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« en: Junio 09, 2006, 12:11:36 » |
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Hola a todos. Aprovecho esta página para escribir lo que oportunamente me pasó un par de años atrás y que marcó en mi un antes y un después en lo que es mi vida. Me llamo Soledad y vivo en una ciudad a las afueras de Buenos Aires, actualmente tengo 19 años y trato de estudiar algo para comenzar una carrera terciaria.
Lo que quiero contarles pasó a mediados del 2001, tenÃa por ese entonces 16 años y cursaba el secundario. Les cuento que soy de piel bien blanca y pelo muy negro, mi boca es muy carnosa y por esas cosas de la vida heredé un poco los pechos de mamá que son bastante grandecitos y en ese tiempo estaban bien desarrollados. El resto de mi cuerpo lucÃa armonioso, ya sea por la edad o los deportes que siempre practicaba. En la escuela me iba bien y tenÃa buena relación con mis compañeros. En cierta ocasión conocà a Mauricio un chico dos años mayor que yo que era muy apuesto y siempre me decÃa cosas bonitas. Cierta vez me propuso que fuera su novia y era tan encantador que acepté. Allà con el conocà los besos caricias y abrazos, empecé a entender lo que esas cosas causan en una adolescente y mi sangre hervÃa en cada encuentro. Poco a poco él ganaba confianza y entre profundos besos de lengua sus manos comenzaron a exprimir mis pechos y hurguetear mis piernas, estaba acelerado y a mi me gustaba, me daba mucho calor. Pasó de esto una semana y nos decidimos a hacer el amor, proyectamos una cita y entre besos y mucho romance le entregué mi virginidad a cambio de un placer extraordinario que me hacÃa feliz. Gocé mucho al sentir mi cuerpo penetrado por primera vez, ir viendo su rostro mientras me penetraba y se afirmaba de mis pechos dándome un rico dolor. Asà me lo hizo esa noche un par de veces y me encantó, a cada rato luego de eso nos buscamos para amarnos como dos descontrolados. Pero como lo bueno dura poco, él se tuvo que ir de la ciudad y cortamos la relación los dos conscientes de que serÃa lo mejor y de que habÃa sido hermoso lo que vivimos ese corto, pero intenso mes.
Pasaron unos dÃas y pude comprobar que mi perÃodo se retrasó y el pánico se apoderó de mi. Busqué ayuda en una amiga, solo encontré la respuesta tonta de que ya vendrÃa. Los dÃas se amontonaban entre si y el retraso permanecÃa. Estaba muy angustiada y busqué ayuda en mi tÃa Marta que es de mucha confianza, ella tiene 45 años y vivÃa con su esposo Jonás y su hijo MatÃas. Me transmitió confianza y me llevó al médico, un par de pruebas y lo inevitable se comprobó: estaba embarazada. Mi tÃa dijo que me ayudarÃa a hablar con mis padres, pero desistà ya que me parecÃa muy pronto y alocado todo eso. Guardé silencio y me sentÃa mal, pasaron las semanas y mis caderas se ensanchaban, gané un par de kilos y los muslos y cola engordaron bastante, ni hablar de mis pechos que ya no los retenÃan mis corpiños y además estaban muy sensibles, a cualquier roce quedaban hinchados de pezones duros.
Ya tenÃa 2 meses y medio de embarazo y afronté a mamá que solo me dijo que estaba esperando que se lo dijera puesto a que ya se habÃa dado cuenta. Le conté mi historia y no me apoyó mucho, delegó el problema a mi padre. Cuando se lo conté a él se enfureció, me trató de prostituta y me dijo que en su casa putas como yo no iban a vivir. Totalmente herida me fui de casa y busqué a mi tÃa Marta quien me dio asilo y el amor que me negaron mis padres. En su casa me sentà cómoda y apañada, Jonás era amable conmigo y MatÃas no me daba mucha importancia por lo que la pasaba bien dentro de todo. Asà seguÃa con mi embarazo y pensaba en Mauricio, en esos 4 meses atrás en que la pasamos tan bien y que mi cuerpo descubrió la sexualidad. Me entristecÃa saber que estaba lejos y no poder decirle lo que me pasó, o lo que nos pasó.
Un dÃa, vaya que dÃa, me desperté y bajé a la cocina. Allà estaba mi tÃo Jonás desayunando y por primera vez hablé profundamente con él de la vida y los sentimientos, de su relación con mi tÃa y de MatÃas el fruto de ese amor. Era un tipo muy tierno, paternal, de casi 50 años con una mirada tierna y una sonrisa carismática. Su contextura era grande y en realidad me agradaba mucho. Me contó cosas del embarazo y fuimos a mirar TV al living. Esa mañana estábamos solos y me preguntó de quien era mi bebé, a lo que le conté mi verdadera historia. El atentamente me escuchó y rompà a llorar huyendo hacia el baño. Cuando se me pasó fui a mi habitación y allà estaba él con un jugo esperándome. Le agradecà y me acarició el rostro. No se porque me ruboricé y me estremecà cuando esto pasó, le sonreà y me senté en mi cama.
El acariciaba mi pelo y por cosas que no sé, me sentÃa nerviosa, inquieta. Mi blusa apretaba mucho mis hinchadas tetas y se podÃa observar una buena porción de ellas por el escote. Mi pancita estaba al aire luciendo mi cuarto mes de embarazo y eso tentó a mi tÃo a acariciarme para ver si se sentÃa el bebé. Accedà tiernamente y su gran mano se deslizó en mi abultada panza, un escalofrÃo me recorrió y tuve una sensación espectacular en mi cuerpo carente de caricias. Su mano se movÃa suave y lenta dándome calorcito al punto que quedé roja de nuevo. Me preguntó que, qué me pasaba. Respondà que estaba nerviosa por todo. Sonrió y se sentó conmigo. Fijó sus ojos en los mÃos y continuó con sus caricias en la panza y me dio un beso en la mejilla. Ahà comprendà lo que me pasaba porque al sentirlo cerca me vinieron a la mente los momentos en que lo hacÃamos con Mauricio y comprendà que hacÃa tiempo que no hacÃa el amor. Mi cuerpo estaba excitado por la presencia masculina, pero yo no creÃa en eso ya que el tÃo Jonás era una persona muy buena, de 50 años, más que mi padre mismo.
Pero mi instinto femenino se dejó ganar y él acariciándome me empezó a decir cosas como: estás hermosa embarazadita, eres divina, tienes la suavidad de un ángel y sin querer se me escapó un gemido que despertó su atención. Se dio cuenta que si insistÃa me tenia a su merced, me miraba raro y su mano se deslizó a mi cabello acariciando mi rostro. Uno de sus dedos dibujo mi cara y se colocó entre mis labios, absorta solo atiné a abrirlos y pasar mi lengua por ese dedo grueso. El me miró y me dijo: estas hirviendo, sos un angelito y te voy a dejar más tranquila por que lo necesitas. Se arrimó hacia mà y su boca buscó un beso en la mÃa. Nuestros labios se juntaron y cerré mis ojos, suaves besos nos dimos, pero en un instante su boca se abrió para darle paso a una lengua ancha y experta que me recorrÃa mis labios. Lo besé con pasión volando de calentura, él tomó mis pechos y me los amasó suavemente, comenzó a buscar mi cuello y lo besaba con pasión. Mi remera se iba saliendo con el accionar de sus hábiles manos y quedé en corpiño con mis abultadas tetas a su merced. Me corrió un bretel y su lengua buscó mi pezón haciéndome suspirar y provocando en mi vagina una humedad que me lubricó entera.
Su boca bebÃa de mis tetas y estaba muy caliente. Mis manos agilizaron movimientos y pude tocar el bulto de mi tÃo que era una cosa importante. Lo tocaba con hambre y él entendió. Se paró y desabrochó su pantalón ante mi cara. Solo atiné a tocárselo y sacar del calzoncillo ese monstruo negro, erguido, tan ancho como largo que en vez de miedo me dio ganas. Lo tomé acercándolo a mi boca y lo besé, abrà mis labios para alojarlo y mi lengua recorrÃa esa cabeza morena con lÃquidos pre seminales mojándola entera. Tomé su exquisito sabor y comencé una mamada que me atoraba, pero me excitaba. SentÃa en mi paladar las venas hinchadas y con mis manos tomaba esos hermosos huevos inflamados. Me atrevà a levantar la mirada y allà estaba mi tÃo disfrutando de mi boca, sonreà y seguà haciéndolo con pasión, mi ritmo se aceleró y entre mis gemidos su verga fue depositando semen en mi boca en cantidades sorprendentes que se deslizaban a mis tetas y a mi panza preñadita.
Me tomó con violencia de los cabellos y me hizo besarlo, su trato habÃa cambiado, pero me gustaba asà que me dejé hacer. Sus manos me despojaron de la pollerita que llevaba y comenzó a masajear mi concha empapada. Me dijo: esto era lo que te faltaba putita sabes lo que te espera ahora. Le dije: cógeme tÃo estoy tan caliente. Me tiró en la cama y me quité la bombacha, me abrà de piernas y gocé como una condenada al sentir esa verga ganando espacio en mi concha. Me mordÃa el labio y le pedÃa más hasta que su verga se alojó por completo en mi haciéndome sentir un dolor agudo en mis adentros. Dolor que con sus movimientos y empellones logró que desapareciera. Tomamos un ritmo bestial y él me miraba a la cara y se aferraba a mis tetas, su cuerpo sudado se pegaba al mÃo y los labios de mi concha se estiraban al máximo para dar paso a esa verga divina. En un instante su verga volvió a escupir semen en el interior de mi concha y tuve un hermoso orgasmo.
Quedamos exhaustos, pero el querÃa más, asà que se acostó y me hizo sentarme en su verga que estaba un poco floja, pero que al sentir la humedad de mi concha volvió a endurecerse. Suavemente comenzó a chupar mis tetas transformando esos besos en mordiscos que me volvÃan loca mientras su verga castigaba mi concha y sus deditos ganaban lugar en mi cola dilatándola. Su verga estaba enrojecida y no acababa más. Yo estaba enferma de calentura y él al notarlo me hizo posar mi culo en la cabeza de su verga, sentà un pinchazo agudo, pero pronto esa cabeza se alojó dentro de mi culo y al masajear mi clÃtoris acabé como una yegua, aprovechando el momento él sin compasión me enterró su mástil hasta el fondo haciéndome sangrar y gritar. Allà dolorida empecé a cabalgarlo para que todo tenga un fin y él me tomaba por mi panza gordita mordiendo mis tetas y mirándome fijo al rostro. Al verlo asà me calentaba más y ponÃa más ritmo a mi cabalgata mirándolo fijo para que vea que no era una quedada sino una verdadera putita que se la aguantaba.
Fue asà que se rindió y me suplicó que se la vuelva a chupar. Lo hice, al acercarme a su falo estaba todo ensangrentado, con un olor a mil diablos, pero mi calentura era mucha asà que se lo dejé limpito y pude recibir una dosis menor de leche, pero que me excitó. Yo estaba casi llorando, asà que me llevó al baño y me higienizó, con una crema me lubricó la concha y suavemente enterró en ella un frasco de grandes dimensiones moviéndolo en todos sentidos dejándome bien abierta y con una acabada tremenda que ensució mis piernas. Luego de eso me acostó y se fue.
Mi historia continúa y tiene muchos pasajes bizarros, pero por suerte tuvo un final feliz que hoy hace que sea la mujer de Mauricio quien volvió por mà y por su hijito. Pero desde esa vez y durante casi todo mi embarazo me entregué de completo a Jonás y a todos sus caprichos que con tiempo contaré, lo extraño sexualmente ya que fue un maestro, pero estoy al lado de la persona que amo.
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