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« en: Junio 09, 2006, 09:55:53 » |
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los dedos penetraban en mÃÂ, provocándome escalofrÃÂos de placer, mi manubrio volvÃÂa a engordar debido a las caricias recibidas.
mà no me duele que me den por culo, estoy más que acostumbrado y lo único que siento cuando me follan es gusto. Movà mi culo en cÃrculos mientras Gabriel me seguÃa comiendo allà atrás y erguà mi cabeza cuando sentà sus dedos tomando posesión de mÃ. Mi bello joven, mi hermoso jovencito me está dando por culo con su lengua y sus dedos, pero necesito sentir ese pubis fuerte dominarme y llenarme de carne el culo. Me agarré como pude a la cabecera de la cama y estiré el otro brazo hasta tocar la polla de Gabriel, que volvÃa a estar dura. Qué maravilla la juventud. De mi rostro goteaba el sudor, pero yo quiero sentirlo en mi culo y en mi espalda causado por la follada de Gabriel. Sus dedos se afanan en entrar y se mueven en cÃrculos, cómo me masajea la próstata, cómo me abre mi agujero, es increÃble este muchacho, mientras me abre el culo con sus dedos me chupa los huevos, los succiona con fervor y casi me hace daño, pero es un dolor delicioso, podrÃa sentirlo durante horas, podrÃa estar jugando asà años. -¿A qué estás esperando para metérmela, cabrón?- le pregunto apasionado, el sudor resbala de mi cara enrojecida. -¿Te gusta? -Me gusta todo lo que me hagas. Se dispone a coger el tubo de lubricante pero yo se lo impido: -Lo quiero a pelo.
Pareció querer responderme, mas se encogió de hombros y siguió a lo suyo. Ahora escupÃa en mi túnel secreto, apartaba mis escasos vellos negros, metÃa su lengua y me lubricó un poco más hasta que sentà su cabeza pugnando por entrar. Me tumbé boca abajo en la cama para facilitar su trabajo y me estiré, quedando mi polla al alcance de mi mano por si me hacÃa falta, aunque lo dudaba, teniendo en cuenta la gran dotación del muchacho. -¿Qué pasa, te cuesta?- bromeo. -Es que te cuesta abrirte, papito- esta palabra enternece mi corazón cuarentón. -Aquà tienes muchacho.
Alcé mis nalgas y abrà todo lo que pude mi ojete, que debÃa brillar por toda la saliva que Gabriel habÃa dejado allÃ. Gabriel lo intentó una vez más y esta vez la cabeza de su gran lanza sà se clavo en mÃ, provocándome goces inusitados y un pequeño dolor. -¿Me retiro? -¡Fóllame de una vez!- me sorprendo de mi vocabulario, pero a este chico hay que soltarlo. Ante esto Gabriel dejó pasar toda su porra de una estocada soltando un débil gemido y unas palabras: "Fernando, Fernando…", yo sentà por fin toda la extensión de aquel pollón llenándome el culo, disfruté sus huevotes frotándose contra mis nalgas, sus pezones enhiestos contra mi espalda morena mientras su boca me besa la nuca y me muerde las orejas. Deja reposar su miembro dentro de mà apenas unos segundos y después lo libera, iniciando un potente pistoneo que me taladra, gozo como nunca, su polla me destroza entre gemidos de gusto y machaca mi próstata, ahora yo también tomo el control. Comienzo a mover mi pelvis tenuemente, pero sobre todo me dedico a estrujar su cipote con mi esfÃnter anal, le estrujo como si fuera un blando plátano, él nota la opresión y se para un rato para disfrutarme hasta que de nuevo vuelve a follarme con todas sus fuerzas, estrellando su pelvis con todas sus fuerzas contra mi culo, el sudor de ambos provoca extraños ruidos al penetrarme: flop, flop, flop. Ojalá pudiera observar la escena: el culo musculoso del jovencito impulsando con todo el Ãmpetu de la juventud su rosada polla, sus gordos huevos en mi maduro culito velludo moreno, mi esfÃnter casi negro abierto, repleto de polla joven mientras mis enorme huevos negros son rechazados contra la sábana con mi polla, que húmeda y goteando precum se frota contra la cama. Su carne blanca y musculosa tomando posesión de mi carnes morenas y prietas, menudo contraste, me relamo y gozo de la sodomÃa, su lengua me lame el rostro y yo acudo a presto a rebañar todo lo que alcanzo desde mi precaria posición. Sus manos cogen las mÃas y me retiene contra el lecho mientras sus muslos aprietan asimismo los mÃos, dominándome y haciéndome enloquecer. -Ay, daddy, qué rico estás por dentro, no lo sabes muy bien, qué culito tan caliente tienes, qué puto, cómo lo mueves… -Y tú me follas divinamente, mi putito, mi niño cabrón, vergudo y huevudo.
Me libero parcialmente y alzo mi pierna derecha mientras tomo su diestra, obligándole a masturbarme, cosa que hace con entusiasmo. Ahora sà que gozo por delante y por detrás. Aprovecho y miro el espejo que hay delante de mi cama y observo como me da por culo. La imagen me excita enormemente y le pido que él también mire. Él mira mi cuerpo sometido a su polla y se encabrona, me folla más rápidamente, intentando destrozarme, pero su polla pasa limpiamente a través de mi esfÃnter, yo gozo con su polla y la retengo contra mà apretando mi culito. ExcitadÃsimo, por fin, siento como su picha se hincha y se turba dentro de mÃ. Miro su rostro y me sonrÃe mientras la leche me invade, toma posesión de mÃ, se saca la polla, deja la mÃa y me la ofrece. Su polla, ya tumescente, es hermosÃsima asÃ: se ve más roja que nunca y de ella gotea el viscoso semen que espontáneamente es recogido por mà en lengüetazos, qué bien sabe, un poco salado y muy picante en la garganta, seguro que él no se ha parado a saborear el mÃo. -Aún quedo yo- le digo sentado-. Me has vuelto a poner cachondo y tienes un precio que pagar- señalo mi miembro erecto, mojado y gloriosamente erecto.
Yo ahora estoy sentado y le indico a él que se siente encima de mi polla, dándome la espalda. Sé que tiene miedo a que mi polla le destroce, pero todavÃa está dilatado por el polvo de antes. Toma mi polla y se sienta con dudas encima de mi polla al principio, gozosamente después, disfrutando al máximo el empalamiento. Le tomo de los brazos para follarlo furiosamente a mi gusto y le abro sus piernas con mis muslos. Ahora disfruta tú de mi polla, cariño, y mÃranos en el espejo. Nos miramos en el espejo y nos besamos como podemos. Él se inclina hacia la mesilla donde dejé el consolador negro que usamos esta mañana y lo chupa y lame. Lo coge con ambas manos y aparta mis huevazos. Adivino sus intenciones y me abro más de piernas, sujetándome con los talones y abriendo al lÃmite mi culo. Me lo mete de un solo empellón y yo suspiro del gozo. Lo mueve, mas yo pronto le incorporo para que lo deje allà metido mientras mi polla, más dura que nunca le folla como un martillo neumático. -Fer, me matas, cariño, amor… -Gabriel, me corro, toma mi leche, mi amor, chúpala toda.
Una vez más le lleno el depósito intestinal de mi semen. Él mueve el consolador y lo saca al unÃsono, con lo que la corrida resulta de fábula; mis oÃdos me silban y rÃo como un niño. Coge el consolador, que huele a su lefa y yo lo lamo, rebosante de placer. RÃe. Yo me libero de él y le sujeto los brazos mientras le pongo mi polla aún chorreante en su cara. Él la toma y le obligo a retenerla en su garganta, mientras mis jugos destilan. -¿Te gusta?- se la saco. -Está deliciosa…- me mira con carita gozosa-. Verás, es súper picante y me recuerda al agua salada, al mar. -¡Pues a ver qué te parece esto! Abro mi culo y se lo paso por el rostro. Él, obediente, lo lame plácidamente. Le miro. -¿Qué te parece? -¡Está muy bueno! -¡Ja, ja, ja! -¿Y mi leche? -¿Eh? -¡Pruébala!
Aunque ya lo he hecho, beso su pene y lo sostengo contra mi boca. -¿Y? -¡Delicioso!
Alza sus nalgas y expone su ano colorado después de tanto folleteo: -¿Y esto?
Lo olisqueo. ¿Me dejará de gustar algún dÃa este olor tan excitante, tan penetrante? Ahora lo saboreo. Introduzco mi lengua por él, con cuidado de no lastimarle más. Termino besándolo. -¡Muy rico! Pero me gusta más tu sabor… -¿Cuál?- me pregunta inocente. -¡Éste!- y me como sus labios en un apasionado beso… -Es verdad, tienes razón. Más tarde nos volvimos a duchar. Le tuve que poner un poco de crema hidratante para calmar el dolor de su ojete. ¡Casi eran las tres de la tarde! Me dispuse a preparar una comida desnudo. -¿No te cansarás de mà viéndome todo el rato desnudo?- me pregunta. Le miro. Es tan hermoso que casi me enoja que dude de lo que siento. -Nunca. Te he visto con mi cerebro, con mi alma y con mi sexo. No con mis ojos. ¿Y tú?- ahora el molesto parece él. -Jamais. -¿Hablas francés?- le pregunto en dirección a la cocina. -Oui. Y además, lo hago muy bien. -Doy fe de ello. ReÃmos y comemos. Todo es paz, pero no como la tÃpica etapa que atraviesan todas las parejas que luego falla estrepitosamente. Un aura de eternidad rodeaba todo. Me comentó que una de sus más grandes aficiones era la fotografÃa artÃstica. -Te quiero hacer unas fotos. ¿Tienes cámara? Enseguida la busqué. No es gran cosa, sólo una Canon, pero creo que le servirá. -AquÃ, con la luz- me dice.
Me tumba en el tresillo. Flash. Apunta a mi sexo. Flash. A mi rostro. Flash. No sé cuántas fotos me hizo asÃ, pero agotó el carrete. Me pidió que posara y accedÃ. Unas poses más artÃsticas, pero otras eróticas, evidentemente. -¿Qué vas a hacer con estas fotos? -Son para los dos. ¿Me tomas a mà unas cuantas? -SÃ, pero… espera.
Volvà con un tubo de henna y un libro de poesÃa. -¿Qué vas a hacer?- me inquirió extrañado. -Te voy a escribir en el cuerpo una poesÃa de Kavafis. -¿Quién es Kavafis? Me suena bastante. -Es un gran poeta homosexual.
Su cuerpo se veÃa muy hermoso con la poesÃa escrita en henna sobre su cuerpo blanco. Le tomé unas pocas fotos, pero era obvio que a mà la fotografÃa no me interesaba tanto y me limité a mirarle con amor y deseo. -¿Qué sientes? ¿Amor o deseo?- era cierto, pero por encima de todo sentÃa: -Paz. -La gente que está en paz tiene muy poco que decir. -No es una paz cristiana. Es mi paz y es la que voy a compartir contigo.
¿Qué más podrÃa decir? Él me hizo el amor a mà y luego yo se lo hice a él, después de disfrutar de un sano 69, con anilinguos incluidos. Después salimos a cenar a un navarro que conozco, no al italiano que querÃa ir él, tras ir al teatro. La gente nos miraba extrañada, pues somos lo suficientemente diferentes fÃsicamente hasta que veÃa como nos besábamos. Entonces algunos nos miraban con envidia, otros con asco y, por último, otros que nos felicitaban sin palabras. Pero no nos importa. Como dijimos más tarde, en la cama: "Somos amantes".
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