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« en: Junio 09, 2006, 09:53:43 » |
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Quede con aquel hombre a través de Internet. Jamás pensé encontrarme ante tal situación, habÃÂa quedado con una persona de màmismo sexo y iba a ser su sumiso para que me hiciera lo que el quisiera conmigo.
Por lo que habÃamos hablado iban a ser juegos de atar con cuerdas, pinzas, etc. Asà que allà estaba... hasta que apareció. Nos saludamos discretamente y me dijo que tenia el coche cerca, asà que nos dirigimos hacia allÃ. Su casa no estaba muy lejos, a unos 10 minutos. En el camino hablamos de cosas muy normales: el tiempo, el fútbol, etc.
Llegamos a su casa y lo primero que me dijo fue: "Desnúdate y entra en esa habitación". Asà lo hice. Entre en esa habitación completamente desnudo. Según entraba vi cadenas, grilletes, cuerdas... en aquel momento me entro un poco el miedo pero pensé que ya estaba allà y que no tenia vuelta atrás. SeguÃa pensando en si habÃa hecho bien en quedar con aquel hombre cuando entro con una bolsa. El no estaba desnudo, llevaba una especie de calzoncillo de cuero, pero nada más. Me ordeno que me pusiera a cuatro patas y asà lo hice. Una vez estaba en el suelo me ordeno que echara las dos manos hacia atrás y las juntara. Me ato las manos con una cuerda, estaba completamente a su merced.
Me levanto y saco de la bolsa una especie de pinzas raras y me dijo: "Esto no es lo acordamos pero quizás te guste más". Justo cuando iba a preguntarle que era aquello saco una especie de bozal con una bola y me la coloco en la cabeza y la bola en la boca, asà que no pude preguntarle nada, no podÃa hablar. Cogió las pinzas extrañas y les coloco unos pesos. En ese momento entendà lo que era, eran unas pinzas con pesos para colocármelos en los pezones. Me los puso y no pude evitar gritar, pero debido al bozal y la bola no se oÃa gran cosa. Aquello dolÃa. Poco a poco me fui acostumbrando a aquel dolor.
Después de esto y aun con las pinzas en mis pezones me coloco un trozo de madera con unos grilletes en mis tobillos, aquello me separaba las piernas dejándome expuesto totalmente. Ahora no podÃa ni caminar. Me arrastro hacia la pared y me ato a un gancho que habÃa allÃ. Estaba atado. Empezaba a temer a este hombre. Se dirigió de nuevo a la bolsa y saco un aparato con cables, lo cual me sorprendió mucho. ParecÃa ser un aparato de esos de electroestimulación muscular. Me puso un electrodo en el testÃculo derecho y otro en el izquierdo. Puso el aparato en marcha. Al principio la sensación era de cosquilleo, incluso era agradable, pero poco a poco fue dándole mas fuerza, empezaba a doler aquello, asà se lo hice saber a través de una especie de gemido mezclado con grito. Siguió subiendo la potencia, aquello era insoportable, era como si me golpeasen los testÃculos, subÃa y bajaba la potencia continuamente y miraba como sufrÃa, aquello debÃa excitarle. Siguió asà durante 10 minutos que se me hicieron eternos, después paro aquel aparato que tanto me habÃa hecho sufrir y después de recogerlo se dirigió de nuevo hacia la bolsa.
Yo ya estaba exhausto. Volvió de la bolsa con otro instrumento que me puso en mis doloridos testÃculos. Era una como un anillo que hacia que mis testÃculos estuvieran apretados. A este anillo les puso unos pesos que habÃa traÃdo también de la bolsa, me soltó de la pared y las piernas y me dijo que me levantara. QuerÃa que levantara aquello pesos solo con mis testÃculos. Lo intente y el dolor no me dejo hacerlo. Me dijo: "O te levantas o te doy patadas hasta que se te revienten". Ya no me fiaba de aquel hombre asà que tuve que hacerlo. Me obligo a andar alrededor de la habitación con el escroto totalmente estirado, mientras yo aguantaba aquel inmenso dolor.
Una vez se canso de esto, me libero de aquellos pesos pero no del anillo, lo cual me hizo pensar en que seguirÃa con el castigo. Mientras yo seguÃa recuperándome el llamo a "Jumper", su perro, que entro por la puerta. Era un gran pastor alemán. Tras esto, me sentó junto a la pared y me ato a los grilletes. Aquel hombre le puso una correa a su perro y ato el otro lado en el anillo que yo tenia en mis testÃculos, me temÃa lo peor... Yo estaba en el suelo y el perro cerca de mi. Seguidamente el hombre se alejo y empezó a llamar al perro. Enseguida me di cuenta de que debido a la longitud de la cuerda el perro no podrÃa llegar hasta su amo. El perro empezó a tirar y a dar saltos hacia su amo, en aquel momento pensé que me arrancarÃa los testÃculos. Seguà tirando una y otra vez, yo no podÃa hacer nada mas que lamentarme de mi dolor y de haber quedado con ese hombre.
Tras un rato de esta insufrible tortura el hombre paro, calmo al perro, me soltó y me volvió a poner aquella madera con grilletes que me dejaba expuesto. Creà que entonces el me penetrarÃa pero no fue asÃ. Le dirigió a Jumper sobre mi. No podÃa ver bien al perro pues quedaba justo detrás de mÃ. De repente se subió en cima mÃo y sentà como su gran miembro estaba húmedo. El hombre dirigió la polla del perro hacia mi ano y de una embestida metió todo dentro de mi, incluso la bola que suelen tener los perros. Dolió muchÃsimo, era una polla enorme la que tenia aquel animal. Jumper empezó a bombear, metÃa y sacaba sin parar, cada vez más rápido, yo seguÃa aguantando aquel suplicio y mientras el perro gozaba. De repente, sentà como su leche inundaba mi intestino. HabÃa echado muchÃsimo semen. Estuvo cinco minutos encima y después consiguió salir, al salir cayo mucha leche al suelo que el mismo animal lamió.
El hombre, sin esperar a que me recuperara, saco su polla y me la metió en la boca. Le tuve que hacer una mamada, y no pensé en no hacérsela, por que pensé que sino el castigo seria peor. Estuve un buen rato con su polla en mi boca hasta que se corrió dentro. Me dijo: "Como derrames algo, lo tendrás que chupar desde el suelo", asà que me lo tuve que tragar todo.
Después de esto el hombre me soltó de todas las ataduras y me quito las pinzas de mis pezones. Casi no podÃa caminar. Tenia los testÃculos muy doloridos, los pezones marcados por las pinzas y el ano sangrando. Cuando me recupere le dije que si podÃa marcharme. Me dijo que si y que si querÃa repetir, le encontrarÃa en el mismo chat. Desde entonces no he vuelto a entrar a ese chat, aun que muchas veces me he sentido tentado a volver a hacerlo, después de todo, sigo masturbándome pensando en aquella experiencia.
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