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« en: Junio 13, 2006, 12:55:25 » |
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Un fascinante sueño con una exhuberante selenita.
Queridos amigos de marqueze: Creo que las neuronas transmisoras del apetito sexual de mi cerebro están trabajando como si les fuera la vida en ello. No paran ni por la noche. Os cuento esto porque he tenido un sueño fascinante, me siento orgulloso de mis células nerviosas... Resulta que estaba metido en un proyecto espacial para investigar la posible vida en la luna, para lo cual habÃa que desplazarse hasta allÃ. Y resulta que sÃ, que habÃa vida, y vaya vida. Me encontré con una selenita totalmente desnuda semejante a la raza humana: morena de pelo largo, ojos negros, pómulos elevados, nariz pequeña y recta, labios carnosos, estatura media, piernas firmes, de unos treintaytantos años (con cinco hijos), manos cuidadas con dedos de pianista; no tenÃa vello en su cuerpo y el conejito era más grande de lo normal (por lo que supuse que los selenitas debÃan de tener un buen aparato), no tenÃa pese a su edad, ni una sola arruga en su cara y cuerpo y, lo mejor, unas tetas exhuberantes, con la maternidad se le habÃan agrandado, asà como sus aureolas y pezones (por lo visto en la luna los pezones aumentaban de tamaño con cada hijo y ésta ya tenÃa cinco), además, debido a la falta de gravedad, en la luna las tetas (asà como la cara y las nalgas) no perdÃan nunca su firmeza, no se caÃan y por ello se parecÃan más a dos misiles que a esas tetas redondas de silicona. En fin, no voy a enrollarme mucho más. Sólo deciros que por medio de señas nos entendimos muy bien y la invité a la nave espacial ya que se hizo muy importante para mà el contactar con otra vida inteligente (claro que si no tenÃa inteligencia me daba totalmente igual). Ya dentro me quité el traje espacial y toda la ropa (donde fueres haz lo que vieres, y si ella iba desnuda yo no iba a ser menos). A propósito, lo que no logré enterarme era cómo hacÃa para respirar, si es que respiraba. Para un mejor conocimiento intercultural, empecé con el contacto corporal, recorriendo todo su cuerpo con mis manos y ella me imitó; por supuesto dediqué la mayor parte de mi estudio a sus fascinantes pechos, a sus prietas nalgas y a su enorme chocho; ella por su parte estudió con detenimiento mi órgano. Sin ningún recato ni problema, al crecer mi polla hasta ponerse totalmente tiesa decidà insertarla en el sitio adecuado, a lo que ella no pareció sorprender y asà pasamos a hacer el amor. Fue lo máximo, porque era como en cámara lenta. Mi polla entraba y salÃa de su maravilloso coño con una suavidad y cadencia fantástica; el polvo se prolongó muchÃsimo; disfrutaba con el mete y saca ralentizado con una excitación suprema y a la vez calmada; cambiamos varias veces de postura, posturas inverosÃmiles (por ejemplo yo de pie sujetándola a ella paralela al suelo y perpendicular a mi polla; o ella de pie y yo abrazándola con mis piernas mientras ella me sujetaba por la cintura y me folllaba...) el polvo debió durar algo asà como media hora; cuando ya estaba a punto de una corrida bestial, me salà de ella y me la machaqué todo lo rápido que la gravedad me permitÃa hasta que un buen chorro blanquecino salió disparado de mi grifo y fue como flotando hasta caer unos veinte metros más allá. Como a ella parecÃa no haberle bastado, la sujeté por las nalgas y la alcé hasta tener su cueva del placer a la altura de mi boca. ¡Qué pasada , me sentÃa como superman! Y el clÃtoris, vaya clÃtoris, alargadÃsimo. Le pegué unos lametazos que la llevaron, al cabo de un rato, a alcanzar un magnÃfico orgasmo. Me besó, se abrazó a mà y... desperté con mi novia abrazada a mÃ. ¡Maldita sea!
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