hasta su entrepierna y gratamente descubràque usaba liguero, por lo que estaba en contacto directo con la pantaleta que ¡estaba húmeda!, como pude hice a un lado la tela y logré sentir totalmente mojada su rajada, sentàpoco vello y busqué su clÃÂtoris, al contacto de mis dedos con su órgano, ella empezó con un rápido movimiento de mano, apretujando mi pene, me bajé la cremallera y ella en seguida metió la mano y lo empezó a acariciar de arriba a abajo intentando masturbarlo. Sólo alcanzaba a decir - ¡Para!, ¡Para!, no está bien esto!. - pero ella misma no hacÃÂa caso de sus observaciones. Lo hizo de tal manera que no me contuve y me mojé todo, ella al sentirlo, le pasó lo mismo en mi mano. - Tenemos que limpiarnos - me dijo. Busqué al mesero y dándole una buena propina le pregunté por un baño discreto. Me indicó que el de la oficina del gerente del salón estaba arriba y tenÃÂa baño y ademßs él no estaba esa noche. Nos levantamos y subimos, la música cesó al cerrar la puerta, ¡era una oficina insonorizada !, no me contuve, la tomé en mi brazos y le di un beso apasionado que fue correspondido inmediatamente, mi pene crecÃÂa y oprimÃÂa mis testÃÂculos contra de ella, la empecé a manosear, agarré ese trasero por primera vez en mi vida, estrujé esas dos hermosas nalgas y empecé a subirle el vestido - ¡Que me lo arrugas! - dijo. Encontré una cremallera lateral y la bajé, como por arte de magia todo se aflojó y solo con un leve movimiento de caderas cayó al suelo, qudando ella sólo con la pantaleta y el liguero. Su busto, aunque pequeño estaba perfectamente conservado, estaban esas dos redondas tetas en su lugar y con unos pezones totalmente erectos - ¡Quiero ser tuya! - me dijo abrazándome, como pude me aflojé el pantalón que se unió en el suelo al vestido de ella, me quitó los calzones y apareció en toda su plenitud mi erecto pene. Le bajé la pantaleta la giré poniéndola en escudra y sin decir ¡agua va!, la penetré. Mi pene se deslizó fácilmente dentro de esa vagina, amplia aunque firme, tenÃÂa ante mi esas dos preciosas nalgas en que me apoyaba para bombear más fácilmente. Vi un sofá, la llevé ahày tendida boca arriba y con las piernas abiertas la volvàa penetrar, ¡tenÃÂa esas dos perfectas piernas abrazándome!. Ella gritaba con cada orgasmo, se sobaba las tetas, apretaba sus pezones, me atraÃÂa a ella con sus piernas, me pedÃÂa más y más. Cambié el ritmo y empecé un entra - saca lento, llegaba hasta casi dejar fuera mi pene y volvÃÂa a entrar lentamente. Ella giró y caÃÂmos sobre la mullida alfombra, quedó sobre de mi y se movÃÂa de una forma deliciosa, no sé cuántos orgasmos tuvo, lo que sàsé es que era tal la cantidad de lÃÂquido que desbordaba de su vagina en cada bombeada y caÃÂa en mis muslos. Lo hicimos durante casi media hora hasta que lancé unos grandes chorros de semen dentro de su vagina, ella al sentir el lÃÂquido caliente hizo una nueva descarga y cayó rendida sobre de mi. Nos besamos y procedimos a lavarnos y vestirnos no sin un largo y ardiente beso de despedida antes de bajar nuevamente al salón. Lo hicimos en forma separada. Desde entonces nos vemos por lo menos dos veces al mes y cada vez es una experiencia nueva, tiene tanto sexo reprimido que cada ocasión es explosiva, ya les contaré de otras. , es de altura media, no es guapa como para modelar pero tiene un "no sé qué" que siempre me gustó, sus senos son pequeños, pero su trasero y sus piernas, ¡ah bárbaro !. La saludé saliendo de la Iglesia y me presentó a su marido. El saludo fue frÃo e insÃpido, un ligero estrechón de manos y un par de besos fingidos en la mejilla. La pláctica totalmente convencional. Nos despedimos y cada quien se fue por su cuenta al salón de banquetes.
Casualmente quedamos en mesas paralelas, pero con la pista de baile de por medio. Durante el banquete no dejé de observarla, y ella de reojo también me veÃa. Y asà estuvimos durante toda la cena.
Ya avanzado el baile, y con unas cuantas copas de cava dentro de mi, me animé a recorrer el salón en su búsqueda pues hacÃa rato no la veÃa en su mesa, que apenas lograba atisbar por lo concurrido de la pista. La encontré platicando con unas amigas, su marido estaba en otra mesa con los familiares del novio, asà que me mantuve conversando con unos conocidos de una mesa cercana a la de ella, no presté atención a la plática sólo a ella. Cuando se quedó sola por un momento, me disculpé con los conocidos que inconsciente me sirvieron de trinchera y me lancé al ataque.
Me senté junto a ella y la saludé nuevamente Por el alto ruido de la m·sica, tuvo que acercar su oÃdo a mis labios para saber que le decÃa, como su cabello era largo prácticamente me cubrió la cara con el, yo le dije que estaba más guapa que nunca y le solté un beso en la oreja, se sonrojó y también se sonrió.
Charlamos a gritos durante unos minutos como se hace en todas estas fiestas, y le propuse cambiarnos de lugar para alejarnos de la pista y poder descansar nustras gargantas. Lo hicimos y encontramos una mesa en un rincón lejos de la luz y del ruido, sólo ocupada por un par de viejos que sólo nos sonrieron al pedirles permiso de sentarnos. Ellos nos daban la espalda contemplando el espectáculo de la pista y tras nosotros estaba la pared.
Continuamos nuestra charla de recuerdos y sin perder más tiempo posé mi mano en su pierna por debajo de la mesa, la retir de tal manera que hizo que algunas copas cayeran de sobre la mesa. Al cabo de unos minutos repetà la maniobra, ella volvió hacer lo mismo, pero sin tanto sobresalto. A la tercera vez, ya no retiró la pierna, la mantuvo quieta aunque no pudo continuar hablando, era yo el que hablaba para disimular nuestra posición. El mesero nos trajo unas copas de cava, le di una propina y más tarde nos trajo la botella.
Seguimos sentados hablando de todo y de nada, tomábamos cava y yo cada vez intensificaba mis movimientos sobre sus piernas. Ella llevaba un vestido largo, pero amplio, de tela suave y semi transparente con entre tela para darle cuerpo, era del tipo strapel, de esos que no usan tirantes. Con ágil movimiento de mis dedos subà el vestido y logré sentir su pierna.
TenÃa las rodillas juntas, como le enseñaron las monjas del colegio, pero al introducir mi mano por entre ellas, sentà que cedÃan y me permitÃan el acceso. La plática fue subiendo de tono, empezamos a hablar de sexo y de cuánto se me antojaba ella. Para esto yo tenÃa el pene totalmente erecto y guiándole la mano, le dije - Mira como me pones - y la coloqué sobre el bulto que provocaba mi falo encendido. Pensé que la retirarÃa de inmediato, pero para mi sorpresa y júbilo, la dejó ahÃ, sin moverla, pero ahÃ.
Con un rápido movimiento
subà mi mano hasta su entrepierna y gratamente descubrà que usaba liguero, por lo que estaba en contacto directo con la pantaleta que ¡estaba húmeda!, como pude hice a un lado la tela y logré sentir totalmente mojada su rajada, sentà poco vello y busqué su clÃtoris, al contacto de mis dedos con su órgano, ella empezó con un rápido movimiento de mano, apretujando mi pene, me bajé la cremallera y ella en seguida metió la mano y lo empezó a acariciar de arriba a abajo intentando masturbarlo. Sólo alcanzaba a decir - ¡Para!, ¡Para!, no está bien esto!. - pero ella misma no hacÃa caso de sus observaciones.
Lo hizo de tal manera que no me contuve y me mojé todo, ella al sentirlo, le pasó lo mismo en mi mano. - Tenemos que limpiarnos - me dijo. Busqué al mesero y dándole una buena propina le pregunté por un baño discreto. Me indicó que el de la oficina del gerente del salón estaba arriba y tenÃa baño y ademßs él no estaba esa noche.
Nos levantamos y subimos, la música cesó al cerrar la puerta, ¡era una oficina insonorizada !, no me contuve, la tomé en mi brazos y le di un beso apasionado que fue correspondido inmediatamente, mi pene crecÃa y oprimÃa mis testÃculos contra de ella, la empecé a manosear, agarré ese trasero por primera vez en mi vida, estrujé esas dos hermosas nalgas y empecé a subirle el vestido - ¡Que me lo arrugas! - dijo. Encontré una cremallera lateral y la bajé, como por arte de magia todo se aflojó y solo con un leve movimiento de caderas cayó al suelo, qudando ella sólo con la pantaleta y el liguero.
Su busto, aunque pequeño estaba perfectamente conservado, estaban esas dos redondas tetas en su lugar y con unos pezones totalmente erectos - ¡Quiero ser tuya! - me dijo abrazándome, como pude me aflojé el pantalón que se unió en el suelo al vestido de ella, me quitó los calzones y apareció en toda su plenitud mi erecto pene. Le bajé la pantaleta la giré poniéndola en escudra y sin decir ¡agua va!, la penetré. Mi pene se deslizó fácilmente dentro de esa vagina, amplia aunque firme, tenÃa ante mi esas dos preciosas nalgas en que me apoyaba para bombear más fácilmente.
Vi un sofá, la llevé ahà y tendida boca arriba y con las piernas abiertas la volvà a penetrar, ¡tenÃa esas dos perfectas piernas abrazándome!. Ella gritaba con cada orgasmo, se sobaba las tetas, apretaba sus pezones, me atraÃa a ella con sus piernas, me pedÃa más y más. Cambié el ritmo y empecé un entra - saca lento, llegaba hasta casi dejar fuera mi pene y volvÃa a entrar lentamente. Ella giró y caÃmos sobre la mullida alfombra, quedó sobre de mi y se movÃa de una forma deliciosa, no sé cuántos orgasmos tuvo, lo que sà sé es que era tal la cantidad de lÃquido que desbordaba de su vagina en cada bombeada y caÃa en mis muslos.
Lo hicimos durante casi media hora hasta que lancé unos grandes chorros de semen dentro de su vagina, ella al sentir el lÃquido caliente hizo una nueva descarga y cayó rendida sobre de mi. Nos besamos y procedimos a lavarnos y vestirnos no sin un largo y ardiente beso de despedida antes de bajar nuevamente al salón. Lo hicimos en forma separada.
Desde entonces nos vemos por lo menos dos veces al mes y cada vez es una experiencia nueva, tiene tanto sexo reprimido que cada ocasión es explosiva, ya les contaré de otras.
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