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« en: Junio 09, 2006, 01:15:50 » |
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pesar de sus 40 años estaba increÃÂble, parecÃÂa muchÃÂsimo más joven, las mujeres de esos ejecutivos y peces gordos pasan todo el dÃÂa entre el gimnasio, la sauna y el tenis, por muy feas que sean casi todas tienen unos cuerpos de escándalo
Mirta era uno de esos casos, su marido dedicaba todo el tiempo a sus negocios y ella estaba totalmente desatendida. Si ese tipejo supiese que mientras él ocupa su tiempo en reuniones y comidas de negocios yo estoy aquà montándomelo con su mujer le iba a dar un ataque. Incluso un par de noches ese imbécil llegó cuando me la estaba cepillando en su propia cama.
Ahora mismo ella está aquÃ, puesta a cuatro patas sobre mi cama mientras veo como sus pechos se bambolean por el efecto de mis embestidas. Está tan increÃblemente húmeda que mi polla se le introduce sin apenas dificultad, tiene los puños apretados y jadea sin parar mientras mueve las caderas y se humedece los labios. Está a punto de correrse de nuevo, empieza a agitarse y se pellizca con la mano el pezón derecho mientras los jadeos se van convirtiendo en gemidos que cada vez elevan más su volumen. Deja caer su cabeza sobre la cama y empieza a agitarse con movimientos espasmódicos, acaba de tener un orgasmo. Pero yo aún no he terminado, asà que la tumbo boca arriba y me coloco sentado sobre su vientre, coloco mi miembro para que ella pueda masturbarme con sus tetas. Mientras tanto, he deslizado mi mano hacia atrás, hasta tocar ese maravilloso chochito y comienzo a acariciar su clÃtoris. Los gemidos vuelven a llenar la habitación, esta vez se mezclan con los mÃos mientras eyaculo en su cara. Creo que por esta noche ha tenido suficiente, se la nota verdaderamente satisfecha, seguro que hacÃa tiempo que nadie se la follaba tan bien. Comienza a recoger su ropa de la silla y se acerca para darme un beso mientras sonrÃe, está completamente desnuda y empapada en sudor.
Justo en ese instante se abre la puerta y aparece una chica de unos 16 años con un camisón y el pelo recogido en una cola, puedo ver como sus pezones se dibujan bajo la tela. Entra sin decir nada y comienza a bajarse sus braguitas sin quitarse el camisón, Mirta se vuelve hacia mà y me pellizca la mejilla mentras me guiña un ojo. Me siento al borde de la cama y la recién llegada se sienta sobre mà levantándose el camisón y abriendo las piernas. Con un leve movimiento se la introduzco mientras acaricio sus pechos, ella suelta un suspiro. Nos besamos apasionadamente, puedo notar su lengua dentro de mi boca y el intenso calor de su pequeño coñito. Empieza a moverse emitiendo unos leves gemidos, abrazada a mÃ. Mirta
se acerca y, levantándole los brazos, le quita el camisón.
- Mejor asÃ, ¿no? -dice mientras termina de recoger su ropa y sale de la habitación.
La chica se mueve lentamente, apoyando su cabeza en mi hombro mientras noto la increÃble dureza de sus pezones contra mi pecho.
- La tienes contenta, hacÃa años que no veÃa tan feliz a mamá -me dijo sin parar de moverse.
- Ya lo creo -le respondà mientras acariciaba sus pechos-, el imbécil de papá no le hace ni caso.
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