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« en: Junio 09, 2006, 12:46:08 » |
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Después de haber hipnotizado a mi hermana toda una tarde, habÃÂa salido de casa a caminar y planear la manera programarla para perder su virginidad conmigo y convertirse en mi mujer y mi amante.
HabÃa notado ciertos progresos en mis intenciones; ella venÃa a mi cuarto, se sentaba en mi cama a conversar conmigo, o esperaba a que llegue en la noche para acompañarme a cenar, se notaba el interés insospechado que tenÃa por mÃ. Pero yo no querÃa hacerla mÃa bajo hipnosis, si no lavarle el cerebro completamente para que se entregue a mà sin tabúes y sin prejuicios de ninguna clase.
Una semana después de pensar cómo hacerle, le noté algo tensa, estaba preocupada por que se le venÃa un examen en su instituto que era difÃcil. Aproveché la situación, le sugerà una sesión de hipnosis, la cual aceptó inmediatamente, tal como se lo indiqué la última sesión anterior. Le hice sentarse frente a mÃ, le tomé de los hombros, los empecé a masajear suavemente mientras le clavé la mirada.
-Déjate sumergir en la paz, déjate llevar por el relajamiento, sabes que te hará bien, sabes que te agrada, tú deseas estar asÃ, en ese estado lleno de placidez, verdad. -SÃ, es verdad. DecÃa ella pausadamente. -No puedes resistirte, no quieres resistirte, quieres sumergirte, quieres ser completamente hipnotizada.
Lo que vino fueron sugestiones que iban moldeando su cerebro a mi modo, la tuve en varias sesiones durante casi 7 horas. La última vez de ese dÃa, le indiqué.
-MenomÃa, en adelante, no tendrás cohibiciones ante mÃ, yo podré tener acceso a tu intimidad, entrar a tu cuarto a cualquier hora, podré verte desnuda sin oposición tuya y dejarás que te mire mientras te cambias, eso lo deseas con toda el alma. - SÃ, lo deseo con toda el alma. DecÃa ella. -Dejarás que te acaricie por donde yo quiera y dejarás que te recorra todo el cuerpo con mis manos y mis besos. Asà también desearás fervientemente ser mi mujer y mi amante, pero siempre dejarás que yo dé la iniciativa. ¿Entendido? -SÃ, entiendo bien. -Ahora despertarás cuando te toque la frente. Pero te dejarás hipnotizar por mà siempre que te lo sugiera.
Le toqué la frente, ella parpadeó, estaba confundida mientras me miraba, suspiró en silencio y se sonrojó, yo sólo le sonreà y le acaricié el busto, cosa que le gustó puesto que cerró sus ojos y sonrió dulcemente. SabÃa que estaba avanzando a pasos lentos, pero su mente estaba casi programada para estar conmigo y entregarme su ser completamente.
Por tres semanas estuvimos asÃ, yo la hipnotizaba cuando querÃa, aprovechaba para seguir reduciendo sus inhibiciones conmigo y aumentarle su deseo por mà agregándole el deseo sexual y las ganas de ser mÃa y nada más que mÃa, además que la sugestionaba a hacer todo cuanto le diga aun sin estar hipnotizada dejándole libertad de decisión y voluntad propia ante cualquier otra circunstancia de su vida cotidiana.
Por su puesto que era asÃ, ella barrÃa mi cuarto, limpiaba lo que yo ensuciaba y cumplÃa cada cosa que le indicaba, no se preocupaba en pensar porqué era eso, simplemente lo hacÃa sin preguntar, sin protestar, sin siquiera hacer comentarios, era sumisa en todo ante mÃ.
Una noche entré en su cuarto mientras ella dormÃa, me acerqué, la destapé y comencé a besarle en el cuello acariciando sus partes Ãntimas, ella se despertó, se dio vuelta, creo que quiso protestar, pero se dio cuenta que era yo, y me dijo con voz tierna.
-Loco, te has vuelto tierno ahora, pero me gusta que me hagas esto, no sé porqué, pero me fascina que estés asà conmigo, me encantan tus besos, tus caricias, todo, no sé porqué pero estoy como dispuesta a todo por ti. -Cálmate, sólo vine para hacerte una última sesión de hipnosis. -Ya vale.
Como todo estaba a oscuras, sólo usé la voz monótona. Una vez en trance le dije.
-MenomÃ, de ahora en adelante, ya no necesitaré hipnotizarte, tú harás cuanto te pida, y cada vez que yo te diga "me perteneces MenomÃa", tú te dejarás llevar por el deseo carnal y te entregarás a mà y serás mi mujer; además, sólo harás el amor conmigo salvo que yo te dé permiso, lo gozarás, recordarás cada momento que te haga el amor con satisfacción y gozo, pero no se lo dirás nadie. ¿Entendiste? -SÃ, entiendo correctamente.
La desperté y me retiré de allÃ. A la siguiente noche entré nuevamente en su cuarto, pero ella estaba despierta repasando sus clases, me acerqué por detrás de ella y le comencé a besar todo el cuello.
-Qué haces, loco. -Tranquila, sabes que ... le acariciaba. -Qué cosa se. -Sabes que te gusta y además.... le apretaba los senos. -Además qué. -Que... pasaba mis manos por sus genitales. -Me perteneces MenomÃa.
Ella sólo suspiró y se dejó hacer, nos besábamos, nos acariciábamos, nos apretábamos.
Nos comenzamos a desnudar sobre su cama. Qué rico sentir esa piel suave sin explorar aun, le besaba y acariciaba por todas partes, ella se sumÃa en el placer del momento, lo disfrutaba, empezaba gemir de gozo. CorrespondÃa con pasión y con ese ardor contenido en su piel. Mis manos recorrÃan libremente su cuerpo y ella hacÃa lo mismo conmigo, cuando detuve mi mano en su vagina, la acaricié y la apreté suavemente, ella suspiraba y gemÃa, lagrimeaba en silencio mientras nuestros labios se fundÃan mutuamente, mi pecho se frotaba con sus senos en un vaivén exquisito. En un momento empecé a penetrarla, tenÃa mi pene endurecido por la excitación, ella solamente gemÃa y lagrimeaba a la par que se movÃa a mi ritmo, yo le decÃa que era mÃa a la par que rompÃa con su virginidad, sentà esa resistencia natural de cuerpo sin explorar, pero que se rompió para siempre. Con mi pene dentro de su ser, empezamos a movernos con desenfreno, ella decÃa que le gustaba, que no sabÃa porqué lo hacÃa, pero que lo habÃa deseado y que se sentÃa feliz de entregarse a mà sin reservas. Sudábamos, de pronto eyaculaba dentro de ella a la par que sentÃa su orgasmo, el primero de su vida, arqueada su espalda, dando un grito de placer contenido. Minutos después saqué mi pene de su interior, nos besábamos, y nos quedamos dormidos juntos. A la mañana, muy temprano me fui a mi cuarto. Al despertar, la noté relajada y con una expresión placentera en el rostro. Yo sonreÃ, me acerqué a ella.
-¿Te gustó lo que hicimos anoche? -SÃ, y disfruto recordándolo, no dormà pensando en cada cosa de lo que pasó. Me siento totalmente tuya.
Luego, la besé suavemente y pasé mi mano por su vagina.
-Siempre serás mÃa. -SÃ, solamente tuya.
Desde esa ocasión, hacemos el amor regularmente. Comenzaba a pensar que mi "hermanita" podrÃa ayudarme en futuros planes.
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