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« en: Junio 13, 2006, 12:57:12 » |
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Parodias. Aventura erótica-fantastica.
La noche habÃa caÃdo una vez sobre Ciudad Gótica, sus altos edificios y oscuros callejones creaban el ambiente necesario para los crÃmenes que la habÃan hecho tristemente celebre en los últimos años. No obstante para el común de los ciudadanos aquella era simplemente una noche más, solo algunos pocos estaban enterados de la amenaza que se cernÃa sobre la ciudad. Las estaciones de policÃa y bomberos estaban alerta, los hospitales habÃan llamado a todo su personal para atender cualquier emergencia, finalmente en las oficinas del alcalde se llevaba a cabo una reunión de emergencia en espera de los acontecimientos.
Mientras tanto en las afueras de la ciudad se alzaba la gran mansión del excéntrico millonario Bruce Wayne. En ocasiones especiales se le veÃa iluminada dando la impresión de ser un lugar acogedor. Pocos sabÃan que aquel mismo lugar era normalmente oscuro, con los amplios ventanales cerrados y cubiertos por gruesas cortinas. Los negros muros recubiertos de moho, las altas torres, los jardines eran tétricos y descuidados.
No obstante esta oscuridad era nada comparada con la que reinaba bajo la mansión. En aquella gran cueva de la cual nadie conocÃa su existencia, aquel lugar donde laboraba el oscuro guardián de la noche, Batman.
Hay podÃan verse toda clase de objetos, algunos como la gigantesca moneda de cinco centavos, eran trofeos, pero el resto eran computadoras, instrumentos de laboratorio, y los sorprendentes vehÃculos empleados para combatir el crimen. Esa noche Batman trabajaba arduamente, mezclando fórmulas, analizando resultados, estudiando y comparando patrones. Asà habÃan pasado tres noches. Sus ojos detrás de la mascara estaban enrojecidos, su quijada lucÃa una creciente barba, pero nada podÃa compararse con la angustia y la rabia que hervÃan dentro de su pecho.
Finalmente todo estaba listo, lentamente se dejo caer en una silla y se quedo inmóvil. Su figura era simplemente imponente, enfundada en su negra armadura y recubierto con su capa que por momentos parecÃa un pedazo de la misma noche colocado sobre sus hombros.
A cierta distancia dos figuras lo observaban, una era un hombre alto y delgado, vestido con un elegante traje negro, el otro era un joven, casi un niño, enfundado en un traje negro y rojo, eran Robin y Alfred.
-¿ Dices que no ha dicho una palabra desde hace dÃas?-
-No ha dicho nada joven Dick. Solo espera el momento de actuar.- dijo
Alfred colocando una mano sobre el hombro del muchacho
- Creó que usted deberÃa comer algo antes de que se vayan.-
El joven maravilla pareció dudar, mientras miraba a su oscuro mentor inmóvil en las sombras.
-No se preocupe no se ira sin usted.- a regañadientes Dick hecho a andar tras el viejo mayordomo.
Apenas se habÃan ido cuando el caballero negro se incorporo y con pasos lentos llego hasta una pequeña gaveta. La abrió y extrajo una carta arrugada, la tomo en su mano y volviendo sobre sus pasos volvió a tomar asiento. Lentamente la desdoblo y la leyó una vez más.
"Seguramente para esta hora ya sabes que ella a escapado de la comisaria y esta lista para llevar a cabo su plan. También habrás averiguado que fui yo quien la ayudo. Lo admito, serÃa hipócrita no hacerlo, y estoy consciente del dolor que mis decisiones les provocaran a ti y a mi padre. Solo puedo contarte que es lo que ocurrió y esperar que algún dÃa ambos me perdonen.
Todo comenzó aquel dÃa, ¿ recuerdas?, cuando el millonario Bruce Wayne se vio obligado a asistir a la cena en honor al joven empresario Trend Shonwel, por haber conseguido expandir el monopolio de su padre en el Amazonas. Todo salió perfecto esa noche, la fiesta, los halagos de su padre y socios, ha y para cerrar con broche de oro se planeaba anunciar su próxima boda con Linda McCary, una joven abogada si mal no recuerdo.
Para adornar el momento el joven Trend ordeno la entrega de una gran ramo de rosas rojas, cuando el mensajero llego y se las entrego se pidió silencio en el salón y él empezó a decir un discurso, pero antes de que terminara las rosas cobraron vida, como serpientes vegetales que crecieron en segundos y como una hidra espantosa se enredaron en su cuerpo. En solo unos segundos lo hicieron pedazos con sus espinas a pesar de que tú intentaste ayudarlo.
Después del pánico y los gritos llego mi padre y los detectives del departamento de policÃa, para ellos aquello era una locura, para ti era el anuncio de que ella estaba de regreso. Más tarde nos reunimos en la cueva y nos dijiste, a mi y a Dick, que Pamela Isley alias "Hiedra Venenosa" estaba en Ciudad Gótica. Tus investigaciones pusieron al descubierto que el joven Trend se habÃa apoderado por la fuerza de algunas hectáreas de selva para incrementar sus ganancias. El pobre nunca supo que estaba destruyendo el santuario de Hiedra Venenosa en Sur-América.
Ahora ella habÃa regresado a Ciudad Gótica y nos tocaba detenerla. Mi padre y tú organizaron la búsqueda de su escondite. Mientras Dick y yo patrullábamos los jardines botánicos y cualquier lograr relacionado con plantas.Hubo uno que llamo mi atención, llamalo intuición femenina. Se trataba de una pequeña florerÃa cerca del centro, el dueño, un tal señor Melvin, un hombrecillo bajo de estatura y algo regordete no tenÃa cuentas pendientes con la ley. Aún asà me presente en el lugar, como Barbara Górdon, fingiendo buscar una planta exótica. Mientras estaba ahà llego otro cliente y tras una breve chala Melvin grito.
-¡Chintia el paquete para el Señor King!.-
Fue entonces cuando la vi llevaba un gran oberol deslavado, su cabello rojizo estaba sujeto por una pequeña red y unos gruesos lentes ocultaban su cara, pase a todo habÃa algo en ella, un encanto que no la dejaba pasar desapercibida. Rápidamente dejo el encargo en el mostrador y volvió a la tras tienda, su aptitud me hizo sospechar y esa noche vigile el lugar.
Cerca de las 4am, cuando casi me habÃa dado por vencida, un pesado camión hizo alto frente al local, pude ver como intercambiaron señales luminosas, después la puerta se abrió y vi al señor Melvin seguido por unos tipos extraños salió al encuentro del chofer, igualmente extraño, con precisión matemática vaciaron el contenido del camión, unos grandes tambos. Luego el camión se fue y todos volvieron al interior de la florerÃa.
La emoción de haber encontrado algo me hizo actuar imprudentemente, asà en vez de contactar contigo o Dick, me lance a investigar más yo sola. No me resulto difÃcil abrir el tragaluz y entres sin hacer ruido, al principio me sorprendió no encontrar rastro de los extraños que habÃan penetrado hacia solo un momento.
El sonido de voces me hizo ocultarme en las sombras, desde ahà pude ver a Melvin hablando con alguien en la tras tienda. Lentamente me acerque, la puerta estaba entre abierta y mire al interior. Pude ver al hombrecillo de rodillas en el piso y frente a él una mujer alta envuelta en un ajustado leotardo, que parecÃa hecho con hojas, en color verde. El leotardo le llegaba hasta el borde inferior de sus grandes y hermosos pechos, que parecÃan a punto se saltar fuera de su prisión, resaltando la estreches de su cintura hasta hacerla semejante a una avispa, al tiempo que aumentaba la amplitud de sus poderosas caderas y nalgas. Sus piernas eran largas y bien torneadas envueltas en mallones y botas del mismo color del leotardo.
Su rostro era en verdad bello, de delicadas facciones, sus labios eran rojos como rubÃes y sus ojos grandes verdes como una selva reflejada en un estanque.
Solo podÃa ser la Hiedra Venenosa. sus brazos se cruzaron sobre su pecho y mirando con fastidio a Melvin mientras él le suplicaba como un niño patético.
-¡No puedes abandonarme!... ¡ llevame contigo!.-
-¡Nunca te dije que vendrÃas conmigo! ¡No tengo uso para ti!-
-¡ENTONCES SE ACABO. YO MISMO TRAERE A LA POLICIA PARA QUE HAGAN MIERDA CON TU JARDIN-
Por toda respuesta Hiedra lo tomo de las solapas y lo atrajo hacia ella, y sin darle tiempo a nada lo beso con tal lujuria que jurarÃa que el tipo se vino en sus pantalones. Después lo soltó y dandole la espalda se alejo.
Casi al instante el infeliz comenzó a convulsionarse y se derrumbo en medio de gemidos casi inhumanos. Sin meditarlo entre al cuarto y me acerque a Melvin pero ya habÃa muerto a causa del beso letal de la Hiedra Venenosa.
Al volver la cara descubrà que estaba sola, ¿Donde diablos se habÃa ido?, rápidamente registre el lugar y descubrà una pequeña escalera oculta que me llevo directo a un túnel abandonado del metro, ahora transformado en un espléndido invernadero. Por un momento me quede sorprendida observando aquel edén, entonces escuche una voz a mis espaldas.
-Y... ¿quien se supone que eres tú?-.
Rápidamente me di la vuelta y me encontré cara a cara con ella. Sus ojos me recorrÃan de arriba-abajo, más con burlona indiferencia que con miedo, esto me hizo enojar.
-¡Soy Batichica!- le grite.
- ¿Batichica?- Repitió con burla.- ¿Asà que el viejo murciélago se consiguió una mujer que haga el trabajo por él?. TÃpico del macho, no es asà querida.-
-¡Suficiente!- di un paso la frente- ¡Vendrás pacÃficamente o tendré que húsar la fuerza!.- - - En sus ojos pude ver como se encendÃa un odio demencial, los músculos de su cuello se tensaron y apretó sus puños con fuerza. Un segundo después volvió a la calma, pero sus ojos seguÃan iluminados. ¿Fue ese brillo o acaso mi intuición femenina lo que me indico que algo estaba mal?. Apenas tuve tiempo de esquivar el golpe que un de los extraños hombres me lanzo por la espalda. ¿De donde diablos habÃa salido?.
Rápidamente le aplique una barrida de karate y lo tire al suelo, pero al volverme pude ver que estaba rodeada por aquellas sombras, unos diez, en ese momento pude escuchar la voz de Pamela a mi espalda.
- ¿Te rindes querida o tendremos que húsar la fuerza?- Sin esperar respuesta hizo un ademán y las sombras se lanzaron sobre mi. Desde luego me defendà con mis mejores golpes, pero era como golpear muros, en un momento dado la luz dio de lleno en la cara de uno de ellos y pude ver que no eran hombres, o al menos no hombres de carne y hueso, sino criaturas vegetales con forma humana.
Debo admitir que el terror me invadió y por un momento me distraje, supongo que ella me golpeó en la cabeza con algo. De inmediato caà al suelo donde los monstruos me golpearon hasta que perdà el sentido.
Cuando desperté estaba en un lugar oscuro, extrañamente caliente y húmedo, me dolÃa todo el cuerpo y no me podÃa mover, sentÃa el rasposo contacto de una soga contra mi piel. ¿Mi piel?, en ese momento me di cuenta de que estaba desnuda, la cuerda apretaba con fuerza la base de mis pechos mientras dos lazos pasaban junto entre los labios de mi vagina, cualquier movimiento las hacÃa penetrar en mi produciéndome una extraña mezcla de sentimientos que nunca habÃa sentido, mis manos estaban fuertemente sujetas por detrás. Por un momento sentà pánico al supones que mi identidad habÃa sido descubierta, de inmediato pensé en lo que podÃa pasarle a mi padre.
En ese momento una puerta se abrió y entraron Hiedra y uno de sus monstruos. Este se quedo junto a la puerta y acciono un interruptor, de inmediato se encendieron una luces infrarrojas y pude ver que estaba en un pequeño cuarto lleno de plantas exóticas. Hiedra se arrodillo a mi lado.
-Vaya querida creo que necesitas entrenar más.- Su mano se deslizo por mi brazo y pude sentir como mi piel se irritaba conforme ella me tocaba.
-¿Qué vas a hacer conmigo?- A pesar de mis esfuerzos me di cuenta de que mi voz temblaba. Ella parecÃa divertida al descubrir el miedo que me corrÃa por todo el cuerpo.
-Haré lo que quiera contigo-Dijo calmadamente mientras se ponÃa de pie.
-Ahora tengo cosas que hacer asà que nos veremos luego.- - - Sin más se dio la vuelta y salió de la habitación, seguida por esa cosa de forma humana. Al quedarme sola intente liberarme pero con cada intento la cuerda se clavaba más en mi carne, incluso llego a cortarme. El calor era sofocante y el sudor me escurrÃa por todo el cuerpo. Fue en ese momento en que sentà algo pegado a mi cara, era mi mascara. Asà que aún no sabÃa quien era yo.
Finalmente me quede dormida. Tiempo después el sonido de la puerta me despertó, fingà seguir durmiendo, y escuche unos pasos acercando. Al sentir que estaba cerca intente sorprender a mi captor, rápidamente lance un golpe pero solo conseguà lastimarme, esas cosas tienen la piel dura como corteza de árbol. En unos segundos dos seres me sujetaron, fue entonces que ella entro y acercándose me dijo burlona.
-No soy tan tonta.-
Al mirarla un escalofrÃo recorrió mi espina dorsal.- TenÃa una gran hipodérmica en las manos, con un liquido de color amarillento.
-¡Espera!...¡¿Qué vas a hacer?!.- Intente liberarme con todas mis fuerzas pero esos entes ni siquiera se movÃan.
-Como te dije. Haré lo que quiera contigo. Ahora quiero hacer un experimento, y tú eres el conejillo de indias.-
Sin más clavo la aguja en mi brazo, al instante sentà que un calor infernal me corrÃa por todo el cuerpo, al mismo tiempo me asaltaron una serie de espasmos, era como si me desgarraran desde adentro. La vista se me nubló y las figuras a mi alrededor se transformaron en sombras distorsionadas.
Recuerdo que me soltaron, pero ya no me era posible escapar, esa sustancia me habÃa vencido, caà de rodillas frente a Hiedra.
-Mal...maldita.... ¿Qué me has hecho?.- Dije con la poca voz que me quedaba.
Ella no me contesto en lugar de eso dio una palmada y los dos seres que me habÃan sujetado comenzaron a desnudarse. Su cuerpos eran humanoides, pero sus pieles eran de una tonalidad verdosa y su contacto era rasposo como la madera. No supe cuando me liberaron de la soga y me tumbaron nuevamente en el suelo. Cuando me di cuenta ellos estaban sobre mi. Sus manazas, terminadas en afiladas puntas desprovistas de uñas se paseaban libremente sobre mi piel, la sensación era al mismo tiempo horrible y deliciosa, sin duda a causa de la inyección.
De sus bocas salieron unas lenguas más semejantes a tentáculos que a otra cosa. ¡Te juro que intente oponerme!... ¡Quise sentir nauseas!... ¡Gritar!...pero mi cuerpo se estremecÃa sin control al sentir como recorrÃan mi carne, mientras sus manazas me apretaban los senos y las nalgas. En ese momento uno de ellos se puso frente a mi y dirigió su miembro, semejante a un pepino, frente a mi boca, con la fuerza que me quedaba cerré las mandÃbulas, entonces me lo restregó por todo el rostro como buscando otra entrada. Mientras tanto otro de ellos deslizo su lengua por mi espalda hasta llegar a mis nalgas, no se si por iniciativa propia o siguiendo una orden, ahà separo mis carnes con brusquedad y sin más inserto su tentáculo en mi ano.
Una descarga me recorrió toda y no pude evitar lanzar un gemido, instante que mi otro atacante aprovecho para clavar de un golpe si miembro en mi boca.
Sujeto mi cabeza con ambas manos é inició un fuerte mete y saca, yo sentÃa ahogarme y creà que perderÃa el conocimiento, pero de improviso el ser se detuvo y me soltó.
Por un momento creà que "el experimento" habÃa terminado, pero estaba equivocada, de inmediato me volvieron a sujetar los brazos dejandome indefensa. Fue entonces cuando me percate de la presencia de un tercer monstruo, este habÃa permanecido al lado de Hiedra, de mayores dimensiones, y no me refiero a que fuera más alto y de complexión más fuerte que los otros, que lo era, sino a su verga vegetal. No se si era a causa de la droga, pero podrÃa jurar que era tan grande como un bat de béisbol.
Cuando dio los primeros pasos hacia nosotros comprendà lo que seguÃa, no me avergüenza decirte que suplique.
-¡Nooo!.... ¡Por favor noooo!.... ¡No se lo permitas!...¡Ten piedad!...-
Pero Hiedra no se conmovió y siguió observando. La cosa se agacho para sujetar mis tobillos y, sin mucho esfuerzo, abrirme las piernas. Enseguida me sujeto las caderas y pude sentir como mi vagina era desgarrada de un solo golpe, trate de huir, luche por liberarme pero fue en vano. SentÃa como esa cosa dentro de mi palpitaba y se movÃa como si tuviera vida propia.
Extrañamente, acaso por la droga, no experimente dolor por mucho tiempo, en lugar de eso pude sentir como una corriente eléctrica cemenzaba a recorrer todo mi cuerpo. Entonces la criatura comenzó a moverse sacando su verga vegetal hasta la punta para después volver a introducirla hasta la raÃz.
-¡Noooo...Aghhhh... Me partes en dos...!...¡Ayyyyyyy!- Grite al sentir como mi vulva se expandÃa hasta sus limites, la sensación era insoportable.
De pronto los entes que me sujetaban me soltaron y mi violador me jalo contra su pecho, haciendo que mi propio peso me clavara aún más en su monstruosa verga. Un corro de sangre resbalo por mi coño, mientras el comenzaba a moverse; su mete y saca se hizo cada vez más violento. Por unos instantes mis gemidos fueron lo único que se escucho en aquel invernadero, por fin mi atacante clavo toda su verga hasta el fondo de mi cuerpo y lanzo un gemido inhumano.
-¡Agggggggggggghhhhhhhhhh!-
Enseguida, sentà que una oleada de liquido, extrañamente viscoso y caliente, me quemaba las entrañas, no pude contenerme más y yo también me corrà como una puta, sintiendo como las fuerzas me abandonaban mientras disparaba mis jugos una, dos, tres, cuatro veces, mientras abrÃa más los muslos para que esa cosa entrara todavÃa más en mi, a pesar de que ya la sentÃa en mi estomago.
-¡Agggghhh....Ya...Ya....Sácamelo....Sácamelo.... ¡Me vengo maldito!...¡Me vengo!...- Mi corazón palpitaba con tal fuerza que creà morir. En ese momento que escuche un gemido ajeno a mi, lentamente volvà la cara y pude ver que Hiedra estaba masturbandose, de pie, frente a nosotros, se habÃa despojado de su traje.
Su mano derecha entraba y salÃa de su raja con un ritmo acompasado, alucinante. Sus pechos subÃan y bajaban por la fuerza de su respiración.
Por un momento nuestros ojos se encontraron y no puedo describirte lo que sentà al darme cuenta de que estaba excitada por verme hacer el amor, por llamarlo de alguna manera, con su monstruo. Su mano libre apretó con fuerza sus grandes senos hasta hacerse daño, su respiración se hizo aún más fuerte y su otra mano se hundió con furia en su sexo...¡
Y entonces se corrió!... Lanzo su cabeza hacia atrás y dejo escapar un fuerte gemido, sus piernas le temblaban y por un momento pense que caerÃa. Pero no fue asÃ, resistió a pie firme las oleadas de placer que la sacudieron, entonces bajo la cara y pude ver sus ojos brillante y su hermosa de boca de labios rojos entreabiertos. Yo estaba hechizada por su personalidad, por su belleza, por su maldad y su fuerza más allá de lo que me habÃan dicho los reportes de policÃa o tus archivos. Ella por su parte me sonrÃo dulcemente y me indico que mirara su raya; al hacerlo la vi abrir los labios de su sexo, dejando me ver la roja intimidad de sus entrañas, brillantes por los lÃquidos que aún brotaban de ella.
Aquella visión fue más de lo que pude soportar y sin darme cuenta comencé a correr me de nuevo, ¡si como lo oyes aún empalada por aquel ser volvà a correr me, mientras mis ojos la contemplaban!. No habÃa terminado de sentir el orgasmo cuando el ser salió de mi y mecánicamente se puso de pie, los otros dos lo imitaron, para quedarse ahà inmóvil como una estatua. Yo quede tendida de espaldas en la tierra húmeda, estremecida, sin entender que estaba pasando conmigo. Entonces vi su silueta descender sobre mi, con toda calma acerco su rostro al mÃo, tan cerca que pude respirar su aliento, fresco como la menta recién cortada, mi reparación se fue calmando y entonces ella coloco su mano, embadurnada en sus jugos frente a mis ojos, por un rato sus dedos danzaron frente a mi al tiempo que un aroma indescriptible herÃa mi nariz, suavemente los coloco a la altura de mi boca.
Al instante comprendà lo que creÃa y me negué con la cabeza, ella se limito a sonreÃr al tiempo que su mano volvió a "bailar" frente a mis ojos, el aroma me relajaba y me atraÃa cada vez más, cuando volvió a colocarlos cerca de mis labios no pude más y abrà la boca para que mi lengua degustara aquella miel agridulce.
Cuando la hube tragado todo se volvió negro y no supe más. Cuando desperté estaba tendida en el suelo, libre de ataduras pero destrozada por dentro y por fuera, la visión de mi sexo, cubierto de sangre y lÃquidos, semejantes a resinas, me hizo llorar. Nada me habÃa preparado para algo asÃ, de hecho me pregunto si otras heroÃnas estarán preparadas para esa situación. La puerta se abrió de nuevo y uno de los monstruos entro llevando en sus manos una charola que deposito en el suelo para luego salir, al acercarme vi que eran algunas frutas y una jarra de agua, me sentà humillada y por un segundo pense tirar toda al suelo, pero mi estomago vacÃo protesto de inmediato, al fin resolvà hacer a un lado el orgullo y devore el contenido de la charola.
Al terminar me sentà cansada y volvà a dormirme. Al despertar me di cuenta que la charola y los restos de la comida habÃan desaparecido. Rato después entraron dos de esos seres y sin más me sacaron a rastras de aquel lugar, mi cuerpo estaba sucio manchado de lodo, sangre y resina, asà me llevaron a un cuarto donde uno de ellos me sujeto mientras el otro nos mojaba con una manguera de incendio, la fuerza del agua me lastimo y si no caà al suelo fue gracias a que me tenÃan bien sujeta.
Cuando terminaron me llevaron ante una gran puerta de madera labrada, misma que abrieron para arrojarme al interior, el lugar era un baño elegantemente decorado, mosaicos rosados y muebles en color negro, al fondo habÃa un gran yacusi lleno de agua caliente y perfumada. Por un momento que quede inmóvil, sin comprender porque me habÃan llegado ahÃ, recorriendo con la mirada todo lo que me rodeaba. De pronto el sonido de un chapoteo en el agua llamo mi atención, no estaba sola, de las aguas burbujeantes del yacisi emergió ella, Hiedra, su cuerpo brillaba por el reflejo de la luz sobre su piel mojada, la espuma se deslizaba pausadamente por sus hombros hasta los hermosos senos, para finalmente caer hasta el suelo.
Su largo cabello estaba recogido y sujeto con horquillas. Por un momento me quede paralizada, por extraño que fuera me sentÃa atraÃda hacia ella, como la paloma ante la serpiente que ha de devorarla, la tensión llego a tal grado que reaccione violentamente y me lance contra ella. ¡QuerÃa matarla con mis manos! sin inmutarse Hiedra salió del agua y con un movimiento rápido me sujeto los brazos para luego clavar su rodilla en mi vientre. El dolor me paralizo y ella aprovecho la ocasión para lanzarme al interior del yacussi, donde caà boca a bajo, el contacto con el agua caliente me hizo reaccionar y trate de levantarme, pero adelantándose a mis intenciones Hiedra cayo encima de mi, sentándose a horcajadas sobre mi espalda baja, y sujetarme la cabeza la hundió en el agua, en vano trate de quitármela de encima, mis manos buscaban desesperadamente un lugar de donde asirme pero no habÃa nada.
Las fuerzas me abandonaron al tiempo que mis pulmones se contraÃan tratando de soportar, en ese momento sentà que sacaban mi cabeza del agua, de inmediato intente jalar aire, pero casi enseguida volvió a sumergirme en aquella agua perfumada, no se cuantas veces repitió aquella maniobra, pero la última vez que me saco lance un gemido agudo y comencé a llorar como una niña. Al escuchar mi llanto me soltó y salió del agua, instintivamente la seguà y me quede derrumbada al borde del yacussi, tosiendo y jadeando. Al cabo de un rato la busque con la mirada y la vi mientras soltaba su larga cabellera roja frente a un espejo empotrado en la pared, después se cubrió con una larga bata de seda negra y regreso a donde yo estaba, la cadencia de su andar permitÃa admirar sus largas piernas por entre los pliegues de la bata.
Al llegar junto a mi se arrodillo y tomándome por los hombros me hizo levantar, yo temblaba como un asimilado asustado ya sin fuerzas ni animo para intentar nada contra ella y, sin poderlo evitar, comencé a llorar de nuevo. Ella tomo mi cara entre sus manos y sin decir nada la condujo dulcemente hasta su pecho, por un instante nos quedamos asÃ, el suave aroma de su cuerpo me fue tranquilizando al grado de que yo misma me abrace a mi cruel consoladora. Finalmente nos separamos un poco, pude sentir como sus dedos sujetaban los pliegues de mi mascara, por reflejo sujete sus muñecas y entonces me hablo.
-Mientras la lleves puesta seremos enemigas.- Sentencio mientras sus ojos, duros como el acero se clavaban en los mÃos.-¿Es eso lo que quieres?-
Lentamente fui soltando sus manos, mis brazos cayeron a ambos lados mientras ella jalaba mi mascara, no existen palabras para describir lo que sentà al verla en su mano. Suavemente se separo de mi y comenzó a andar por el cuarto admirando su trofeo, al fin se detuvo junto a un cesto de basura y con un gesto de asco la dejo caer en su interior. Yo me quede quieta, con la cara baja, intentando que mi cabello cubriera mi identidad, cuando ella volvió tomo mi mentón con una mano y me obligo a verla de frente. La sonrisa más dulce del mundo ilumino su rostro al tiempo que me decÃa.
-Eres muy hermosa mi pequeña.-
Poco a poco se fue acercando, hasta que nuestro alientos se mezclaron, mi alma se estremeció al darme cuenta de que deseaba lo que iba a venir, al darme cuenta de que mis labios temblaban en espera de los suyos, sin importarme que junto con ellos llegara la muerte. Pero no llega, simplemente se quedo quieta esperando, tentándome, querÃa que cayera por mi propia voluntad; como la mariposa que aun sabiendo que arderá no puede evitar acercarse a la flama.
-Maldita... puta... yo... no... no...-
Mi voz era apenas un murmullo, aún asà seguà diciéndole todos los insultos que me venÃan a la cabeza, más ella me ignoro. Sus largos dedos comenzaron a recorrer mis hombros para luego recorrer toda la dimensión de mis pechos, por momentos dejaba que sus uñas rasgaran mi carne provocando que me estremeciera, finalmente apoyo las yemas de sus dedos sobre mis pezones... aquel contacto tan delicado fue más devastador que si hubiera estrujado mis pechos con fuerza, clavándome las uñas hasta sangrarme.
Suavemente tomo mi mano y como si fuera una niña me llevo a otra habitación, que resulto ser una gran recamara, ahà se encontraba una cama cubierta de sabanas de seda oscura, con toda calma me deposito en ella, el frÃo contacto de la seda sobre mi piel caliente me éxito aún más, pausadamente se abrió la negra bata y la dejo caer al suelo.
Su cuerpo me pereció más hermoso que nunca y cuando se tendió junto a mi su piel me pareció extremadamente caliente, suavemente su mano volvió a pasearse sobre mis senos, la languidez de su toque era una exquisita tortura pues apenas rozaba mi piel cuando yo deseaba que me estrujara con fuerza.
Su mano continuo su camino palpando mi vientre donde jugueteo un poco con mi ombligo, finalmente comenzó a tocar el vello de mi raja, sus dedos se hundÃan delicadamente en mi vello rojo tocando apenas los labios del sexo. Incapaz de soportar más levante la cabeza para besarla, pero su mano dejo mi sexo y rápidamente me contuvo obligándome a permanecer acostada.
Entonces Pamela se incorporo sobre sus rodillas y comenzó a girar hasta que paso sus muslos por encima de mi cabeza, dejando su raja justo frente a mi cara, mientras ella se acomodaba sobre mi cuerpo, sentà el contacto de sus senos sobre mi vientre y la caricia de su lengua en mis muslos.
Entonces caÃ... caà en el abismo que se abrÃa ante mi... yo misma no reconocà la voz que salió de mi garganta mientras ella me acariciaba.
-Pamela- Por primera vez la llame por su nombre.- Por... por favor... por favor... ¡hazme tuya!...- Sentà que habÃa vendido mi alma al demonio, y no me arrepentÃ.
Al contrario abrà las piernas como nunca las habÃa abierto en mi vida, sentÃa que mi raja ardÃa como hierro al rojo vivo mientras mis jugos chorreaban por las nalgas hasta las negras sabanas. Pero Pamela con perversa calma ignoro mi tesoro y siguió lamiendo mis ingles, y paseando su aliento por encima de raja, mis músculos se tensaron como cuerdas de violÃn, mis pechos se tallaron suplicantes contra su vientre, finalmente, con un rápido movimiento, hundió su lengua en mi raja.
-¡¡ Ooooohhhhhwwww!!- Aúlle sorprendida por el cambio de ritmo, al tiempo que mis muslos se cerraron sobre su cabeza.
SentÃa como su lengua entraba y salÃa de mi gruta, como lamÃa salvajemente las paredes de mi intimidad, como se bebÃa hasta la última gota de mis jugos para luego volver a comenzar. Entonces note como un liquido caliente caÃa sobre mi cara y mire sorprendida su propia raja empapada en jugos. Sin pensarlo dos veces sujete sus caderas con fuerza y hundà mi lengua en aquel pozo, la sentà estremecerse cuando me pegue a ella, asà comenzó una lucha entre ambas por ver quien lamÃa, mordÃa o besaba con más Ãmpetu el sexo de la otra, nuestras rajas se transformaron en manantiales que parecÃan no secarse nunca.
No se cuanto tiempo permanecimos asÃ, solo se que en un momento dada ella clavo su dedo en mi ojo del culo haciendo que millones de voltios de lujuria estallaran en mi cabeza, sin poderlo evitar solté mi presa para poder respirar.
-¡¡Aaaaggggg!!...¡¡Me metas!!...¡¡Me matas!!...¡¡PAMELA!!...¡¡PAMELA!!-
Recuerdo que apoye la planta de mis pies en la cama para levantarme y asà abrirme más a su penetración, sintiendo que sorbÃa la misma vida de mi cuerpo. Después me deje caer y quede inmóvil, ella se bajo también de mi y asà ambas quedamos tendidas sobre la cama. Rato después rodé sobre mi costado y apoyando la cabeza en sus muslos le hable.
-¿Porqué has hecho esto conmigo?- Ella permaneció inmóvil unos instantes y finalmente me contesto.
-Me siento sola- fue todo.
-¿Sola?- Repetà incrédula.- No te entiendo-
-Lo que pasa es que no estoy tan loca como te han dicho.- - Mientras hablaba me incorpore un poco para tenderme de nuevo junto a ella, mirando su bello rostro, sus ojos estaba cristalinos casi a punto de llorar.
-¿Sabes? la última vez que me enfrente a Batman me di cuenta de que estaba desperdiciando mi vida. Yo no soy como Dos caras o el Joker, yo no estoy dispuesta a quedarme y luchar con él hasta hacerme vieja.
-¿Por eso te fuiste a Sur-América?-
-Si. Deseaba encontrar un lugar tranquilo donde vivir en paz.-
Lentamente se sentó en la cama y apoyando la cabeza en las rodillas continuo.
-Pero esta maldita ciudad no me dejo ir. Hasta mi paraÃso llego un maldito idiota que destruyo todo lo que habÃa construido y me obligo a regresar aquÃ.-
En su voz habÃa una gran furia pero también un infinita tristeza.
Conmovida me arrodille a su espalda para consolarla.
-Tal vez puedas intentarlo de nuevo.- Ella volvió la cabeza y me miro casi con... ¿amor?, luego una sombra oscureció su rostro.
-¡Pero antes es necesario que destruya Ciudad Gótica!-
-¿Por qué?-
-¡Por qué solo asà seré libre!...¡Libre al fin!
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