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« en: Junio 08, 2006, 01:15:13 » |
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SabÃÂa que un permiso no me iba a ser concedido, asàque como cualquier chica adolescente tuve que mentir, una tarde anterior a esto platicaba con mi mejor amiga Lolita, yo la llamo Lo de cariño.
Lo me querÃa convencer de que el sexo era una de las cosas más placenteras que podÃa existir, y que en la primera oportunidad no dejara de probar cuantos penes se me cruzaran por el camino, sin embargo yo era más romántica.
Encontré por fin la oportunidad de planear mi primera vez, serÃa frente a un lago en la montaña, al amanecer junto a un enorme pene de un hombre más experimentado que yo, en la junta de scouts anunciaban que serÃa nuestra última salida pues ya éramos veteranos, esa noche no dejé de pensar las palabras de Lo, tienes que conocer un pene grande que te penetre y te haga sentir mujer, habÃa un chico que tocaba la guitarra, su cabello largo siempre lo hacÃa ver atractivo e interesante, pertenecÃa hace tiempo a los scouts pero pocas veces conversaba con él, estábamos en tropas distintas, cuando Lo mencionaba cosas sobre penes no podÃa evitar pensar el tamaño del que podrÃa tener ese chico.
Convencà a mis padres que me quedarÃa en casa de Lo a terminar una tarea, ella por supuesto con el afán de que conociera de lo que siempre me hablaba aceptó en el instante poder cubrirme con mis padres y asà fue que empezó mi aventura.
Al llegar al campamento hicimos lo clásico de los campamentos scout, y durante las actividades no dejaba de mirar a ese chico y él a mi, después de tocar la guitarra y cantar algunas canciones nos pusimos a platicar, caminamos un rato en la sierra, entre árboles llegamos a un sitio muy oscuro, nos besamos. Comenzaste a tocarme yo detuve tu mano en mis senos, que firmes y duros tenÃan el pezón erecto, en parte por el frÃo y en parte por la excitación que me hacÃas sentir, hablamos de sexo y te hice saber que yo era inexperta, virgen, confesaste haber estado con más de una chica, pensé en Lo, y en lo que me dirÃa, tÃratelo, tÃratelo, en ese momento en verdad tuve ganas de hacerlo ahÃ.
Regresamos al campamento y todos dormÃan nos despedimos y cada quien fue a su casa de campaña, aunque yo no dejaba de pensar en ese beso que nos acabábamos de dar, en la charla que tuvimos y en la razón que tenÃa Lo de sugerir que el sexo era lo más placentero que existe. Comencé a tocarme el clÃtoris como Lo reindicaba cuando me enseño a masturbarme, suavemente y en cÃrculos, pero ya caliente no pude evitar salir de la casa de campaña e ir en busca de él, me metà en su casa y desnuda en su bolsa de dormir. Despertaste un poco confundido y cerré tu boca con un beso, supiste de inmediato que era yo, me esperabas ya con la erección en tu pene duro, te acaricié de arriba abajo y tomaste mis senos uno en cada mano luego los besaste, yo tenÃa una sensación extraña, supongo que es lo que Lola llama excitación, eso que recorre todo tu cuerpo con un placer ext! remo.
SabÃas que era mi primera vez asà que preparaste mi cuerpo para penetrarme suavemente, bajaste recorriendo mi abdomen hasta llegar a mi clÃtoris, el cual de una manera suave succionaste con tu boca, tu saliva escurrÃa hasta mis nalgas humedeciendo mi vagina, asà lentamente metiste un dedo en mi vagina algo que me gustó mucho, sabÃas como excitarme mientras yo me sobaba los pezones pellizcándolos sintiéndolos bien duros y erectos, me retorcÃa levantando el abdomen cuando metÃas tu lengua por mi vagina junto con tu dedo, tu cabello largo se arrastraba en mis piernas, y un escalofrÃo recorrÃa toda mi piel, me dejé llevar entregándome a todo lo que me hacÃas sentir.
Luego me pediste que yo te lo hiciera, pude sentir lo duro de tu pene, chupando con mucho placer me tomabas de la cabeza y hacÃas que tu pene entrara firmemente en mi boca, no podÃa dejar de hacerlo, todo eso provocaba que me excitara aún más y mi vagina pedÃa a gritos que me penetraras, volteaste mis nalgas e hicimos un 69 era lo más grandioso, nos calentábamos más, en ese momento sentà que un orgasmo estaba a punto de venir pero yo querÃa seguir disfrutando y me aguantaba las ganas de gritar, luego me puse sobre ti para que me penetraras, pero tú sabÃas que la primera vez era doloroso, besaste mi cuello y delicadamente me pusiste sobre el piso, sobre mi me penetraste despacio, yo sentà tu pene grueso y firme entre mis piernas, poco a poco lo ibas metiendo más y más, me dijiste al oÃdo que mi vagina era estrecha y apretada, experimenté dolor con place! r al mismo tiempo, pues mis jugos escurrÃan de excitación, poco a poco tuve ganas de gritar debo confesar que en ese momento llegué al orgasmo sin que tu pene terminara de penetrarme hasta el fondo, ya que era mucho más de lo que yo habÃa imaginado en el sexo era tan intenso que relajé mi cuerpo para que siguieras penetrandome, suavemente entrabas y salÃas de mi vagina, y yo con otro orgasmo a punto de salir, dejé mi cuerpo relajado en el en el piso y tu levantaste mi cadera con tus manos, con las piernas bien abiertas me penetrabas hasta el fondo, tu sudor comenzó a caer en mi cuerpo, ya no hacÃa frÃo, era mucho más el calor que se sentÃa ahà dentro, comenzó a llover, tu y yo gimiendo en medio de los árboles dentro de tu casa de campaña sintiendo todo el placer, me levantaste y me indicaste que me pusiera en cuatro puntos metiste tu pene en mi vagina y ensalibaste tu dedo pulgar, lo metiste lentamente en mi ano fue la sensación ! más intensa, seguiste penetrandome hasta que los dos acabamos fundidos en un orgasmo al mismo tiempo, tu pene eyaculó en mi vagina y podÃa sentir dentro las palpitaciones de placer que te producÃa seguir en ese lugar tan cálido: mi vientre…
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