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« en: Junio 08, 2006, 01:34:50 » |
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Esta historia empezó cuando me trasladé por razones de trabajo a la ciudad en la que habÃÂa vivido mi esposa toda su juventud y donde estaban sus padres.
La habÃa conocido cuando ella estudiaba en la cuidad donde yo vivÃa. Era una chica hermosa de 19 años, su pelo obscuro contrastaba con sus claros ojos verdes y su cola perfecta era el comentario de todo el club donde yo trabajaba dando clases de tenis junto a mi padre. Yo tenia 24 años en esa época e inmediatamente me anote en las clases de natación a las que ella concurrÃa. Asà nos conocimos y después de un largo noviazgo, cuando ella termino su carrera, nos casamos y fuimos a vivir a la ciudad de donde era ella.
Allà construimos un par de canchas de tenis y empece a dar mis clases al poco tiempo.
En un principio los alumnos eran todos pequeños, de entre 6 y 10 años, ya que los mayores tenÃan su profesor y lugar al que estaban acostumbrados, asà que todos mis esfuerzos eran por captar a los pequeños.
Pasaron los años tranquilamente hasta que un año se organizo un torneo en una cuidad vecina, al que concurrà con un grupo de chicos y chicas, entre ellos habÃa un par de compañeros que habiéndose conocido en mis clases eran novios, el se llamaba Chelo y ella Leticia.
A Leticia la conocÃa desde muy chica, ya que concurrÃa desde que tenia 9 años y en ese momento tenia 14 años, en cambio Chelo habÃa empezado un año antes y tenia 15 años.
Sinceramente Leticia era la más linda del grupo, tal vez la palabra correcta seria sexy o atractiva, ya que su belleza era algo normal, pelo castaño ojos marrones y cara de nena, pero lo que no era nada común era su fÃsico privilegiado, que nunca pasaba desapercibido a causa de su atrevida vestimenta y sus comentarios llenos de dobles sentidos.
Asà que no me causo ninguna sorpresa que Chelo me pidiera que los ubique juntos en una habitación, yo en un principio me negué, no podÃa arriesgarme a hacer algo asÃ, si alguno de los padres se enteraba de eso me mataban en el estricto sentido de la palabra.
Pero algo cambio, le explique a Chelo que no podÃa hacer lo que me habÃa pedido y el respetuosamente acepto mi decisión.
Un par de dÃas después, Leticia llego unos minutos antes, vestida tan provocativa como siempre y eso despertó mi morbo, sus redondos pechos escapando por el escote de su remera me volvÃan loco.
Asà que le pregunte si Chelo
le habÃa consultado sobre el pedido que me habÃa hecho, ella me contesto que si, que habÃa sido idea de ella, que era la ocasión que estaba esperando y tÃmidamente me confeso que era virgen y que querÃa dejar de serlo.
Inmediatamente cambie las reservaciones del hotel y los coloque juntos en una habitación contigua a la que ocuparÃa yo…
Al otro dÃa compre una cámara de vÃdeo casera.
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