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« en: Junio 09, 2006, 01:19:11 » |
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(Capitulo V: cine "X"...en vivo)
El viernes empezó como todos los dÃas desde que Miguel se marchó. Después de trabajar vino Pedro a buscarme y me llevo a casa. Allà recogimos a Javier y ambos me dijeron que nos Ãbamos al cine.
Me agrado la idea pues querÃa volver a salir por las tardes, asà que nos fuimos a Madrid.
Les pregunte que Ãbamos a ver y me dijeron que era una sorpresa. Llegamos al centro y tras dejar el coche en un parking fuimos andando por la zona de carretas y por ahÃ, hasta llegar a un cine en una calle estrecha.
Era...¡una pelÃcula x!...
Me dijeron entonces que debÃa entrar sola y que ellos luego me esperarÃan a la salida.
La verdad es que no me hacia mucha gracia, pero me dijeron que eran ordenes de don Jaime asà que me arme de valor y entre.
El portero se quedo un poco sorprendido al verme y murmuro algo asà como "...que hace una chica como tu, en un sitio como este".
El acomodador maliciosamente me pregunto si preferÃa por "delante", por "detrás", o en medio, "es donde hay mas hombres", me dijo mientras me desnudaba con la mirada.
Le dije que me daba igual, y el hombre me hizo sitio justo en el centro del patio de butacas, que ya estaba obscuro, puesto que estaban poniendo un corto sobre no se que pueblo de la sierra.
Pase sorteando espectadores hasta el asiento que me iluminaba la linterna del acomodador.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la obscuridad, vi que efectivamente estaba rodeada de hombres que directamente o de reojo me miraban curiosos.
Empezó la pelÃcula que trataba de unas campesinas alemanas que iban de recolección de "nabos", y ademas de los del campo encontraban alguno mas.
Estaba entretenida en la pelÃcula cuando note una mano que se posaba en mi muslo derecho.
No quise mirar pero hacia un rato ese asiento estaba libre.
Seguà mirando la pelÃcula, mientras mi corazón se ponÃa a cien y la mano empezaba a deslizarse entre mis piernas, lo hacia con lentitud pero con firmeza y la verdad es que me estaba poniendo cachonda, por un lado querÃa que fuera mas deprisa pero por otro la sensación de estar siendo "metida mano" a cámara lenta me excitaba mucho mas.
Por fin alcanzo su objetivo y comenzó por debajo de la braguita, que curiosamente me habÃa puesto por primera vez en toda la semana, a manosearme el ya endurecido clÃtoris, hasta arrancarme un par de orgasmos contenidos, por aquello del escándalo, que son precisamente los peores. Cuando hubo terminado volvió a salir suavemente y yo no me atrevà a mirar a aquel intruso de mi intimidad que me habÃa añadido una nueva experiencia a mi semana del sexo.
Cuando llego el descanso, era programa doble, mire a mi lado y no habÃa nadie. Tan solo un joven con barba y gafas un poco mas allá, pero parecÃa ensimismado en la pantalla donde estaban pasando unos anuncios, que por cierto reclamaron lógicamente mi atención.
Volvieron a apagarse las luces, y al poco de iniciarse la segunda pelÃcula que trataba de unas americanas que se lo montaban con un grupo de jugadores de baloncesto, todos negros ademas, para mayor excitación, quien estaba detrás de mi empezó a jadearme en el cuelo y de pronto sus manos como dos garras se aferraron a mis pechos apretandome contra el asiento. Estuvo asà durante varios minutos manoseándome los pechos y al cabo de un rato me dijo algo del servicio de caballeros.
Me quede parada, pensando si me habÃa citado en el servicio de caballeros, lo cual me pareció aun mas excitante. espere unos minutos y salÃ, no sin molestar a un par de tÃos de mi fila que en el momento de pasar me metieron mano al culo por debajo de la falda... sin duda me confundieron con una puta de la zona.."¡coño!", pensé, "¡debo llevar un cartel luminoso que diga: metame mano esta usted en su sexo, joder con los tÃos!".
Salà al hall del cine totalmente desierto y vi una flecha que decÃa a los servicios, bajando una escalera. La baje despacio, y al fondo vi la puerta de caballeros y a la derecha la de señoras. Mire hacia atrás y alrededor y me deslice por la puerta del de hombres.
Era bastante lúgubre y ver todas aquellas tazas de pared alineadas me hizo pensar en la de pollas que habrÃan pasado por allÃ.
Entonces note unos pasos que se acercaban a la puerta. Me escondà en un recodo del servicio y escuche abrirse y cerrarse la puerta. Trate de ver por el espejo quien habÃa entrado, pero en ese momento se apago la luz y al instante dos brazos me sujetaron por los hombros y me taparon la poca. Trate de desasirme y gritar pero fue inútil, me llevaron arrastrando y salimos a través de una puerta que no era la del servicio. Tras unos metros y escuchar cerrarse esa puerta, quien fuera me lanzo aun a oscuras sobre una especie de camastro, me quede un momento quieta, mientras oÃa ruido de ropas cerca de mi, y parecÃan mas de una persona. Intente levantarme y alguien me sujeto, mientras unas manos me desnudaban rápidamente: la blusa, la falda, y me dejaban con el sujetador y las bragas.
Una boca empezó a besarme el cuello, los hombros la espalda, mientras seguÃa inmovilizada, luego note como esas manos que me desnudaron, empezaban a acariciar mis pechos por encima del sujetador, para acabar sacándolos de el, sin quitármelo. Lo que si me quitaron fueron las bragas, por lo cual imagine que me iban a follar allà a obscuras.
No podÃa ni gritar, estaba inmovilizada,...¡esperaba que don Jaime estuviera de verdad detrás de todo esto, pues empezaba a tener verdadero miedo!.
Efectivamente un hombre se puso sobre mi y comenzó a restregarse con mi cuerpo, el olor era extraño, diferente, un cierto olor a una esencia extraña, no era desagradable, pero si dulzón y envolvente. no se el tiempo que estuvo restregandose, pero se me hizo eterno, estaba deseando que me follaran y me dejaran en paz.
De pronto algo como una porra, penetro violentamente por mi coño. ParecÃa mas grande y largo de lo que mi vagina podÃa aguantar, y la sensación de placer y dolor con una serie de descargas eléctricas a través de las paredes de mi coño, me hacÃan retorcerme y orgasmar una y otra vez. Tras unos instantes de angustio comprobé que era un pene, pues era caliente y musculoso, pero...¡vaya pedazo de polla!.
Cuando se corrió, casi me inunda por dentro. El hombre se levanto y me dio la vuelta colocándome bocabajo en aquel camastro, ¡ y seguÃamos a obscuras!. ¡con lo que me hubiera gustado ver aquel pollòn!.
Estaba pensándolo, cuando note que volvÃa a colocarse sobre mi, me separaba las piernas y me embutÃa de nuevo su miembro a través del culo...¡un momento!, este no era tan grande por lo cual pensé que era el otro hombre el que me enculaba, suposición acertada pues de pronto el otro hombre me metió su enorme pene por la boca hasta la garganta.
Allà estaba yo como una sardina ensartada por delante y por detrás y a obscuras...
En un momento determinado se corrió en mi boca, con lo cual casi me asfixio al tratar de gemir, por el placer que me estaba dando mi enculador cuyo tamaño de porra era lo de menos, pues me hizo reventar de gusto cuando se corrió en mis entrañas.
De pronto sentà como si me pasaran un pañuelo perfumado por el rostro, quizá para limpiarme el sudor, pensé... pero no me dio tiempo a más pues me empezó a entrar una especie de soñolencia... y me quede totalmente dormida.
No se cuanto tiempo habÃa pasado, cuando me desperté, seguÃa a obscuras sobre aquel camastro y el silencio era mortal.
Mis ojos se fueron acostumbrando a la obscuridad ahora que estaba mas tranquila y pude ver por una tenue luz que se filtraba por debajo de una puerta que el suelo era de moqueta, como si aquello hubiera sido la planta baja de un bar, pues las paredes enmoquetadas también tenÃan aun restos de apliques de luz y marcas de cuadros, y habÃa algunos muebles, pero tenÃa la extraña sensación de que aunque el camastro era el mismo, el lugar no era exactamente el mismo.
De pronto se abrió la puerta y la luz del exterior me cegó, tras un momento de sorpresa vi como se recortaban contra la luz tres siluetas, dos hombres y una mujer, que avanzaron y tras encender una luz ambiental, cerraron la puerta.
Los tres eran negros y era la primera vez en mi vida que los veÃa.
Me di cuenta entonces de que estaba completamente desnuda y mis ropas no estaban en la habitación.
La chica vestÃa ropa de cuero con tachuelas y unos collares de cadenas plateadas y ellos ropa de sport.
Me medio incorpore sobre el camastro y les pregunte con un hilo de voz que querÃan.
No me respondieron pero la chica se quito los pantalones y la camiseta, bajo los cuales llevaba un body de cuero. Sin duda me iba a zurrar, puesto que saco un látigo como de piel y vino hacia mi.
Me levante y trate de salir corriendo, pero entonces comprendà por que las paredes y el suelo estaban como enmoquetados, puesto que realmente estaban acolchados, la habitación pues estaba insonorizada...¡el cabrón de don Jaime me estaba dando una autentica sesión de sexo en todas sus variantes!... primero violada, ahora disciplinada, ¿que vendrÃa después?.
Los dos maromos de casi dos metros y fuertes como toros, me sujetaron por los brazos y me llevaron sin decir palabra en volandas ante la tÃa, que se paseaba el látigo por el cuerpo, al ponerme ante ella me cogió por el pelo y acercándose a mi cara me dijo en un castellano bastante chapucero:
"Mira blanquita...lo vamos a pasar muy bien juntas si colaboras, sino lo vas a pasar muy mal y yo muy bien, y si eres buena luego estos chicos te pueden enseñar como se follan a una blanca dos machos negros...¿estamos pequeña?"
"La leche", pensé yo, me iban a dar una sesión sado y encima aquellos dos bestias cuyos paquetes adivinaba pondrÃan el fin de fiesta.
No me dio tiempo a pensar mas, pues mientras los dos hombretones me esposaban las manos a la espalda y me colocaban un pañuelo a modo de mordaza, oà restallar el látigo en el aire y un acerado dolor en mi nalga derecha, otro restallar y ahora era mi nalga izquierda, y asà varias veces mientras notaba cada latigazo marcando, o al menos eso creÃa yo, mi culo y mi espalda.
Fueron unos segundos tras los cuales me untaron todo el cuerpo de aceite y de reojo pude ver como la tÃa tras quitarse el body, se quedo solo con un tanga también de cuero, mostrando un espléndido cuerpo de color negro azabache, rematado por dos voluminosos aunque bien formados y proporcionados pechos, se acerco a la cama...
"¿nunca te lo has montado con una tÃa?", me pregunto, y sin duda al leer en mis ojos que no, continuo,"pues tu y yo nos lo vamos a montar un rato bien".
La mujer en cuestión se sentó a caballo sobre mi espalda aceitosa, a pesar de lo cual note la sensación sobre mi piel, del tanga de cuero que cubrÃa su coño, o al menos eso creÃa yo, restregandose contra mi dolorida espalda, lo cual me daba una sensación mitad agradable mitad dolorosa, pues el cuero me tiraba pellizcos sobre la piel.
Luego comenzó a masajearme la espalda, el culo y las caderas, mientras canturreaba algo.
Asà estuvo durante un rato para acabar tumbandose sobre mi, y apretando sus duros pechos contra mi espalda empezó a besarme el cuello, se arqueo sobre mi espalda para quitarse el tanga y mientras tanto los dos tÃos, que empezaban a dar sÃntomas de ponerse cachondos, me levantaron por la cintura poniéndome a cuatro patas.
De pronto un duro y palpitante instrumento entro como un rayo ardiente a través de mi culo...¡no podÃa ser!, los dos tÃos estaban a ambos lados y yo podÃa verlos...luego...¡debÃa ser un consolador!...pero era como humano...estaba en estas dudas cuando el rÃtmico ir y venir sobre mi espalda de la tÃa, empezó a sacarme de dudas, empezaba a sentir aquel olor dulzón en el ambiente, y aquel aparato iba creciendo y creciendo dentro de mi culo...¡aquella negra era un negrazo, era un travestÃ!...
Cuando por fin me di cuenta, ella o el, estaba corriendose dentro de mi culo, mientras frente a mi, uno de los negros se despojaba de la ropa, y me quede petrificada al ver aquel enorme aparato, no soy una experta en pollas, pero aquello debÃa medir unos 25 cm de largo, como mÃnimo, por unos 7 u 8 de ancho.
Se quedo cimbreando su armamento frente a mi, mientras entre la tÃa y el otro, que aun permanecÃa vestido, me quitaban las esposas y me dejaban sobre la cama.
Se apartaron a un lado y vi avanzar aquella mole hacia mi, de pronto oà a la tÃa gritarme:
"¡yo que tu no le dejaba blanquita, o te hará un agujero nuevo!", y se reÃa la muy cabrona.
La verdad es que debÃa tratar de zafarme, asà que mire a mi alrededor tratando de encontrar una salida o un sitio donde esconderme...tan solo un desvencijado armario y una especie de barra de bar junto con el camastro componÃan todo el mobiliario de la habitación.
Salte de la cama y corrà hacia el armario, mientras el negrote avanzaba hacia mi y los otros dos se reÃan a carcajadas.
!pero el armario estaba cerrado!, asà que trate de esconderme detrás de la barra del bar.
Era solo prolongar la jugada pues antes o después aquel tÃo me iba a follar con aquel cacho de polla, y lo que estaba consiguiendo con mis carreras era solo escitarle aun mas.
Estaba en estos pensamientos mientras trataba de esconderme tras la barra, cuando el se paro en el centro de la habitación y me grito:
"¡no podrás escapar...cazador negro se follara a la zorra blanca!".
La verdad es que estaba a punto de desistir, cuando al pasar tras la barra, vi como una especie de puerta de almacén, trate de abrirla...¡y lo conseguÃ!, entrando en una habitación a obscuras.
Cerré la puerta rápidamente, pero aquello habÃa sido el canto del cisne.
Tras un breve forcejeo, mi cazador derribo la puerta, y tras agarrarme por los brazos y obligarme a arrodillarme ante su instrumento me la endoso de un solo golpe en la boca hasta la garganta. Creà que morirÃa asfixiada, pero aquel tÃo debió darse cuenta y sacando parte de su polla de mi dilatada boca me hizo mamarsela casi sin respiro, mientras a mi espalda, la tÃa, o lo que fuera, me levantaba las piernas estilo carretilla, y el otro tÃo se ponÃa detrás de mi y mientras me sujetaba las piernas levantadas, me endosaba desde atrás, pero esta vez por mi pelado coño, otra monumental vara.
Cuando mi cazador se corrió, mi garganta no daba a basto a tragar tanta leche, algo parecido a lo que le ocurrÃa a mi coño, mientras el travestà colocado ya debajo de mÃ, chupaba y magreaba mis tetas.
Pero aun no habÃan acabado conmigo.
Tras hacerme orgasmar media docena de veces, mi cazador paso a chuparme y morderme las tetas, y su ayudante me coloco su semiflacida verga de nuevo en la boca, mientras me decÃa:
"Tu ponérmela otra vez gorda y beber mi leche".
"Caray estos tipos", pensé, "que pronto aprenden el castellano que les interesa".
Estaba en estas reflexiones cuando note que el travestà me ponÃa una especie de cinturón de castidad, y al mirar de reojo vi con sorpresa sobresalir de mi pelado coño, un pene artificial.
"Tu, darme a mi por culo blanquita", me dijo y se coloco a cuatro patas.
Yo me mostré sorprendida, pero no tarde mucho en introducirle aquel aparato en su pardo esfÃnter, puesto que mi cazador, que habÃa recuperado parte de su potencia, me inclino sobre el travestÃ, mientras seguÃa con la polla del tercero en la boca.
En encular a aquel maricón estaba, cuando note como la polla de mi cazador, empezaba a buscar el orificio de mi culo. Trate de zafarme pero estaba sentenciada.
Sus poderosas manos me sujetaban por los brazos, y mientras el tercer hombre me introducÃa su ya engordada polla mas aun en la boca para que no gritara, el gran cazador negro, me coloco en el culo, con un dolor atroz por mi parte, casi toda su escopeta, comenzando ritmicamente a embestirme hasta que ya exhausta mezclando placer y dolor perdà el conocimiento.
Aquello habÃa sido demasiado.
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