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« en: Junio 13, 2006, 12:49:50 » |
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"MI COMPAÑERO DE TRABAJO . Me llamo Janeth, como ya he comentado en algún relato anterior, tengo 39 años y estoy casada, me cuido mucho y aunque no soy una gran belleza, mis amigos dicen que soy sexy. Hace cuatro años que acabé la carrera de Derecho y desde entonces trabajo para el Gobierno de Mexico Mi jornada laboral es de lunes a viernes, excepto cuando hay que hacer algún viaje, pero un jueves me avisaron que tenÃa que ir ese sábado a investigar un hecho fuera de la sede. Ell sábado llegué a la oficina sobre las nueve de la mañana, esperando estar sola, y cual fue mi sorpresa cuando me encontré a Francisco sentado en su mesa. Francisco es un compañero de trabajo, de unos 45 años, reservado y poco hablado. Guarda por mi un especial afecto. Aquel dÃa yo llevaba puesto una blusa blanca muy entallada y una mini falda estampada, medias veladas y poco más. Al ver que estábamos solos me recorrió un escalofrÃo por la espalda y decidà ir al servicio donde me quité el sujetador, con el fin de que se me marcaran los pechos bajo la blusa blanca, mis pezones estaban duros y se marcaban lo suficiente para que él pudiera apreciarlos. Acabé de instalarme en la oficina y me acerqué a Francisco tÃmidamente, me apoyé en el borde de su mesa para comentarle algo sobre aquel proyecto, sin quitarle ojo de encima, hablamos largo rato y de vez en cuando se le desviavan los ojos a mis punzantes pezones y a mis piernas. La cosa iba bien, me levanté de la mesa y me apoyé sobre los antebrazos adoptando una postura inclinada sobre la mesa, de manera que la blusa quedaba hueca y se podÃan ver mis senos por el escote. Empecé a notar como su respiración se aceleraba un poco y le costaba apartar la vista del escote, sus manos se iban al paquete disimuladamente, como si quisiera esconder algo, entonces me levanté. Le di la vuelta a su silla, cogiéndola por el respaldo. Francisco me miraba sorprendido y nervioso, y antes de que pudiera decir nada le besé en los labios y metà mi lengua en su boca, el me ofreció la suya sin resistencia. Sus manos acariciaban, más bien apretaban mis muslos y subÃa la falda lentamente hasta agarrarme con fuerza el culo, cogà su cabeza y la bajé hasta las tetas, me abrà la camisa y asomaron dos hermosos cántaros con los pezones rosas y apuntado a sus ojos, no dudó en chuparlos, morderlos, besarlos y succionarlos, me encantaba como lo hacÃa. Yo me frotaba con su paquete, que habÃa aumentado sus dimensiones considerablemente, me bajé de encima y me arrodillé ante él, enérgicamente le desabroché los pantalones y saqué su verga de los calzoncillos, Dios... menuda estaca tenÃa, hermosa como pocas he visto, con un capullo rosado y brillante que invitaba a chuparlo como el más sabroso de los caramelos. Efectivamente me lo metà en la boca y lo saboree lentamente con mi lengua, lo apretaba con los labios y lo masajeaba con los dientes suavemente, me la metÃa hasta la garganta mientras le acariciaba los huevos, él suspiraba y cerraba los ojos mientras apartaba el pelo de mi cara, enseguida note como se llenaba mi boca de aquel nectar caliente y dulce, me despegué de su nardo y le besé salvajemente para compartir aquel maravilloso jugo. Se levantó de la silla y me cogió en brazos, previamente apartó todo obstáculo de su mesa y me tumbó allà encima, me levantó la falda hasta la cintura y dejé ver mi tanga blanco, me acariciaba las ingles y jugaba con mis braguitas, me las metÃa por mi raja y por el culo, con la otra mano sobaba mis tetas mientras me miraba fijamente a los ojos, su dulce carita de adolescente se convirtió en un gesto perverso y malicioso, aquello me excitaba aun más, apartó las bragas y se agachó, su boca se fundió con mi chocho y se lo empezó a comer como si fuera un delicioso plato de nata, lo chupaba y lo lamÃa con desesperación, me metÃa los dedos por el culo, me encantaba y me hacÃa disfrutar como una zorra, tardé poco en correrme en su boca, lo cual hizo que su verga se pusiera tiesa otra vez, apuntando insolentemente hacia mi, le pedà que me follara, necesitaba tener ese cipote dentro de mi, me folló por delante y por detrás, hacÃa tiempo que no gozaba de esa manera. Cuando acabamos, nos arreglamos un poco y con una amplia sonrisa le dije: mis dudas están solventadas. Esbozando una carcajada, me contestó: sé a lo que te refieres, como ves solo son rumores, de todas formas gracias, ha sido una jornada laboral maravillosa. Asentà con la cabeza como respondiéndole lo mismo a su afirmación. . "
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