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« en: Junio 09, 2006, 09:43:44 » |
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Me inscribàen el gimnasio, un poco por seguir a mis amigos y, la verdad, al principio no me agradaba demasiado la rutina de las pesas; pero,poco a poco le fui agarrando el gusto, sobre todo cuando empecé a notar como crecÃÂan y se marcaban los músculos de todo mi cuerpo...
Siempre habÃa tenido un cuerpo bien formado, gracias a la natación y a mi afición por correr olas pero, luego de unos meses en el gimnasio mis hombros, mi pecho, mis brazos y piernas lucÃan como jamás lo hubiera imaginado. Al parecer, mis genes eran los adecuados para dedicarme al fisicoculturismo, o al menos asà me lo aseguró Sergio, el nuevo instructor , quien se mostró muy interesado en dirigir mi entrenamiento con miras a participar en los campeonatos locales. Nuestra primera meta fue un concurso a nivel distrital, para juveniles como yo. TenÃa 19 años entonces.
Sergio por su parte, tenÃa 32 años, ojos verdes, pelo castaño, era de mediana estatura y con un cuerpo delgado pero muy fibroso de piel trigueña. Ah! y soltero. Yo no era precisamente inocente en lo que se refiere al sexo con hombres. HabÃa tenido relaciones con travestis y, ocasionalmente me habÃan pagado por sexo pero no me identificaba como gay. Lo hacÃa por diversión y siempre "como hombre".
Comencé a entrenar en serio, cuidando estrictamente mi dieta y siguiendo rutinas especialmente diseñadas por mi instructor. También empecé a usar anabólicos.
En el campeonato distrital gané sin dificultades. HabÃa logrado desarrollar 85 Kg. de músculos, que distribuidos sobre mi metro setentiocho me hacÃan ver en excelente forma. Nuestro siguiente objetivo era el Campeonato Metropolitano y a eso nos dedicamos durante los siguientes cuatro meses.
Entre Sergio y yo habÃa surgido una bonita amistad, que por momentos se volvÃa demasiado intima. Nos bañábamos juntos y a veces jugábamos y nos tocábamos desnudos en la ducha o en el vestidor. Imagino que muchos habrán pensado que entre nosotros ocurrÃan cosas, porque me di cuenta de las miradas que dirigÃan hacia nosotros cuando nos veÃan juntos. La verdad, en ese momento nuestra relación era --por asà decirlo-- puramente platónica. El era para mi, una especie de hermano mayor a quien respetaba y en quien confiaba totalmente.
Sin embargo, en mi interior iba surgiendo el deseo y no podÃa evitar tener una erección cada vez que jugábamos desnudos en la ducha. A el le pasaba lo mismo, pero ninguno de los dos dijo algo.
Sergio controlaba cada momento de mi vida --al menos lo intentaba-- y me convenció que no debÃa tener sexo hasta después del campeonato. "Nada de sexo. Ni siquiera puedes masturbarte ¿entiendes?"dijo y yo acepté aunque sabÃa que iba a ser muy difÃcil lograrlo. Volqué toda mi energÃa en los entrenamientos. Como el campeonato iba a ser al final del Verano, el periodo de preparación coincidÃa con mis vacaciones de la Universidad asà que prácticamente vivÃa en el gimnasio con Sergio.
El dÃa de concurso finalmente llegó. Mis padres y hermano estaban veraneando en el Norte asà que nadie de mi familia asistió. Sólo estábamos Sergio y yo. La competencia se realizó en un teatro, cuyas instalaciones estaban bastante venidas a menos. El lugar para cambiarnos y esperar era un patio ubicado detrás del escenario. Nunca me habÃa visto en una situación asÃ, el anterior concurso se habÃa desarrollado en un gimnasio. Sergio me apoyó para superar los nervios y las molestias causadas por la incomodidad.
Cuando entré en el escenario y me vi frente a casi 500 personas y el jurado tuve una extraña sensación. Me parecÃa que todos me miraban con deseo, incluso los otros competidores y de pronto me sentà superior, me sentà lo máximo. Estaba seguro que nadie tenÃa pectorales tan grandes y definidos como los mÃos, ni tampoco una cintura tan estrecha, ni bÃceps, ni muslos, ni dorsales tan perfectos como los que habÃa conseguido con mi esfuerzo y el de Sergio. TenÃa que ganar y asà fue. Gané mi categorÃa ( Juvenil )y pasé a participar de la competencia general.
Entonces fue otra cosa. Los otros competidores tenÃan muchos años practicando el fisicoculturismo y eran verdaderas montañas de carne casi grotesca. Uno de ellos medÃa solo 1.67 m. pero pesaba 90 kg. Sólo uno de ellos me parecÃa atractivo y pude notar que el me miraba también. Para mi sorpresa los jueces empezaron a llamarnos a los dos para hacer comparaciones. ParecÃa que el ganador iba a ser uno de nosotros. Frente a frente, en las comparaciones, no pude evitar empezar a excitarme y mi diminuta truza roja empezó a abultarse. Tener una erección en ese momento resultaba agradable y molesto a la vez pero no pude evitarlo y asà debà continuar hasta la rutina libre.
Los jueces llamaron uno por uno a los ganadores. A mi me llamaron en segundo lugar. El ganó. Me acerqué a felicitarlo y me abrazó. Nuestros pechos desnudos y aceitosos entraron en contacto y estuve a punto de no poder contener la eyaculación. Sólo por un milagro mi pene hinchado no habÃa escapado de la lycra que lo sujetaba. Pero mi impresión fue mayor cuando noté que el también tenÃa una erección apenas contenida por su truza azul. Fue un instante nada más pero tremendamente excitante.
Sergio me acompaño a cambiarme y me invitó a su casa para festejar con un almuerzo. Una vez en su casa le pedà su ducha para bañarme ya que en el teatro no habÃa podido hacerlo y tenÃa todavÃa el cuerpo cubierto de aceite.
Me acompañó a su habitación, me dio unas toallas y me señaló el baño. Me desvestà mientras conversábamos. El me dijo que yo debà haber ganado, que lo merecÃa, que tenÃa el cuerpo más hermoso que jamás hubiera visto. Mientras decÃa eso se habÃa acercado y estaba parado frente a mi, muy cerca. " Eres realmente lindo Jorgito" agregó y pellizcó uno de mis pezones. Lo que sentà fue como una descarga eléctrica que me dejó aturdido. No dije ni hice nada pero el, acto seguido, empezó a lamer mis pezones ( que estaban hinchados y parecÃa que iban a estallar al no poder contener lo que parecÃa hervir en mi pecho), mientras con sus manos acariciaba todo mi cuerpo. Luego se paró detrás y mientras con una mano apretaba mis pectorales, uno por uno, con la otra acariciaba mi pene completamente endurecido o apretaba mis testÃculos.
Empezó entonces a acariciar mis nalgas y luego , con su lengua fue buscando mi ano. Sus acciones habÃan hecho que se desbocara mi deseo, un deseo nunca antes conocido, un deseo que me incitaba a sentir su pene en mis entrañas. Se puso un condón, lubricante, colocó mis piernas sobre sus hombros y me penetró. Fue doloroso al principio pero luego se volvió fantástico. Sus acometidas me provocaron un orgasmo y luego otro, esta vez simultáneo con el suyo.
Esa fue la primera vez que tuve sexo como pasivo y marcó un hecho muy importante. Empecé a reconocer la posibilidad de que fuera gay. De hecho Sergio y yo nos hicimos pareja y permanecimos juntos durante dos años y medio. Pero esa es otra historia...
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