admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 09, 2006, 10:23:05 » |
|
Esto que les cuento me sucedió hace unos meses.
No tenÃa trabajo y sà muchos gastos por la universidad. Me costaba mucho acudir a mis clases porque no tenÃa dinero, asà que empecé a buscarlo, encontrando una oportunidad de empleo como profesor en una escuela preparatoria. Inmediatamente obtuve el trabajo y me preparé para dar mi primera clase ese dÃa. Estaba algo nervioso, pero afortunadamente todo salió bien. Asà pasaron los dÃas y tenÃa más confianza con mis alumnos. A los hombres les contaba algunas cosas y con las chicas también llevaba buena relación, pero siempre respetuosamente, pues no querÃa que pensaran que querÃa aprovecharme de ellas. Noté que siempre me miraban todas y, a veces, se reÃan conmigo. No soy muy guapo, pero mido 1.80 y por el ejercicio que hago tengo un buen fÃsico, aparte que siempre voy bastante bien vestido. Pero yo no daba pie a que se malentendieran las cosas, pues no querÃa perder mi empleo, además ninguna me llamaba la atención. Hasta que un dÃa, estando en otra clase, vi pasar a Blanca, una de mis alumnas, vistiendo una minifalda bastante corta y una blusa bastante ajustada; me saludó y se fue por el pasillo. Hasta entonces no me habÃa fijado que estaba muy bien. Ella no es muy bonita, es delgada, morena clara, tiene el cabello castaño, no muy alta, pero tiene unas piernas impresionantes y unas grandes tetas que casi no se le notan con su uniforme, pero lo que más me gustó de ella fueron sus nalgas, enormes, redondas y bien paraditas; aparte, tiene una mirada tierna y unos ojos café oscuro preciosos. Desde ese dÃa me propuse observarla con más atención.
Al dÃa siguiente pensé que no llegarÃa y ya empezaba a sentirme un poco desilusionado. Empecé la clase y 5 minutos después tocaron la puerta, era ella, se le habÃa hecho tarde y la dejé pasar. Ésta vez llevaba una playera tan ajustada que me permitÃa admirar sus tetas y un pantalón blanco que me dejó ver su redondo trasero en todo su esplendor. ¡Vaya niña! Pensé. Como siempre se sentó frente a mÃ, siendo el único que podÃa apreciar la magnÃfica vista de sus hermosas tetas. Empezaba a ponerme un poco nervioso, pero de ahà no pasó esa vez, aparte que Blanca es una niña muy tierna y, a la vez muy seria, por eso no pensaba que lo hiciese a propósito.
Pasaron los dÃas y, en secreto, seguÃa observándola. Trataba de no demostrar alguna preferencia especial con ella y cuando llegaron los exámenes la senté hacia delante y frente a mÃ, ya que llevaba la falda que me enloquecÃa, pues me dejaba ver sus hermosas piernas y ella no se sentÃa incómoda, pues veÃa que yo no le faltaba al respeto. Todos contestaban sus exámenes en silencio, pero notaba que Blanca estaba algo nerviosa, hasta que me di cuenta de que estaba copiando las respuestas. Cuando le quité sus hojas, ella bajó la mirada. Pensaba romper su examen, pero al ver su cara angustiada no pude hacerlo, le devolvà el examen y le dije que no tenÃa necesidad de hacerlo, que en realidad era una buena estudiante y que sabÃa que pasarÃa el examen. Ella sonrió aliviada y siguió con su examen, todo eso se lo dije en voz baja para que no me oyeran los demás.
Cuando terminó el examen pasé al otro grupo y cuando salà me sorprendió verla esperándome en la calle.
-Sólo querÃa agradecerle que no me reprobara. Sabe, tengo que ayudar a mis papás y no siempre tengo tiempo de estudiar, pero le prometo que no volverá a pasar- me dijo mientras caminábamos.
- Esta bien, no te preocupes, espero que sea la última vez. No quisiera que reprobaras mi curso, pues he visto que eres inteligente - le dije y me despedà de ella.
Pasando los dÃas noté que me miraba fijamente y sonreÃa al verme, por mi parte me sentÃa un tanto raro, ¡me estaba enamorando de mi alumna!. Poco a poco, no dejaba de pensar en ella. Ya contaba los dÃas para volver a verla y cuando llegaba al salón ahà estaba esperándome. Poco a poco me fue ganando, pero no podÃa hacer nada, no antes de que terminara el curso. Asà que asà siguieron pasando los dÃas, hasta que llegó, muy a mi pesar, el fin del curso, pues eso significaba que ya no la verÃa; asà que si querÃa decirle lo que sentÃa tendrÃa que ser pronto o si no la perderÃa.
Empezaron sus exámenes y empecé a aplicarlos a los demás grupos, a ella sólo la veÃa cuando salÃan en el pasillo. Acabé con el grupo que tenÃa y fui al baño. Saliendo pasé por un salón vacÃo y vi que estaba sentada leyendo un libro, sus compañeros ya se habÃan ido, de modo que prácticamente estábamos solos. Me acerqué y al escucharme volteó y me sonrió; le pregunté qué leÃa y me dijo que estaba estudiando para mi examen y empezamos a hablar un poco de todo. Me preguntó si iba a extrañarlos y le dije que sÃ, pero más a una persona, mas no le dije a quién; ahà vi mi oportunidad de decirle lo que sentÃa, ella insistÃa en saber a quién, hasta que le dije que era una alumna muy especial de la que me habÃa enamorado sin pensarlo, sólo que no le habÃa dicho nada por evitar problemas y ella empezó a nombrar a sus compañeras, mientras yo decÃa que no, hasta que solamente quedaba ella. Fue entonces cuando le dije que esa alumna era ella y su mirada se hizo más tierna aún. Sin decir ella nada, le dije que me gustaba mucho, que me encantaba su forma de ser (no le dije que también me encantaban sus tetas, sus piernas y, sobre todo, sus enormes y deliciosas nalgas) y que, sin darme cuenta, me habÃa enamorado de ella, que se lo decÃa pues no querÃa perderla sin que lo supiera. Se quedó callada y por un momento pensé que iba a molestarse, pero afortunadamente me dijo que también ella sentÃa lo mismo por mà y que también querÃa decÃrmelo. Fue entonces cuando comencé a besarla y a abrazarla. Al principio muy suave y tiernamente, pero después subieron de intensidad las cosas. Por fin mi oportunidad de acariciar su hermoso cuerpo se me presentaba, asà que empecé a sobarle las tetas por encima de la ropa (eso fue delicioso, estaban duritas y a la vez muy suaves) e inmediatamente sentà cómo se levantaban sus pezones, podÃa sentirlos grandes y duros; asà seguà hasta que me di cuenta de que podrÃan vernos, asà que le dije que fuéramos a otro lado, ella dijo que no, que tenÃa ganas de quedarse en la escuela, pues esa era una pequeña fantasÃa suya. ¿Quién lo dirÃa?. ¡Mi alumna más seria era bastante cachonda! Asà que le sugerà ir a la sala de maestros, pues a esa hora no habÃa nadie, todos los demás maestros ya se habÃan ido y sólo quedaba el de computación, pero estaba al otro lado de la escuela, asà que nadie se darÃa cuenta.
Cerré la puerta e inmediatamente seguimos en lo que nos quedamos. Me encantaba besarla, sentir su lengua acariciando la mÃa, mis manos apretaban sus tetas y poco a poco las bajé hasta acariciar sus nalgas, eran perfectas, redondas, duras y firmes y asà seguà tocándola hasta que le fui quitando la blusa del uniforme; sus enormes tetas parecÃan reventar su sujetador, sentÃa su calor, las besé sin desnudarla. Ella gemÃa y también me empezó a quitar, primero, el saco, después, la corbata y la camisa, después desabrochó mi cinturón y bajó el pantalón, yo estaba bastante excitado y no dejaba de acariciar sus tetas, no me permitÃa quitarle el sujetador.
-¡TodavÃa no! -me decÃa-. Primero déjame a mà y después tú.
Asentà y sacó mi pene, estaba duro y con sus caricias manuales me sentÃa en la gloria, me acariciaba mis bolas con gran delicadeza, y empezó a masturbarme suavemente. No podÃa creerlo, mi alumna no era tan inocente cómo creÃa, pero eso no me importaba, dejé que me pajeara con calma, en verdad ella lo disfrutaba, y cuando le dije que me la chupara inmediatamente obedeció.
-Sà profesor, cómo usted diga.
Y si vieran qué deliciosa mamada me hizo; su lengua recorrÃa todo de arriba a abajo, mis bolas, luego el glande, y chupaba delicioso. SentÃa que me iba a venir y no se lo dije. Blanca sólo me miraba a los ojos y me preguntaba si me gustaba, que cómo calificaba eso y que si merecÃa pasar el curso, yo sólo le decÃa que sÃ, no podÃa pensar nada más.
SeguÃa chupando con gran deleite, no aguanté más, ya era suficiente, tenÃa que venirme en su boca y después darle por ese culito tan rico que tenÃa, bueno, todavÃa no lo habÃa visto, pero con esas nalgas maravillosas tenÃa que ser asÃ. Asà que jalé su cabeza y le acaricié el cabello, trataba de ser tierno con ella, aunque a mà me hubiera gustado arrancarle la ropa, voltearla boca abajo sobre el escritorio, abrir sus nalgas y sodomizarla hasta que ya no pudiera más, pero no. Lo estaba disfrutando tanto que, cuando llegó el momento de venirme en su boca, le manché toda la boca con mi semen. Le apreté la cabeza contra mà y ella no decÃa nada, sólo tragaba y tragaba hasta que me quedé inmóvil. La levanté y vi que sonreÃa y abrazándola me dijo:
-Profesor, ¿no merece un diez una chupada as�.
Nos besamos de nuevo, pero ahora me tocaba a mÃ; bajé hasta su cuello, después bajé la tira de su sujetador y sus enormes tetas salieron, eran hermosas, firmes, suaves sus pezones grandes, café oscuro, y empecé a lamer alrededor de ellos. Estaba bastante caliente y querÃa que se los comiera todos, querÃa sentir mi lengua en sus pezones, querÃa que se los chupara, y seguà en lo mÃo, hasta que, al fin, ella, desesperada, me metió un pezón en la boca y empecé a chuparlo. En verdad era delicioso, mientras chupaba empecé a bajar su falda y la dejé sólo en ropa interior, para mi sorpresa era una tanga ajustadÃsima y le tapaba sólo lo necesario.
Bajé mis manos, mi pene empezaba a resucitar, asà que la puse boca arriba en el escritorio y con la boca le quité su última prenda, vi su chochito depilado y se lo empecé a comer, estaba delicioso, caliente, chorreaba sus jugos y su clÃtoris estaba húmedo; asà que con mi lengua le empecé a corresponder por su anterior mamada. Blanca estaba excitadÃsima, gemÃa y se retorcÃa con los ojos cerrados. Sentà poco después su primer orgasmo, estaba demasiado húmeda, no podÃa dejar de chupar y lamer ese coñito, metÃa mi lengua, masajeaba su clÃtoris, y metÃa mi lengua de nuevo.
A partir de ese momento me hice adicto a ella, sabrÃa que no la podÃa dejar escapar, ella seguÃa gimiendo y otro orgasmo más llegó, después otro, estaba cómo loca y me dio miedo de que nos fueran a descubrir, era hora de poseer completamente ese cuerpecito qué me habÃa vuelto loco meses atrás. Me levanté y le abrà las piernas, ella al ver eso me dijo que no, extrañado le pregunté por qué, me dijo que era virgen todavÃa y que no querÃa dejar de serlo, me quedé extrañado, pero le dije que, ya que en verdad la querÃa, respetarÃa su decisión, asà que me aparté un tanto desilusionado, pero ella me abrazó y seguimos besándonos, entonces no le dije nada, sólo me limité a acariciar sus nalgas.
Pero era hora de hacerle el honor a su ano, asà que, sin decirle nada, la puse de espaldas a mÃ, empecé a besar su cuello y luego su espalda, la acomodé boca abajo sobre el escritorio y al fin vi sus nalgas, las besé por encima y después puse mi lengua en medio de sus globos, después poco a poco las seguà abriendo con las manos, hasta que al fin vi lo que tanto habÃa soñado: su ano estaba ahÃ, a dos centÃmetros de mi lengua, oscuro, caliente, apretado y totalmente cerrado; no esperé más y le puse la lengua encima. Blanca sólo apretaba su ano, me enloquecÃa ver ese culito cerrándose más de lo que estaba, abrà más sus nalgas y empecé a meter mi lengua en su ano. Era delicioso, sus pliegues se estremecÃan al recibir mi lengua y poco a poco se fueron abriendo, asà que también decidà chuparlo, era algo exquisito, le estaba comiendo el culito a mi alumna en mi propia oficina y pronto lo harÃa mÃo. Cuando estaba más relajada le empecé a meter el dedo Ãndice, ella protestó:
-No por ahà no, me vas a lastimar -gritó, pero yo seguÃa introduciendo mi dedo; como todavÃa estaba apretada, saqué el dedo y metà más mi lengua. Para mà era lo máximo, me encantaba y a ella también, nunca pensé sentir tan rico.
-Sigue, me gusta -me decÃa y aflojaba más su anito.
Luego metà de nuevo el dedo, esta vez no me dijo nada, sólo suspiró y seguà hasta sentir su cálido interior, estaba tan apretado que no querÃa sacarlo, pero debÃa meter otro más...
-¡Ay me duele!. Pero sÃguele, me esta gustando. No creà que se sintiera tan bien tener algo metido por ahà -me decÃa.
Saqué de nuevo los dedos y la seguà relajando con mi lengua, en verdad no querÃa dejar de chupar su ano, pero era hora de hacerlo mÃo.
Me levanté y ella entendió lo que seguÃa, se quedó boca abajo y le separé las nalgas de nuevo.
-Tengo miedo -me decÃa-, no me lastimes, mira que nunca se me habÃa ocurrido que se hiciera por ahÃ.
-No te preocupes, no te lastimaré, te va a gustar.
-Bueno, dime qué hago.
-Primero relájate y abre un poco tus nalgas, asà te dolerá menos y entrará mejor.
Y asà lo hizo, abrió sus nalgas y me ofreció su ano virgen, le puse la cabeza en la entrada y empecé a empujar.
-¡Ay, me sigue doliendo!.
-Espera, afloja un poco tu culito, sino te dolerá más.
Se relajó y le dejé la cabeza dentro, era algo delicioso e indescriptible; ya cuando se acostumbro le metà más, hasta que estuve dentro de ella totalmente. Me relajé al sentir sus nalgas rodeando mi pene, estaba en la gloria, y Blanca se quedó inmóvil, terminando de acostumbrarse a mi miembro.
-¡Ay, siento riquÃsimo, tenÃas razón, esto es lo máximo! -me respondió y empecé a moverme dentro de ella.
-¡No! -me dijo-, quiero sentirte asÃ.
Y no me movÃ, era delicioso su ano, apretado, estrecho, caliente. SentÃa sus palpitaciones, ella se movÃa muy poco, no dejaba que saliera nada, hasta que al fin el fantástico mete y saca empezó a crecer en intensidad. Seguimos, hasta que ella dejó de moverse y se quedó quieta. Apretaba más el culito y eso me provocó una gran venida dentro de ella, su intestino quedó inundado de semen; ella pegaba más y más sus nalgas hacia mà y se movÃa en un seductor movimiento de lado a lado. Era suficiente para mÃ, me quedé encima de ella hasta que salió mi pene. Abrà sus nalgas y miré su ano, estaba un poco rojizo, abierto y dilatado y se cerraba poco a poco, le escurrÃa semen y un poco de sangre y mi pene estaba un tanto irritado también y mojado en un lÃquido color marrón: era semen mezclado con sangre y un poco de sus heces. Su ano se cerró completamente y le di un último beso por encima, ella volteo y me dio un gran beso.
-Te amo -le dije-, gracias por entregarte a mÃ.
Y la besé de nuevo. Ella me correspondió y empezamos a vestirnos. Abrà las ventanas y vimos que era hora de salir. Salimos del salón. Ella caminaba con dificultad.
-Me duele un poco y a la vez me arde -se quejó-, pero no me importa, en verdad lo disfruté y ¿tú?.
Sonreà y le dije que también. Salimos de la escuela cada cual por su lado. En la calle nos volvimos a encontrar de nuevo, la subà a mi coche y la dejé en su casa y nos dimos un último beso.
Llegó el dÃa del examen y, después la graduación, mi adorada Blanca salió con honores y, ya al final, me despedà de todos los alumnos. Ya que habÃa terminado todo, Blanca me besó frente a todos y a partir de ese momento no la dejé escapar. Cada dÃa la quiero más y ella a mÃ, hoy seguimos juntos y pienso casarme con ella, todos sus antiguos compañeros están invitados. Por supuesto que la adoro, por eso quise compartir mi primera experiencia con ella, espero les haya gustado. Les contaré después de otras cosas que hemos pasado juntos.
|