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Autor Tema: Noche de viernes  (Leído 368 veces)
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« en: Junio 13, 2006, 12:49:00 »

Era una cálida y agradable noche de viernes. Yo estaba, con una minifalda de cuero rojo cortísima y un corpiño del mismo material y color, esperando algún amante ocasional que satisficiera mi sed de sexo aquella noche. Unas medias negras de red y zapatos de tacón rojos completan el conjunto. Tengo un pacto con las prostitutas callejeras que ejercen en esa zona de la ciudad. Puedo hacer la calle en su zona, siempre y cuando respete ciertas reglas...

Era una cálida y agradable noche de viernes. Yo estaba, con una minifalda de cuero rojo cortísima y un corpiño del mismo material y color, esperando algún amante ocasional que satisficiera mi sed de sexo aquella noche. Unas medias negras de red y zapatos de tacón rojos completan el conjunto. Tengo un pacto con las prostitutas callejeras que ejercen en esa zona de la ciudad. Puedo hacer la calle en su zona, siempre y cuando respete ciertas reglas: no hacer servicios por debajo del precio mínimo acordado, usar preservativos y situarme siempre en último lugar, de modo que cuando los puteros se acerquen a nosotras buscando una chica yo sea la última a la que ven. Cumpliendo con esto no habrá problemas. No les importa si una temporada voy todos los días y otra desaparezco, o si hago de puta por dinero o por placer… que en mi caso es por placer.

Se acerca un chico de unos treintaypico años. Alto, pelo oscuro, perilla. No me importaría irme con él. Rectifico, me encantaría. Va a pie observando la larga hilera de fulanas, como si no se decidiera a tener un rato de sexo con una. Se está acercando al final. Se acerca. Pienso para mí misma, éste no se me escapa.

-Hola guapo. ¿Te apetece echar el mejor polvo de tu vida?

Me mira atentamente. Sonrío. Ya ha picado.

-¿Y que me harías nena, para que fuera el mejor polvo como dices?

-Mejor que decirlo es hacerlo, ¿no crees?

-Desde luego – dice, haciéndome un gesto con la cabeza para que le siga. A todo esto, se me ha olvidado describirme. Os diré que soy morena, con el pelo largo y rizado, ojos oscuros y buen cuerpo, ni gorda ni delgada, con curvas. Altura media.

-Y bien, ¿a dónde vamos? – pregunto, pensando que iremos a alguna pensión cutre, un callejón o tal vez su casa. Y me sorprende la respuesta.

-A un parking subterráneo puta. ¿O prefieres la playa?

-Mejor el parking. – además, hay uno cerca de allí. Bajamos por las escaleras hasta la segunda planta, más vacía que la primera.

El chico se apoya de espaldas en un coche. A ver con qué empiezas, me dice.

Abro la cremallera del corpiño y me lo bajo hasta la cintura. Llevo un sujetador de encaje rojo, para (agradable) sorpresa de mi cliente no tiene copas por lo que me deja las tetas al descubierto. Entonces empiezo a tocar el bulto entre sus piernas, está duro y caliente pero aún no está listo del todo. Me agacho, bajo la cremallera de su bragueta y le saco la polla. La cojo con la mano y empiezo a pasármela por las tetas, frotando su capullo contra mis pezones.

-Oooooooh – suspira de placer.

-¿Te gusta?

-Mucho

Después empiezo a juguetear con mi lengua, le paso la lengua por encima del capullo, lamiéndoselo en movimientos cortos y rápidos, mientras le acaricio los huevos.

-Sí… sí, chúpamela, vamos, chúpamela.

Le chupo la punta muy despacito mientras sigo jugando con mi lengua…me lo paso por los labios… y poco a poco me voy metiendo todo su miembro en la boca, y aprovecho para ponerle un condón con la lengua. Él suspira de placer y oír sus suspiros me excita… sigo acariciándole los huevos con una mano y con la otra pellizco ligeramente mis pezones. Sigo chupando su polla, él introduce los dedos entre mi pelo… de repente se para.

-Creo que hay alguien en ese coche… y nos está mirando.

Nos quedamos quietos unos segundos.

-…y creo que le gusta… voy a ponerme de lado para que pueda ver lo bien que la chupas guarra.

Dicho y hecho. Mientras chupo, me excita la idea de que nos estén mirando, ¿quién será? ¿le gustará lo que ve? Me saco el miembro, ya bien tieso de la boca, miro al coche, sonrío y vuelvo a pasarme el capullo por los pezones, para enseñarle a quien sea lo que no ha podido ver antes. También me subo la minifalda, agachada como estoy.
Entonces el chico me coge del brazo y me levanta del suelo. Llevo medias negras de red, un liguero de encaje rojo a juego con el sujetador… y nada más.

-Sin braguitas, ¿eh puta? Vamos, apóyate de espaldas para que puedan ver qué buen culo tienes – Me dice, y me coloca de espaldas, con las piernas entreabiertas, con el pecho apoyado sobre el capó del coche y sintiendo el frío del metal en mis pezones duros y sensibles.

Entonces empieza a acariciarme las nalgas, despacio, como disfrutando del momento, y me da un azote. Me acaricia de nuevo, y me da un segundo azote. Con la fuerza justa para que sea excitante pero no doloroso. Sigue durante un rato, con cada azote se me escapa un suspiro de placer y es que estoy muy excitada y caliente.

Finalmente me da la vuelta, me pellizca los pezones, de nuevo con la fuerza justa, y excitadísima me acerco a él, le arranco la camiseta, le lamo por el cuello y el pecho, y me coge de las caderas, me pone una pierna por encima de su hombro y acerca su polla durísima a mi coñito húmedo y caliente. Creo que va a penetrarme ya pero no… empieza a rozar con la punta los labios de mi vagina, mi clítoris… me pone más caliente aún… cuando por fin me penetra estoy muy mojada y su polla se desliza sin dificultad, como hecha a la medida, entra y sale cada vez más deprisa, más deprisa… me chupa los pezones con fuerza y aúllo de placer… gime, gimo, los dos gemimos y en ese momento miro hacia el coche y puedo ver a su ocupante. Es una chica muy jovencita que nos mira con los ojos muy abiertos y por la expresión en su rostro está masturbándose… le sonrío… pienso que debe haberse sacado el carnet de conducir hace poco, y mira qué escena se encuentra… y vuelvo a mi improvisado amante. Me gustaría durar un poco más, así que hago que baje el ritmo y cambio un poco de postura…. Apoyo las los piernas sobre sus hombros y me tumbo boca arriba sobre el capó. Me abro para que pueda penetrarme más profundamente, y con cada embestida no puedo evitar que se me escapen suspiros de placer…

-¿Te gusta mi polla zorra? A mí me encanta tu coño. Me encanta. Nunca me lo había pasado tan bien. Y tus tetas – dice mientras me las sobetea. Y no hace falta que diga que le gusta. Sólo hay que verle la cara.

De nuevo subimos el ritmo, elevo mis caderas, sigue moviéndose dentro de mí hasta que llego al orgasmo, y gimo, y grito, y suspiro, y él me coge el culo con las manos, elevándome más las caderas, acercándolas más a él, y entonces llega también, cierra los ojos, gime y empuja, como si quisiera penetrarme aún más profundamente. Después se para y nos quedamos quietos durante unos segundos, sudados, calientes y satisfechos.

Pienso que he disfrutado tanto esta vez que no debería cobrarle, pero no quiero tener problemas con las prostitutas y le pido el mínimo.

-¿Eso cobras? Entonces te has ganado una propina.

-Guárdatela y vuelves otro día que esté yo – le guiño el ojo mientras acabamos de vestirnos y salir del parking.

-Cuenta con ello. – Me acompaña hasta la esquina donde nos encontramos y se despide dándome una palmada en el trasero.

Minutos más tarde seguía de pie sobre la acera, pensando si irme a casa. Después de todo, ya había echado un buen polvo y la cosa no parecía muy animada. Entonces aparecieron las luces de un coche, avanzando lentamente mientras su conductor observaba a las furcias y se decidía por una. O con este o a casa, pensé. Esperé a que se acercara lo suficiente para verle. Cuando un putero no me gustaba o me daba mala espina, le pedía un montón de dinero para que se fuera y me dejara en paz. Al acercarse más, reconocí el coche y éste se paró justo en frente a mí. Bajó la ventanilla. La chica del parking me miraba con ojos golosos. Pero esa ya es otra historia…



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