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« en: Junio 08, 2006, 12:59:03 » |
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Por razones profesionales tengo cotidianos contactos con mujeres quienes me relatan algunas de sus frustraciones, fundamentalmente conyugales.
A partir de allÃ, desarrollo las ideas las que concluyen en algunos relatos. Te envÃo uno de ellos.
En la actualidad tengo 30 años, casada desde hace 5 años con un importante profesional de nuestra ciudad. El éxito laboral de Luis nos ha posibilitado tener una expectante posición económica lo que le permite satisfacer plenamente todas mis necesidades y caprichos, pero del mismo modo nos impide llevar una vida normal y feliz ya que mi esposo dedica todo su esfuerzo y tiempo a su trabajo descuidando casi irresponsablemente nuestra relación.
FÃsicamente se puede decir que soy una hermosa mujer. 1.55 de altura y como toda mujer de baja estatura la abundancia se manifiesta en otras zonas de mi cuero. Mis pechos redondos son grandes y erguidos. Mis piernas gruesas están bien torneadas y un gran trasero completamente levantado hacen que mi figura resalte causando más de una maliciosa mirada.
Mi vida sexual, a pesar de estar siempre deseosa y dispuesta es completamente irregular y pese a que me mantengo permanentemente en un estado de excitación de la cual Luis es incapaz de satisfacer, no tenÃa ni la valentÃa ni el coraje de engañarlo. Debo de reconocer que temÃa la reacción de mi marido si me hubiese sorprendido. Sólo una vez se tocó el tema, siendo notificada que ante una situación de infidelidad no cabrÃa más que la separación y no estaba dispuesta a volver a vivir en la pobreza, casi marginal, de la que Luis me rescató con nuestro matrimonio.
Mi pasatiempo favorito es la danza aeróbica. Fue en una de estas sesiones en la que mi vida cambió radicalmente. Todo comenzó cuando conocà a MAra, una bella y esbelta mujer quien por la calidad de su vestimenta y el hermoso deportivo que conducÃa se podÃa concluir que tenÃa un buen pasar económico.
Poco a poco se fue ganando mi confianza y descubriendo las contradicciones y necesidades de mi vida.
Una tarde, luego de muchas conversaciones, me manifestó que estaba dispuesta a ayudarme siempre que no me negara a ninguno de sus requerimientos. Sin duda, la invitación era atractiva y más aún cuando MAra me aseguró la absoluta reserva de la situación. Mis permanentes temores retardaron en algunos dÃas la aceptación de su proposición.
Un viernes por la noche apareció por mi departamento; sabÃa que ese fin de semana estarÃa completamente sola. Ambas vestÃamos sendas minifaldas completamente ajustadas a nuestros cuerpos. Nos sentamos en el lÃving a beber unos tragos y mientras conversábamos, MAra comenzó sutilmente a acariciar mis manos. Luego de un agradable momento, aprovechando que la música inundaba tenuemente la habitación, me tomó en sus brazos y comenzamos a bailar. A pesar de lo anormal de la situación, la curiosidad, la elegancia y la sutileza de MAra para transportarme a esa nueva realidad me hicieron aceptar cada una de sus proposiciones. Mientras bailábamos apretadamente mi amiga comenzó a acariciar suavemente mi cuerpo. Sus manos eran divinas y sabÃan exactamente buscar el lugar preciso para darme más placer.
Mientras sus manos seguÃan moviéndose, con plena libertad, sus labios se comenzaron a deslizar por mi boca y cuello. Poco a poco también mis manos se fueron soltando y a los pocos minutos ambas nos acariciábamos y besábamos lujuriosamente. Terminado el baile todo se desató. Rápidamente nos desnudamos, fui recostada en el suelo y la lengua de MAra recorrió todo mi cuerpo sin ninguna restricción. Se detenÃa preferentemente en mis pechos y en mi trasero y cuando le correspondió el turno a mi sexo un escalofrÃo excitante me invadió por completo logrando a los pocos minutos obtener un orgasmo fenomenal. Durante toda la noche nos amamos intensamente, mi lengua y mis manos aprendieron plenamente con una mujer y pude comprender que no tan solo con la penetración sexual se logra un buen orgasmo.
Al dÃa siguiente, ya al atardecer, luego de un dÃa dedicado exclusivamente a adentrarme en el conocimiento de esta nueva conducta que me habÃa apoderado placenteramente, nos duchamos, luego MAra me pidió que me vistiera con unas prendas que ella me iba entregando. Un diminuto calzón tanga y un portaligas con un par de medias negras; un pequeño sostén que cubrÃa una mÃnima parte de mis pechos y una pequeñÃsima minifalda completaron mi vestimenta. Ella, por su parte se habÃa vestido en forma idéntica, realmente estábamos hermosas. Luego, fui maquillada provocativamente y gracias a los tonos fuertes que empleó logró cambiar mi rostro, resultando irreconocible para quien me conociera.
Una vez terminada la tarea nos dirigimos hacia el centro de la ciudad ingresando a un elegante local. Una vez instaladas allÃ, MAra me confidenció la verdad. Era un local de toples de alto nivel, ya que para ser clientes se exigÃa una sólida posición económica. Allà se bailaba y si se tenÃa suerte se podÃa enganchar a algún cliente los que se caracterizaban por su abierta generosidad. MAra me presentó al dueño como una amiga que querÃa hacer algo de dinero. Nos dirigimos a su oficina. Una vez allÃ, me solicitó que me desnudara al compás de una suave melodÃa. Me costó mostrar mi cuerpo a un desconocido, pero Don Pedro, el dueño del local, tuvo la suficiente sabidurÃa para descubrir en mà algunas condiciones que me hacÃan apta para el trabajo siendo contratada como bailarina a prueba.
Sabiendo MAra las reglas del juego, me animó con un trago y una extraña pÃldora. A los pocos minutos detonó en mi cuerpo una inmensa sensación de lujuria la que aumentó intensamente cuando comencé a observar la rutina de mi amiga mientras bailaba arriba del escenario; se despojaba pausadamente de toda su ropa quedando en breve completamente desnuda, luego, con exóticos movimientos de su cuerpo comenzó a pasearse por entre las mesas esquivando hábilmente las manos de los clientes, quienes desesperadamente deseaban tocar ese hermoso cuerpo. Todo terminó luego que subiera nuevamente al escenario y se masturbara suavemente. Su rutina fue intensamente premiada con cálidos aplausos los que me indicaban que habÃa llegado mi turno.
Ingresé completamente exitada al escenario. Lentamente me desplacé por él mientras mis manos recorrÃan sensualmente todo mi cuerpo, poco a poco fui aumentando mis movimientos mientras que mis ropas caÃan una a una. Completamente desnuda me recosté en un sillón ubicado al centro del escenario para masturbarme desenfrenadamente. Las convulsiones de mi cuerpo lograron los primeros gritos y aplausos de admiración. Como me quedaban algunos minutos de actuación quise cerrarla con un broche de oro. Me deslicé por entre las mesas, pero a diferencia de MAra no esquivé ninguna caricia de los clientes, por el contrario, las aceptaba gustosas. Me detuve en medio del salón y rápidamente elegà a uno de los clientes. Me acerqué provocativamente y sentándome encima de él comencé a acariciar su pene, lo saqué al aire y terminé mi schow fingiendo que lo colocaba en mi boca. Una vez detrás del escenario, Don Pedro me comunicó que estaba contratada de inmediato. Sabiendo cuál era mi situación familiar gracias a MAra, aceptó que me presentara tan solo en mis noches libres. El sueldo fue lo bastante generoso para que dijera que sà de inmediato.
Una vez a solas, MAra abrazándome me besó una vez más. Nuestras rutinas nos habÃan excitado enormemente y bastaron algunos minutos de intensas y mutuas caricias para que gozáramos plenamente. Luego nos dedicamos a revisar las invitaciones que nos habÃan hecho llegar. Elegimos para cada una de nosotras las más convenientes desde el punto de vista monetario. Esa noche obtuve el Ãntimo convencimiento que gracias a mi cuerpo podrÃa obtener prontamente la tan ansiada libertad económica. Pero también debà aceptar, que pese a lo gratificante que resultaba para mi el escenario y a las placenteras noches en brazos de los múltiples amantes que tenÃa, la fuente última de amor, lujuria y placer pleno seguÃa siendo MAra
con la que sigo viéndome casi a diario para amarnos completa y desenfrenadamente
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