admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 09, 2006, 12:11:47 » |
|
Cerré la puerta muy despacio sin hacer ruido. Era muy tarde y la casa estaba a oscuras.
Todos dormÃan desde hacÃa horas y no querÃa despertara a nadie, asà que avancé por el pasillo tanteando la pared camino de mi dormitorio. Cuando pasé por el salón vi a mi padre. Se habÃa vuelto a quedar dormido en el sofá, asà que intenté no hacer el menor ruido, cerré con cuidado la puerta y continué palpando la pared del pasillo hasta que mi mano tocó el marco de la puerta siguiente. Estaba echada y sólo tuve que empujar un poco. El dormitorio olÃa a alcohol, seguro que habÃa salido de copas. Entré me arrodillé en la moqueta tras cerrar la puerta, gateando hacia la cama. Apenas se percibÃa el bulto que yacÃa de lado en la cama dándome la espalda. TenÃa una respiración profunda, aunque dudaba que estuviese durmiendo. Deslicé despacio mi mano bajo las sábanas hasta tocar la piel de su pierna. Siempre temblaba cuando hacÃa esto. Era casi automático, deslizaba mi mano buscando el elástico de su braga e iba introduciendo un dedo entre sus piernas buscando su clÃtoris. A veces se resistÃa al principio, pero con solo acariciarla presionando su monte de venus un par de veces aflojaba sus cuerpo y se entregaba a mis caricias. De repente se puso boca arriba. Me asusté un poco y me detuve a ver que pasaba. Nada, seguÃa respirando profundamente. Siempre jugamos a que está dormida, supongo que para evitar sentirse culpable, pero nunca sabÃa hasta dónde iba a dejarme llegar. Al rato volvà a meter mi mano abierta bajo su braga, presionando su pubis, rozando su clÃtoris con mis dedos, separando sus labios apenas húmedos, buscando su vagina. Aceleró su respiración. Me dediqué un buen rato a masajearla con una mano, mientras con la otra me masturbaba despacio, apretándome con fuerza bajo el glande cuando parecÃa que iba a correrme. Sus caderas se movÃan ya acompasadamente con mis dedos y unos ligeros gemidos se escapaban de sus labios. Me detuve y decidà ir un poco más lejos. Deslicé la braga por sus piernas hasta que quedaron sólo sujetas en uno de sus tobillos. Bajé las sábanas y empecé a separar sus piernas, abriéndoselas todo lo que pude. Un olor mucho más agradable se hizo paso en el dormitorio. OlÃa a coño intensamente y eso me excitó mucho más. Pasé mis labios rozando su vello hasta dar con su clÃtoris. No veÃa casi nada, pero la erección que encontré con mi boca me indicó que ese era el sitio adecuado, asà que succioné y lamà dando también pequeños mordisquitos. Le introduje dos dedos entrando y saliendo con ritmo suave, hasta que empezó a golpearme ligeramente con su pelvis en la cara. Eso me volvÃa loco, ver como disfrutaba del sexo conmigo. Me puse de pie y me bajé los pantalones hasta los tobillos colocándome entre sus piernas. TenÃa claro lo que querÃa hacer esa noche. Cuando estuve encima froté mi polla sobre su coño varias veces. Lo encajaba ligeramente en su vagina y lo sacaba recorriendo hasta su clÃtoris un camino absolutamente increÃble de placer. VolvÃa a encajarlo en su vagina y empujaba varias veces. Iba hasta su ano rozándolo despacio y empujando un poquito. Estaba cerrado, creo que no le apetecÃa, por lo que volvà a encajar mi polla en su vagina con la intención de llegar hasta el final. No entraba. La postura no era fácil de mantener; una mano sujetaba mi pene en la entrada y hacÃa de guÃa y el codo de mi otro brazo me servÃa de apoyo sobre el colchón mientras apretaba el pezón de su pecho izquierdo. Decidà apoyarme con las dos manos en el colchón, lo que hizo que mi pene no atinase siempre el blanco. Apenas un minuto más tarde su mano aferró mi polla con firmeza, colocándola en su vagina tras frotar varias veces todo su coño con ella. Comenzó a empujar con sus caderas. No me lo podÃa creer, era la primera vez que ocurrÃa en los dos años que llevamos jugando. Con la libertad de movimientos que disfrutaba, apreté sus pezones y lamà su oreja con pasión. Con su otra mano me acarició el pelo. Este gesto tan sencillo y tierno me puso a mil. Y a ella también. Mi glande entró entero. Su vagina estaba ya completamente lubricada y ella seguÃa introduciéndose mi polla a golpe de pelvis. Dos envites más tarde la mano que usaba de guÃa tocó su coño, por lo que pasó a cogerme los testÃculos y siguió empujando hasta que entró todo mi miembro en ella. No sé sà hicimos mucho ruido o no, en ese momento no nos importaba a ninguno de los dos. Sus movimientos cada vez eran más explosivos y casi no podÃa acompañarla. Puso su mano en mi culo clavándome las uñas y se corrió como nunca la habÃa visto correrse. En su orgasmo arqueó su cuerpo levantándonos de la cama durante unos segundos en tres ocasiones mientras estrangulaba mi polla con su vagina. Fue increÃble, uno de los mejores polvos de mi vida. Cuando terminó, me empujó fuera de la cama. Quise protestar, pero temà que nos pudiesen oÃr, asà que empecé a masturbarme con fuerza casi en su cara. Ella se quedó quieta y volvà a meter dos dedos en su vagina, ahora completamente encharcada y dilatada. No tardé nada en correrme sobre ella tan intensamente que sentà un dolor agudo en mis testÃculos. Los espasmos duraron varios segundos, no se cuantos, pero me parecieron minutos. No lo olvidaré nunca. Extendà mi semen por su pecho, su estómago y su pubis, introduciendo un poco en su vagina y metiendo un dedo lubricado con esperma en su culo. Jugué asà un ratito más hasta que puso su mano sobre la mÃa y me susurró al oÃdo: - Vete ya a dormir y no hagas ruido, no despiertes a papá. Y me besó.
|