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« en: Junio 08, 2006, 10:32:04 » |
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Llevo 7 años de casado y mi matrimonio es feliz. Tengo una familia preciosa, una esposa atractiva, dos hijos hermosos y un trabajo prospero. También tengo una mente abierta, soy algo liberal en muchos aspectos y, como no podÃÂa ser de otra manera, uno de esos aspectos es el sexo.
Siempre trate de cumplir con cada fantasÃa que tenÃa y si a veces mi esposa no me acompañaba en ellas, la cumplÃa con alguien más…….. Para que mentir, asà eran las cosas. No he tenido demasiadas amantes desde que me case, apenas dos o tres pero eso nunca impidió que siguiera amando a mi esposa como el primer dÃa.
Mi jornada laboral a veces era extensa y al llegar a mi casa, en mas de una ocasión, encontraba a mi esposa ya dormida pero no la culpe por ello nunca, entendÃa que entre su trabajo, la casa y los chicos a veces estuviera realmente extenuada asà que si eso sucedÃa, me disponÃa a cenar solo, darme una ducha y acostarme.
Normalmente la comida me esperaba en el microondas y solo debÃa calentarla y cenar, aunque a veces hasta esa tarea se me facilitaba porque nuestra empleada se ocupaba de eso, siempre y cuando ella también estuviera despierta al momento de llegar a mi casa.
Una de las tantas noches en las que mi trabajo me impidió llegar temprano a casa, llame a mi esposa para avisarle que no me esperara para cenar porque no sabÃa a que hora llegarÃa y ella me respondió que no importaba porque era el cumpleaños de su madre y se irÃa a su casa con los chicos.
La verdad es que habÃa olvidado el cumpleaños de mi suegra pero no era un motivo de preocupación para nadie porque ya me conocÃan y sabÃan como era asà que nadie se ofenderÃa si no iba, solo me limitarÃa a llamar para saludarla y todos contentos.
Pasadas las once de la noche apague las luces de mi oficina y partà hacia mi casa. Llegue y, como ya era sabido, no estaba ni mi esposa ni los chicos, solo se veÃa la luz de la cocina encendida, lo cual me daba la pauta de que estaba la empleada trabajando en algún rincón.
Fui hacia mi cuarto y la encontré en un pasillo. Le pedà que me calentara la comida, que después de darme una ducha bajarÃa a cenar. Asà fue como me duche y me recosté en la cama antes de bajar a comer para poder ver el final de un programa que estaban dando en cable y me interesaba mucho.
No recuerdo bien como sucedió, solo se que de pronto me desperté y me di cuenta de que me habÃa quedado dormido sentado en la cama. Lo que mas me llamo la atención no fue eso sino la sensación de que habÃa tenido algún sueño erótico porque al moverme me di cuenta de que tenÃa una erección tremenda bajo mi bóxer.
Trate de hacer memoria, de ubicarme en donde estaba y ahà comencé a recordar. HabÃa llegado tarde del trabajo, mi esposa aun no habÃa llegado de la casa de su madre, no llegue a comer nada porque me senté en la cama y me dormà con el televisor encendido.
El tema era recordar que habÃa soñado para estar asÃ, tan excitado. Ese recuerdo no vino a mi mente pero la excitación no disminuÃa para nada y mi esposa no llegaba. La verdad es que no querÃa masturbarme pero algo tenia que hacer porque la sensación de placer que me habÃa dejado el sueño era tremenda pero la calentura mas aun.
Fui derecho a la cocina a tomar un vaso de agua helada a ver si algo me calmaba y estaba en eso cuando escucho los pasos de mà empleada detrás de mÃ. Se habÃa levantado para atenderme pero la verdad es que no querÃa que me viera en esas condiciones asà que habÃa decidido pedirle que me dejara solo, que me calentara yo la comida, que se fuera a descansar.
Evidentemente estaba demasiado excitado porque cuando me di vuelta para decÃrselo, me quede pasmado al verla. Hacia menos de un año que Mora trabajaba con nosotros pero jamás le habÃa prestado atención, hasta ese momento.
Se habÃa levantado de la cama asà que no tenia más que un pijama celeste bastante holgado pero aun asà le estaba viendo una figura que, con el uniforme de trabajo de todos los dÃas, jamás habÃa notado.
Quizás fuera producto de mi calentura, lo cierto es que le vi un cuerpazo tremendo. Era algo mas baja que yo (medirÃa más o menos metro setenta), su cabello era castaño y lo llevaba corto a la nuca y su piel era blanca pero si bien no me llamo la atención nunca su belleza, ahora debo confesar que me habÃa quedado impactado con el fÃsico.
Juro que ese uniforme que usaba a diario no le hacia la justicia que le estaba haciendo ese pijama celeste, era espectacular verla allÃ, parada al lado de la cocina esperando que le indicara si me servia la cena o no.
Después de reaccionar, opte por decirle que se fuera a la cama, que era demasiado tarde y que yo me prepararÃa solo la comida. A pesar de que insistió en quedarse, preferà que se fuera porque mi situación fÃsica era demasiado evidente y no querÃa que se diera cuenta.
Mora se fue a su cuarto y me quede en el breakfast apoyado, pensando en mi excitación y en esa tremenda mujer que habÃa descubierto hacia solo instantes.
Cene algo muy frugal y me fui a dormir. Trate de pensar en cualquier cosa con tal de que disminuyera mi calentura y parece que surtió efecto porque caà rendido al poco tiempo de acostarme nuevamente.
No se a que hora llego mi esposa, solo se que al levantarme me dio otro baño, me vestà y al bajar a la cocina volvà a encontrarme con Mora, esta vez enfundada en su uniforme laboral y preparando el desayuno.-
La salude como siempre y mientras se movÃa por la cocina no podÃa despegar mis ojos de ella, fue como una revelación descubrir a esa mujer bajo mi propio techo…., como no la habÃa visto antes ¿?? Como podÃa ser que nunca me hubiera llamado la atención ¿???
Trate de que no se diera cuenta de mi repentina obsesión pero no renuncie a mirarla y admirarla. Desde ese momento, en mi mente comenzaron a aparecer fantasÃas de cualquier clase con ella y sabia que en cualquier momento iba a querer llevar a cabo alguna, solo era cuestión de esperar el momento oportuno para volver a encontrarla a solas en casa.
Mientras estaba en la oficina el cuerpo de Mora aparecÃa una y otra vez. Esta mañana me habÃa dedicado a mirarle las piernas. Eran macizas, fuertes y sostenÃan un torso increÃble. Anoche me habÃa llamado la atención la turgencia de sus pechos atravesando la tela del pijama y esta mañana fue lo primero que le mire.
El uniforme dejaba poco espacio para comprobar algo pero aun asà me detuve en sus tetas y la verdad es que me encanto lo que vi. La parte del arriba del uniforme consistÃa en una pequeña pechera blanca con puntillas que se extendÃa hacia abajo, formando un delantal encima de su uniforme azul y esa pechera blanca era la que se levantaba notablemente y dejaba ver la dimensión de las tetas que anoche se marcaban debajo del pijama.
TenÃa cintura pequeña asà que eso resaltaba más aun su delantera. Desde ese momento me prometà que al menor descuido de Mora, estarÃa comiéndome esos pechos maravillosos. Cuanto tiempo habÃa perdido al no notarla en mi casa ¡!!! Bueno, no importaba, de alguna forma compensarÃa esas horas desaprovechadas.
Pasaron unas cuantas semanas desde aquel dÃa en que descubrà a la maravillosa mucama de mi casa y en ese tiempo las fantasÃas mas locas cruzaban mi mente. Siempre fui muy activo en el sexo y en mi mente bullÃan miles de situaciones que querÃa vivir asà que estaba dispuesto a poner alguna que otra en practica en cuanto Mora bajara la guardia y si no la bajaba, no quedaba mas que dejarle en claro quien era el que mandaba en la casa.
Una mañana como cualquier otra, antes de salir para la oficina, mi esposa me comenta que ese dÃa tendrÃa que concurrir a una reunión de madres en el colegio de los chicos con lo cual no estarÃa de regreso hasta el mediodÃa.
Dentro de mà comenzó a gestarse la idea de quedarme y aprovechar la oportunidad para encargarme de lo que hacia tiempo me desvelaba: Mora. Salà para la oficina normalmente, pero ya con la idea de regresar en el momento en que sabia que se quedaba sola en la casa. Era el dÃa ideal, no quedaba nadie mas que ella y yo solos, era ese dÃa o nunca.
Regrese cuando me habÃa asegurado de la partida de mi esposa, entre sigilosamente por la puerta de servicio, la busque y la encontré en mi cuarto, limpiando los muebles lentamente, con la cadencia que habÃa notado que tenÃan sus caderas al moverse, pasando la franela por encima del mueble del televisor, concentrada en su trabajo.
Al escucharme entrar en el cuarto, se sobresalto. - Señor, no lo escuche llegar, sucedió algo ¿?? - No, por que ¿?? - Es que es raro que venga a esta hora……. Lo puedo ayudar en algo ¿?
Creo que en forma inconciente dio en la tecla con esa pregunta, claro que podrÃa ayudarme, solo que ella aun no sabia como.
- Si, Mora. La verdad es que no me siento demasiado bien asà que regrese para quedarme en casa, serias tan amable de prepararme una taza de te ¿??? - Como no Señor, enseguida se la alcanzo.
Aproveche que bajo a la cocina para quitarme la ropa, quedarme solo con mi bóxer y meterme en la cama.
Cuando subió con la bandeja y la taza de te, se reclino sobre la mesa de luz que estaba a la derecha de mi cama y al apoyarla allÃ, sorpresivamente, la tome de las muñecas con cierta fuerza, para que no tuviera tiempo de escapar.
- Señor, que sucede ¿?? - Nada, Mora…. Por que ¿? - Es que…., no entiendo…. Que hace ¿?? - Mora, querida…. Nunca te dijeron que sos muy bonita ¿?? - Señor, discúlpeme pero creo que tengo que retirarme…. - No, para nada…. Acaso no me preguntaste si podÃas ayudarme en algo ¿?? - Si, pero…. me referÃa a si necesitaba algo…. si querÃa que … - Justamente Mora, necesito que te quedes acá, que seas cariñosa conmigo…. - Por favor, Señor…. Déjeme ir … - No, todavÃa no…. Quiero que te quedes acá, que seas buenita conmigo…. - Señor, por favor…. déjeme salir….
Sus muñecas se retorcÃan entre mis manos, querÃa escapar, su rostro estaba desencajado, podÃa sentir como subÃa su nivel de adrenalina ante una situación que le estaba dando temor y eso solo hizo que me excitara más todavÃa.
- No Mora, no te vas a ir…. Quiero que te quedes acá y es una orden … - Señor, por favor, no me haga esto ¡!!
Su voz habÃa dejado de ser una suplica para convertirse en un sollozo semi ahogado pero no me importaba, querÃa llegar hasta el final.
AsÃ, mientras sostenÃa sus muñecas entre mis manos, me levante de la cama y me plante frente a ella, empujándola contra mi cuerpo, para que sintiera la incipiente erección que estaba asomando entre mis piernas y terminara de darse cuenta de lo que le esperaba.
- Sos muy bonita, sabias ¿?? No tenia idea del cuerpo precioso que tenes…. sentÃs como me gustas ¿??
Asintió con la cabeza pero seguÃa mirándome aterrada, sin entender hasta donde llegarÃa todo eso.
- Quiero que te quedes quieta y hagas todo lo que te pido - Señor, por favor, no me haga daño ¡!! - No preciosa, no te preocupes …
Nada de lo que le dijera la calmaba, seguÃa forcejeando, seguÃa con la idea de irse, no querÃa quedarse allÃ, estaba demasiado asustada pero ya se le pasarÃa, confiaba en que terminarÃa saliendo todo a pedir de boca.
Solté sus manos pero la encerré con mi cuerpo y con las mÃas, le desgarre el uniforme. Ante mis ojos salto su soutien que apenas sostenÃa esos pechos enormes con los que habÃa fantaseado desde hacia semanas.
Como un lobo hambriento comencé a besar su pecho, a dejar resbalar mi boca por su carne mientras sentÃa como sus piernas se tensaban y buscaban una salida entre las mÃas.
- Señor, por favor, nooooo ¡!! - Shhhhhhh, callate ¡!! Acá el que da las ordenes soy yo ¡!!! - No, por favor, nooooo ¡!!
Mientras seguÃa protestando, la tumbe en la cama, termine de romperle el uniforme y la contemple parado al lado de la cama. Mi pija ya estaba asomándose por encima de mis boxer y su cara de pánico al ver mi abultada entrepierna, me excito más aun.
En un descuido intento levantarse de la cama pero volvà a empujarla contra ella y la inmovilice con mis brazos a los costados de su cuerpo.
- Te dije que no te irÃas de acá, entendiste ¿??
Mora solo sollozaba, ya ni siquiera protestaba, estaba tomando conciencia de lo que pasarÃa y sabia que no tenia escapatoria.
Su cuerpo yacÃa sobre la cama, tendido, solo cubierto por su ropa interior. Su respiración agitada hacia que sus tetas subieran y bajaran a un ritmo vertiginoso y ese movimiento me estaba matando, eran unas tetas increÃbles y estaban a mi merced.
Sin darle tiempo a nada, tome de mi mesa de luz un par de pañuelos de seda que siempre tenÃa allà para "ciertas ocasiones eróticas "que vivÃa con mi esposa y lentamente ate sus muñecas a los barrales de la cama.
Cuando Mora vio esto, abrió mucho mas sus ojos y comenzó a gritar sin control asà que una vez que sus manos estaban atadas y sabia que no se moverÃa le vende la boca con un pañuelo de mano, para que sus gritos no se escucharan desde ningún lado.
Asà quedo mi mucama, a mi merced, dejando bajo mi lasciva mirada su cuerpo, invadiendo mi mente con miles de fantasÃas que cumplirÃa en ese instante, rigurosamente.
De un solo tirón le quite su soutien y libere sus tetas. Dios mÃo ¡!! Que panorama maravilloso era verlas libres de cualquier atadura ¡!! Sus pezones eran enormes y estaban duros pero del miedo, el miedo habÃa invadido por completo su cuerpo, lo tensaba más y hacia que sus tetas se vieran más duras de lo que parecÃan.
Baje con mis manos hasta su tanguita y también la rompà de un solo manotazo. Casi me quedo sin aliento al ver su concha. SobresalÃa entre sus piernas, era descomunal y estaba perfecta y prolijamente depilada. En una fracción de segundo me pregunte cuantas bocas se la habrÃan comido antes pero decidà que como yo, ninguna.
Mora, en su desesperación, retorcÃa sus piernas dado que era el único medio de protesta que aun le quedaba libre asà que decidà ir hasta mi armario y con un par de chalinas de mi esposa, atar también sus pies a la cama.
Cuando ya estaba completamente indefensa, me aleje de ella y la contemple parado frente a la cama. La fantasÃa de experimentar una violación siempre habÃa poblado mi mente, la idea de someter a alguien siempre me habÃa excitado pero nunca la habÃa podido llevar a cabo y ahora tenia a esta hembra en mi cama, muerta de miedo por lo que le podÃa llegar a pasar, con unas tetas insuperables y una concha abierta para mi, que seguro estaba contraÃda por miedo, que se habrÃa cerrado solo frente a la idea de lo que vendrÃa, situación que me calentaba mas al pensar lo estrecha que estarÃa por dentro, lo tensos que estarÃan sus músculos, el placer que me ocasionarÃa meterle mi pija y sentir como me costaba entrar cada vez mas.
Mora habÃa optado por cerrar sus ojos, sabÃa que no le quedaba nada por hacer pero eso, en vez de preocuparme, me alentó más.
Deje caer mis boxer y liberé mi erección. Con una sola orden la obligue a mirarme.
- Ves mi calentura ¿? Ves mi excitación ¿? Te das cuenta de que esta pija esta asà para vos ¿?
Mora abrió los ojos y al ver mi pija parada dejo escapar una mirada de pánico increÃble. Me fui acercando a ella y con la pija en mi mano, le acaricie de costado las mejillas, mientras por sus ojos se deslizaban algunas lágrimas de terror. El contraste de la blancura de su piel con la rosada cabeza de mi miembro erecto era algo para un cuadro, sentir con la piel de mi sexo la tersura de las mejillas de quien era mi vÃctima, solo hacia que me calentara más.
Mi pija ya estaba húmeda asà que a medida que al dejaba deslizar por su cara, veÃa como ciertas gotas de esa humedad quedaban allà y solo me detenÃa un segundo para poder lamerlas con mi lengua, humedeciéndole la cara con mi saliva.
En su rostro se mezclaba el sabor de mi saliva, de mi semen y de sus lágrimas y era una combinación casi letal para mÃ, querÃa seguir pero no querÃa nada apresurado, tenia tiempo y deseaba gozarlo a fondo.
La misma operación la repetà a lo largo de su cuerpo, con mi mano guiaba mi miembro por sobre su piel, le acaricie las tetas, le deje un hilo de semen en sus pezones, su abdomen y sus muslos.
Mora estaba como inconsciente, no se movÃa, solo me miraba de forma desorbitada.
- Vas a ver que bien la vamos a pasar, preciosa ¡!!
Dicho esto me incline sobre ella y me dedique a morderle las tetas. Hacia semanas que esperaba ese momento, hacia semanas que soñaba con chuparle esas tetas magnificas que tenÃa y ahora me las estaba comiendo una a una.
Al sentir mi peso sobre su cuerpo, Mora intentaba retorcerse pero como no podÃa, solo elevaba sus caderas en señal de protesta y eso hacia que, con cada movimiento, rozara con su abdomen mi sexo mientras mi boca seguÃa encargándose de sus pechos.
El roce de su piel refregándose involuntariamente contra mÃ, aumentaba el nivel de calentura que traÃa asà que no le dije nada y deje que siguiera pataleando porque, sin quererlo, me estaba excitando más y mas.
Que manera de chuparle las tetas ¡!! Las tomaba con mis manos, las masajeaba casi brutalmente, las mordÃa a gusto y muy a pesar de ella misma, sus pezones estaban reaccionando, se ponÃan más y más duros y hasta llegue a sentir que temblaban cuando mi lengua los lamÃa y los llenaba de saliva
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