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Autor Tema: Iniciacion sobre mis iniciaciones (parte I mi primer contacto sexual).  (Leído 424 veces)
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« en: Junio 08, 2006, 01:32:27 »

Todo comenzó en forma muy natural. Una detrás de otra, las amigas nos í­bamos confiando nuestras experiencias con los muchachos, nuestros novios, jovencitos de nuestra edad o un poco más, e igualmente inexpertos que nosotras.




Las historias eran muy parecidas... Al principio yo sólo escuchaba y preguntaba; pero nunca olvidaré el día que Marcela, una de mis amigas, llegó por fin a platicarnos... que un día antes por la noche, su novio le había desabotonado la blusa y había acariciado sus senos... y ella había sentido "esa" humedad en sus calzoncitos, como nunca antes... Un poco divertida nos explicó que, al despedirse de él, cerca de su casa, había notado una gran mancha húmeda en sus pantalones.

Nuestras risas eran "nerviosas"... Al conversar entre nosotras queríamos despejar nuestros temores y ganar un poco de seguridad, pero lo único que lográbamos era más ansiedad e inquietud... La descripción de Marcela hizo surgir en mí una gran duda. José, mi novio, nunca había intentado nada semejante. Supongo que él era un buen chico, cuya única falla fue despertar sexualmente después que yo. Todavía ahora es un buen chico y creo que es un buen marido...

En fin... las circunstancias siempre se acercan a uno... Un día tuvimos un viaje de estudios en la secundaria. Fuimos a Veracruz, con las monjas del colegio y algunos profesores cuidándonos. Íbamos odos apretados en varios autobuses, y conforme nos acercábamos, hacía cada vez más calor. Salimos en la noche temprano, para llegar en la mañana y así ahorrarnos una noche de hospedaje; pero apenas eran las 12 de la noche y nuestro profesor no podía controlar el escándalo que hacíamos. Muy molesto, deshizo nuestro grupito reacomodándos en el autobús. Estaba muy agusto con mis amigas, así que a regañadientes me cambié de lugar. El profesor nos regaño a todos e insistió en que cerráramos las cortinas del autobús. Rápidamente me dormí, en realidad estaba cansada...

En algún momento de la noche o de la madrugada (nunca sabré cuando exactamente) me desperté. Sentí una mano debajo de mi blusa. Me alerté y di un pequeño salto en mi asiento... pero esa mano me sostuvo firmemente en mi lugar. Apenas logré escuchar un ¡¡¡¡ssshhh!!! entre el gran silencio apenas roto por la vibración del motor del autobús. Otra mano me detuvo del brazo... con fuerza pero sin lastimarme Suavemente continuó aquella caricia: un roce suave, cálido, apenas perceptible. Advertí que era agradable, muy agradable para mí... Rodeaba mis senos y tocaba mis pezones como por casualidad... viajaba a mis axilas, a mis brazos y regresaba. Poco a poco me fui relajando, cerré los ojos y lo disfruté. "Finalmente sucedió" pensé "y me gusta". Creo que me fui quedando semidormida. No había prisa... Y sentí que continuaba... simplemente me relajé... Después de todo eso era lo que yo estaba buscando.

En la casi absoluta oscuridad, generada por las cortinas del autobús, no podía verlo. No estaba segura de quién era, pero lo sospechaba. Había notado algo raro en su mirada, pero no le había dado importancia. Quizás era mi profesor... el que nos cuidaba en ese autobús... y a quien varias veces había sorprendido admirando mis piernas durante la clase de matemáticas. Pero... ¿cómo había llegado a sentarse ahí? ¿Cómo se atrevía con una de las monjas ahí cerca? Además, cuando me dormí ese lugar estaba ocupado por una de mis compañeras del salón...

Mientras mi profesor (según lo suponía) continuaba, comencé a sentir esa humedad, que me era un poco familiar. La sentía cuando escuchaba a mis amigas... pero la inquietud, ahora, me hacía responder de una manera diferente... simplemente parecía que mi cuerpo reaccionaba ajeno a mi voluntad... el estremecimiento... el calor... sucedían independientemente de lo que yo quería. Y cuando sentí sus dedos apretando suavemente mis pezones... no pude evitar un pequeño quejido que me desconcertó... ahora sé que era de placer... La humedad creció... Estoy segura de que mi profesor se percataba de lo que yo estaba sintiendo.

Aquella mano bajó hasta mi pierna... De pronto yo estaba extraordinariamente consciente de la tela de mi falda sobre mi piel. Tomó la falda y la subió un poco, sólo lo suficiente para tocar mis rodillas. Su mano ahora alternaba suaves caricias con ligeros apretones... sabía exactamente lo que estaba haciendo, pues ahora sé que ese tipo de caricias sólo las conoce un experto. Aunque sus movimientos eran hacia arriba y hacia abajo, tenían una trayectoria muy clara... subían entre mis piernas...

Yo no podía evitar ese ligero movimiento de mi cadera. Supongo que debí resultar muy incitante... Tenía calor y sentía cada vez más sudor. Y de pronto todas aquellas sensaciones se hicieron pequeñitas en comparación con la oleada que me invadió. Aquella mano en mi entrepierna, apretando suavemente, haciendo a un lado mis calzoncitos y abriéndose camino con los dedos. Fue maravilloso sentir mi piel reaccionar con aquellos diestros movimientos, lubricados por mis jugos. Sus dedos iban y venían desde mi clítoris hasta la entrada de mi vagina, como explorando el territorio. Yo ya no podía contener mis movimientos ni mis expresiones de placer...

Y entonces escuché aquel susurro, aquella pregunta que me confirmó su identidad... "¿Eres virgen?". Con una voz temblorosa respondí que sí. "No te haré daño, me dijo". Como una ráfaga pasó por mi mente la idea de si sería así como perdería mi virginidad; pero no tuve mucho tiempo para seguir preguntándomelo... cuando comenzó a mover sus dedos en círculos, rítmica, sutil y delicadamente alrededor de mi clítoris, sin tocarlo. Otro quejido salió de mi garganta... "¡¡cuidado...!!" me dijo... y me besó en la boca, abrió sus labios y con su lengua entreabrió los míos. Yo sentí mi clítoris cada vez más durito, y algo se iba ensanchando dentro de mí.

Aquellas sensaciones mezcladas comenzaron a recorrer todo mi cuerpo: mis brazos, mis piernas, mis senos, todo respondía como si algo hubiera invadido mi sangre y mis músculos. Sus besos, sus dedos ... La cantidad de agua que salía de mi entrepierna había mojado por completo mis calzoncitos y asiento del autobús.

De pronto se separó un poco y sentí un suave empujón con una de sus manos, que aprovechó para sacar mis calzoncitos con la otra. Los guardó en algún lugar que nunca conocí. Al regresar a mí, aprovechó para empujar y separar mis piernas con firmeza, para después continuar con aquel terso contacto. Pero ahora, de vez en cuando visitaba la abertura de mi vagina... hasta que no deseé otra cosa que ser suya. ¿Pero cómo?

Y fue entonces que me atreví a a poner mi mano sobre sus piernas. Por lo menos quería conocer aquel miembro que tanto había despertado el deseo de mis amigas. No sé como lo hizo, pero con su otra mano ubicó la mía exactamente sobre aquel bulto duro debajo de sus pantalones. Se levantó un poco, abrió su bragueta, manipuló, y algo saltó hacia mi mano. Ahí estaba: un miembro duro. también mojado y perfectamente lubricado. Con su mano encima de la mía me invitó a acariciarla, me enseñó como. Mientras tanto sus dedos habían penetrado un poco en mi vagina. Todo eso junto,más las sensaciones acumuladas en mi cuerpo, generaron una descarga completamente desconocida para mí. Él lo sintió venir antes que yo, y me besó violentamente, me metió la lengua hasta el fondo para que no tuviera la menos posibilidad de gritar, y qué bueno que lo hizo, porque no pude controlar absolutamente nada de lo que sucedió. Aún así escuché los quejidos que salieron de mi garganta. Los espasmos y las oleadas de placer recorrieron todo mi c Cuandolo advertí, sus movimientos en mi entrepierna se habían ido deteniendo poco a poco. Sus besos se hicieron cada vez más tiernos, y fue entonces cuando escuché: "Descansa... ". "No, no..." le susurré... "no me dejes así, quiero ser tuya". Mientras él me acomodaba la blusa y abrochaba mis botones como para que no tuviera frío (cosa imposible, en ese momento). Me dijo "Mañana preciosa... encontraremos la oportunidad, todavía tenemos dos días más de viaje... ".

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