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« en: Junio 09, 2006, 09:56:05 » |
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-Qué pena no haberte hallado antes- confesé. -Nos hemos encontrado cuando debÃÂamos, ya está- me respondió Fernando.
-¿Viste las caras de los tÃos del Ricks? Se quedaron todos flipando cuando nos largamos… ¡cómo si fueran santos! -Lo que les jodió fue perderse un macho como tú- me responde con los ojos brillantes. Qué hermoso es este rostro maduro, esta barba que me sonrÃe. Se la acaricio. Él responde ronroneando como un tigre, ¡no!, como un león. Paseo mis dedos por el cabello rubio y él besa mi brazo. No sé cuándo fue, pero entonces nos dormimos. Desperté precipitadamente cuando sentà su húmeda lengua resbalar entre mis nalgas hasta mi culo… qué rico se siente. Abro las piernas para que acceda mejor y me dedea. Su dedo moreno se abre camino a través de mi culo, dilatándolo en cÃrculos, joder, qué gusto que me da, me mete otro dedo, yo gimo, él introduce otro mientras me susurra: -Cómo gozas, cabrón.
Me pone cachondÃsimo con estas palabras y arqueo mi espalda para mover mi culo en cÃrculos, cuando me elevo él chupetea mis testÃculos, y cuando bajo él muerde mis nalgas; estrujo las sábanas y grito como un condenado por haberme encadenado a este gran follador, me da la vuelta y me chupa la polla, me hacen cosquillas los pelillos de su barba en mis pelotas afeitadas y se humedecen sus labios con mi precum. Para la mamada y mientras me mira con sus profundos ojos azules maliciosamente me lame la cabeza roja lentamente con su gran lengua. Repasa la cicatriz de mi frenillo (me lo quitaron hace unos años) delicadamente, retorciéndose de placer por cada milÃmetro de lengüeteo al que me somete. Mis dientes rechinan y cojo su cabeza por el cabello; le miro duramente y le urjo a chupármela otra vez, forzándole a meterse mi polla hasta el fondo de su garganta, lo que acomete con cierta dificultad. Mi sexo se hunde hasta sus entrañas y su lengua me sigue masajeando allá dentro. De pronto se desembaraza de mà y raudo se arrodilla frente a mi rostro, me coge de la nuca y me mete su enorme tranca en la boca. La siento resbalar poco a poco pero inexorablemente a través de mis rojos labios, su punta me duele en la garganta, pero ahora me toca a él recibirle. Le oigo reÃrse, ¿te rÃes amor? En ese caso te sorprenderé: me empalo por la boca a toda prisa como puedo, escapando de sus garras, llego casi a su pubis, los vellos negros y rizados me arañan la cara pero el olor a su lefa es aquà tan grande que me excita como a un puto, y la chupo desesperadamente, sin importarme que luego me duela la garganta, casi vomito, pero su polla es tan rica… Con mi diestra avanzo hasta sus huevos y los acaricio con mimo, son tan gordos y tan peluditos. Sigo por el rafe perineal hasta el culo velludo, muy escondido, pero abierto, mojado, incitante…meto ahà dos dedos mÃos y le follo por dentro, él se cachondea más y me empieza a follar por la boca ferozmente, mi garganta aguanta como puede los embates y mi boca se abre hasta lÃmites insospechados, pero mis dedos le retienen contra mÃ, provocándole goces ilimitados que se plasman en sus gritos: -¡Asà es Gabriel! ¡Chúpamela, cabrón! ¡Dame por culo con tus dedos!
Le fuerzo a tenderse boca arriba, le doblo los muslos contra su duro abdomen (mmm, ricos muslos) y bien abierto su culito prieto, le lamo del cabo al rabo, centrándome en el primero hasta que le meto tres dedos y le masajeo la próstata: -¿Te gusta, eh mamón? -¡SÃ! Sigue asÃ, hijo de puta…
Mientras le doy duro por el culo con mis dedos le chupo la polla furiosamente acariciando con mis dientes toda la enorme cabeza, el tronco de la morena verga, libera un brazo y me exprime la cabeza contra su polla como un limón en un (valga la redundancia) exprimidor… qué placer siento al chuparle la polla asÃ, asÃ, mi papito se libera definitivamente de mÃ: -¿Qué, te ha gustado, eh, cabrón? -SÃ, mi amor- sé que esta palabra es la que le pone a mil, y le libra de su faz de hombre responsable y educado.
Me tiende con su enorme fuerza boca abajo en la cama y me lame el ojete impresionantemente, su lengua me penetra como una pequeña verga, chilló de placer, me mete sus dedos y sobetean las delicias que escondo en mi interior, cuando giran provocándome dolor y placer a mares y se mete mi polla en la boca de manera que él ha quedado boca arriba tumbado mientras yo me lo follo por la boca a cuatro patas, aunque él me esté dejando el culo como nuevo. Le follo por la boca a mis anchas, le meto mi cipote por todo lo alto chocando contra sus dientes, él como un loco se yergue para seguir chupándola como puede, su boca se abre furiosa allá donde va mi polla, la elevo y dejo que chupe mis huevos, los lame y chupa mientras su mano en mi culo dirige la función, me vuelve a chupar la polla, -Qué rico, daddy, you're my best fucker daddy…
Ésto lo termina de enloquecer. Me deja un momento para sacar algo de un cajón. Es un consolador negro, grande, aunque no tanto como su polla, desde luego. Lo empieza a chupar delante de mà y yo espero anhelante a cuatro patas, con mi culo al aire, bien abierto y lubricado por la saliva de él. Vuelve a mÃ, y mientras me chupa con más ganas que nunca me encaja de un golpe el consolador en el culo, provocándome gran dolor, pero también placer. El amor duele. Me siento estallar y por fin me corro, le observo y veo que mi leche se escapa de sus fauces, en un vano intento por contenerla, la mordisquea, la chupa, se sale y me tiende boca arriba para darme a probar mi propia leche. Aún tengo el consolador dentro de mi rosado ano. -El consolador lo debes usar mucho, ¿no?-le guiño un ojo.
Él rÃe, pero me saca el consolador y lo lame: -Está delicioso. -¿SÃ? -Ajá. Le arrebato el consolador de las manos y le tumbo de lado, sobre su muslo izquierdo, acaricio la cara interna de sus muslos y se los abro. Me dirijo hasta su culo y le ensarto el consolador de una hábil estocada. Él grita, pero es más placer, que otra cosa: -¡Bien me has clavado! -¿Qué se siente?- le pregunto mientras mi dedo Ãndice bordea la dilatada entrada de su culo. -Me siento muy bien. Chúpamela, mamón. -De acuerdo, cabrón.
Le abro de piernas una vez más y acudo a la llamada de la selva del pubis, la auténtica selva negra, que una vez más me deja probar el suculento manjar, su polla. Poco dura mi placer, pues pronto me toma de los cabellos y mientras se saca el manubrio se corre echándome unos impresionantes lechazos en los morros, mojándome todo como dirÃa Aute, me unta su polla en mis labios y yo los abro para beberme toda su lefa, toda menos una poca que se la llevo con mi lengua a sus labios. -¿Te gusta?- sus dedos manejan el consolador en cÃrculos para dar un mayor placer a su ojete. -Mucho- nos la pasamos con las lenguas de una boca a otra. Es la mejor leche que he probado nunca. -Pues sé un buen chico y sácame el consolador- me mira sonriente-. Con la boca.
Pegué mis labios al mango y succionando fuertemente logré sacar el consolador del moreno culo. Él acaricia el mÃo con sus largos dedos. -Te ha quedado el ojal bien abierto. Ten cuidado, no cojas frÃo- bromeo. -A ti te debe ocurrir lo contrario porque lo tienes rojo- rÃe respondiéndome.
ReÃmos los dos y nos miranos, enternecidos. -¿No es maravilloso? -¿El qué?- contestó aún riéndome. -El que tú me hayas encontrado a mÃ, y el que yo te haya encontrado a ti. -SÃ. Fernando, eres maravilloso- nos volvimos a besar.
Nos duchamos juntos. Los jabones de frutales olores llenan de lubricadora espuma nuestras pieles serranas. Jugamos como dos crÃos. ¡Ay! Si me viera mi mejor amiga, adicta a los teleculebrones, dirÃa que por fin me he enamorado. Nos secamos mutuamente. Nos miramos, satisfechos y cubre su cuerpo con un lienzo blanco, mientras que se dispone a dejarme a mà su bata. Parece que se lo piensa mejor y se queda finalmente desnudo. Le observo andar. Sus nalgas apretadas se contraen a cada paso y sus cabellos limpios destellan como la paja recién segada. Me acerco a él y le abrazo desde atrás. Qué fuerza despiden sus músculos y qué calor emana de su cuerpo. -Eres todo un hombre- llego a alcanzar sus pelotas y tanteo su peso. -Nos gustamos mucho- me besa mientras abre la bata y me mira los muslos-. Mejor, quédate tú también sin ropa. Subiré la calefacción.
Le obedezco. Nuestras miradas no son las de unos extraños que acaban de echar los lechazos de sus vidas, pero tampoco son las de un matrimonio aburrido por compartir toda una vida. Prepara el desayuno y comemos, mientras charlamos animadamente. -¿Tienes algún plan para hoy?- pregunto. -HabÃa pensado en quedarme haciendo el amor contigo hoy todo el dÃa. Me acaban de dar una semana de vacaciones en el hospital y me gustarÃa pasarla contigo en la cama, en el suelo, en la ducha… ¿alguna vez has follado en la ducha? -¿Eres médico? -Soy intensivista. -¿Eh?- Fernando rió. -Tú eres de letras, ¿verdad? -Pues sÃ- me azoré-. Estudio historia. -Los intensivistas somos los médicos que estamos en las unidades de cuidados intensivos. Tenemos unos horarios un poco extraños, y por eso habÃa pensado en aprovechar este tiempo contigo haciendo lo que mejor se nos da. -Yo habÃa pensado en salir hoy en contigo. -¿Dónde? Quizás, hasta me convenzas. -QuerÃa sacarte por Madrid, darles envidia a todos, lucir a mi… -¿Mi? -Iba a decir "mi novio"… -Soy más que tu novio. Soy tu amante. -¿Ya? -SÃ. -¿Tan fácil? -No me ha sido tan fácil. -Joder, es que no estoy acostumbrado a que me salgan tan bien las cosas… -Pues quién sabe, a lo mejor de quien tienen envidia es de mÃ, que serÃa lo más lógico. ¿Adónde quieres ir? -HabÃa pensado en cenar en el italiano que hay por el B&W…
Seguimos hablando, lo cual era sorprendente porque normalmente los tÃos que te llevas a la cama en una noche no dan luego mucho de sà una vez que les toca hablar.
Y cuando hablábamos de poesÃa no pude evitar volver a verle el sexo. Era muy grande, moreno y gigantesco, ahora su piel cubrÃa la cabeza que daba tanto placer como dolor. ¿Cómo serÃa ser penetrado por semejante monstruo? -Fernando…- le interrumpÃ. -¿Qué? -Quiero que me penetres- se quedó sin voz. -Pues ya habÃa pensado en eso, pero no sabÃa si te gustaba… -Ahora. -Bueno, si tanto te apetece, hagámoslo- sonrió. Nos levantamos del sofá y sonrientes como dos niños traviesos que se disponen a realizar una travesura nos encaminamos hacia su alcoba. -¿Tienes que ir al baño?- preguntó Fernando. -No. -Vete preparando en la cama, voy a por el lubricante.
Me tumbé en la cama voluptuosamente, estirando todos mis miembros para dejar a la brisa acariciarlos. Con la excitación del momento comencé a bailar moviendo suavemente mis caderas y contoneando mi culito respingón cuando llegó Fernando con un tubo de K-Y en la mano. Percibà el brillo de su mirada y en aquel momento supe que le tenÃa en mis manos. Le miré de reojo y seguà bailando, ondulando mis lampiñas piernas del color de la crema, mientras mi culo apuntaba a su sexo erecto. Fernando se dejaba hacer e inmóvil asistÃa al espectáculo del que era protagonista, yo me muevo en torno a sus caderas morenas y acaricio con mis nalguitas su cipote y sus muslos velludos, dorados. Tira el lubricante a la cama, me coge del cuerpo debido a su impresionante fuerza de coloso me tira a la cama, yo le provoco moviendo mi culo en suaves ondas y él me besa la espalda, para terminar mordiendo mis nalgas. Me da la vuelta y me besa feroz, muerde mis labios y chupa mi garganta hasta hacerme daño, pero me encanta, ¿quién dijo que el placer no era dolor?, yo respondo mordiéndole la oreja y eso le pone más cachondo, mama mis pezones y acaba en mi pubis comiéndome la polla, chupa como una aspiradora, me levanta las piernas y lleva mis muslos contra mà para acabar comiéndome el culo, me lame mi entrada, penetra con su lengua mi ojal, lo jaspea de saliva y termina dándome un beso francés, comiéndome los morros. Lo reclamo para mà y le chupo su polla, escupo en ella, la lubrico bien con mi saliva. Él me dice entonces perversamente: -Tú lo has escogido. -Sólo hay una manera de culminar esto y es de esta manera. -Te voy a follar como a mi mujer. -Yo soy tu mujer y soy tu hombre. Yo soy tu amante… me entrego de manera… total.
Estas palabras le disparan y toma el lubricante. Llena su Ãndice y corazón derechos y esparce un chorro en mi culo, en mi ano. Me mira anhelante y mientras toma su mano derecha y comienza a horadar mi culo, abriéndome en dos, al principio molesto, luego delicioso, sus dedos se mueven en cÃrculo, me trabajan, él me besa agradecido, sus dedos toman plena posesión de mÃ, le pertenezco por completo y el placer me inunda. Saca sus dedos; los echo de menos. Le miro suplicante y él empuja la base de su punta roja. Me abre. Traspasa la gorda cabeza el umbral de mi culo y yo siento dolor, porque es enormemente gorda y grande, pero también placer, porque es mi hombre y folla como nadie, su polla morena continúa entrando lentamente, anticipándome el placer que sentiré después gracias a mi bienvenido invasor. Se desploma sobre mà emitiendo un débil quejido y apoya mis piernas en sus hombros macizos. Exhala un suspiro ("Qué bien se está aquà dentro, tan calentito"), me besa y me folla cada vez más deprisa, siento su gran polla abrirse paso a través de mi y retirarse, mi ano rosado está completamente abierto y dilatado y por él entra y sale una serpiente morena que golpea con sus dos huevazos mis nalgas, su pubis de negros y crespos rizos acaricia mi perineo y sus manos me pajean, no sé si aguantaré más sin correrme a este ritmo, se echa lubricante en la mano y me pajea a mayor velocidad, su polla me taladra, su boca me besa y mis labios responden a esos labios que me succionan tal y como mis rosados labios anales estriados abrazan allá abajo su pene pantagruélico, él también se excita, me folla y en ese momento me doy cuenta de dónde estoy y muevo como puedo mi pelvis para darle mayor gusto, no puedo manipular mi esfÃnter porque me tiene sometido, él gime y me besa, yo gimo y muerdo sus labios, sus ojos azules me miran como una encendida explosión marina y su polla me sigue follando sin piedad con poderosos movimientos. ¡Qué hábilmente se maneja la pelvis peluda! Sus envites me someten, exprimen mi próstata, sus dedos me acarician y yo me corro. Chorros y chorros de mi leche salpican su pecho, su cuello y su barba. Ante esto él grita y deja escapar su corrida en mi interior. Siento como su leche me llena, último acto de posesión de su cuerpo sobre el mÃo. Me llena tanto, que por fin cuando sale su miembro y se queda arrodillado ante mi cuerpo tumbado me siento vacÃo al notar pequeñas gotas de su leche salir de mi agujero. Él se frota mi semen en su pecho velludo, se pellizca con él los pezones. Se tiende sobre mà y suspira. Nos besamos otra vez y me lamió el cuello, sÃmbolo de su conquista sobre mÃ. Nos besamos más y más y nos descubrimos besando enteramente el cuerpo desnudo del otro, nos besamos las axilas, los brazos, los hombros, paseo mi lengua por sus tobillos mientras él repasa con sus labios mis muslos, mordisqueo sus muslos y él se devana en chuparme los pies, hay tantas cosas que se pueden hacer con la boca, me tiendo sobre él y beso toda su velluda espalda, llena aquà de un vello finÃsimo, él me recoge y besa mis tetillas, mi cuello, lamo su abdomen, su pequeña tripita, ¡es tan sexy!, él ronda en torno a mi ombligo, aprovecho y recojo de sus pezones morenos un poco leche mÃa que habÃa quedado allÃ, él besa la cara interna de mis muslos y estimula mis pezones, beso su pelvis y homenajeo a su pene, viva mi salvador, limpio su cabeza, aun fláccido es temible, él se adelanta y besa mi culo, se adentra y besa mi ano, introduce por él mi lengua y sus dedos, rebaña su leche y se la bebe, le tomo y él responde besando mi pene, lamiéndo también mis huevos, le dejo a cuatro patas y él obedece plácidamente, abro su culo y me encuentro con su inmaculado agujero negro, rodeado de sedosos cabellos, lamo su sudor, lamo su entrada y me sumerjo en ella con mi lengua, él suplica más y abre su entrada con sus dedos, lamo más y por fin le introduzco un dedo, le vuelvo a lamer y él gime con la cabeza apoyada en la almohada, le lamo allá abajo mientras muevo mi rostro y su ano responde dilatándose y contrayéndose, de nuevo lo chupo, lo chupo, escupo en él y le introduzco dos dedos…
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