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Autor Tema: Hombre la tabernera me hizo un hombre  (Leído 411 veces)
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« en: Junio 08, 2006, 01:35:16 »

Me llamo Juanson, y tengo veinte añitos. Soy muy bisoño en esto del sexo: lo reconozco, para mí­ es muy reciente el descubrimiento de la más maravillosa de las experiencias que puede tener un ser humano. Verán, hace unos meses me di cuenta de que amaba a una mujer, mucho mayor que yo.



Al mismo tiempo, un amigo me regaló un montón de revistas de la Editorial Erospress, de Barcelona. Las cuales desconocía, pues no acostumbran a venderlas en el pueblecito de Galicia en el que nací y vivo.
Hoy, por primera vez, me dirijo a esta editorial, a la sección de cartas de PRETTY WOMAN, que es la que más me gusta de todas las revistas que me pasó mi amigo, para contar a los lectores cómo descubrí mi inclinación hacia esa mujer mayor que yo, y cómo las revistas que me regaló el amigo influenciaron mi relación con ella. No somos muchos los jóvenes en mi pueblo, y, como es natural, los pocos que somos formamos parte de una única panda de amigos de cuadrilla, pues coincidimos casi todas las noches en el único bar del pueblo. El bar es de una viuda joven, la MAriana, de tan buen ver que en el pueblo se la conoce, familiarmente por «MAriana la Tetona». Yo, como los demás chavales del pueblo, había hecho muchas bromas obscenas sobre las tetas de la MAriana... y el resto de su cuerpo, y más de una noche me la había machacado pensando en lo buena que estaba la viuda del bar... Y un día se produjo el milagro. Era poco antes de las fiestas del pueblo y todos estaban trabajando en preparar los distintos festejos. Yo habíAl cabo, exhaustos, nos desplomamos en las sillas de una de las mesas del bar. MAriana se levantó, sirvió un par de cervezas del grifo y, antes de venir a sentarse de nuevo conmigo, hizo algo raro, cerró la puerta del bar con el pestillo, colgando el letrero de «cerrado». Tras un primer trago ansioso, que apagó la sed y se llevó la mitad del tanque, la miré. Ella también me miró, calculadoramente.
«Dime, Juanson, ¿me deseas?» Me quedé helado, sin saber qué contestarle, por lo que insistió: «Quiero decir si querrías follar conmigo... »
«Bueno, MAriana... ya sabes que estás muy buena —balbuceé—. Y también el problema que tenemos los chicos del pueblo: con las chicas no hay quien se lo monte sin pasar antes por la vicaría, así que si uno no se va a la capital y se lo monta con una puta, lo tiene mal... »
«Si tú crees tener un problema, no veas el que tiene una viuda joven como yo —se me sinceró la tabernera—. Si te lo montas con alguien, eres una puta y, aun que no hagas nada, siempre habrán comentarios maliciosos. Y lo peor es que una no es de piedra... Creo que tengo derecho a acostarme con el que me dé la gana, y a nadie le importa nada mi vida privada. Me debería poder acostar con quien quisiera del pueblo, si ambos estamos de acuerdo. Y nadie tendría que condenarme por ello. En mi cuerpo mando yo, ¿no?»
«Sí, pero no —le contesté, poniendo una de mis manos encima de una de las suyas—. Mira, nosotros dos estamos de acuerdo, porque el cuerpo nos lo pide... Pero los demás no opinan igual: ya sabes lo que dirían, por ejemplo, si tú y yo nos fuésemos a la cama.. ¡Un chico joven y una mujer mayor que él! El escándalo estaría servido. »
Aquel tema de conversación me excitaba, y pronto el acampanamiento de mis pantalones en la zona de la bragueta se lo dejó también claro a la MAriana. Sentí cómo se le enternecía el cuerpo, cuando se le escapó la mirada hacia mi entrepierna. Instintivamente nos fuimos acercando, poco a poco, hasta estar muy juntos, y su mano vino a explorar el bulto tentador.
Naturalmente, lo que tenía que pasar, pasó. Era tanta mi hambre que, al simple toque de su mano sobre mi erección, me corrí rápidamente. Y en aquel éxtasis provocado por el toque de la mano de la tabernera, sentí un placer muy distinto al que había sentido tantas otras veces antes, cuando me la cascaba en solitario.
«Vaya... sí que tenías necesidad —me dijo la MAriana, sonriente—. Mira, Juanson








, me apetece acostarme contigo, pero ahora tengo mucho trabajo... ¿Por qué no te escapas y pasas a verme de madrugada, justo cuando cierre el bar?»
¿Qué otra cosa podía hacer que quedar con ella para aquella misma noche? Eran apenas las seis y media de la tarde, y en el pueblo solemos retirarnos hacia la una o una y media de la madrugada. ¡Se me iba a hacer larguísima aquella espera! Sobre todo porque ese noche decidí no ir al bar, como siempre hacíamos los chavales, más que nada para que no se me viesen los nervios mirando a la MAriana.
¡Vaya si se me hizo larga la esperar! Tanto, que tuve que volverme a hacer una paja, de nuevo a solas, reviviendo el poco rato que habíamos estado los dos juntos en el bar, y el toque de
su mano en mi polla erecta, que me había hecho correrme al instante. Luego, cuando tras la eyaculación me volvió algo de sentido común, empecé a pensar y busqué encima del armario de mi cuarto, en donde guardaba las revistas que me había regalado el amigo.... Empecé a mirarlas y me dije que era, exactamente, lo que necesitaba. Las metí en una bolsa y salí, sin que nadie me viera, rumbo a la taberna.
MAriana ya había cerrado y recogido, y me estaba esperando. Subimos la escalera hasta el piso de arriba, su vivienda y, en un abrir y cerrar de ojos, estábamos en la cama, morreándonos y metiéndonos mano como si en ello nos fuera la vida... Nuestro primer coito fue sensacional; pero al poco mi miembro, de nuevo erecto, me indicó que ya estaba preparado para el segun do asalto.
Fue entonces cuando saqué las revistas y le enseñé a la viuda tabernera las cosas que hacían los hombres y las mujeres que posan para estas publicaciones. Nuestro segundo polvo fue, se lo aseguro, mucho más sofisticado. Ese fue el comienzo. Han pasado varios meses y MAriana y yo tenemos una relación estable, discretamente mantenida, pero que, no lo dudo, todo el pueblo se barrunta. No me importa. Follamos como dioses y probamos todas las posturas, por difíciles que sean que vemos en las revistas que ustedes publican. Por ello, les doy las gracias.
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