admin
Administrator
Hero Member
    
Mensajes: 1180
|
 |
« en: Junio 13, 2006, 12:56:58 » |
|
Al celebrarse el último torneo de artes marciales Son Goku esperaba luchar contra un adversario muy especial. Se trataba de un niño de doce años llamado Ub. Sólo Goku lo sabÃÂa: Ub era la reencarnación del terrible monstruo Bu
Ub era bueno, pero habÃa heredado del monstruo Bu su fuerza. Sin embargo, todavÃa tenÃa mucho que aprender. ¿De qué sirve tener tanta fuerza si no sabes hacer un buen uso de ella? Ub, decididamente, necesitaba tener un buen maestro de artes marciales.
Son Goku no tardó en percatarse de las habilidades de Ub. SabÃa que en el futuro Ub iba a ser un gran luchador. QuerÃa ayudarle. Goku propuso a Ub ser su maestro.
-¡Me encantarÃa!
-¡Estupendo! Podemos irnos.
-Pero, ¿y el torneo? ¡Tenemos que luchar!
-TodavÃa no estás preparado, Ub. Tal vez más adelante.
Ub todavÃa no sabÃa volar. Goku le llevó sobre su espalda. Los amigos de Son Goku no comprendÃan nada. ¿Por qué habÃa abandonado el torneo tan precipitadamente? ¿Y quién era aquel niño misterioso?
-Asà que vives con tu madre y tus hermanos.
-En realidad vivo solo con mi madre -confesó Ub-. Me inventé lo de que tenÃa cuatro hermanos. Lo hice... para dar un poco de pena a mis adversarios. Lo que sà es cierto es que somos pobres, y que sin el dinero del premio mi madre y yo no podremos pagar el alquiler de la casa. Nos echarán a la calle.
-No te preocupes por eso, Ub. El señor Satán es amigo mÃo, y tiene dinero de sobra. Él nos ayudará.
Llegaron a una diminuta isla perdida en medio del océano. A Goku le recordaba la isla del Duende Tortuga. Ub y Lea, su madre, vivÃa en una hermosa cabaña, flanqueada por tres grandes palmeras. Es el lugar adecuado para entrenar, se dijo Goku.
Lea recibió a su hijo con los brazos abiertos. HabÃan lágrimas en sus ojos.
-¡Ub, hijo mÃo!
-Madre, no he ganado el torneo de las artes marciales.
-Pero entonces, ¿qué será ahora de nosotros?
-No te preocupes por nada, mamá. Mira cuanto dinero traigo.
Ub llevaba en su mano un fajo de billetes.
-Pero hijo, ¿de dónde has sacado ese dinero?
-Me lo ha dado ese señor. Se llama Son Goku.
Son Goku y Ub se lo explicaron todo. Lea tenÃa que comprender que el mundo volverÃa a verse amenazado por seres tan malvados como Célula o Piccolo. La tierra necesitaba personas como Ub, Son Goku y sus amigos, siempre dispuestas a hacer el bien y a luchar contra el mal.
-Bueno Son Goku, ¿cuándo comenzarás a entrenar a mi hijo?
-TodavÃa no. Las artes marciales no se comienzan a enseñar asà como asÃ. Ub debe estar preparado. Debe aprender a controlar el cuerpo y el alma. ¿Estás dispuesto Ub a hacer todo lo que te diga?
-¡Claro!
-Lo primero que deberéis hacer es desnudaros. Queda terminantemente prohibido a partir de este momento llevar ropa en esta isla.
-Pero Son Goku, escuche, ¡no podemos hacer eso! ¡Nunca haremos algo semejante!
-Me parece muy bien. No hay ningún problema. Me iré si eso es lo que quiere. Con mi dinero, claro.
La expresión de Lea cambió. Necesitaban aquel dinero. Lo necesitaban. Perderlo serÃa su ruina. Lo mejor que podÃan hacer era desnudarse ahora mismo si no querÃan acabar tirados en un callejón como unos pordioseros. No tardaron en quedarse los tres completamente desnudos.
Goku admiró la belleza de la madre de Ub. No podrÃa follársela. ¡Qué lástima! Estaba muy buena. DebÃa tener treinta y cinco años, era bajita, rellenita, morenita y tenÃa unas tetazas impresionantes. Le serÃa difÃcil abstenerse de meter mano a aquella mujer.
En cuanto a Ub...
-Ub -dijo Goku-, vas a tener que comportarte como un hombre. Pon las dos manos sobre ese mueble. Pon la espalda en posición horizontal... asÃ, muy bien, lo estás haciendo muy bien... Abre las piernas. Más, sólo un poco más...
-Son Goku, ¡qué va hacer!
-Cállese señora. No diga una palabra más. Necesitamos concentración. ¿Tiene vaselina, aceite o algo que nos pueda servir de lubricante?
Lea fue a su habitación y trajo una crema.
-Gracias señora. Ahora unte la crema en el ojete del culo de su hijo... AsÃ, estupendo... Ahora haga lo mismo con mi polla... ¡Bien!
Lea llenó el ojete del culo de su hijo de crema. Aquello era aspantoso. ¡Aquel hombre iba a metérsela por el culo a su hijo delante de ella, y ella lo iba a consentir! ¿A qué grado de degradación habÃa llegado?
Goku comenzó a meter la polla en el culo de Ub.
-Ya no la necesitamos, señora -dijo Goku-. Puede irse.
Lea no querÃa, no querÃa irse. QuerÃa ver como Son Goku se la metÃa y sacaba a su hijo. QuerÃa escuchar a Ub gemir de placer. QuerÃa ver como Goku magreaba a su hijo por todo el cuerpo, como le sobaba las tetitas, como se ponÃa tiesa su pollita mientras lo masturbaba. QuerÃa...
Goku sacó la polla y se corrió sobre la espalda del chaval.
Al dÃa siguiente Son Goku hizo tumbar a Ub sobre la arena de la playa. Puso sus manos en cruz y abrió sus piernas.
-No te muevas ni un milÃmetro, ¿de acuerdo?
-Muy bien.
Goku fue a buscar a Lea. Estaba preparando la comida.
-Puede venir un momento, por favor. La necesitamos.
-¿De qué se trata, Goku? -La mujer temÃa volver a contemplar un espectáculo como el de ayer.
-Salga un momento a la playa y lo verá.
Cuando Lea hizo lo que Goku le pidió encontró a su hijo tumbado en la arena.
-¿Qué se supone que debo hacer?
-Poca cosa. Ponerse de horcajadas sobre la polla de su hijo.
-¿Qué?
Lea se negó rotundamente. Goku le recordó lo que podrÃa pasar si se veÃa obligado a suspender el entrenamiento.
-Además, piense que su hijo es incapaz de eyacular. No va a pasar nada, nada de nada. Estamos solos y nadie nos ve. ¿Qué más quiere? Aunque creo que podrÃamos arreglarlo. Conozco a una puta que estarÃa encantada de hacernos ese pequeño favor por usted. Le encantan los niños, y no nos cobrarÃa nada.
-¡Está bien, está bien, haré lo que me pide!
Hizo lo que Son Goku le pidió. Sintió un placer inmenso, explosivo. Aquello era demasiado. ¡TenÃa dentro de si la polla de su propio hijo!
-Ub, recuerda que no debes moverte. Por muy cachondo que te ponga tu madre no debes moverte. Pero si quieres puedes hablar y decir lo que quieras.
-Ah, mamá, me gusta, me gusta...
-Hi... hijo, no digas eso, es pecado, ah, ahhh, a mà también... a mÃ...
Ub no podÃa más. El contacto con el cuerpo desnudo de su madre, su polla dentro del coño de su madre, el espectáculo glorioso de las tetas de su madre, aquellas maravillosas y apetecibles ubres... No se podÃa pedir más, ¿verdad? Encima la muy puta se estaba corriendo de placer y le estaba llenando la polla de lÃquidos vaginales.
Ub eyaculó. ¡Vaya si eyaculó! Inundó la vagina de su madre como si hubiera llovido encima de ella durante todo el dÃa.
-¡No, no! -gritó Lea- ¡Me dijo que Ub no podÃa eyacular! ¡Mentiroso!
-Lo siento, no he tenido otro remedio que mentirle. ¿Qué quiere que le diga? Si le hubiera dicho la verdad no hubiera colaborado con nosotros.
-Pero, ¿y ahora qué? ¿Y si me quedo embarazada?
-Usted siempre habÃa deseado tener un segundo hijo, ¿no? ¿Qué mejor que tener un hijo de su propio hijo? ¿Qué hay de malo en ello? Su primer marido era un borracho y la maltrataba, ¿verdad? Ub nunca le hará una cosa asÃ. Ub es bueno, cariñoso, y será un padre fantástico, ¿no le parece?
Por la noche Ub fue a ver a su madre. Estaba llorando en su habitación. Ub le acarició cariñosamente el pelo.
-Mamá, ¿qué te pasa?
-Puedo estar embarazada de ti, Ub, ¿no te das cuenta? Tengo que ir a un hospital enseguida para tomarme la pildora abortiva.
-Pero mamá, ¿qué estás diciendo? No te lo puedo consentir. Si de verdad estás embarazada ese niño también es mÃo, y a mi también me corresponde decidir. No quiero perder a nuestro hijo. Tú siempre quisiste tener una niña, ¿verdad? Ahora es tu oportunidad, no la desaproveches. Nadie va a saber nunca que ese hijo también es mÃo. Lo mantendremos en secreto. Siempre he querido tener un hermanito como los demás niños del colegio.
-No te hagas ilusiones, Ub. Puede que no me haya quedado embarazada.
-Entonces...
Su madre habÃa cubierto su desnudez con unas mantas. Aquello era intolerable. HabÃan prometido a Son Goku estar siempre completamente desnudos. No perdió el tiempo. Retiró rápidamente las mantas. Lo que vio le dejó atónito.
Su madre tenÃa un consolador ensartado en la vagina. La colcha estaba manchada de lÃquidos vaginales. Y sobre sus pies... Era alucinante. HabÃan fotos, fotos de Ub... ¡completamente desnudo!
-Hijo, puedo explicartelo...
-Mamá, no hace falta que me expliques nada.
Ub se metió en la cama con su madre. Comenzaron a follar. Ub no daba abasto, y su madre tampoco. Se deseaban. Se deseaban con locura. Aquello era lo mejor que les habÃa ocurrido nunca.
-Mamá, te quiero, te quieroooo...
Se querÃan demasiado como para dejar de estar un momento juntos. Decidieron mandar a la porra a Goku. ¡A la mierda con el dinero! Se fueron a Satan City. No tenÃan un duro en el bolsillo, pero ya se las apañarÃan.
Lo primero que hicieron fue ir a la consulta del médico. QuerÃan conocer el estado de la criatura que Lea llevaba en su seno. Si bien no tenÃan un céntimo tenÃan una vaga idea de cómo podrÃan pagar al bueno del doctor.
-Le haré una ecografÃa y unos análisis -explicó el médico-. Este es el hermanito de la criatura, ¿verdad?
-SÃ, soy el hermanito, pero también soy el padre -aclaró Ub.
El médico no daba crédito a lo que oÃa.
-Niño, ¡qué has dicho!
-Lo que oye, doctor -confirmó la madre-. Este niño es mi hijo, es cierto, pero también es mi amante... y el padre de mi otro hijo.
La excitación del médico era evidente.
-Vaya, yo...
-¿No nos cree? ¿Quiere que le demostremos de lo que somos capaces?
Ub se dirigió a la bragueta del médico y le sacó la polla. Comenzó a chupar. ¡Hum, estaba deliciosa! Lea bajó los pantalones de su hijo y comenzó a masturbarle.
-¡Paren, por favor! -pidió el médico-. Mi hija puede llegar de un momento a otro. Es enfermera de este hospital y...
Demasiado tarde. La muchacha hizo acto de presencia. TenÃa veinticinco años y un cuerpo excepcional. Era rubia, su melena llegaba hasta su cintura, tenÃa un busto promimente y unas piernas magnÃficas. Estaban enfundadas en unas medias blancas semitransparentes de enfermera. El resto de su cuerpo estaba cubierto por una bata blanca.
Aquella escena la calentó, sobre todo aquel chiquillo.
A su padre también le gustaban los niños. Aquello debÃa de ser hereditario.
-Elena, por favor, no te enfades, yo... -rogó el médico, avergonzado. Apartó a Ub a un lado y se puso a la defensiva.
-Papá, eres un egoÃsta. ¡QuerÃas follártelo tu solo!
El doctor estaba loco de deseo. ¡Su propia hija también era una depravada! Se bajó las bragas, de abrió de piernas y dejó que aquel chavalÃn se la follara. Pero ahà no terminaba la cosa.
Lea abrió violentamente la bata de Elena y le magreó las tetas. Se besaron en la boca apasionadamente. El doctor no daba crédito a lo que veÃa. En cuanto se recuperó apartó a Ub y se le metió a su hija. ¡Menudo chochazo que tenÃa la chavala! El hecho de que fuera su hija y de que acabara de follarse a un niño de diez años le excitaba todavÃa más.
-Papá, qué bien follas.
-Tú, hija mÃa, tampoco que quedas atrás.
Un mes más tarde Ub se casó con Elena, y Lea con el doctor. Tuvieron que engañar al sacerdote para hacer pasar a Ub por un joven de dieciséis años, pero aquello no fue difÃcil. Hubieran preferido que el emparejamiento fuera diferente, pero las leyes no se lo hubieran permitido.
Lea, con el dinero del doctor, podrÃa pagar el alquiler de su casa. Los cuatro vivÃan ahora juntos. Ub dormÃa junto a su madre y Elena con su padre, pero a veces, muchas veces, no era asÃ. A veces Elena se juntaba con Ub, y Lea con el doctor. Otras Ub era el que dormÃa con el doctor y Lea con Elena.
Elena también quedó en estado. Cuando los dos niños crecieron lo suficiente practicaron unas orgÃas en familia que no os podéis ni imaginar.
|