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« en: Junio 09, 2006, 12:16:21 » |
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Daniela era mi compañera de secundario. Era linda, gordita, culta. No se daba mucho con los compañeros pues profesaba la religión de los Testigos de Jehová y por eso casi nadie departÃÂa con ella. Yo era uno de los pocos con que ella se relacionaba. Pasábamos largas horas conversando. Siempre estuve enamorado de ella en secreto pero nunca me animé a decÃÂrselo. Además, la religión nos separaba.
Un dÃa ella cayó enferma y, como no tenÃa amigos, me llamó para que le llevara las tareas. Fui a su casa y la encontré sola. Su padre y su madre habÃan salido. Estaba hermosa. LucÃa un pulovercito de hilo escotado y un pantalón a rayas bastante ajustado. Nunca la habÃa visto vestida asÃ, ya que era más bien recatada. Pasamos al comedor y mientras le daba las tareas se arrodilló en la silla marcando bien sus curvas. Me exitó. Me acerqué para indicarle la forma de resolver un algoritmo matemático y su cercanÃa me hizo descontrolar. La abracé y deslicé mi mano hacia su cola. Lanzó un suspiro y sin protestar se abrazó a mÃ. Comenzamos a besarnos desesperadamente. Metà mi mano debajo de su pullover y acaricié su espalda. Al llegar a su corpiño lo desprendà cuidadosamente. Se dejó hacer. Se sacó el pullover y terminó de quitarse el corpiño dejando ante mi vista sus dos hermosas tetas. La besé apasionadamente, luego bajé hasta sus senos y comencé a succionar y lamer sus pezones. Jadeaba de exitación. Seguà bajando y desprendà su pantalón, se lo bajé. TenÃa puesta una bombacha no muy sensual, pero ajustada.
Le acaricié las nalgas y con mis manos y mi boca se la bajé hasta la rodilla. Instintivamente separó las piernas. Comencé a lamer su ombligo y a bajar despacio hasta llegar a los pelos de su pubis. Al llegar allÃ, desesperadamente me empujó para que siga bajando. Asà lo hice y comencé a lamer su vulva. Sus jadeos se hicieron cada vez más intensos. Estaba totalmente húmeda. Me tomó de los hombros e hizo que me pare. Se sentó, me bajó mis pantalones y mis calzoncillos, tomó mi pene y comenzó a chuparlo. Su boca era inexperta, pero igual hacÃa maravillas. Por no saber hacerlo se lo tragaba todo y casi se ahoga, pero siguió lamiendo y chupando, hasta que, sin poder soportarlo más descargué toda mi leche en su boca. Rebalsó y cayó sobre sus tetas y se escurrió por sus curvas.
Daniela se puso como loca....comenzó a lamer y chupar desaforadamente… Me empujó hacia un sillón cercano haciéndome sentar. Se me tiró encima y su vulva comenzó a rozar mi pene. De un solo golpe lo introduje en su vagina. Ella comenzó a cabalgar frenéticamente. Deslicé mis manos sobre sus nalgas apretándoselas y abriéndola todo lo que podÃa a la vez que se la metÃa una y otra vez. Ensayamos varias poses y luego de algún tiempo acabamos al mismo tiempo y caÃmos exhaustos sobre la alfombra...Ni bien nos repusimos ella se colocó de lado y comenzó a lamer mi pene a la vez que acercaba su vulva a mi cara. Acepté la invitación y comencé a chuparle su hermosa conchita....el 69 fue de novela ya que seguimos lamiéndonos hasta acabar nuevamente...Estábamos en lo mejor cuando de pronto la puerta se abrió, instintivamente miré y quedé atónito al ver a la madre de Daniela mirándonos con los ojos absortos sin osar emitir palabra.
¡Hija! ¡Qué es todo esto! – Dijo en tono de reproche.
Me incorporé y fue entonces cuando la madre de Daniela vio mi aparato. Se quedó sin habla y no pudo ya apartar su mirada de él. Se acercó, lo tomó entre sus manos, y, ante el asombro de Daniela y mÃo se arrodilló y comenzó a chupármelo magistralmente. Era tanto el placer que sentÃa que me olvidé de Daniela y la dejé hacer. Le desprendà la blusa y de un tirón le arranqué el corpiño. Asomaron dos tetas enormes, aunque algo caÃdas, pero no me importaba. La acosté sobre la alfombra y le metà mi verga entre esas dos hermosas tetas. Ella con una cancha tremenda las apretó para darme más placer.
Entre ires y venires acabé terriblemente y caà ya débil por todo el esfuerzo...La veterana se me abalanzó sobre mà y con su lengua recorrió todo mi cuerpo… fue alucinante... Yo me dejé hacer, parecÃa estar en el ParaÃso... No sé cuanto duró esto porque me quedé dormido, completamente relajado.
Cuando desperté estaba sobre una cama de dos plazas. Quise moverme pero no pude. Mis manos y mis piernas estaban atados a los barrotes... Levanté la vista y mirándome estaban Daniela y su madre, vestidas con ropas eróticas y prontas a abalanzarse sobre mÃ... pero... esto ya es otra historia.
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