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Autor Tema: Las bolas de son goku  (Leído 396 veces)
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« en: Junio 13, 2006, 12:56:58 »

Al celebrarse el último torneo de artes marciales Son Goku esperaba luchar contra un adversario muy especial. Se trataba de un niño de doce años llamado Ub. Sólo Goku lo sabí­a: Ub era la reencarnación del terrible monstruo Bu




Ub era bueno, pero había heredado del monstruo Bu su fuerza. Sin embargo, todavía tenía mucho que aprender. ¿De qué sirve tener tanta fuerza si no sabes hacer un buen uso de ella? Ub, decididamente, necesitaba tener un buen maestro de artes marciales.

Son Goku no tardó en percatarse de las habilidades de Ub. Sabía que en el futuro Ub iba a ser un gran luchador. Quería ayudarle. Goku propuso a Ub ser su maestro.

-¡Me encantaría!

-¡Estupendo! Podemos irnos.

-Pero, ¿y el torneo? ¡Tenemos que luchar!

-Todavía no estás preparado, Ub. Tal vez más adelante.

Ub todavía no sabía volar. Goku le llevó sobre su espalda. Los amigos de Son Goku no comprendían nada. ¿Por qué había abandonado el torneo tan precipitadamente? ¿Y quién era aquel niño misterioso?

-Así que vives con tu madre y tus hermanos.

-En realidad vivo solo con mi madre -confesó Ub-. Me inventé lo de que tenía cuatro hermanos. Lo hice... para dar un poco de pena a mis adversarios. Lo que sí es cierto es que somos pobres, y que sin el dinero del premio mi madre y yo no podremos pagar el alquiler de la casa. Nos echarán a la calle.

-No te preocupes por eso, Ub. El señor Satán es amigo mío, y tiene dinero de sobra. Él nos ayudará.

Llegaron a una diminuta isla perdida en medio del océano. A Goku le recordaba la isla del Duende Tortuga. Ub y Lea, su madre, vivía en una hermosa cabaña, flanqueada por tres grandes palmeras. Es el lugar adecuado para entrenar, se dijo Goku.

Lea recibió a su hijo con los brazos abiertos. Habían lágrimas en sus ojos.

-¡Ub, hijo mío!

-Madre, no he ganado el torneo de las artes marciales.

-Pero entonces, ¿qué será ahora de nosotros?

-No te preocupes por nada, mamá. Mira cuanto dinero traigo.

Ub llevaba en su mano un fajo de billetes.

-Pero hijo, ¿de dónde has sacado ese dinero?

-Me lo ha dado ese señor. Se llama Son Goku.

Son Goku y Ub se lo explicaron todo. Lea tenía que comprender que el mundo volvería a verse amenazado por seres tan malvados como Célula o Piccolo. La tierra necesitaba personas como Ub, Son Goku y sus amigos, siempre dispuestas a hacer el bien y a luchar contra el mal.

-Bueno Son Goku, ¿cuándo comenzarás a entrenar a mi hijo?

-Todavía no. Las artes marciales no se comienzan a enseñar así como así. Ub debe estar preparado. Debe aprender a controlar el cuerpo y el alma. ¿Estás dispuesto Ub a hacer todo lo que te diga?

-¡Claro!

-Lo primero que deberéis hacer es desnudaros. Queda terminantemente prohibido a partir de este momento llevar ropa en esta isla.

-Pero Son Goku, escuche, ¡no podemos hacer eso! ¡Nunca haremos algo semejante!

-Me parece muy bien. No hay ningún problema. Me iré si eso es lo que quiere. Con mi dinero, claro.

La expresión de Lea cambió. Necesitaban aquel dinero. Lo necesitaban. Perderlo sería su ruina. Lo mejor que podían hacer era desnudarse ahora mismo si no querían acabar tirados en un callejón como unos pordioseros. No tardaron en quedarse los tres completamente desnudos.

Goku admiró la belleza de la madre de Ub. No podría follársela. ¡Qué lástima! Estaba muy buena. Debía tener treinta y cinco años, era bajita, rellenita, morenita y tenía unas tetazas impresionantes. Le sería difícil abstenerse de meter mano a aquella mujer.

En cuanto a Ub...

-Ub -dijo Goku-, vas a tener que comportarte como un hombre. Pon las dos manos sobre ese mueble. Pon la espalda en posición horizontal... así, muy bien, lo estás haciendo muy bien... Abre las piernas. Más, sólo un poco más...

-Son Goku, ¡qué va hacer!

-Cállese señora. No diga una palabra más. Necesitamos concentración. ¿Tiene vaselina, aceite o algo que nos pueda servir de lubricante?

Lea fue a su habitación y trajo una crema.

-Gracias señora. Ahora unte la crema en el ojete del culo de su hijo... Así, estupendo... Ahora haga lo mismo con mi polla... ¡Bien!

Lea llenó el ojete del culo de su hijo de crema. Aquello era aspantoso. ¡Aquel hombre iba a metérsela por el culo a su hijo delante de ella, y ella lo iba a consentir! ¿A qué grado de degradación había llegado?

Goku comenzó a meter la polla en el culo de Ub.

-Ya no la necesitamos, señora -dijo Goku-. Puede irse.

Lea no quería, no quería irse. Quería ver como Son Goku se la metía y sacaba a su hijo. Quería escuchar a Ub gemir de placer. Quería ver como Goku magreaba a su hijo por todo el cuerpo, como le sobaba las tetitas, como se ponía tiesa su pollita mientras lo masturbaba. Quería...

Goku sacó la polla y se corrió sobre la espalda del chaval.

Al día siguiente Son Goku hizo tumbar a Ub sobre la arena de la playa. Puso sus manos en cruz y abrió sus piernas.

-No te muevas ni un milímetro, ¿de acuerdo?

-Muy bien.

Goku fue a buscar a Lea. Estaba preparando la comida.

-Puede venir un momento, por favor. La necesitamos.

-¿De qué se trata, Goku? -La mujer temía volver a contemplar un espectáculo como el de ayer.

-Salga un momento a la playa y lo verá.

Cuando Lea hizo lo que Goku le pidió encontró a su hijo tumbado en la arena.

-¿Qué se supone que debo hacer?

-Poca cosa. Ponerse de horcajadas sobre la polla de su hijo.

-¿Qué?

Lea se negó rotundamente. Goku le recordó lo que podría pasar si se veía obligado a suspender el entrenamiento.

-Además, piense que su hijo es incapaz de eyacular. No va a pasar nada, nada de nada. Estamos solos y nadie nos ve. ¿Qué más quiere? Aunque creo que podríamos arreglarlo. Conozco a una puta que estaría encantada de hacernos ese pequeño favor por usted. Le encantan los niños, y no nos cobraría nada.

-¡Está bien, está bien, haré lo que me pide!

Hizo lo que Son Goku le pidió. Sintió un placer inmenso, explosivo. Aquello era demasiado. ¡Tenía dentro de si la polla de su propio hijo!

-Ub, recuerda que no debes moverte. Por muy cachondo que te ponga tu madre no debes moverte. Pero si quieres puedes hablar y decir lo que quieras.

-Ah, mamá, me gusta, me gusta...

-Hi... hijo, no digas eso, es pecado, ah, ahhh, a mí también... a mí...

Ub no podía más. El contacto con el cuerpo desnudo de su madre, su polla dentro del coño de su madre, el espectáculo glorioso de las tetas de su madre, aquellas maravillosas y apetecibles ubres... No se podía pedir más, ¿verdad? Encima la muy puta se estaba corriendo de placer y le estaba llenando la polla de líquidos vaginales.

Ub eyaculó. ¡Vaya si eyaculó! Inundó la vagina de su madre como si hubiera llovido encima de ella durante todo el día.

-¡No, no! -gritó Lea- ¡Me dijo que Ub no podía eyacular! ¡Mentiroso!

-Lo siento, no he tenido otro remedio que mentirle. ¿Qué quiere que le diga? Si le hubiera dicho la verdad no hubiera colaborado con nosotros.

-Pero, ¿y ahora qué? ¿Y si me quedo embarazada?

-Usted siempre había deseado tener un segundo hijo, ¿no? ¿Qué mejor que tener un hijo de su propio hijo? ¿Qué hay de malo en ello? Su primer marido era un borracho y la maltrataba, ¿verdad? Ub nunca le hará una cosa así. Ub es bueno, cariñoso, y será un padre fantástico, ¿no le parece?

Por la noche Ub fue a ver a su madre. Estaba llorando en su habitación. Ub le acarició cariñosamente el pelo.

-Mamá, ¿qué te pasa?

-Puedo estar embarazada de ti, Ub, ¿no te das cuenta? Tengo que ir a un hospital enseguida para tomarme la pildora abortiva.

-Pero mamá, ¿qué estás diciendo? No te lo puedo consentir. Si de verdad estás embarazada ese niño también es mío, y a mi también me corresponde decidir. No quiero perder a nuestro hijo. Tú siempre quisiste tener una niña, ¿verdad? Ahora es tu oportunidad, no la desaproveches. Nadie va a saber nunca que ese hijo también es mío. Lo mantendremos en secreto. Siempre he querido tener un hermanito como los demás niños del colegio.

-No te hagas ilusiones, Ub. Puede que no me haya quedado embarazada.

-Entonces...

Su madre había cubierto su desnudez con unas mantas. Aquello era intolerable. Habían prometido a Son Goku estar siempre completamente desnudos. No perdió el tiempo. Retiró rápidamente las mantas. Lo que vio le dejó atónito.

Su madre tenía un consolador ensartado en la vagina. La colcha estaba manchada de líquidos vaginales. Y sobre sus pies... Era alucinante. Habían fotos, fotos de Ub... ¡completamente desnudo!

-Hijo, puedo explicartelo...

-Mamá, no hace falta que me expliques nada.

Ub se metió en la cama con su madre. Comenzaron a follar. Ub no daba abasto, y su madre tampoco. Se deseaban. Se deseaban con locura. Aquello era lo mejor que les había ocurrido nunca.

-Mamá, te quiero, te quieroooo...

Se querían demasiado como para dejar de estar un momento juntos. Decidieron mandar a la porra a Goku. ¡A la mierda con el dinero! Se fueron a Satan City. No tenían un duro en el bolsillo, pero ya se las apañarían.

Lo primero que hicieron fue ir a la consulta del médico. Querían conocer el estado de la criatura que Lea llevaba en su seno. Si bien no tenían un céntimo tenían una vaga idea de cómo podrían pagar al bueno del doctor.

-Le haré una ecografía y unos análisis -explicó el médico-. Este es el hermanito de la criatura, ¿verdad?

-Sí, soy el hermanito, pero también soy el padre -aclaró Ub.

El médico no daba crédito a lo que oía.

-Niño, ¡qué has dicho!

-Lo que oye, doctor -confirmó la madre-. Este niño es mi hijo, es cierto, pero también es mi amante... y el padre de mi otro hijo.

La excitación del médico era evidente.

-Vaya, yo...

-¿No nos cree? ¿Quiere que le demostremos de lo que somos capaces?

Ub se dirigió a la bragueta del médico y le sacó la polla. Comenzó a chupar. ¡Hum, estaba deliciosa! Lea bajó los pantalones de su hijo y comenzó a masturbarle.

-¡Paren, por favor! -pidió el médico-. Mi hija puede llegar de un momento a otro. Es enfermera de este hospital y...

Demasiado tarde. La muchacha hizo acto de presencia. Tenía veinticinco años y un cuerpo excepcional. Era rubia, su melena llegaba hasta su cintura, tenía un busto promimente y unas piernas magníficas. Estaban enfundadas en unas medias blancas semitransparentes de enfermera. El resto de su cuerpo estaba cubierto por una bata blanca.

Aquella escena la calentó, sobre todo aquel chiquillo.

A su padre también le gustaban los niños. Aquello debía de ser hereditario.

-Elena, por favor, no te enfades, yo... -rogó el médico, avergonzado. Apartó a Ub a un lado y se puso a la defensiva.

-Papá, eres un egoísta. ¡Querías follártelo tu solo!

El doctor estaba loco de deseo. ¡Su propia hija también era una depravada! Se bajó las bragas, de abrió de piernas y dejó que aquel chavalín se la follara. Pero ahí no terminaba la cosa.

Lea abrió violentamente la bata de Elena y le magreó las tetas. Se besaron en la boca apasionadamente. El doctor no daba crédito a lo que veía. En cuanto se recuperó apartó a Ub y se le metió a su hija. ¡Menudo chochazo que tenía la chavala! El hecho de que fuera su hija y de que acabara de follarse a un niño de diez años le excitaba todavía más.

-Papá, qué bien follas.

-Tú, hija mía, tampoco que quedas atrás.

Un mes más tarde Ub se casó con Elena, y Lea con el doctor. Tuvieron que engañar al sacerdote para hacer pasar a Ub por un joven de dieciséis años, pero aquello no fue difícil. Hubieran preferido que el emparejamiento fuera diferente, pero las leyes no se lo hubieran permitido.

Lea, con el dinero del doctor, podría pagar el alquiler de su casa. Los cuatro vivían ahora juntos. Ub dormía junto a su madre y Elena con su padre, pero a veces, muchas veces, no era así. A veces Elena se juntaba con Ub, y Lea con el doctor. Otras Ub era el que dormía con el doctor y Lea con Elena.

Elena también quedó en estado. Cuando los dos niños crecieron lo suficiente practicaron unas orgías en familia que no os podéis ni imaginar.


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