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« en: Junio 06, 2006, 09:30:04 » |
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Pasaron los meses sin darme cuenta, la temporada de caza habia terminado hacia tres, gracias a Dios, todavÃÂa me daban nauseas al recordar las orgias que se montaron con nosotras, por que fueron varias, hasta con gente de la capital que habÃÂan pagado por venir a cazar, me esforcé por apartar los repugnantes recuerdos de mi mente, no querÃÂa recordar la cantidad de hombres que nos habÃÂan montado como si fuéramos perras en celo, mejor no pensar en eso.
Mis pechos habÃan crecido mucho y habÃa engordado al igual que Rosita, nuestro embarazo iba ya por el octavo mes, eso si que lo recordaba con ilusión querÃa al hijo que llevaba en mis entrañas, tenia la esperanza de poder criarlo, que fuera distinto al hijo puta de su padre. . pero esos es otro capitulo. En mi octavo mes me empezó a subir la leche a mis tetas, mi cuerpo se estaba preparando para amamantar a mi hijo cuando lo pariera. Paco no respetó mi preñez en ningún momento y a Rosita tampoco, nos jodÃan cuando les venÃa en gana o nos ofrecÃan a sus amistades, que nos follaban sin reparos, Paco se enteró de que tenia leche en mis pechos y me los mamaba, decÃa que querÃa probarla antes que sus hijo, además una partera campesina le dijo que asà mis tetas fabricarÃan más leche para la criatura. Rosita fue distinto por más que la mamaban de sus pechos no salÃa leche y los pezones los tenia doloridos de tanto que la mamaban Paco y su marido al follarla. Tuvo la subida de leche cuando parió, no antes como yo. Paco y Rafa se sentaron a comer y cuando terminaron se fueron al salón a tomar su copita de anÃs.
Paco quieres café. Le pregunté.
Yo sÃ, dijo rápidamente Rafael.
¡¡¡No!!!, espera, ordenó Paco, en vez de café danos leche dijo el muy cabrón clavando sus ojos viciosos en mis pechos. ¿Haz probado la leche materna compadre?.
No, ya sabes que Rosita no tiene. Contestó Rafa.
Joder, MarÃa tiene para los dos de sobra, anda MarÃa siéntate encima de él y deja que te mame las tetas, me ordenó.
¿Os podéis imaginar lo que pasó por mi mente?. Sumisa y totalmente humillada, me desnudé quitándome el vestido, seguÃa sin ropa interior y mis grandes tetas me dolÃan a veces de no llevarlas sujetas, mi tripa inflamada por el embarazo quedó al aire, me acerqué a Rafa, abrà mis piernas y me senté encima de las suyas. Quedándome quieta esperé a ver que hacia. Vamos zorra, cógele por la nuca y dale de mamar, vociferó Paco.
Le abracé la cabeza y la llevé sobre mi regazo, me cogà un pecho y le arrimé mi gordo pezón a sus labios, me apreté el pecho con la mano y salió un chorrito de leche contra su boca, el hijo puta se relamÃa de gusto, se metió el pezón en la boca y me mamó sacándome la leche. De vez en cuando paraba para coger aire y reconocer que estaba riquÃsima.
Cuando me secó la teta, le cambié de postura y le ofrecà mi otro pecho, mamándolo y lamiéndome el pezón, jugaba con él y yo empecé a notar que me picaba el chochete, el hijo puta me estaba excitando y él se empalmaba, notaba la presión de su nabo contra mi vulva.
Mi calentura iba en aumento no lo podÃa controlar. Con una mano le desabroché el pantalón y le cogà la polla manoseándola, me sentÃa muy caliente. Mira Paco la puta está salida y quiere joder.
Ya te dije yo que eran unas rameras, fóllatela compadre.
Se bajó los pantalones hasta los tobillos y alzándome me penetró de un golpe mientras seguÃa bebiéndose la leche de mi teta. SentÃa su cipote dentro de mi chocho y mi calentura se disparó y me corrà mientras se seguÃa jodiendo.
HabÃa aprendido a robar mi propio placer mientras era follada, si no nunca hubiera sabido lo que es el placer, tenia que actuar como los animales y buscarme mi propio orgasmo. Se me escapó un gemido sin querer, provocado por las mamadas de Rafa.
Paco se percató de ello, dejó la copa en la mesa, se bajó los pantalones y con su poyon totalmente tieso se acercó por detrás de mi, me hurgó el ojete con su manaza y me penetró por detrás hasta que sus pelotas hicieron tope. Me daba por el culo de una forma bestial aplastando mi barriga contra Rafa, notaba mi culo lleno con su cipote y el placer volvió a mi de nuevo mientras soportaba las embestidas de los dos y las mamadas de Rafa, tuve dos orgasmos hasta que se corrieron, me tuve que tragar el semen de los dos, decÃan que asà me reponÃan la leche en medio de risas.
Volvà junto a Rosita frotandeme las tetas. Rafa me las ha dejado secas la dije.
Rosita y su marido se retiraron a su casa.
Paco me advirtió que iba a venir a cenar D. JoaquÃn el cura, que le preparara una cama, iba a hacer noche en la casa, luego le acercarÃa él al pueblo con el Land Rover. Si quieres puedes aprovechar y te confiesas los pecados de ramera me dijo.
Llegó la noche y vino D. JoaquÃn, el cura del pueblo que nos habÃa casado.
Hola MarÃa hija, me saludó con cariño. Luego saludó a Paco.
Charlamos un poco en la cocina, antes de cenar. Le pedà que me confesara, necesitaba descargar mi sufrida alma, ¿y quien mejor que un cura para ello?. Ordenó a Paco que nos dejara sólos durante la confesión, él se mantuvo de pies y yo me arrodillé frente a él, después de las palabras convenidas, me desahogué y le conté la vida que me daba Paco, las humillaciones que me hacia, le relaté todo, las orgÃas que celebraron los dÃas de caza incluso le conté lo de las mamadas de pecho que habÃan ocurrido esta tarde.
Le conté mi historia rápidamente, omitiendo algunas cosas, pero las principales se las dije todas.
Cuando terminé D. JoaquÃn me dio la absolución, luego me dijo que la carne era débil y que habÃa que luchar contra ese deseo, que lo que yo estaba sufriendo en este mundo me seria recompensado con creces en el cielo.
El cura hablaba muy bien, pero el cabrón disimulaba fatal, mientras me levantaba le vi el bulto de su miembro asomando por la sotana. El hijo puta se habÃa excitado con mi confesión.
Entró Paco y también se dio cuenta del empalme de D. JoaquÃn.
Joooooder Padre se ve que ha disfrutado confesando a la ramera –sabÃan lo del incidente de Rosita y mÃo en todo el pueblo-. Hijo mÃo la carne es débil. Padre lo que usted necesita es una puta de verdad, le dijo a lo bestia.
Paco por favor respeta mi sotana.
Pero que dice Padre, eso se lo dice usted a otro, a mi no venga con gaitas o es que se cree que no sé lo de sus lÃos con la viuda?. Paco yo. . dijo D. JoaquÃn.
Basta de gaitas Padre, lo que le pasa es que todavÃa no sabe lo que es una buena hembra, decÃa el animal.
Para eso tengo el cilÃcio, hijo mÃo, dijo tÃmidamente el cura.
No lo mejor que tiene es eso y señaló el bulto de su sotana. Mire Padre, sabemos que la carne es débil, por eso nos confesamos y se nos da la absolución, ¿o No?. Si hijo asà es.
¡¡¡MarÃa!!! me vociferó trabájatelo y usted padre se absuelve y en paz.
Le empecé a desabotonar la sotana, obedeciendo la orden de Paco, luego los pantalones y se los bajé junto con los calzoncillos hasta los tobillos, su poya saltó disparada, Joder con el cura, tenia un buen cipote, alcé mi cabeza y le miré a los ojos implorando.
La carne es débil, ya telo he dicho hija mÃa, que Dios me perdone y me cogió por la cabeza frotándome la cara por sus cojones. La hostia con el cura. Se recogió la sotana por detrás asà le pude ver mejor los genitales. No estaba mal, su polla no era muy larga de unos 15 centÃmetros pero era gordÃsima, más que la de Paco. La cogà con mi mano sintiendo su calor, estaba muy dura, se la meneé un poco, le bajé la piel del capullo, tenia el glande amoratado por al excitación, lo que más me gustó es que estaba limpio y olÃa muy bien, me lo metà en la boca y lo chupé con gusto, sobándole los cojones, me encantó era la primera polla que no sabia a meaos y decidà regalarle una mamada celestial.
Le mamé el glande mientras se la meneaba, luego le recorrà el tronco pasando mi lengua por sus grandes venas hinchadas, bajando hasta sus huevos y me los metà en la boca jugando con mi lengua, estaba tan excitada lamiendo los genitales limpios del cura que me animé más, me agaché un poco y le chupé el ojete, tampoco le olÃa como a Paco o a Rafa, olÃa a sudor pero estaba muy rico, le pasé la lengua varias veces por el ano, mientras D. JoaquÃn no para de decir que DIOS NOS PERDONE ¡¡¡¡, y jugué con mi lengua metiéndola en su agujerito, me sentÃa muy cachonda no me tiró ningún pedo como hacia Paco cuando me obligaba a chuparle el culo.
Paco contemplaba la escena desde la puerta, estaba muy excitado se habÃa sacado el rabo y se lo manoseaba viendo como le trabajaba los "bajos" al cura, me dolÃan las rodillas. Me puse en pié con dificultad, la barriga me pesaba mucho, eché de espaldas sobre la mesa a D. JoaquÃn y metiéndome entre sus piernas reanudé mi mamada. Paco sin poder aguantar más me levantó el vestido hasta la cintura y me clavó su estaca en le culo, la partera le habÃa dicho que en mi estado avanzado no debÃa penetrarme el chocho, podÃa dañar a la criatura, asà que me daba por el culo. Sus poyazos eran tremendos, lanzándome contra el cura, provocándome mucho placer sin darse cuenta, tuve un orgasmo, mis gemidos se ahogaban contra la poya de D. JoaquÃn, Paco no paraba de darme por el culo, tiene mucho aguante el bestia y tarda mucho en correrse pero el cura no y comenzó a escupir su leche en mi boca, le bebà el nabo con placer limpiándolo de nuevo mientras tenia otro orgasmo con la follada ! de Paco, cuando se quiso correr me ordenó a tragármelo, me llenó la boca con su semen espeso y pegajoso, le ordeñé las últimas gotas empecé a preparar la mesa para cenar. El pobre cura no hacia más que decir que la carne es débil y que Dios perdonase nuestros pecados con cara afligida, pero el cabrón habÃa disfrutado como nunca y yo estaba agradecida por lo limpio que era, daba gusto mamarle.
Cuando terminamos de cenar, recogà la mesa y fregué los platos, Paco y el cura comentaban lo bien que trabajaba los "bajos", en el fondo el cura era un hombre y como tal un cerdo, como todos. Hasta el punto de que sólo se habÃa quedado con la sotana puesta, no llevaba nada más debajo, estaba segura que deseaba repetir, no me equivoqué.
Paco le animó a probar de mi leche materna. el cabrón de D. JoaquÃn decÃa que ya no se acordaba de su sabor. Paco, se iba a dormir mañana tenia que salir de madrugada con Rafa a las tierras del Norte, para echar un vistazo al ganado y hacer recuento, volveré pasado mañana, le dijo. Ya sabÃa lo que tenia que hacer, me saqué el vestido por la cabeza y me quedé completamente desnuda, estabamos al lado de la gran chimenea encendida y notaba su calor me senté a horcajadas en las piernas del cura. Como me clavaba los botones de la sotana se la quitó, quedándose desnudo también, tenia una buena tripa, no te preocupes por mi hijo mÃo te esperaré en buenas manos decÃa el cerdo. Nos quedamos solos alumbrados por la luz de la chimenea – Paco habÃa apagado las luces-. Reanudé mi trabajo, le pasé mi brazo sobre su hombro, apoyándose en él y contra mi pecho –como si fuera un niño-, con la otra mano me cogà la teta con el pezón entre mis dedos y se lo arrimé a la boca me apreté e! l pecho y salió un chorrito de leche mojándole los labios, se los lamió encantado y me atrapó el pezón mamándome la teta.
De vez en cuando paraba para decirme: Que dios me perdone MarÃa, pero que ricas esta tu leche, me encanta mamarte los pezones y seguió mamando como un niño, notaba como su cipote se empalmaba y me rozaba el coño dándome placer a mi también. Mamaba y lamÃa el pezón al mismo tiempo mientras su polla se ponÃa durÃsima, movà un poco el culo, buscando su nabo y dejé que me penetrara, gemimos los dos a la vez , mientras me mamaba el pecho me hincaba el cipote lentamente, con dulzura y sensibilidad y me corrà mordiéndome los labios para que Paco no me oyera disfrutar. El Padre Joaquin también se corrió y me inundó el chocho con su leche al tiempo que mi teta se secaba.
Paramos para descansar, necesitábamos aire que respirar, sobre todo D. JoaquÃn. Noté como su miembro se quedaba flojo y se me salÃa, me agaché y le chupé el nabo de nuevo, estaba agradecida porque me trataba con cariño, no me sentà humillada en ningún momento con él.
No hija espera, echó su sotana en el suelo y me tumbó de espaldas, me espatarré como si fuera a parir, el Padre se metió entre ellas, y me chupó la almeja con una dulzura celestial, mamó mi vulva bebiéndose mis jugos junto con su semen, era tanto el gusto que me daba que me volvà a correr en su boca. Le chupé la polla de nuevo y le hice una paja hasta que se le puso tiesa, se volvió a sentar y me pidió el otro pecho para mamarlo, se lo di con todo cariño, pero esta vez me senté hincándome su cipote desde un principio, para que mientras mamaba mi teta dulcemente me pudiera joder también. Tuve otro orgasmo y a medida que se me secaba la teta se corrió dentro de mÃ. Nos fuimos a dormir para descansar pero yo estaba en la gloria, D. JoaquÃn me habÃa echado dos polvos con tanto cariño que me costó dormir.
Paco me despertó a las cuatro de la mañana, moviéndome con el pié, querÃa café y me levanté a preparárselo, estaba muerta de sueño, viendo como el cerdo se tomaba el café y me miraba.
De pronto echó la silla para atrás y se espatarró, sabia lo que querÃa. Chúpame la tranca ramera, me ordenó con la delicadeza que le caracteriza. Me agaché entre sus piernas y le saqué el poyon fuera, mientras se la mamaba le hice una paja, querÃa que se corriera rápido y marcharme a dormir otro poco. Pero mis planes fallaron, el cabrón con un pie me subió el camisón contemplándome.
Que puta eres me dijo con desprecio al verme el chocho –dormÃa sin bragas porque me molestaban en la tripa-. Me tiró boca abajo contra la mesa, y se echó encima de mà penetrando mi culo me hacia un daño terrible, entre su peso y los poyazos que me daba en el culo temà que me aplastara la tripa y puse mis manos debajo para amortiguar los golpes contra la mesa. Me dio por el culo salvajemente, nunca le habÃa sentido tan cabreado y no lo entendÃa, más que joderme me estaba violando con una fiereza inusual. Lloré a causa del dolor al rato me dio la vuelta y me soltó todo el semen encima, pringándome la tripa, se calmó un poco después de correrse, se guardó su trasto y me arreó un pellizco bestial en el culo –me dejarÃa señal, pensé-.
Adiós puta, me dijo y se fue. En ese momento me sentà tan humillada que deseé su muerte. Subà llorando a mi habitación y me quedé dormida.
Me desperté –sin sobresaltos-, abrà los ojos y vi a D. JoaquÃn, sonriéndome dulcemente. Buenos dÃas criatura, son las diez de la mañana. Joder entonces si que me asusté, boté en la cama, pero el Padre de detuvo. Tranquila MarÃa, descansa hoy no está el bestia de tu marido, recuerdas?, si me acordé que hasta mañana no vuelve, me tranquilicé y me ayudó a recostarme en la cama, olÃa a café y vi en la mesilla una taza humeante, le miré y me sonrió con dulzura. Te he preparado un cafecito muy rico, para que te lo tomes en la cama tranquilamente.
Su voz era tan dulce. . .. y su trato tan cariñoso que mis ojos se llenaron de lagrimas a punto estuve de llorar.
Tranquila mi niña, serénate, te comprendo perfectamente, pero ante todo he de decirte que desgraciadamente no puedo hacer nada por mejorar tu situación, Paco es muy poderoso y es muy amigo de la autoridad, solo puedo consolarte, como lo hiciste tú con mi carne, me dijo sin dejar de mirar por el escote del camisón, me miré y vi que uno de mis gordos pechos se me habÃa salido, se me salÃa un poco de leche por el gordo pezón.
Me tomo el café y bajamos, le dije tapándomelo.
Tu tranquila MarÃa, he encendido la chimenea y la casa ya está caliente.
Es verdad pensé, noté un calor muy agradable. Terminé mi café y bajamos, D. JoaquÃn me ayudó.
Ahora le preparo café, Padre, le dije.
No hija mÃa no me apetece.
¿Entonces que va a desayunar?, pregunté inocentemente.
No dijo nada, sólo me miró lo pechos y se relamió. Le entendà perfectamente.
La carne es débil, ¿no?. Ande Padre, siéntese que está usted más salido que una bestia en celo. El guarro ya estaba preparado, se quitó la sotana quedándose desnudo y se sentó en el sillón, al lado de la chimenea, tenia la pija fláccida. Me apoyé en sus hombros y levanté una pierna para pasarla sobre las suyas el Padre se aprovechó metiendo la mano entre mis piernas para frotarme el chocho con la palma de su mano, me daba mucho gusto y le dejé manosearme todo lo que quiso, noté sus dedos hurgándome el ojete y me metió dos, los movÃa como si me follara con ellos, me corrà gimiendo en sus manos -D. JoaquÃn sabia de estas cosas, pensé-, cuando se cansó me dejó sentarme en sus piernas, sentÃa mis agujeros chorreando. Le cogà como a un niño pequeño, Ahora mamaita te va a dar su leche le dije arrimando el pezón a su boca, se lo restregué por los labios y se los lamió, abrió su boca y empezó a mamarme la teta, jugando con el pezón, me ponÃa muy caliente, noté su cipote contra mi chocho y movà el culo para que me penetrara.
Por el culo hija mÃa, déjame saborearte el culo, me dijo. Soltando un momento mi pecho me levanté, le cogà el cipote y lo guié a la entrada del culo, cuan me senté noté su grosor según me penetraba, sentà un gusto enorme. Me cogà el pecho le metà el pezón en la boca para que me siguiera mamando al tiempo que yo subÃa y bajaba hincándome su nabo. Al tiempo que me secaba la teta noté como su poya se hinchaba estaba a punto de correrse y explotó dentro de mi culo dando gemidos ahogados por mi teta, esperé a que terminara de correrse y se la retiré. TodavÃa estaba muy cachonda, asà que empecé a reanimarlo, le lamà sus tetitas, mordiéndole los pezones mientras acariciaba su pecho. Me levanté y me arrodillé sobre un cojÃn. Me metà su polla cubierta de semen en la boca, como la tenia encogida me la metà entera, jugando con ella, se la limpié de semen con la lengua y le lamà los huevos, el Padre era un vicioso y se escurrió en el borde del sillón para que le chupara el culo. Al poco ya tenia su gordo cipote dispuesto, me senté penetrándome el chocho y le di de mamar la otra teta, me dolÃa de lo llena que estaba. Me volvió a mamar mientras me follaba, tardó un poco más en correrse, dándome ocasión a correrme dos veces. Luego le limpié la polla de semen y me puse a preparar la comida.
Cuando se marchó con Paco al dÃa siguiente muy temprano, iba con los cojones secos el pobre, por la tarde me echó tres polvos más y luego al acostarme otros dos antes de dormirme, incluso me chupé el chocho y todo. El pobre D. JoaquÃn estaba hambriento de carne. Y yo procuro saciarle dos veces al mes cuando nos visita, aunque Paco cree que me obliga a follármelo lo que no sabe en realidad es que el Padre me hace disfrutar como nunca él lo harÃa. Una mañana me puse de parto y avisó corriendo a Rosita y a una partera, yo querÃa ir al médico pero el muy hijo puta se negó, diciendo que costaba muchos cuartos. Tuve problemas al parir ya os lo conté antes, la criatura venia de culo y tuve unas hemorragias tremendas desangrándome como un cerdo en la matanza. Al final tuvo que llevarme al médico que me operó, estuve cuatro semanas en cama en la consulta del médico, no quiso que me levantara hasta que no estuve totalmente recuperada, casi me muero, Paco se cabreó muchÃsimo, decÃa que le iba a costar una fortuna –me alegro, que se joda por tacaño-.
Al chico lo crió un ama de crÃa, me robó la ilusión que tenia de darle mi propia leche, y me dejaba verle muy poco, se que lo hacia por venganza, porque le habÃa pagado un buen saco de perras al medico, llamó a la partera y me fajó los pechos y me hinchó a perejil, durante un mes. Cuando me quitó las vendas de mis tetas vi que se me habÃan encogido, la vieja me las apretó comprobando que no me dolÃan y me mamó los pezones para saber si todavÃa salÃa leche, pero no, yo sabia que me los habÃa secado y lloré desconsoladamente porque nunca más tendrÃa oportunidad de dar de mamar a mi hijo. Le miré a los ojos, parecÃa que sonreÃa el hijo puta, le odié con todas mis fuerzas desde ése dÃa, todo el dÃa rezaba para que se muriera, pero nadie oÃa ni mis rezos ni mi desesperación.
Fue pasando el tiempo, veÃa muy poco a mi hijo Paquito, casi no tenia tiempo de abrazarle y besarle, el se ocupó de meterlo en un colegio interno en la capital y me dejaba verlo DOS VECES AL AÑO. ¿Se puede ser más cruel?.
La crueldad de Paco no tenia limites.
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