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Autor Tema: Un cambio de vida xIII  (Leído 536 veces)
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« en: Junio 09, 2006, 01:04:11 »

La mano de mi suegro estaba a la altura de mi vagina y buscó la forma de correr mi culote y su dedo ya estaba dentro mí­o, me apoyé en la mesa sintiendo un orgasmo



Gomez me había citado en su oficina el miércoles. El fin de semana lo pasamos con mi marido muy felices y haciendo el amor en cada momento que podíamos, siempre cuidándonos por supuesto. Empezó la semana, y cada cual empezó a dedicarse a sus cosas, el martes estaba en casa ansiosa esperando el miércoles y llamó Gomez








para decirme que la empresa lo mandaba de viaje por quince días, que podía ofrecerme que fuera con él, en ese momento me sentí molesta por no poder verlo pero tenía mis obligaciones y no deseaba ausentarme. Cuando llegó mi marido me encontró con cara triste, sólo me besó y me acarició la cabeza. Cenamos en calma y nos fuimos a dormir.

Llegó mi día, el miércoles, decidí que la iba a pasar bien igual, fui a mi restaurante favorito a comer, luego pasee toda la tarde y al final hice unas compras en el súper para preparar una rica cena. Así lo hice pero no pude esperarlo en ropa interior a mi marido, Nerea ya estaba más grande y la situación no daba. Igual cuando llegó nos besamos y acariciamos con deleite. Esperábamos con ansias la hora de ir a acostarnos.

Nerea se durmió y nos fuimos tomados de la cintura al cuarto, me desnudé y me recosté en la cama le dije a mi marido que se quedara con el tanga puesto y caminara un poco para mi, veía su pija bien dura que sobresalía por arriba del tanga. Mi amor, le dije. El domingo es el día de la madre, porque no hablas con tus padres para ir, hace mucho que no la ven a la nena. Pero..., vos sabes que mi padre me trató muy mal tratándome casi de maricón, yo espero que él se disculpe. Me puse de rodillas delante de él y le pasé la lengua por la parte de atrás de su pija que sobresalía, lo lengüeteé un rato y le corrí la tanga por atrás metiendole un dedo en el culo, su pija viboreaba sobre el tanga. Si te viera así vestido y con un dedo en el culo diría que tiene razón.

Me puse de pie y me acosté en la cama me abrí de piernas, me sentía muy mojada. Vení a cojerme le dije, fue hacia la mesa de luz, sacó un forro se lo puso y se acomodó entre mis piernas metiéndomela y dejándola clavada sin moverse. Lo noté muy cerca de llegar, estás más caliente que nunca, le dije. ¿Sabes qué?: El viernes lo vas a llamar y le vas a decir que tenes ganas de ir a verlo el fin de semana, que tenés ganas de que vea a Nerea, le metí de nuevo un dedo en el culo y lo sentí explotar. ¿ya acabaste?, me vas a dejar caliente. Para mi sorpresa su pija no bajaba. Caramba parece que te calienta más de lo que querés admitir el tema, de paso vamos a ver como mira a la mamá de Nerea, me empezó a coger con una furia poco usual, además le vas a decir que vos te querés disculpar por faltarle el respeto, ¿no es cierto?, por toda respuesta sólo gemía y me cogía con furia. ¿Me vas a ayudar a elegir la ropita para el domingo? Me parece que si te diste cuenta que tu papá me miró siempre de una forma especial, ¿no?, pero yo era siempre una mujer recatada, ¿qué le pasará cuando me vea vestida como una perrita, mi amor? Lo sentí explotar de nuevo, se salió rápido de mi y se fue al baño a limpiarse, se acostó boca abajo a mi lado. Lo abracé desde atrás y al oído le dije, no me falles otra vez, ¿eh?. El viernes llámalo. No hablamos más del tema, el sábado me dijo que había hablado con el padre y que iríamos a la casa el domingo. Desde el miércoles no teníamos relaciones y lo sentí bien caliente cuando me acerqué a besarlo.

El sábado a la tarde me fui a un par de tiendas de ropa buscaba algo para la ocasión, me daba cuenta que mi marido estaba tan caliente que se tragaría cualquier sapo, nunca lo había sentido tan a mi merced, y eso me calentaba sobremanera. A la noche después de cenar y acostar a Nerea le dije que le iba a mostrar la ropa que me había comprado, que yo lo llamaba cuando estuviera lista. Se quedó en el living esperando. Cuando entró se me quedó mirando un largo rato su pija estaba bien dura bajo el pantalón, me había comprado una remera que no llamaba mucho la atención y abajo una pollera que llegaba hasta las pantorrillas, que era bien entallada a la altura del culo, y además muy transparente y abajo un culote de tela de encaje que era una delicia. Pero..., dijo mi marido, van a estar... no se... mis sobrinos...¿Querés que no vayamos mi amor? Por toda respuesta me llevó hacia él y me empezó a sobar el culo como un desesperado, apoyé mi cabeza sobre su hombro escondiendo una sonrisa. Lo separé diciéndole que se quedara quieto que me la podía manchar, además le dije que mejor dormíamos que mañana sería otro día. En la mañana nos preparamos para ir, mi marido me miraba todo el tiempo como desorbitado.

Mis suegros viven en zona norte del gran Buenos Aires, en una casa con jardín y pileta, era un día de Octubre hermoso, templado con un bonito sol. Mientras mi marido manejaba lo miraba y notaba que estaba todo el tiempo al palo. Me acerqué a su oído y le dije que se tranquilizara un poco. Me miró y sonrió con una especie de tristeza en el rostro. Cuando llegamos saludamos a mi suegra y a mi cuñada, que me miraron de arriba abajo pero no dijeron nada. ¿Y papá? Preguntó mi marido. Esta en el jardín haciendo el asado con Miguelito. Fuimos hacia ahí a saludar a mi cuñado y mi suegro. Mi suegro me miró desde que me acerqué, y no hizo ningún comentario, me alejé de ellos para volver con mi suegra y cuñada y sentí la mirada de César, mi suegro, clavada en el culo. Empezamos a poner la mesa junto a la pileta que estaba al costado del asador, mientras charlábamos en el jardín, todo el tiempo buscaba la forma de que el sol me diera a contraluz para que se me trasparentara lo más posible la pollera, mi suegro estaba atrapado.

Mi marido se me acercó lo besé y acercándome al oído le dije y... ¿me miró el culo tu papá? No me contestó, me miró a los ojos y me dijo después de comer vamos a ir a charlar a su oficina, quiere una disculpa formal, como a él le gustan. Me parece muy bien le dije, que hijo tan educado, y le apreté su bulto con disimulo. Almorzamos, había un clima relajado y de muchos chistes todos reían y bromeaban y el vino corría con abundancia. Finalizado el almuerzo brindamos con champaña por el día de la madre, nos besamos y nos felicitamos todos. Mi suegro dijo que él y Ricardo tenían que hablar que estarían en su oficina, yo le dije que les llevaría un café. Mi suegra me ayudó a prepararlo y fui con una bandeja dos tazas y la azucarera hacia la oficina, golpee antes de entrar, mi suegro me indicó pasar. Estaban sentados ambos uno a cada lado de una mesa bastante larga, fui hacia mi marido le serví su taza, y le puse dos de azúcar que es como le gusta, se lo revolví, le acaricié la cabeza y fui hacia donde estaba mi suegro. Me acerqué lo más posible a su costado, mi costado estaba apoyado en su hombro, parecía una escena armada, sentí enseguida su respuesta, su mano avanzaba disimuladamente entre mis piernas acariciando y subiendo hacia mis muslos, las piernas me temblaban, lo miré a mi marido y me mordí el labio inferior mientras apoyaba la taza de mi suegro en la mesa, mi marido me volvió a mirar y bajó la cabeza mirando hacia abajo, la mano de mi suegro estaba a la altura de mi vagina y buscó la forma de correr mi culote y su dedo ya estaba dentro mío, me apoyé en la mesa sintiendo un orgasmo, mientras lo oí a mi marido que decía: papá quería disculparme, me parece que te falté el respeto, mi suegro sacó los dedos, los olió y los chupó, mi marido levantó la vista, me alejé con la bandeja, mi suegro le sonrió y le dijo, que era un buen hijo y que él a veces también se extralimitaba. Se pusieron de pie mientras salía y vi que se abrazaban. Mi esposo salió al rato y le recordé que teníamos que pasar a saludar a unos amigos. Mi cuñada se ofreció a quedarse con Nerea hasta el martes ya que tenía unos días libres y le encantaba estar con ella. En el auto metí la mano en la bragueta de mi marido y sentí que estaba todo mojado. Mi marido dijo: cuando te vi la cara mordiéndote el labio inferior supe lo que estaba pasando y acabé solo como un adolescente. Aprovechamos que estábamos solos en casa e hicimos el amor durante toda la noche.
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