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Autor Tema: Hetero viaje fructí­fero  (Leído 286 veces)
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« en: Junio 06, 2006, 09:41:01 »

Debo confesar que sin ser un empedernido usuario de las páginas de relatos eróticos o sexuales, representan para mi una ventana interesante a la diversión y a la exploración de las diferentes formas que tiene la gente para sacar sus fantasí­as a la luz y en otras ocasiones, como esta, de contar situaciones, donde el deseo, la lujuria y el sexo están como actor principal en sus vidas. ¡Que viva el buen sexo!



Voy a empezar intentando describir de la mejor manera los dos personajes principales de esta historia. Somos de Colombia. Los llamaremos Ricardo (yo) y Estela (Ella). Empecemos por describirla; Estela es una mujer de tez morena acanelada, con un brillo intenso en sus ojos y con unos labios que invitan al juego sexual, con carnes firmes y torneadas, de unos 1.65 metros de estatura, de pelo negro azabache lo mismo que sus ojos, con unas tetas no muy grandes, pero turgentes y altivas, con un culo paradito y redondo, sostenido por unas piernas firmes y tersas. De mi parte, mido aproximadamente 1.70 de estatura, 29 años, de tez morena y cuerpo digamos semiatlético, para no osar de sobrado, debo decir, que no pocas me miran con ojos de lujuria y que tengo una mirada que llaman "inquietante" que se convierte a la hora de la conquista en una muy buena arma. Ambos somos casados.

Ahora sí, al punto. Por razones económicas me encuentro trabajando en una ciudad distinta a la que vive mi familia nuclear (esposa e hijos), razón por la cual cuando el trabajo me lo permite me desplazo a visitarlos. Fue en uno de esos viajes cuando conocí a Estela. Llegué un poco atrasado a la terminal de transporte de donde debía tomar el bus que me llevaría a visitar a mi familia; esta circunstancia hizo que, como no tenía reservas de pasajes, aceptara irme en el único puesto que había; el último de la parte trasera del bus, por lo que debí atravesar totalmente el bus al subirme a buscar mi puesto asignado. En la mitad del recorrido hasta mi silla, estaba esa morena hermosa sentada y a su lado una señora avanzada en edad. Debo decir que desde que puse mi primer píe en el bus sentí que alguien me estaba mirando y cuando llegué hasta la mitad del mismo supe que era ella; ya toda mi sensualidad y sexualidad estaba encendida de tal forma que cuando nuestras miradas se cruzaron sentí la sensación de querer estar a su lado besándola, acariciándola y luego supe que ella sintió algo parecido.


Pero no había caso, el sitio a su lado estaba ocupado y era por su mamá, supuse en ese momento. Transcurrió un viaje de seis horas en el cual solo hubo una parada en el camino, la cual fue aprovechada por mí para intentar abordarla, cosa que fue imposible. Sin embargo no dejábamos de mirarnos y decirnos cosas con los ojos: me gustas, te deseo….. ya en la ciudad de destino, las cosas cambiaron un poco, pues yo estaba decidido a hacer lo que fuera para obtener por lo menos su ubicación o algo que me dijera donde y como volver a verla. Pues oh! Sorpresa, la señora que iba a su lado solo era una casual acompañante de viaje, al percatarme de esto y al ver que llevaba tres maletas de viaje, me ofrecí a ayudarle, cosa que al parecer estaba esperando; pero como el trayecto hasta donde debía coger el automóvil que la llevaría hasta "su casa" era corto, y a mi me estaban esperando allí mismo en ese lugar, solo hubo tiempo para ver con muchos deseos el contonear de ese hermoso culo vestido de jeans ajustados y de paso pedirle que me diera el número de su teléfono móvil.


Como con mi mujer tengo una buena relación en todo sentido (sexual y sentimental), llegué a suplir mis ausencias, sin embargo no dejaba de pensar en aquella mujer tan sensual y enigmática. Al cabo de dos días decidí llamar al número que me dio y me identifique, a lo que me respondió que estaba esperando mi llamada. Que excitante fue escuchar aquellas palabras. Hablamos de muchas cosas, entre ellas que ambos éramos casados y quedamos de volver a hablarnos. Solo pude aguantar hasta el día siguiente para volver a hacerlo, con una horrible pero momentánea sorpresa; contestó la voz de un hombre no muy amigable a lo que respondí preguntando por otra persona para no embarrarla. Debe ser su marido, pensé de inmediato y como mis pequeñas vacaciones eran solo por cinco días, al día siguiente me tocó viajar. Sentía que se me iba la mejor oportunidad de tirarme una canita al aire con esa mamacita tan buena, que emanaba tan ardientes deseos sexuales. Pero cual sería mi alegría cuando llego al terminal y lo primero que ven mis ojos es a ella, envuelta en una sudadera que resaltaba su culo redondo y bien parado y un polo cuyos botones abiertos dejaban entrever un par de tetas medianas y duras de un color moreno irresistible, mi verga salto como una catapulta ante semejante esplendor. Solo atiné a decirle: hola, te llamé; pero me contestó un hombre con voz de pocos amigos. Ella se sonrió y me contestó: eso no importa aquí estamos, además el que te contestó era un sobrino, mi marido vive en la ciudad para donde vamos, ahora viajo con mi sobrina.


La adolescente de unos 12 años descollante en belleza y altivez como su tía perteneciente a esa andanada de "niñitas" que aparentan más edad y son coquetas por naturaleza. ¡Que hermosas!. Que contraste, que tormento, tan cerca, con tantas ganas y sin poder desatar todas nuestras ganas. Hablamos un poco antes de partir y luego en las dos paradas del bus también y cada vez que podíamos nos mirábamos reafirmando más nuestras ganas.


Llegamos a nuestro destino, ahora era ella a quien esperaban. Preferí bajar rápido del bus para no dar sospechas y me fui hasta mi casa con las ganas más intensas que sentía. En la noche de ese mismo día la volví a llamar y su voz sonó a súplica: quiero verte, no sé que me pasa contigo, deseo verte y tocarte. A lo que yo solo atiné a responder te deseo!. Concretamos la cita para el siguiente día a las 5 de la tarde en lugar donde ella me recogería para irnos a un lugar donde pudiéramos estar sin peligro de que nos vieran. Así fue a las 5 de la tarde de ese día martes estaba ella recogiéndome en un taxi vestida con una blusa roja de escote pronunciado y un pantalón negro que se pegaba a sus carnes firmes y enloquecedoras con un aroma a sexo impregnado en todo su cuerpo que le daba una atmósfera irreal, de locura, de trance al vehículo, donde íbamos. No quise perder tiempo y después de darle un suave beso en su mejilla le ordené al conductor que nos llevara al motel más cercano de donde estábamos. No tardamos 10 minutos en llegar a un lugar discreto, limpio y apacible. Entramos y había hecho ya su aparición el componente infaltable de ese trance tan maravilloso: el miedo, pero de la especie de aquel que no es tanto para no permitir hacerlo, sino más bien que enciende aún más las antorchas del deseo y la lujuria, esas si, un tanto ciegas pero deliciosas.


Entramos y no dijimos palabras, nuestros labios se fundieron en el más ardientes beso, nuestras lenguas se rozaban y exploraban nuestras bocas como buscando encontrar los puntos exactos del éxtasis total, mientras esto mis manos recorrían su espalda hasta llegar a ese culo tieso y redondo y pellizcar delicadamente esas nalgas preciosas a la vista y al tacto, mis manos se devolvieron arriba y buscaron sus tetas y las rozaron primero delicadamente, hasta sentir la turgencia de sus pezones ser pellizcados por encima de esa tela suave. En tanto ella no se quedó atrás; sus manos recorrían mi ancha y fuerte espalda y manoseaba mis nalgas y me atraía hacia su cuerpo mientras movía su pelvis para rozar su clítoris contra mi bulto que parecía una barra en su máxima grado de calor y tensor.


El tiempo y el espacio desaparecieron; de un momento a otro, estábamos tirados en la cama ya sin nuestras prendas superiores y agitados y apresurados por hacer lo mismo con las inferiores, todo esto sin dejar de besarnos en la boca y el cuello y nuestras manos sin dejar de explorar el calor que despedían nuestros cuerpos. Mi habilidad se agudizó al punto de que con una sola mano desabroché su hermoso brasier quedando sus tetas al contacto con mi pecho y sintiendo un calor en nuestro roce sin igual. Nuestros pantalones volaron por los aires y entonces empecé a bajar por su cuello mientras su respiración era a cada momento más acelerada; besos suaves y pequeños mordiscos, sus tetas paraditas con esos pezones de un color un poco más fuerte que el del resto de su piel daba un contraste que no permitió más preámbulos; me lance a acariciar esas irresistibles montañas con mis labios y lengua para luego de una vez por todas chupar delicadamente tan deliciosas cumbres con sabor a puro deseo, ella dejó exhalar un gemido profundo y fuerte AHHHHHMMMMM, seguido y sostenido. Estaba gozando mientras yo alternaba el goce con sus dos hermosas tetas. En tanto mis manos acariciaban la parte interior de sus muslos y se acercaban a su zona vaginal cada vez más caliente. Demoré lo suficiente y fui bajando con mi boca por su plano vientre y sus quejidos aumentaron, se hicieron más cortos pero más seguidos. Revolotié un buen rato por aquellos terrenos hasta sentir el momento adecuado cuando de su boca salía la expresión ASÍ ASÍ ASÍ PAPITO ME VAS A VOLVER LOCA, al tiempo besé sus labios vaginales y empecé a introducir uno de mis dedos en su vagina, húmeda y caliente, paso seguido empecé a jugar poco a poco con su clítoris rosado hasta el punto de ver como arqueaba su cuerpo al máximo y me suplicaba MÉTEMELA, PAPITO, NO AGUANTO MÁS.


Mi verga estaba que estallaba, y había líquido seminal en su punta, sus gruesas venas parecían a punto de estallar y también me pedía a gritos penetrar esa cueva hermosa. En una de sus repetidas arqueadas productos del goce recibido por mi lengua que se paseaba desde su clítoris hasta su hermoso ano, me incorporé quedando en una posición en la cual mis manos quedaron atrás soportando mi cuerpo que estaba semisentado y mi verga como su única arma blandiendo en el aire, como pidiendo batalla. En el momento en que después de su arqueada su cuerpo bajó esperando encontrarse con la mullidez del colchón, encontró para su fortuna e inmensa gloria, mi verga en su máxima expresión entrando de un solo trancazo en su gruta ya chorreante y caliente como un horno. Su grito fue delicioso: ASIIIIIIIIIIIIIIII PAPACITO, ERES LO MÄXIMO AAAHHHHMMMM CULEAME ASIIIIIIII. Su cuerpo se retorcía como poseído por resortes incontenibles, su vagina apretaba y soltaba mi verga en cada embestida, cada vez con mayor fuerza, la sensación era de locura y no pudimos aguantar; mientras un temblor recorrió todo mi cuerpo y poderosos chorros de mi semen inundaron su hermosa cueva, ella solo repitió ASÏ ASÏ ASÏ ASÏ ASÏ, ERES LO MÄXIMO y dejó que su cuerpo se relajara quedando tendida sobre mi cuerpo bañado en sudor y aromas de sexo y locura.


Luego de unos 15 minutos, seguíamos en una burbuja con olor a solo sexo y lujuria, el mundo exterior no existía para nosotros, cuando de pronto su voz me trajo de nuevo a este mundo; me dijo que era la experiencia más loca, pero deliciosa y sublime que había tenido, que hubo algo que no le permitió detenerse ante mis miradas, mis palabras y mis caricias; le respondí con un beso en sus hermosos labios, con tanta pasión, que mi arma sexual brincó inmediatamente como respuesta. No pudimos frenarnos, mi verga buscó su cueva que caliente estaba y pasamos a una culiada donde afloró la ternura, los movimientos suaves y cuidadosos sin disminución del goce y por lo menos por parte de ella muy evidente, ya que a los no más de 5 minutos estaba teniendo su segundo orgasmo sin dejar de besar mi cuello y de decirme que iba a ser mía siempre, que yo era lo mejor que le había pasado. En el poco tiempo que nos quedaba para bañarnos y cambiarnos, dado que esta es una relación de infidelidades y no se puede dar papaya para que nos pillen, me confesó que en un principio venía con la intención de que fuera esta única vez y que no nos volviéramos a ver, después de esto no pensaba dejar de seguir gozando y haciéndome gozar como hoy.

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